Documento creado: 1de julio de 2008
Air & Space Power Journal - Español  Segundo  Trimestre 2008


La Destrucción de Células Terroristas*

Capitán (USAF) Jason Belcher**

*Nota del Editor: El Capitán Belcher originalmente escribió este artículo para la edición en inglés del Air & Space power Journal en junio del 2004.

**Nota del autor: Quiero espresar mis agradecimientos en particular al Dr. Stephen Sloan por su colaboración.

EL 16 DE OCTUBRE DE 2003, el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld formuló la siguiente pregunta en un memorando ahora ya famoso: "¿Necesita Estados Unidos crear un plan amplio e integrado para contener la próxima generación de terroristas?" Sr. Secretario, la respuesta es sí, definitivamente. La pregunta lógica siguiente es más difícil de contestar: ¿En qué exactamente consistiría ese plan? A nivel operacional, un aspecto importante de la respuesta incluiría formular un plan específico para interrumpir y destruir células terroristas. Hay muchas estadísticas sobre la incautación de fondos financieros de los terroristas, arrestos de elementos terroristas en todo el mundo y la eliminación de regímenes terroristas tales como el de Afganistán.1 Indiscutiblemente que éstos son verdaderos índices del progreso logrado en la guerra contra el terrorismo. Pero en cuanto a la destrucción específica de células terroristas, la mayor parte de las discusiones políticas ha convenientemente omitido este tema.

Soldado apunta con su ametralladora a un hombre arrodilladoAquí me propongo explicar el por qué debemos prestar más atención a la destrucción de células terroristas, y cómo podríamos lograrlo. En sentido general, hay dos maneras principales de destruir células terroristas: una sería eliminando las células que ya existen, y la otra evitar la formación de nuevas células en el futuro. Cada uno de estos dos objetivos exige una estrategia específica. Para entender en qué deberían consistir estas estrategias, primero sería necesario examinar en qué consisten las células terroristas y por qué son tan significativas.

Muy a menudo se hace referencia a las células terroristas, pero muy pocas veces se definen. Puede que el concepto de célula terrorista sea mayormente occidental, pero se basa en un modelo del Oriente Medio que se remonta a los años ‘20. Durante esa época en Egipto, la Hermandad Musulmana cobró prominencia como líder en la lucha contra el colonialismo europeo. Como organización, Hermanos Musulmanes se dividió en an quads, término árabe que significa "racimo de uvas". La noción era que si se destruía una sola uva, las otras no solamente sobrevivirían, pero tendrían la capacidad de realizar la misión encomendada al grupo. Además, solamente una unidad necesitaría sobrevivir, ya que todas contenían las semillas necesarias para la propagación. Teóricamente, una sola unidad podría con el tiempo reconstituir la organización por completo. Aquí el principio fundamental es que si usted destruye 9 de cada 10 células existentes, ha fracasado en su intento de eliminar a todo el grupo. Los an quads terroristas modernos, o células, se asemejan mucho al modelo de la organización Hermanos Musulmanes.

En la "La Célula"2 se define una célula terrorista como un grupo de 4 a 12 individuos que colaboran con el propósito de ayudar o de llevar a cabo actos de violencia contra un blanco o contra muchedumbres. Nadie sabe con certeza cuántas células existen ni dónde se encuentran, pero lo cierto es que las células son un componente esencial de las organizaciones terroristas. Existen muchos grupos terroristas en todo el mundo, pero en este escrito nos concentraremos en Al-Qaeda, y, por lo tanto, el alcance de este análisis se limitará mayormente a esa organización.

Las células son móviles, autónomas y flexibles en la variedad de blancos u objetivos en los que puedan participar. Los 19 secuestradores del ataque del 9 de septiembre del 2001 (9/11) son un ejemplo de una célula de Al-Qaeda, aunque operacionalmente se dividieron en cuatro grupos, cada uno de los cuales había sido asignado a una aeronave específica. Existen diferentes tipos de células, más notablemente células operacionales y de apoyo. Las células operacionales son como la punta de una lanza, y están compuestas por los individuos que en efecto han de llevar a cabo los ataques o misiones suicidas. Fueron unas células operacionales las que efectuaron los ataques al buque de guerra USS Cole, el bombardeo a las embajadas norteamericanas en África, y en el mundo después del 9/11, los ataques a un conjunto de viviendas en las afueras de Riyadh, Arabia Saudí. Las células de apoyo son más difíciles de cuantificar, pero en sentido general facilitan el aprovisionamiento, entrenamiento y desplazamiento de las células operacionales. Tarde o temprano las células operacionales llevan a cabo un ataque, manifestando de ese modo su existencia, si es que aún no se conocía. Las células de apoyo permanecen clandestinas aún después de un ataque, y por lo tanto son mucho más difíciles de localizar. En conjunto, la cantidad de información conocida sobre las células de Al-Qaeda es mucho menos que la información desconocida.

Se desconoce el número exacto de cada célula, y tampoco se conoce cuántas células existen ni dónde se encuentran. Si las agencias de orden público o de inteligencia norteamericanas han podido obtener información que pueda proporcionar un compendio estructural detallado de Al-Qaeda, esa información aún no ha sido desclasificada. Tampoco se conoce con exactitud cuantas células han sido organizadas ni cómo se decide a quién incluir o no en la composición de esas nuevas células, y ni tan siquiera se conoce la velocidad con que se están organizando nuevas células. El desplazamiento y entrenamiento de las células de Al-Qaeda aparentan ser el resultado de un sistema sofisticado de manejo de agentes, sin una ubicación central, y que funciona desde numerosos países alrededor del mundo.3 Esta falta de conocimiento sobre cómo operan las células, hace más difícil, pero no imposible, la formulación de una estrategia para su derrota.

La naturaleza ya cuenta con una estrategia para derrotar células destructivas y que no se quieren. El cuerpo humano posee varios grupos de poderosos músculos, tales como las piernas y la espalda, los cuales algunos levantadores de peso utilizan para levantar del suelo pesos de hasta 1.000 libras. Pero toda esa capacidad es inútil contra un organismo invasor un millón de veces más pequeño. El cuerpo humano combate células hostiles principalmente mediante otras células. Estados Unidos debería aplicar esa lección a la guerra contra el terrorismo, organizando células antiterroristas. Esas células antiterroristas serían móviles y flexibles, contando con los enormes recursos de Estados Unidos. Cómo serían exactamente y cómo se podrían construir y utilizar depende de la misión inmediata, pero hay varias posibilidades que podríamos tomar en consideración.

Primeramente sería conveniente saber quiénes son los terroristas. Se ha discutido, pero aún no se ha puesto en práctica, la preparación de una base centralizada de datos entre el FBI, la CIA, NSC, ATF y las agencias estatales y locales del orden público, con el propósito de compartir información sobre posibles terroristas y las actividades de éstos. Una vez que esté construida, el acceso a esa base de datos sería de suma importancia para cualquier posible célula contraterrorista. De hecho, esa base de datos incluiría una lista de combatientes enemigos clasificados como terroristas en todo el mundo. La creación de esa lista dependería mayormente de la inteligencia. Sin embargo, necesitamos hacer una distinción entre un requerimiento de inteligencia y una necesidad de inteligencia.

El problema con la inteligencia tradicional es que hay que recopilarla, notificarla, analizarla, y entonces, y solamente entonces, quizás se pueda actuar sobre esa inteligencia. Cada una de estas funciones no solamente la llevan a cabo diferentes personas, sino también diferentes departamentos separados por barreras administrativas. Con organizaciones tradicionales como la CIA, este proceso puede tomar días, semanas, o meses. Por otra parte, miembros de células antiterroristas podrían realizar todas estas funciones cumulativamente y hasta simultáneamente. Esto se debe a que ellos tienen una necesidad de contar con cierta cantidad de inteligencia, pero no se les deberá exigir que envíen toda esa inteligencia a través de una burocracia y entonces esperar por las órdenes. En una operación pequeña con objetivos específicos, no hay razón alguna para que una persona o un grupo de personas no pueda efectuar las funciones necesarias de análisis de inteligencia tan bien o mejor que una burocracia de gran tamaño. Necesitamos cambiar las reglas bajo las cuales funcionan nuestros operativos. Para derrotar a las células terroristas, las células antiterroristas necesitan una movilidad y flexibilidad igual o superior a las de aquellas, y un grado significativo de capacidad de respuesta independiente y en tiempo crítico.

Esto es simplemente una extensión poco convencional del dogma de la Fuerza Aérea de control centralizado y ejecución descentralizada. Las células antiterroristas deberán estar listas para entrar en acción en cuestión de horas o minutos después de recibir la información. En Irak ya se demostró este tipo de táctica: al recibir la inteligencia que indicaba el posible paradero de Saddam Hussein, los recursos aéreos norteamericanos lanzaron bombas sobre ese blanco una hora después de haber recibido esa notificación. Esto dio resultado porque se había ordenado que unos cuantos helicópteros rondaran alrededor de un área para que cuando aparecieran blancos de oportunidad ellos pudieran atacarlos inmediatamente. Esta misma premisa puede aplicarse con los terroristas.

Pequeños grupos de células antiterroristas pudieran igualmente rondar (sobre tierra) alrededor de un área donde se sospeche la presencia de terroristas, y si se identifica un blanco, entonces podrían atacar ese blanco. El líder local de la célula aprobaría el ataque a la vez que reciba la inteligencia confirmando la identificación del blanco. Esa información podría provenir de un miembro de su célula, de otra célula, o de un número de fuentes que puedan o no ser previsibles. Este tipo de autonomía también encierra riesgos. Los errores en cualquier tipo de operación compleja son inevitables, pero mirándolo bien, la posibilidad de errores no es mayor que con operaciones tradicionales de inteligencia o viejos métodos para la destrucción de organizaciones terroristas.

Indisputablemente que un alto nivel de autonomía para las células antiterroristas causaría negatividad. Adicionalmente, los recursos disponibles para un pequeño grupo posiblemente aislado, pudieran ser más que lo necesario para cumplir con su misión simplemente en virtud de la limitada logística. Además, calidad y no cantidad es la clave para la eficacia de células antiterroristas. Grupos pequeños de operativos bien capacitados, con objetivos específicos, desplazamiento clandestino, alta movilidad y letalidad concentrada, utilizarían las mismas estrategias de los terroristas contra éstos. La posibilidad de daños a otros que no sean los blancos sería mucho menor si se utilizan fuerzas convencionales. Por ejemplo, un grupo pequeño no puede lanzar misiles crucero a un edificio equivocado, a la vista del mundo entero. Sus blancos no serían estructuras, sino personas.

Vietnam provee la base racional para esa decisión. Cientos de toneladas de bombas fueron lanzadas sobre Vietnam del Norte, pero las chozas de paja eran mucho más baratas que bombas de demolición. La facilidad con que podían ser reemplazadas hizo de ellas un blanco insignificante para las armas convencionales. Las organizaciones terroristas presentan un problema similar: no existe una sede con "Al-Qaeda" escrito en el frente del edificio, y los únicos blancos protegidos de los terroristas son los campos de entrenamiento, y aún éstos no son más que una colección de tiendas de campaña. Destruir esos campos con municiones modernas sería como bombardear de nuevo las chozas de paja en Vietnam. La cruel verdad aquí es que no estamos atacando instalaciones, estamos atacando personas.

La realidad es que la mayor parte de nuestros equipos militares de hoy en día fue diseñada para destruir otros equipos militares, infraestructuras industriales, o para eliminar grandes números de combatientes enemigos concentrados en un mismo lugar. Los terroristas operan de forma tal que todas estas posibilidades quedan descartadas. La única manera que se puede emplear armamentos convencionales contra grupos terroristas es en casos similares a Irak o Afganistán, donde las fuerzas de Estados Unidos controlan físicamente a todo el país. Allí los resultados del uso de esos armamentos son controvertibles; explosiones masivas lanzadas desde tanques y aviones de ataque pueden incitar a la población contra las fuerzas estadounidenses. Operaciones de esta escala son enormemente caras en cuanto a sangre y riquezas. Y aunque por argumentar pudiéramos calificar la estrategia en Irak como exitosa, Al-Qaeda opera en muchos otros países. La realidad es que Estados Unidos no cuenta con suficiente capital político ni interno ni internacional para financiar ninguna otra invasión hasta que al menos se resuelva favorablemente la situación en Irak. Presuntamente Al-Qaeda está al tanto de todo esto, y aunque no lo estuviera no esperaría a estarlo.

Debemos, por lo tanto, contar con una alternativa eficaz a las armas convencionales. En la actualidad Estados Unidos no cuenta con un método o sistema de extensa aplicación diseñado específicamente para la destrucción de células terroristas. Las fuerzas militares no fueron diseñadas para eso, las agencias de orden público no están diseñadas para eso, y las agencias de inteligencia tampoco lo están. En vez de crear nuevas burocracias en gran escala, lo que tenemos que hacer es cambiar fundamentalmente las reglas de enfrentamiento para los recursos con los cuales ya contamos. Si incluimos algunos elementos de las fuerzas militares, algunos del orden público y otros elementos de inteligencia recopilada, podríamos crear una red de células antiterroristas y desplazarlas por todo el mundo.

Esas células serían tan eficaces como sus respectivos miembros. Pero por el precio de un millón de dólares por un solo misil crucero (que no siempre son 100% eficaces, pero así y todo los compramos por docenas), podríamos organizar 10 células de cinco miembros cada una, con un presupuesto de US$100.000 para cada una de esas células. En las áreas del mundo donde esas células podrían desplazarse, tales como el Oriente Medio y Asia, esa cantidad de dinero cubriría mucho terreno. De acuerdo con el FBI, los 19 secuestradores del 9/11 gastaron menos de un total de US$250.000.4 en el transcurso de varios años. No cabe duda que el uso de células antiterroristas sería más económico que las armas convencionales, pero el obstáculo principal sería cómo controlar o dirigir esas células.

El propósito primordial de las células antiterroristas sería la eliminación de terroristas. La idea de escuadras de asesinato independientes estremecería a muchos norteamericanos, pero no hay por qué. Durante las guerras convencionales en gran escala del siglo XX, cientos de miles de soldados libraron batallas y se mataron los unos a los otros en el campo de batalla. Occidente consideró que esto fue un combate legítimo y los soldados que mataban al enemigo bajo esas circunstancias fueron condecorados, no enjuiciados. Los terroristas no visten uniformes, pero son combatientes y, por lo tanto, blancos legítimos. (Es curioso destacar que la orden presidencial prohibiendo asesinatos existe todavía aunque ha sido expandida.)

En la Segunda Guerra Mundial el soldado norteamericano que se enfrentaba con un soldado del Wehrmacht en el campo de batalla, le apuntaba y trataba de matarlo. Él no llamaba a la policía para que lo arrestaran. Sería igualmente inútil recurrir al arresto como la mejor manera de destruir la amenaza terrorista. Como combatientes legítimos es legal aniquilarlos aunque no vistan un uniforme y no se encuentren en un campo de batalla tradicional. La diferencia entre esta idea y las tácticas utilizadas por los terroristas, es la noción que no correspondería el concepto de "todo vale". Las células antiterroristas solamente estarían autorizadas a aniquilar uno o más blancos específicos. Esa autorización excluiría el uso de artefactos explosivos en lugares públicos, ya que eso resultaría en la muerte de civiles. Sería también inadmisible prenderle fuego a un hotel con 1.000 personas simplemente porque allí se hospedan tres terroristas.

Aparte de la oposición moral a estas tácticas, las cuales son bien válidas, esos métodos por definición son imprecisos. Una bomba podría derribar totalmente un edificio y matar a 100 personas, pero, ¿de qué nos serviría si logran escapar los dos que eran nuestros blancos? Ese tipo de actividad en gran escala llama demasiado la atención y, asimismo, conforme Estados Unidos aprendió en Irak con uno de los ataques aéreos dirigidos a Saddam Hussein, la destrucción era tan completa que fue imposible decir con seguridad si la misión había tenido éxito o no. Solamente meses después con la captura de Hussein pudimos saber con certeza que él había sobrevivido ese ataque. Armas más pequeñas de aniquilación limitada serían lo ideal; se autorizarían revólveres, cuchillos, venenos, o cualquier otra cosa que se crea aniquilaría solamente al blanco. Un intenso proceso de selección proporcionaría un personal ya dedicado, entrenado y leal que obedecería esas restricciones. A pesar de su autonomía, la célula antiterrorista continuaría actuando bajo órdenes.

La clave para una célula antiterrorista sería la información en tiempo real y de fuentes originales. Por fuentes originales queremos decir que la información en cuestión tendría que proceder de inteligencia humana (HUMINT), recopilada en cualquier lugar que fuera necesario. Cada célula estaría a cargo de determinar los sitios donde hacer las averiguaciones, de acuerdo con sus propias conclusiones, investigaciones, e inclusive su experiencia. Esas células también aprovecharían la experiencia de agencias de inteligencia ya existentes. Por ejemplo, una célula antiterrorista de cuatro miembros podría dispersarse por todo el mundo, manteniéndose en contacto electrónicamente. Un miembro podría estar en Singapur, otro en África, otro en Europa, y el cuarto en Estados Unidos, y todos podrían mantenerse en contacto mediante el mecanismo de espionaje más detallado jamás concebido: la Internet.

El enorme volumen de tráfico en la Internet impide que sea posible monitorearla por completo. Esto significa que es imposible seguirle el rastro a todo posible terrorista que use la Internet, pero también quiere decir que ellos tampoco pueden monitorear todas las posibles actividades antiterroristas. Usemos la hora Zulu (Greenwich) como referencia: los cuatro miembros crearían su propia sala de charla a esa hora en particular, sin importar dónde se encuentren, y entonces el próximo día crearían una nueva sala de charla; o simplemente podrían enviarse mensajes electrónicos los unos a los otros con una protección casi total contra la escucha oculta. Si ellos varían los servidores y las direcciones electrónicas lo suficientemente, la probabilidad de ser detectado sería prácticamente nula. A pesar de que todavía existiría algún riesgo, ese riesgo sería considerablemente menor que el riesgo de hacer una llamada telefónica. Para ese tipo de grupo no habría una sede, domicilio legal, ni instalaciones seguras.

Todo lo anterior contribuye a que la detección de esos grupos se dificulte, y, además, se ahorra dinero. ¿Cuánto gasta la CIA y el FBI en alquilar, construir, mantener y defender sus enormes edificios de oficina cada año? Un grupo pequeño no tendría necesidad de esa infraestructura, y, por ende, podría estirar mucho más su presupuesto. Casi todo su presupuesto podría ser utilizado en operaciones, un nivel de eficacia que nunca estará al alcance de la CIA, FBI, o NSC conforme a su estructura actual.

Tradicionalmente, las agencias norteamericanas del orden público e inteligencia existen para proveer análisis y consejos a los líderes principales. Esas agencias no actúan directamente contra amenazas, sino que simplemente pasan la información a los encargados de adoptar decisiones para que éstos puedan hacer una determinación sobre cómo proceder. Este proceso resulta sumamente lento para responder a las amenazas terroristas. Por ejemplo, a la CIA o a la NSA les toma un tiempo considerable para dar los pasos necesarios (el circuito de observación, orientación, decisión y actuación, "OODA"), a diferencia del tiempo que le tomaría a una célula terrorista realizar el mismo proceso.

Uno de los postulados principales de la doctrina actual de las fuerzas militares de EE.UU. es que es mejor dar esos pasos antes de que lo haga nuestro enemigo. Con la guerra contra el terrorismo está sucediendo lo opuesto, y la razón es bien sencilla: un grupo de ocho personas puede actuar mucho más rápidamente que una burocracia de miles de personas. Con células antiterroristas la misión no estaría limitada a un mero análisis. Esos grupos necesitarían la flexibilidad de actuar contra una amenaza. Esas acciones serían formuladas y concluidas en una pequeña porción del tiempo que tomaría bajo el sistema actual. Pero de nuevo, estas acciones, las cuales pudieran incluir la eliminación de blancos, requieren una base considerable de inteligencia.

Los recursos accedidos mediante una base centralizada de datos sobre terroristas de EE.UU., no podrían accederse continuamente desde terminales remotas. Cuando estén en marcha, los miembros de células antiterroristas estarían desconectados de esa fuente de información. Una solución sería que esos miembros pudieran llevar a cabo su investigación antes de iniciar la operación, y memorizar las porciones de información clasificada que no puedan llevar consigo. Esto no sería el problema que aparenta ser porque los blancos de las células antiterroristas serían pequeños, y posiblemente hasta compuestos por un solo individuo. Todos los miembros de la célula podrían estar dispersados sobre una extensa área, pero también pudieran concentrarse en un solo sitio o área. De hecho, podrían trasladar toda la operación cerca del blanco o blancos. Estos miembros de la célula (o único miembro) podrían vivir en un lugar por varios meses y hasta años antes de ser activados, y pudieran llevar a cabo múltiples operaciones, o una sola operación.

No debemos subestimar la devastación que esto pudiera ocasionar a las organizaciones terroristas. Tal y como lo demostró Al-Qaeda en el 9/11, no es necesario destruir a Estados Unidos físicamente para propinarle un sólido golpe. La lección aquí es que no se necesita contar con un enorme complejo industrial y militar para causarle al enemigo una destrucción de grandes proporciones. Lo mismo es cierto para las redes y organizaciones terroristas. La eliminación a la vez de uno o más de de sus operativos, erosionaría la capacidad de los terroristas puesto que éstos tendrían que emplear más tiempo y energía en su defensa, causándole de esta manera un beneficio a Estados Unidos. Por otra parte, si los terroristas optan por no emplear ese tiempo y energía adicionales en su defensa, entonces las células antiterroristas podrían continuar eliminándolos poco a poco hasta acabar con la eficacia de esas organizaciones terroristas. En esta situación Estados Unidos es el ganador. Sin embargo, no deberíamos limitarnos solamente a operaciones eliminatorias, y no se debería pasar por alto la infiltración como objetivo valioso.

Varios estudios, incluyendo "Inside Al-Qaeda" (Dentro de Al-Qaeda) por Rohan Gunaratna en el 2002, han documentado que Al-Qaeda utiliza a las madrazas para sus propósitos de reclutamiento. Las madrazas son usualmente pequeñas, escuelas religiosas privadas dispersas a través del Oriente Medio, aunque son especialmente prominentes en Afganistán, Pakistán y la frontera montañosa y remota entre estos dos países. Es en estas escuelas donde el Talibán y Al-Qaeda han conseguido a muchos de sus reclutas locales.

Según la BBC, la mayoría de estas madrazas se concentran en enseñarles a los estudiantes un tipo de Islam sumamente militante y estricto. Los estudiantes pasan la mayor parte del tiempo aprendiendo el Corán de memoria, y aunque muchos de ellos no entienden el significado de las palabras, adelantan simplemente mediante el aprendizaje por repetición mecánica. Durante las clases no se hace mención alguna de la ciencia, historia, ni de cualquier otra disciplina que se enseña en las escuelas tradicionales. El enfoque en estas escuelas es enteramente en el Islam, con la esperanza de que se pueda enseñar y aprender como se hacía hace 800 años. La enseñanza del Islam militante no se limita a las escuelas madrazas en las remotas montañas de Hindu-Kush, pero también puede encontrarse en el centro de Riyadh, Arabia Saudí.

Una escuela en Arabia Saudí les enseña a sus estudiantes que tiene que matar judíos e infieles.5 Esto se encuentra en un libro escolar que se usa para la enseñanza de estudiantes de 13 y 14 años en Arabia Saudí. La mayoría de los funcionarios gubernamentales árabes saudís, así como muchos norteamericanos, han descartado el hecho de que 15 de los 19 secuestradores del 9/11 eran sauditas. El Presidente Bush ha dicho repetidas veces que Arabia Saudí es un amigo de Estados Unidos, y en muchos aspectos sí lo es. Pero la verdad es que el sistema escolar árabe saudí está produciendo muchos jóvenes que se prestan a ser reclutados por Al-Qaeda y por otras organizaciones terroristas, y el 9/11 es prueba directa de eso.

El Presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, ha creado un programa voluntario mediante el cual las madrazas pueden recibir ayuda si amplían su programa de estudios y se registran con el gobierno, pero ese programa es de carácter voluntario. Estados Unidos debería ejercer su considerable influencia y persuadir al Presidente Musharraf a que presente ante el Parlamento de Pakistán un proyecto de reforma sobre las madrazas, con el propósito de que sea obligatorio que todas las madrazas amplíen su programa de estudios y se registren con el gobierno. Pero existe otro nivel de compromiso que aún no se ha examinado.

En la actualidad las madrazas no se registran con nadie, y ninguna autoridad las autoriza. En vista de que este es un criadero de reclutas para Al-Qaeda, sería conveniente para Estados Unidos que todas fueran cerradas. Pero el uso de la fuerza militar no es una opción debido a la brusca reacción que se suscitaría a través del mundo musulmán. Por lo tanto, sería necesario abordar este problema de un modo diferente. En vez de tratar la destrucción física de estas escuelas, Estados Unidos debería adoptar un enfoque más pragmático.

Estados Unidos podría reclutar estudiosos islámicos, preferiblemente árabe-americanos, para una posible infiltración del sistema de madrazas. Idealmente algunos de esos agentes podrían llegar a ser el instructor principal de una o varias madrazas, convirtiendo a esas escuelas en madrazas simuladas, lo que beneficiaría mucho a Estados Unidos. Esas personas dentro de las madrazas tendrían la oportunidad de ver personalmente cómo trabajan los reclutadores de Al-Qaeda, y quiénes son. Ostensivamente también se podría insertar estudiantes simulados, y posiblemente este enfoque pudiera ser más fácil de lograr. No hay ninguna condición previa para asistir a una escuela madraza. Todo lo que se necesita es profesar una intensa fe del Islam, y eso se puede fingir. Esos estudiantes serían de una descendencia del Oriente Medio, árabe-parlantes, y familiarizados con el Corán, aunque no sería prudente revelar esa familiaridad desde el principio ya que se supone que la mayoría de los estudiantes en las madrazas aún no dominan el Corán.

Este tipo de acción entrañaría un profundo encubrimiento y una infiltración a largo plazo. El objetivo sería penetrar a Al-Qaeda y que tarde o temprano el agente fuera asignado a una célula operacional o de apoyo. A la vez que sea asignado, ese operativo tendría que comenzar a informar al oficial a cargo de ese caso (digo "ese operativo" porque las madrazas no admiten mujeres), y esto se podría lograr a través de la Internet. Ni tan siquiera los vastos recursos de la NSC pueden seguirle la pista a toda la correspondencia electrónica en la Internet, y no hay razón para pensar que Al-Qaeda lo pueda hacer. Lo que se pudiera hacer entonces dependería del escenario exacto, y no hay modo de prever esa circunstancia. Pero lo cierto es que la penetración de Al-Qaeda es algo que Estados Unidos tiene que lograr si desea ganar la guerra contra el terrorismo.

Un norteamericano ya lo logró: se le ha dado mucha publicidad a la historia de Jonathan Walker, un joven solitario norteamericano que abandonó a su país, se convirtió al Islam y procedió a librar un jihad, o guerra religiosa, contra Estados Unidos. Walker consiguió unirse a facciones terroristas, y no era ni tan siquiera de descendencia árabe. Si un joven de California puede ganarse la confianza de una organización terrorista, seguramente que operativos entrenados de inteligencia también pudieran lograrlo. Las organizaciones terroristas no son fortalezas mágicas, impenetrables y fuera del alcance de las agencias de inteligencia occidentales.

El reclutamiento es indisputablemente el punto débil de las defensas terroristas, y muy en particular con Al-Qaeda. Como lo indica muy astutamente Meter Bergen en Holy War Inc., Al-Qaeda es como una corporación y Bin-Laden es su Presidente Ejecutivo. Bin Laden llegó a decir que su organización era vasta y que él "no conocía a todo el mundo". Sobre esto Bergen comentó que con ese modo de pensar Bin-Laden "se había pronunciado como un verdadero Presidente Ejecutivo".6 El acceso a Al-Qaeda tiene un nombre. Ese nombre es "madraza", y allí no se exigen tarjetas de identificación. La infiltración de organizaciones terroristas y la eliminación del personal terrorista pudieran causar una destrucción en gran escala de las células terroristas en todo el mundo. Esto puede ser un proyecto cuyo éxito podrá medirse en plazos que abarcan años, pero si no se emprende, el resultado será medido desde el punto de vista de norteamericanos muertos, muy, pero que muy pronto.

Notas:

1. Discurso sobre el Estado de la Unión, 2004, http://www.whitehouse.gov/news/releases/2004/01 /20040120-7 .html.

2. Ibid.

3. John Miller, Michael Stone, Chris Mitchell, The Cell, Hyperion New York, New York, 2002, 53.

4. "Investigators trace 9-11 funding to accounts in Pakistan" JOHN J. LUMPKIN, (Associated Press) San Francisco Chronicle, 31 de julio de 2003.

5. "Analysis Wahabism" PBS Frontline: Saudi Time Bomb 5 de noviembre de 2001 www.pbs.org.

6. Peter Bergen, Holy War Inc. Inside the Secret World of Osama bin Laden Free Press, noviembre del 2001.


 Declaración de responsabilidad: Las ideas y opiniones expresadas en este artículo reflejan la opinión exclusiva del autor elaboradas y basadas en el ambiente académico de libertad de expresión de la Universidad del Aire. Por ningún motivo reflejan la posición oficial del Gobierno de los Estados Unidos de América o sus dependencias, el Departamento de Defensa, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos o la Universidad del Aire. El contenido de este artículo ha sido revisado en cuanto a su seguridad y directriz y ha sido aprobado para la difusión pública según lo estipulado en la directiva AFI 35-101 de la Fuerza Aérea.


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