Documento creado: 1de julio de 2008
Air & Space Power Journal -
Español Segundo Trimestre 2008
Lainie Reisman
COMO HIJA de ingeniero civil que trabaja para el Ejército de Estados Unidos, me crié en un ambiente que promovía la idea de que la mejor defensa es un ataque decidido. Aunque la afirmación anterior puede ser válida en ciertos contextos, frente a la ola creciente de violencia de bandas en Latinoamérica, esta táctica, llamada comúnmente política de "mano dura" ha demostrado ser ineficaz en la reducción de los niveles de delincuencia y violencia. De hecho, las políticas de mano dura parecen haber tenido el efecto de acrecentar el refinamiento y la organización de las estructuras de las bandas. Además, la tendencia de varios gobiernos centroamericanos de poner en práctica estas políticas de mano dura mediante el aumento de sus relativamente incipientes fuerzas de policía (muchas establecidas en la última década durante las negociaciones de paz) con el apoyo de las fuerzas armadas ha socavado la capacidad civil de tratar este tema de seguridad pública tan real.
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En esta foto de archivo, un miembro de la banda Mara que se identifica como ‘Smoking’, de 25 años, posa para hacerse un retrato en la prisión en Chimaltenango, Guatemala, el pasado 19 de octubre de 2007. Después de que se aprobaran leyes contra las bandas en Honduras y El Salvador, y que se llevaran a cabo una serie de asesinatos en Guatemala cometidos por vecinos enojados y por fuerzas de la seguridad, los miembros de estas bandas han dejado de tatuarse y han recurrido a medios más sutiles, de bajo perfil, para identificarse entre ellos como miembros de esas organizaciones criminales. Hoy en día, los miembros de las bandas con caras tatuadas, están muertos, en prisión o escondidos. (Foto de AP/Rodrigo Abd, archivo) |
Antecedentes de las Bandas Centroamericanas: América Central es una región que se caracteriza por sus elevados índices de pobreza y desempleo así como por una historia de violencia, sobre todo los conflictos armadas internos encarnizados en los años 70, 80 y 90. Por ejemplo, el conflicto armado en Guatemala, apoyado durante la Guerra Fría por el gobierno de EE.UU. y que duró 35 años hasta 1996 cuando se firmaron los Acuerdos de Paz, produjo más de 200.000 muertes y casi un millón de personas desplazadas, cuya abrumadora mayoría eran pueblos indígenas pobres.
El problema de la violencia de las bandas no es ni mucho menos exclusivo de América Central. De hecho casi todos los países del mundo se enfrentan a situaciones similares, incluyendo notablemente países del Hemisferio Occidental como Estados Unidos, Haití, Brasil y Jamaica. Aún así, se ha prestado una atención significativa a América Central a nivel internacional debido a la influencia y a la presencia de estas bandas importantes en Estados Unidos durante la última década y sus tácticas cada vez más violentas.
Las dos bandas dominantes de América Central, a saber, la
Mara Salvatrucha
o MS-13 y el Barrio
Dieciocho, se formaron en Los Ángeles en los años 80,
para que los jóvenes centroamericanos, a menudo inmigrantes de la segunda
generación, buscaran medios de contrarrestar la influencia de las bandas
mexicanas y afroamericanas. Por lo general, la actividad de las bandas en
Estados Unidos puede trazarse hacia 1780 y desde la Segunda Guerra Mundial, las
bandas de jóvenes como Bloods y Crips, Latin Kings y Skinheads han tenido una
presencia en la mayoría de las ciudades importantes de EE.UU. No obstante, la
proliferación y la mutación de bandas centroamericanas es un fenómeno distinto
influido por una serie exclusiva de circunstancias incluidos
flujos migratorios,
políticas de deportación y condiciones específicas de los países, pero sin
limitarse a las mismas.
La Respuesta de la Mano Dura: Entre los
retos más importantes para contrarrestar a las bandas se incluyen
la ambigüedad
sobre cómo definir a un miembro de una banda, cómo clasificar las bandas y sus
actividades
y delitos, y cómo estimar el número total de miembros de las bandas.
Para simplificar esto, la pirámide
siguiente trata de distinguir entre muy
diversos tipos de participantes considerados a menudo como miembros
de
bandas—que van desde algunos de los traficantes de drogas más poderosos e
influyentes a niños
empobrecidos de las calles.1
Sin lugar a duda, hay muchos más miembros de las bandas en los escalones bajos de la pirámide, mientras que los miembros de las bandas de los escalones más altos con el poder y los recursos verdaderos son un grupo elitista y a menudo intocable. Desgraciadamente, las respuestas favorecidas por la mayoría de los gobiernos de la región tienden a poner en su punto de mira a los escalones inferiores de la pirámide y no han dado resultados mensurables. Mientras que los nombres de las políticas varían de un país a otro, (Plan Escoba en Guatemala, Cero Tolerancia y Libertad Azul en Honduras, Mano Dura y Super Mano Dura en El Salvador) las tácticas son prácticamente las mismas. Las estrategias normalmente incluyen leyes de asociación ilícitas basadas en el aspecto físico y arrestos en masa de jóvenes sospechosos que son interrogados y encarcelados, a veces durante meses, pero que raramente son enjuiciados completamente y casi nunca son condenados por sus delitos. Desgraciadamente, estas políticas destinadas contra los sectores más vulnerables de la sociedad han dejado intactas la mayor parte de las verdaderas estructuras de poder.
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Las políticas de mano dura fueron alabadas inicialmente por el pueblo que percibía con razón cómo se deterioraba la seguridad personal. Esta percepción fue alimentada por campañas políticas que identificaban a las bandas de jóvenes como los principales perpetradores de todos los delitos así como de una respuesta convertida en sensacionalista por los medios de comunicación que contribuían a un clima de terror e inseguridad. El temor ha contribuido al apoyo no sólo de políticas públicas cuestionables, sino también a medidas privadas aborrecibles. Ha habido miles de casos documentados de asesinatos extrajudiciales de presuntos miembros de bandas en toda la región y en el caso extremo de Guatemala se ha producido un aumento notable del número de linchamientos de presuntos miembros de bandas desde 2004.
Actividades de las Bandas–Seguridad Nacional y Amenazas contra la Seguridad Pública: Es crucial observar que el aumento de la violencia de las bandas centroamericanas ha coincidido con la Guerra Global contra el Terrorismo. En 2005, el Ministro de Seguridad hondureño Óscar Álvarez y el Presidente Antonio Saca de El Salvador hicieron sonar la alarma afirmando que había relaciones entre la MS-13 y Al Qaeda. Aunque el FBI "no encontró ninguna base para respaldar esta alegación de Al-Qaeda o incluso de relaciones islámicas radicales con MS-13", la amenaza percibida de las bandas ya había aumentado.2 Al considerar la amenaza de las actividades de las bandas como una amenaza para la seguridad nacional, en vez de para la seguridad pública, los gobiernos de la región tenían ahora una razón suficiente para justificar una función militar creciente para combatir la violencia de las bandas.
Estados Unidos–Separación de las Actividades Militares y de la Policía: En Estados Unidos, suponemos que existe una separación clara entre la seguridad pública y la seguridad nacional y consideramos como protección crucial la necesidad de disponer de dicha línea para dividir las funciones militares y de la policía contra las clases de abusos que pueden producirse cuando las fuerzas armadas se usan contra el propio pueblo. Sin embargo, esta distinción de funciones no siempre forma parte de la relación de las fuerzas armadas de EE.UU. con otros países y de hecho, a veces, las fuerzas armadas de EE.UU. han estimulado a las fuerzas armadas extranjeras de la región a desempeñar nuevas funciones, como actividades contra el tráfico de drogas.
En lo que se refiere a la violencia de las bandas juveniles, la división entre las funciones de las fuerzas armadas y de la policía es un problema en las relaciones entre América Central y EE.UU. en la región. En los últimos años, muchas de las "amenazas transnacionales emergentes" en América Latina y EE.UU. ha sido descritas por los comandantes combatientes de EE.UU. (incluidos los comandantes del Comando Sur (US SOUTHCOM), el General James Hill, el Teniente General Brantz Craddock y el comandante actual el Almirante James Stravidis) como amenazas contra la seguridad. Aunque estas actividades no son militares por naturaleza, el tráfico de drogas, el tráfico de personas, el lavado de dinero y las actividades de las bandas han sido descritas en las declaraciones de decisión del Southcom como amenazas para la seguridad de la región. Mientras que inicialmente el Southcomr desempeñó una función activa en la coordinación de la respuesta del Gobierno de EE.UU. ante las actividades de las bandas centroamericanas, ha rechazado encabezar este esfuerzo declarando más recientemente que "Estamos de acuerdo con la valoración de que las bandas son un reto transnacional significativo en la región, y haremos lo que sea apropiado, dentro de nuestra jurisdicción, en el contexto de un método gubernamental completo para combatir a las bandas. Pero nuevamente, sólo en una función de apoyo, no como agencia que lo lidere".3
América Central–Confusión entre las Esferas de las Autoridades Militares y de la Policía: La opinión de que las bandas son una amenaza a transnacional coincide con la observación de que muchas de las fuerzas de policía de la región, particularmente en América Central, no están bien equipadas y en muchas ocasiones son demasiado corruptas para hacerse cargo de las actividades transnacionales ilegales. Las fuerzas de policía civil son creaciones relativamente nuevas en todos los países centroamericanos, que datan de mediados de los 90 en Honduras, El Salvador y Guatemala, y aún tienen que consolidar completamente sus funciones y mejorar la capacidad. El número total de oficiales es a menudo muy inferior a los objetivos y la escasez de fondos para suministros, equipos y entrenamiento son realidades persistentes. Esta falta de capacidad ha llevado al florecimiento de una industria de la seguridad privada y en el caso extremo de Guatemala hay aproximadamente 4 guardias de seguridad privada por cada oficial de policía. Mientras que el sector privado ha contratado a sus propias fuerzas, la frustración causada por la falta de capacidad de la policía ha llevado a muchos gobiernos de la región a acudir a sus fuerzas armadas como medida de desesperación. En muchos casos, las acciones conjuntas de las fuerzas armadas y de la policía se dirigen contra estas amenazas no militares.
No obstante, muchos analistas están de acuerdo en que los riesgos de una mayor participación de las fuerzas armadas en la seguridad pública compensan en gran medida las ventajas potenciales, y en muchos casos, cuestionables. Por ejemplo, seis meses después de que 2.400 soldados más empezaran a patrullar las calles de Guatemala (aproximadamente el 25% de la fuerza civil total), el número de asesinatos siguió en aumento. Los activistas también se preocupan de las tácticas usadas que recuerdan con espanto a las atrocidades cometidas durante los conflictos armados en América Central en los que la gran mayoría de los abusos se han atribuido a estructuras militares.4
Por último, al invertir en recursos para apoyar las respuestas militares contra el aumento de los delitos, en vez de fortalecer y profesionalizar las fuerzas de policía civiles, los países de la región están socavando aún más el desarrollo de capacidades policiales más amplias. Hay que pagar un costo grande para esta perspectiva a corto plazo en la que América Central sigue renunciando al desarrollo de instituciones civiles eficientes en favor de una respuesta militar.
Estudio–El Salvador: Un análisis de la historia de la violencia de las bandas y de la respuesta del gobierno en El Salvador nos hace llegar a unas conclusiones sorprendentes. En 2005, con las políticas de mano dura, se produjeron más de 17.000 arrestos de presuntos miembros de bandas, pero menos de 700 condenas (menos del 5%). Muchos de los detenidos permanecieron encarcelados durante tiempos largos en unas condiciones horrorosas, algunos hasta 14 meses, antes de ser liberados. La supervivencia en el sistema penitencial de El Salvador depende de la afiliación con un grupo protegido, y las prisiones están controladas por las propias bandas. Así pues, no sólo esta política ha llevado a la violación del proceso en sí y de los derechos humanos, sino que también ha acrecentado inintencionadamente el potencial de reclutamiento de las bandas. Según observó un oficial anónimo del gobierno, "En vez de tomar la ruta larga de acumular pruebas de los delitos cometidos, optamos por hacer que fuera ilegal pertenecer a las bandas".5
Estas políticas no han reducido los índices de homicidio, que son el dato estadístico más fiable para marcar las tendencias delictivas. El índice de homicidios en El Salvador pasó de 41.2 muertes/100.000 habitantes en 2004 a 57.2 en 2006, y las estimaciones para 2007 indican una tendencia ascendente continuada.6 En un informe reciente publicado por la Oficina de las Naciones Unidades sobre Drogas y Delitos indica que "es probable que Jamaica tenga en la actualidad el índice de homicidio intencionado más elevado registrado entre todos los países para los que se dispone de datos fiables, siendo El Salvador el segundo de cerca".7
Finalmente, cierta información reciente ha demostrado que mientras que el gobierno sigue culpando a las bandas de la mayoría de las actividades delictivas, sus propios datos no sustancian esta alegación. El Ministro de Seguridad Público René Figueroa de El Salvador citó a finales de 2007 que el 70% de todos los delitos violentos son cometidos por miembros de bandas juveniles, sin embargo el Instituto de Medicina Forense cita un índice de homicidio del 12% relacionado con las bandas y los datos de la Corte Suprema muestran que menos del 6% de los procesos penales totales son contra menores. De forma similar, mientras que muchos salvadoreños culpan del aumento de la violencia de las bandas a los deportados de Estados Unidos, y de hecho ha habido un aumento importante en el número total de deportados, menos del 25% de los deportados tienen antecedentes delictivos, e incluso aquéllos que tienen antecedentes delictivos son condenados abrumadoramente por delitos no violentos.8
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Grupo de antiguos miembros de bandas en El Salvador después de completar el programa de rehabilitación y formar un grupo rapero, "Veracruz Breakers" |
Hacia una Nueva Respuesta—Balance entre Prevención, Intervención y Ejecución de la Ley: Debido a que existe un mayor consenso sobre el hecho de que las políticas de mano dura no han sido efectivas para reducir los niveles de violencia de las bandas, la tendencia interna de Estados Unidos así como en América Central ha hecho énfasis recientemente sobre la necesidad de un método completo que tenga en cuenta las funciones de los gobiernos locales y estatales, policía y organizaciones de la sociedad civil, agencias federales (cuándo, y si, es apropiado) y proveedores de servicios a la comunidad. En un estudio reciente llevado a cabo por el Instituto de Políticas de Justicia concluye que los "esfuerzos de supresión de mano dura pueden aumentar la cohesión de las bandas y las tensiones entre la policía y la comunidad, y tienen un historial mediocre cuando se refieren a reducir los delitos y la violencia".9 La experiencia en Los Ángeles es un ejemplo importante del reconocimiento creciente del fracaso de las tácticas de mano dura. Según observó el recientemente nombrado Teniente de Alcalde para la Reducción de Bandas y Desarrollo de la Juventud, el Reverendo Jeff Carr, "Después de décadas de tácticas orientadas a la supresión que no han ayudado a reducir la violencia de las bandas, la ciudad de Los Ángeles está cambiando su método y se está concentrando en intervenciones integradas basadas en la comunidad que ayuden a prevenir la violencia de las bandas".
En América Central, aunque ha cambiado la retórica, sigue habiendo un retraso significativo en términos de asignaciones presupuestarias y cambios en los programas y políticas. Por ejemplo, en Honduras el Programa Nacional para la Prevención de Bandas opera con un presupuesto anual de aproximadamente $200.000, que apenas es suficiente para cubrir los salarios del personal y no digamos la inversión en los programadas necesarios, y la Unidad de Fuerza de Tarea para Bandas de la fuerza de policía civil (PNC) está dotada, a nivel nacional, meramente por dos oficiales. Aparte de la escasez de de recursos financieros, parece que también hay una falta de verdadera voluntad política en estos países.
Sólo mediante un esfuerzo coordinado que incluya diversos sectores se mitigarán con éxito los impactos de la violencia de las bandas. Dados los fuertes lazos entre EE.UU. y América Central y los flujos continuos entre fronteras, la violencia de las bandas centroamericanas debe considerarse en un contexto regional y las soluciones requieren la cooperación de todos los países de la región junto a un respaldo a largo plazo para las instituciones civiles dotadas para defender la seguridad pública.
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Delegación de WOLA de expertos estadounidenses en una reunión en Honduras con el Presidente de la Corte Suprema, Vilma Cecilia Morales Montalbán (Tercera de izquierda a derecha). Foto oficial tomada desde el sitio web de MS-13. |
Estados Unidos debe liderar con ejemplos y también proporcionar el apoyo técnico y financiero continuo a sus homólogos del sur. A principios de 2007, el Gobierno de EE.UU. anunció su Estratégia Total para Combatir la Amenaza de las Bandas Delictivas de América Central y México, un documento estratégico que detalla cinco elementos clave de futuras acciones incluyendo diplomacia, repatriación, ejecución de la ley, aumento de la capacidad y prevención. Aparte de la envergadura de su contenido, la estrategia era notable ya que fue desarrollada por una Fuerza de Tarea que consistía en cinco agencies del Gobierno de EE.UU. incluyendo los Departamentos de Estado, Justicia, Defensa y Seguridad Nacional, USAID, FBI y otras.
La Estrategia ha sido seguida por una serie de pasos para incrementar los mayores fondos. La versión aprobada por la Cámara de los EE.UU. del año fiscal de 2008, Proyecto de ley de Operaciones Extranjeras (H.R. 2764) proporcionará 8 millones de dólares al Departamento de Estado para combatir a las bandas delictivas, 3 millones de dólares más de lo solicitado por la Administración. La Solicitud de Apropiaciones Suplementarias del año fiscal de 2008 incluye 50 millones de dólares para América Central, incluyendo fondos para apoyar los esfuerzos regionales contra las bandas. El Subsecretario de Estado Shannon ha indicado que espera que 50 millones de dólares, conocidos como la "Iniciativa Mérida", serán seguidos por más fondos para América Central en la solicitud del presupuesto del año fiscal de 2009 y en subsiguientes solicitudes del presupuesto. La Iniciativa Mérida se anunció el 22 de octubre de 2007 después de meses de negociaciones entre oficiales de EE.UU., México y América Central y lleva el nombre de la localidad donde tuvo lugar una reunión en marzo de 2007 entre los Presidentes George W. Bush y Felipe Calderón de México. La Iniciativa incluye 500 millones de dólares de EE.UU. para México y 50 millones de dólares de EE.UU. para América Central en la solicitud de Apropiaciones Suplementarias del año fiscal 2008.
La Iniciativa, que se sigue modificando, plantea muchas cuestiones y pone en evidencia muchos problemas. La gran mayoría de los fondos están destinados a entrenar y proporcionar equipos (principalmente helicópteros) para ayudar a México a combatir el tráfico de drogas, de personas y de armas. Los recursos destinados a varios países centroamericanos, que juntos recibirían sólo el 10% del valor total de la Iniciativa, están muy dispersos para producir cambios significativos en la región. Sin detalles sobre las categorías de gastos, no está claro si el componente centroamericano apoya un método equilibrado. El Gobierno de EE.UU. debe seguir apoyando ampliamente cada uno de los cinco pilares de la Estrategia y estimular a sus propias agencies a aumentar la coordinación así como a mejorar el reparto de información con el Congreso.
También está claro que el apoyo del Gobierno de EE.UU. por sí solo no resolverá el problema de las bandas. Los gobiernos centroamericanos deben seguir algunas de las lecciones aprendidas en Estados Unidos y diseñar una estrategia completa a nivel nacional y regional. Aunque se ha avanzado en esta área, bajo la guía del Sistema de Integración de América Central (SICA), sigue habiendo mucho trabajo que hacer en cada país individual así como a nivel regional. Por último, los centroamericanos mismos deben empezar a establecer prioridades con respecto a los métodos integrados, apoyando y financiando según las mejores prácticas probadas, y buscando alternativas productivas para los jóvenes que contrarresten la influencia de las bandas.
Notes:
1. Agencia de EE.UU. para el Desarrollo Internacional. "Central America and Mexico Gangs Assessment" (Evaluación de las bandas centroamericanas y mexicanas), Washington DC, Abril de 2006.
2. Vea EE.UU. steps up battle against Salvadoran gang MS-13 (EE.UU. redoubla sus esfuerzos en la guerra contra la banda salvadoreña MS-13), http://www.usatoday .com/news/world/2005-02-23-gang-salvador_x.htm.
3. Entrevista con el Oficial de Enlace de USSOUTHCOM, Diciembre de 2007.
4. Alberto Mendoza,. International Press Service News Agency. Guatemala: Army Losing Fight Against Crime (Guatemala: el ejército está perdiendo la lucha contra la delincuencia). 27 de Septiembre de 2006.
5. USAID, 2006.
6. Policía Nacional Civil (PNC), El Salvador, Estadísticas oficiales.
7. Oficina sobre Asuntos de Drogas y Delitos de las Naciones Unidas. Drugs, Crime and Development in Central America and the Caribbean: Caught in the Crossfire (Drogas, delincuencia y desarrollo en América Central y en el Caribe: atrapados en el fuego cruzado) , 2007.
8. Comentarios de René Figueroa extraídos de un discurso pronunciado en el Congreso de Cultura de Paz y Prevención de la Violencia Juvenil, 16 de Noviembre de 2007, San José, Costa Rica. Datos del Instituto de Medicina Forense y de la Corte Suprema extraídos de fuentes oficiales y publicadas por la Coalición Centroamericana para la Prevención de la Violencia, publicación de prensa de Noviembre de 2007.
9. Instituto de Política de Justicia, Gang Wars: The Failure of Enforcement Tactics and Need for Effective Public Safety Strategies (Guerras entre bandas: el fracaso de la táctica de la ejecución de la ley y la necesidad de estrategias de seguridad pública efectivas ), Julio de 2007.
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La Señora Lainie Reisman es un miembro de la Oficina de Washington para América Latina (WOLA) que trabaja en asuntos relacionados con las bandas juveniles y los derechos humanos. Ha trabajado en temas sociales y económicos latinoamericanos desde 1993. Basada en Guatemala, entre 2000 y 2005, trabajó con la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Guatemala (MINUGUA) y en la Agencia de Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID) como líder del equipo para el Programa de Paz en Guatemala. Después de regresar a Estados Unidos, Lainie fue nombrada Directora de la Coalición Interamericana para la Prevención de la Violencia, donde desarrolló el programa de bandas centroamericanas de la Coalición así como programas que establecen observatorios de violencia. En 2007, Lainie testificó ante el Comité de Asuntos Exteriores del Congreso de EE.UU. sobre la violencia en América Central y también sirvió como consejera superior en Asuntos de Bandas para la Evaluación de las bandas centroamericanas y mexicanas de USAID. |
Declaración de responsabilidad:
Las ideas y opiniones expresadas en este artículo reflejan la opinión exclusiva del autor elaboradas y basadas en el ambiente académico de libertad de expresión de la Universidad del Aire. Por ningún motivo reflejan la posición oficial del Gobierno de los Estados Unidos de América o sus dependencias, el Departamento de Defensa, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos o la Universidad del Aire. El contenido de este artículo ha sido revisado en cuanto a su seguridad y directriz y ha sido aprobado para la difusión pública según lo estipulado en la directiva AFI 35-101 de la Fuerza Aérea.[
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