Documento creado: 9 de noviembre de 2007
Air & Space Power Journal - Español Cuarto Trimestre 2007
Dr. David R. Mets*

ERA EL 5 de junio de 1953. Una de las feministas más grandes del mundo (mi madre) colocó una de las barras amarillas en mi uniforme nuevo. Hablando de mujeres que trabajan fuera del hogar—siendo una madre soltera, ella había hecho eso todos los días de su vida. Hablando de mujeres en combate, presencié como ella noqueó a un hombre el doble de su tamaño que intentó asaltarla. Cuando era niño, cada vez que yo lloraba ella me decía, "¡Ay, basta! Eres igual que tu hermana". Cuando era un muchacho y me quejaba de que algo era muy pesado para yo cargarlo, ella solía decir, "Ay, por favor. ¡Hasta tu hermanita lo puede hacer!"
En junio de 1953 sobreviví el salto desde a la piscina de la Academia Naval desde una torre de 30 pies completamente vestido. Tuve el valor de entrar a un cuadrilátero de boxeo con un compañero que pesaba 200 libras.1 Había volado en biplanos con cabina abierta. Finalmente había podido dominar la pista de obstáculos. Había sobrevivido cruzar el trasatlántico durante mal tiempo en una "hojalata" (o sea, un destructor) de la Segunda Guerra Mundial. Había conducido pequeños botes a través de resacas en ejercicios anfibios. Resistí estar boca abajo debajo del agua en la cabina del Dilbert Dunker.2 Ese mes sentí deseos de decirle a esa gran feminista, "Ves, Mamá, por fin hice algo que mi hermana no pudo hacer". Por supuesto, no dije eso, pero una gran feminista parecía haber creado un machista—y en ese momento ambos nos sentimos orgullosos. Ella falleció en sus años sesenta durante su hora de almuerzo en una fábrica de piezas electrónicas alrededor del tiempo cuando Betty Friedan publicó The Feminine Mystique (El misterio femenino), por lo tanto mi madre no vivió para ver ese orgullo empañado. Pero hasta ahora he vivido cinco décadas más para presenciar cambios radicales en el mundo. Un joven teniente ya no se puede felicitar a sí mismo por hacer algo que su hermana no puede hacer. Un receptor de nuevas y brillantes alas de plata ya no se puede dar golpes en el pecho felicitándose por su hombría. Quizás en 100 años, la historia estadounidense proclamará que el mundo cambió más en la última mitad de siglo XX que en la primera. En un artículo publicado en la revista Foreign Affairs, Francis Fukuyama parece persuadido que en el siglo XXI este nuevo mundo continuará evolucionando—cada vez más feminizado en asuntos políticos y militares. Eso es para el bien, dice, porque ese tipo de entorno en Occidente será cada vez más pacífico y ordenado.3
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Cronología: Las Mujeres en la Milicia 1947 Fundación de la USAF |
Mi meta en este "Material de Referencia" se asemeja a todos los que he escrito anteriormente: brindar algunos discernimientos para el guerrero/erudito aéreo sobre una dimensión importante de la profesión y sugerir una docena de libros importantes que podrían ayudar en ese intento. Ahora, las mujeres conforman más del 20 por ciento de la Fuerza Aérea de los EE.UU. y son elegibles para desempeñar todos los trabajos en la Fuerza Aérea, salvo las operaciones especiales. Han escrito la mayor parte de la literatura sobre el género y la milicia.
Claramente, los líderes de ambos géneros tienen que comprender la importancia de la mujer para el éxito de la misión. Además, por lo menos afuera del servicio, algunos individuos afirman que las mujeres complican el logro de la misión—y el líder militar debe estar al tanto de sus argumentos. Al final del artículo, siguiendo el patrón de inspiración en mi serie "Material de Referencia"—el libro del Coronel Roger Nye titulado Challenge of Command: Reading for Military Excellence—identifico dos libros para la reseña y el resto para profundidad y conocimiento.
La sabiduría convencional siempre ha identificado a las mujeres como el género amoroso e inclinado hacia la paz pero caracteriza a los hombres como violentos y agresivos. Las personas aún debaten vigorosamente si esos rasgos reflejan un comportamiento aprendido o una predisposición genética.4 Indudablemente, las mujeres han luchado, y luchado bien, en las guerras desde que éstas comenzaron. Sin embargo, según Joshua Goldstein, esas son excepciones a lo acostumbrado—en lugar de excepciones contadas. Él argumenta la ocurrencia de solamente dos experiencias masivas y sostenidas de las mujeres en combate. Una sucedió en el reino africano de Dahomey (ahora la República de Benín) desde el siglo XVIII hasta fines del siglo XIX; un tercio de su ejército a veces consistía en organizaciones femeninas regulares—exitosas además. La segunda tuvo que ver con el uso de las mujeres en combate en los Ejércitos Rojos de la Segunda Guerra Mundial. Esas mujeres lucharon valiente y competentemente, pero los soviéticos les dieron fin a su uso en combate tan pronto como fue factible y después de la guerra no las volvieron a emplear nuevamente en especialidades de combate. Aunque Goldstein se describe a sí mismo como un pro-feminista, afirma que los expedientes históricos muestran que la mujeres nunca han servido como guerreros principales en ningún lugar—inclusive en los dos casos mencionados anteriormente, ellas representaban la minoría. En otra parte, se emplearon en gran medida durante tiempos de guerra en misiones de apoyo pero casi nunca en combate—y luego, en su mayoría, inadvertidamente.5
En Estados Unidos, las mujeres han luchado aquí y allá individualmente. Sin embargo, su participación en lo que a menudo se conoce como la Primera Hola Feminista por lo regular tenía que ver con otros asuntos. Las feministas se destacaron en los movimientos abolicionistas antes de la Guerra Civil y luego en la larga campaña para lograr los derechos a tener propiedades y votar. Eso culminó con la aprobación de la 19ava Enmienda a la Constitución después de la Primera Guerra Mundial.6 Además, la primera ola había funcionado como precursora principal en la fatídica 18ava Enmienda (Prohibición) y en varios movimientos de paz. Ésta última parecía prometer que la influencia femenina, una vez las mujeres obtuvieran el derecho al voto, preferiría un mundo más pacífico—lamentablemente, no resultó así inmediatamente.7 En uno de los libros más influyentes desde el fin de la Segunda Guerra Mundial—The Femenine Mystique (1963)—Friedan sostiene que la Primera Ola Feminista había tenido un inicio muy prometedor, dando lugar a la participación política y educación avanzada para las mujeres al igual que recalcar la promesa para más progreso. Pero entonces ella se lamenta que algo se tornó radicalmente mal.
Las mujeres estadounidenses hicieron una contribución importante durante la Segunda Guerra Mundial, al igual que lo hicieron en la Primera Guerra Mundial. Abandonaron sus hogares en manadas para participar en la industria bélica y en otras partes de la economía. También ocuparon puestos en varias organizaciones auxiliares para los militares, llevaron a cabo varias misiones fuera de combate, permitiendo así que muchos hombres pudieran desempeñar misiones en combate—aún en misiones de apoyo como se habían desempeñado en pequeñas cifras desde 1917 hasta 1918. Durante la Segunda Guerra Mundial, mi madre feminista trabajó como operadora de grúas en el astillero Bethlehem Steel en Quincy, Massachussets, fabricando portaaviones (ganando un salario alto para una mujer). Muchas mujeres se acostumbraron a mejores salarios y a lo que ellas consideraban trabajos más significativos que la monotonía de los que haceres domésticos. Cuando los hombres llegaban a casa, anticipando un mundo nuevo y brillante de paz y prosperidad, la mayoría de las mujeres tenían que marcharse—¿pero a dónde? Nuestra feminista operadora de grúas tuvo que aceptar un trabajo en una fábrica de tachuelas haciendo verificaciones al azar confirmando que las cajas que salían de la línea de producción realmente contenían 100 tachuelas—¡hora tras hora, día tras día y mes tras mes!
Según Betty Friedan (contemplando el mundo a través de lo que para mí era un lente angosto de un ama de casa neoyorquina de clase media alta en los suburbios), las mujeres fueron "obligadas" a regresar y fueron atrapadas en la esclavitud relativamente sin sentido de cuidar de sus hijos y esposos profesionales, quienes trabajaban en la gran ciudad. ¿Qué las atrapó? Parcialmente, las universidades después de la guerra. Los planes de estudios para las mujeres recalcaban asuntos funcionales como administrar los hogares—no ampliar las mentes. Después de haber leído The Feminine Mystique, no estoy del todo seguro sobre quiénes eran los atrapadores, ya que, presuntamente, las mujeres asistían a cursos de economía del hogar, se casaban y se mudaban a los suburbios voluntariamente. Pero creo que Friedan pensó que la cultura las atrapó, y no sus maridos. Protestando que no odiaba a los hombres, Friedan alegó que no menospreciaba la función de la ama de casa. En cambio, pensó que las mujeres necesitaban "algo más", para alcanzar la cúspide de la pirámide de Maslow y, por lo tanto, llenar el requisito de autorrealización—siempre mediante la educación superior y carreras con significativas (remuneradas) fuera del hogar.8
Eso parece probable ya que Friedan recibió su educación en Smith College y luego hizo trabajo de postgrado en California, especializándose en psicología. Su gran libro apareció alrededor del momento de máximo esplendor de Abraham Maslow. La teoría de Maslow y el libro de Friedan han sido objetos de críticas por tener un enfoque muy limitado.9 Sin embargo, una escritora espléndida, ella hizo un impacto masivo con The Feminine Mystique, aunque lidiaba con una minoría elite de mujeres. Indudablemente, un gran número de mujeres norteamericanas sobrecargadas de trabajo hubiesen estado encantadas de experimentar un poco del aburrimiento que sufrían las opulentas amas de casas del Condado de Westchester.
La Guerra de Vietnam resultó traumatizante en todos los aspectos. La vida militar fue desacreditada en gran medida, y el movimiento en contra del servicio obligatorio provocó grandes tensiones en la sociedad norteamericana. Después que el Presidente Nixon visitó China y luego concluyó el Tratado I de Limitación de Armas Estratégicas (SALT I), la amenaza a la seguridad nacional parecía haber disminuido bastante. Como siempre, las mujeres desempeñaron un papel importante en el movimiento de paz y en las protestas en contra del servicio obligatorio. Las inquietas amas de casa de Friedan se esforzaron por escapar sus trampas en los suburbios. Nixon intentó frenar el descontento dándole fin al servicio obligatorio en 1973.10 Para colmo, la ocurrencia casi simultánea del escándalo Watergate y la caída de Saigón estremecieron la confianza norteamericana hasta sus cimientos. Gerald Ford, sucesor de Nixon, intentó estabilizar la situación, pero él no duró mucho tiempo. Los votos de las mujeres se estaban tornando cada vez más poderosos, y antes de que Ford perdiera la elección en 1976, el Congreso ordenó que las mujeres fuesen admitidas a las academias militares federales, algo muy en contra de la preponderancia de la opinión militar.11 Por ende, amanecía un nuevo día para el movimiento femenino cuando Jimmy Carter entró al poder con una administración aún más amistosa hacia las mujeres.12 Poco después, los soviéticos entraron en Afganistán y se tornaron activos en el Cuerno de África, posando nuevas amenazas a los intereses de un Estados Unidos debilitado. El Presidente Carter envió señales al Kremlin sobre los peligros de sus actos invirtiendo la disminución en los gastos de la defensa. También propuso hacer que las mujeres estuviesen sujetas al servicio obligatorio—supuestamente para mostrarles a los soviéticos su seriedad.13 Para ese entonces, las mujeres habían logrado ser admitidas a las academias y escuelas de vuelo de todos los servicios armados, pero, al menos temporalmente, hasta ahí fue que el Congreso estuvo dispuesto a ir en 1979. Algunas militares, especialmente las oficiales, querían que las especialidades de combate estuviesen disponibles para las mujeres—pero pocas, tanto oficiales como suboficiales, defendieron este punto salvo que lo pudieran hacer en calidad de voluntarias.14
Mientras, una yuxtaposición fortuita de dos acontecimientos ayudó en gran medida a la fuerza del servicio voluntario y al movimiento femenino. A medida que la segunda ola del movimiento femenino tomó auge, el Congreso aprobó la ERA (Enmienda de igualdad de derechos), que aparentemente era un hecho que recibiría una ratificación prematura.15 Cuando el servicio obligatorio terminó en 1973, rápidamente quedó claro que la fuente de hombres reclutas del servicio, en cualquiera de las categorías mentales más bajas, se estaba agotando. Sin embargo, las mujeres en las dos categorías más altas estaban listas y dispuestas a servir. En muchos casos, al pasar a formar parte del servicio militar podían ganar mucho más en salario y beneficios que permaneciendo en la economía civil. La situación no era igual para los prospectos masculinos más sobresalientes. Por lo tanto, el incremento rápido en mujeres alistadas de gran calidad compensó por la escasez de buenos reclutas masculinos. Aunque superficialmente durante ese mismo periodo las especialidades de combate estaban prohibidas para las mujeres, las escuelas de vuelo y las academias las aceptaron en cifras cada vez mayores. No obstante, las mujeres fueron una gran ayuda en las áreas de apoyo; de hecho, sin ellas, el servicio voluntario probablemente no hubiese tenido éxito.16
Los hombres parecían estar maldecidos con la necesidad eterna de comprobar repetidamente su masculinidad.17 Antiguamente, cuando la sociedad se ocupaba con cazar y reunir, el combate y la caza eran las únicas oportunidades que los hombres tenían para comprobar su masculinidad. En 1953, surgieron otras alternativas.18 Tal como sugerí en mis párrafos iniciales, al menos en mi caso, esa necesidad fue un factor importante en mi selección de recibir un nombramiento en la Academia Naval en lugar de ser admitido a una universidad civil. Esa escuela y sus academias hermanas gozaban de la reputación de representar los últimos bastiones de machismo. También las convirtió en el blanco favorito de la Segunda Ola Feminista.
En la primavera de 1972, el superintendente de la Academia de la Fuerza Aérea, el Teniente General Albert Clark, vio las señales inminentes y le ordenó a su plana mayor a que planificara para aceptar a las mujeres como cadetes.19 Sin embargo, las planas mayores y subalternos en esa y en otras academias, sentían poco entusiasmo hacia el prospecto.20 No fue hasta octubre de 1975 que el Congreso aprobó y el Presidente firmó la ley, y las mujeres se prepararon para llegar en julio del siguiente año. Recordando la experiencia original en la Academia de la Fuerza Aérea durante la década de los años cincuenta, oficiales subalternas sirvieron en calidad de alumnas antiguas (de tercer y cuarto año) suplentes durante los primeros días. Las otras academias no siguieron el ejemplo.21 Ahí, alumnos antiguos proporcionaron el liderazgo. En Colorado, el plan no funcionó muy bien. Las alumnas antiguas recibieron adiestramiento varios meses antes, pero los resultados fueron desalentadores. Durante los años cincuenta, la mayoría de los alumnos antiguos suplentes eran egresados de academias más antiguas y aún estaban en excelentes condiciones físicas.22 En 1976, las mujeres que fueron traídas para desempeñar funciones similares eran oficiales subalternas voluntarias para la tarea, y se dieron cuenta que en cuanto a las dimensiones físicas del programa estaban deficientes. Sin embargo, en un final su participación si ayudó un poco porque la cosecha inicial de mujeres cadetes estaba en buenas condiciones desde el inicio y se comparaban favorablemente con las suplentes que las habían precedido a Colorado. De hecho, durante ese primer verano, la Academia de la Fuerza Aérea experimentó menos desgaste entre las mujeres que las demás escuelas.23 A diferencia de las otras academias, en ese entonces la Academia de la Fuerza Aérea alojaba a las mujeres aparte y nuevamente durante el primer semestre. Para finales del segundo semestre, en la primavera de 1977, las mujeres pasaron a formar parte de escuadrones integrados y las alumnas antiguas oficiales pasaron a nuevas asignaciones.24
Estuvo claro casi inmediatamente que académicamente las mujeres dominarían—y desde entonces lo han hecho todos los años. Algunos de los cadetes en aquel entonces, y aún hoy, pensaban que el sistema favorecía a las mujeres, y rápidamente alegaron que sus características fisiológicas no cumplían con las exigencias de la vida militar. Además, los resultados en los campos de capacitación militar y realización parecían indicar que las mujeres no competían en un plano igual, aunque algunas sí sobresalieron y lograron un alto rango de cadete. Durante los primeros cuatro años, el desgaste de las mujeres fue más alto que el deseado, pero un desgaste alto en general caracterizó aquellos primeros años después del fin del servicio obligatorio. El porcentaje de mujeres que abandonaban el programa continuó siendo una fuente de desaliento hasta la década de los años noventa.25
Desde el inicio, los planificadores anticiparon problemas con el sexo y el embarazo. Desde el primer verano en adelante, las mujeres recibieron adiestramiento sobre cómo evitar el acoso sexual y la violación. Cursos de defensa propia se ofrecieron más tarde. La elaboración de una política equitativa sobre el embarazo resultó difícil por el problema (en ese entonces) de comprobar la paternidad, sin embargo una cadete evidentemente no podía llevar a cabo sus tareas durante el embarazo. Dos años antes, la baja involuntaria de mujeres embarazadas había terminado en el resto de la Fuerza Aérea, pero era difícil comprobar que una mujer se podía mantener a la par de su clase durante el embarazo y la licencia de maternidad. En un final, la política permitió que una cadete embarazada regresara a su casa para dar luz y luego regresara y se reintegrara a su clase si podía probar que ella no tenía responsabilidad legal por la criatura.26
Durante los primeros años, el atletismo también causó problemas. Aquellos que no eran atletas en todas las academias siempre se habían quejado de los privilegios especiales de los que gozaban los competidores entre varias universidades—por ejemplo, mesas especiales de adiestramiento. En vista de que gran parte del adiestramiento militar ocurría durante las comidas en mesas estándares y en vista de que nada de eso sucedía en las mesas de adiestramiento, los cadetes consideraban que éstas últimas eran un privilegio muy valioso. Esto resultó un problema para las mujeres. Las primeras clases ostentaban personas de muy altos rendimientos, y casi desde el inicio una porción mucho más grande de mujeres que hombres pasaban a formar parte de los escuadrones de varias universidades, pudiéndose así escapar del acostumbrado adiestramiento Doolie (o sea, de primer año) durante las comidas.27 Además, después del primer verano, el comando intentó hacer el adiestramiento Doolie más "positivo"—que significaba menos gritos y humillaciones para los estudiantes de primer año. Eso, más la gran proporción de mujeres en los escuadrones atléticos provocó descontento entre los hombres y tenía la tendencia de confirmar sus nociones de la existencia de un prejuicio a favor de las mujeres. Inclusive, después de 30 años, en encuestas anónimas una minoría significativa de cadetes hombres aún declara que las mujeres no pertenecen en la academia—un problema perenne para el comando.28
Por mucho tiempo, el movimiento feminista ha sostenido que las dos barreras más grandes a una igualdad total eran la admisión de las mujeres a las academias y la ley de exclusión del combate aprobada por el Congreso en 1948—ambos obstáculos muy difíciles.29 Como mencioné anteriormente, el Presidente Carter fue rechazado cuando intentó probar suerte con el último, poco después que las mujeres comenzaron a asistir a las academias. Pero el Congreso aún no quería involucrarse en aceptar mujeres en el servicio obligatorio. La ley impedía que las mujeres fuesen asignadas a tripulaciones de aviones con misiones de combate o a buques de guerra. La política del servicio les negaba ser admitidas a especialidades de combate en el Ejército y el Cuerpo de Infantería de Marina—principalmente infantería, artillería y unidades blindadas.31 El movimiento que defendía los derechos civiles para los negros había provisto precedentes importantes para la noción con su combate durante la Segunda Guerra Mundial y Corea. La prueba final de ciudadanía total se convirtió en la voluntad de luchar y morir por el país.
Entonces y ahora, esos argumentos tratan dos problemas. Según una parte, la igualdad exigía la admisión al combate del grupo excluido por el bien de la Declaración de Independencia y su afirmación que todos los hombres son creados iguales. La otra parte exigía eficacia primero y luego igualdad. Los miliares existían para luchar y ganar las guerras de la nación. Todo lo que los apartara de ese fin merecía ser rechazado. Las fuerzas armadas, continuaba el argumento, no eran laboratorios sociales concebidos para encontrar las curas a nuestros males internos.32
Durante la Guerra del Golfo de 1991, decenas de miles de mujeres fueron desplazadas con las fuerzas armadas de EE.UU. a teatros de combate. Aún excluidas de combatir, varias murieron a causa de misiles Scud y dos cayeron prisioneras. Adelantos tecnológicos continuos, tales como las armas seguras, parecían hacer las distinciones entre las especialidades de combate y las de apoyo menos relevantes, un punto que las mujeres alegaban para fortalecer su causa para eliminar la última barrera. El caso de la Mayor Marie Rossi, una piloto de helicópteros de transporte del Ejército, que murió en un accidente de avión al final de la guerra, es testimonio de ello. Los defensores argumentaron que el hecho de que ella transportaba tropas y abastos a zonas de combate la sometía a tanto riesgo como a los pilotos de combate de helicópteros armados. La naturaleza cada vez más tecnológica del combate, sostuvieron los defensores, tornaba cada vez menos relevantes las diferencias en la fortaleza de la parte superior del cuerpo. La captura de una alistada y una oficial no pareció resultar en los horrores que mucha gente temía para las prisioneras.33
Los medios de comunicación y los militares hicieron mucho por darle publicidad a la contribución que las mujeres hicieron en la Guerra del Golfo, pero probablemente esa publicidad por sí sola no hubiese sido suficiente para lograr que el Congreso y los servicios armados eliminaran algunas de las exclusiones en combate. En 1948, desempeñé un puesto de aviación como alistado en la Armada—completamente aburrido y asignado en la Estación Aérea Naval de North Island, observando a los varoniles pilotos de la Armada haciendo pasadas en sus hermosos Corsairs y Bearcats. Yo pensé que al solicitar admisión a la Academia Naval podría refugiarme en un mundo de aventura y virilidad. Nunca llegué a ser un piloto de la Armada, pero la imagen que tenía no era una fantasía por completo. Poco después de la Segunda Guerra Mundial, los pilotos de la Armada formaron una asociación para fomentar el futuro de la aviación naval. Para la década de los años noventa, la Asociación Tailhook ya llevaba mucho tiempo celebrando convenciones anuales, por lo regular en Las Vegas, Nevada.34 Aunque esas reuniones incluían seminarios y discursos de algunas personas importantes, siempre se celebraban fiestas que duraban hasta tarde en la noche y que a veces se tornaban bastante escandalosas.35
Una en particular ocurrió en 1991, después de terminada la Guerra en el Golfo durante un momento de exuberancia nacional. Encima de eso, los hombres de la Armada nunca se habían granjeado una reputación por abstinencia o reserva hacia el sexo opuesto.36 Esa combinación hizo que la convención Tailhook en 1991 fuera una de las más famosas, o infames, en la historia de la organización. Inclusive las descripciones más caritativas hacen burla del concepto de "oficial y caballero", y tanto el jefe de operaciones navales como el secretario de la Armada tuvieron que renunciar a sus puestos a causa del escándalo. No hubo consejos de guerra, pero muchos oficiales fueron castigados, algunos hasta el punto de que sus carreras se vieron arruinadas. También hubo mal comportamiento por parte de las oficiales, pero ninguna fue castigada. Por otra parte, las víctimas del asalto nunca tuvieron la satisfacción de ver a sus transgresores condenados. No obstante, la Teniente Paula Coughlin, la más famosa de ellas, sí recibió una indemnización valorada en $400.000 dólares de la Asociación Tailhook y un fallo valorado en $6.700,000 dólares en contra del Las Vegas Hilton por no haber provisto seguridad. Más tarde ella renunció del servicio.37 El sistema de investigaciones de la Armada recibió mala publicidad y algunos podrían argumentar que algunas personas inocentes fueron víctimas de una "caza de brujas" mientras que otras partes, que en realidad eran culpables—beneficiarios de inmunidad y otros factores—no fueron castigadas.38
La combinación de la publicidad que surgió de la Guerra del Golfo y Tailhook les dio las herramientas necesarias a las mujeres que abogaban por las mujeres en combate.39 Poco después, el Congreso abolió los impedimentos de 1948 con respecto al vuelo en combate y servicio en buques, dejando a merced de los servicios que aprobaran la inclusión de las mujeres. A mediados de la década de los noventa, la Armada y la Fuerza Aérea, colocaron a las mujeres a bordo de buques de combate y en las cabinas de aviones caza y bombarderos. Al poco tiempo, recibieron su prueba de fuego volando en combate sobre los Balcanes e Irak.40 El Ejército y la Infantería de Marina, que no habían caído bajo esas leyes, tenían un mejor argumento para la exclusión, con base en las diferencias fisiológicas en cuanto a la fortaleza promedio de la parte superior del cuerpo.41
Por ende, las restricciones en contra de que las mujeres participen en combate en tierra y en las fuerzas especiales aún son vigentes.
Romper la última barrera no le dio fin al cuento. La cultura incluye algo más que cambiar leyes, entrenamiento y andanadas de publicidad. Sabemos de nuestra experiencia en la reconstrucción después de la Guerra Civil, que a veces es posible enterrar actitudes temporalmente, pero para cambiar verdaderamente la cultura es un reto atemorizante.42 Además, las relaciones humanas son dinámicas, no estáticas. El balance siempre está cambiando. Puede que la sociedad haya tenido éxito en civilizar la Asociación Tailhook, sólo para encontrar escándalos de abuso sexual en el Aberdeen Proving Grounds y en la Academia de la Fuerza Aérea. 43 Inclusive sin los escándalos, como se mencionó, porciones significativas de las poblaciones de hombres cadetes e infantes de marina aún piensan que las mujeres no pertenecen en ninguna de las academias.44 Aún los intelectuales más distinguidos del país tienen que llegar a un consenso de si ser emprendedor es un rasgo genético o que se adquiere. Enfrentamos una larga y difícil tarea de obtener un verdadero consenso entre cadetes, si bien pensamos que el liderazgo y el adiestramiento pueden hacer algo por controlar esas tendencias antisociales.45
Después de la Guerra del Golfo y Tailhook, en 1993 hubo problemas de asalto sexual en la Academia de la Fuerza Aérea. El superintendente en ese entonces, el Teniente General Bradley Hosmer, también egresado de la Academia, comenzó a llevar a cabo reformas importantes y eficaces para controlar el problema: establecer una línea directa las 24 horas del día para reportar el asalto sexual, fundar un Comité de Servicios sobre Asalto Sexual para coordinar políticas e información y crear la Semana de Concienciación sobre Asalto Sexual (que más tarde se convirtió en un mes) dedicado al entrenamiento y capacitación. Durante esos años, la Academia también fundó el Character Development Center (Centro para Desarrollar el Carácter). Las mujeres habían alcanzado los rangos de cadete más altos desde 1976, y las egresadas estaban prosperando en la línea de la Fuerza Aérea. Sin embargo, la experiencia solamente con la egresada Kelley Flinn hubiese sido suficiente para advertirnos a todos en contra de la auto-satisfacción.46 Aún así, teníamos esperanzas de que las reformas estaban funcionando hasta cierto punto y que las cosas estaban mejorando.
No obstante, a inicios del 2003, surgió una tormenta que fue la rival del problema Tailhook de la Armada. Tres mujeres cadetes o antiguas cadetes enviaron un correo electrónico al mundo, inclusive a miembros del Congreso y a los medios de comunicación, en el que expresaban que el problema del asalto sexual en la Academia de la Fuerza Aérea se había desatado, y que las mujeres no podían reportar los asaltos porque temían ser castigadas mientras que a los transgresores no se les castigaba, y que el comando era indiferente.47 Los eventos que provocaron el correo electrónico tuvieron lugar inmediatamente después de la secuela de los ataques de Al-Qaeda a las Torres Gemelas y al Pentágono.
El secretario y el jefe de estado mayor de la Fuerza Aérea habían estado completamente ocupados con esos eventos cuando surgió en la escena el problema en Colorado. Casi inmediatamente enviaron un grupo de trabajo a la Academia. Encabezado por Mary Walker, abogada de la Fuerza Aérea, el grupo tenía órdenes de investigar los cargos y hacer recomendaciones. El grupo hizo sus recomendaciones rápidamente y para el mes de marzo el secretario y el jefe de estado mayor habían instituido la Agenda para el Cambio en la Academia. Además, casi inmediatamente los líderes de la Fuerza Aérea reemplazaron al superintendente y al comandante. El Congreso también nombró a una antigua congresista, Tillie Fowler, a que encabezara una comisión para investigar y recomendar. Su informe, emitido en septiembre del 2003, apoyó en general las medidas recomendadas en la Agenda para el Cambio pero lamentó la pérdida del privilegio de mantener confidenciales los informes de las víctimas de asalto sexual. También acusó al Grupo de Trabajo Walker por no mencionar las deficiencias del Cuartel General de la Fuerza Aérea en todo el asunto.48
Mientras, el Departamento de Defensa le dio instrucciones a su auditor general (IG, por sus siglas en inglés) para que estableciera la responsabilidad por las dificultades surgidas en la Academia. Ese informe, publicado más tarde, culpó, por nombre, a algunos líderes en la Academia y el Cuartel General—aunque en el mismo no apareció el nombre del actual comandante ni de la mayoría de sus antecesores.49 La Fuerza Aérea también le encomendó a su IG a que revisara las medidas que la Academia tomó en respuesta a los cargos de asalto sexual durante los diez años anteriores. Solamente unos cuantos resultaron en consejos de guerra, y el IG estuvo de acuerdo con la investigación por parte de la Academia y la manera como manejó los procedimientos en todos los casos menos uno.50
A menudo, las conclusiones firmes de una persona son pura especulación de otra. No obstante, a continuación ofrezco estas conclusiones ya que algunos lectores bien establecidos de esta revista los podrían considerar como suposiciones para su estudio personal y profesional sobre el tema de la mujer en la milicia.
También ofrezco una lista de sugerencias de hipótesis que quizás los lectores quieran usar en su lectura profesional sobre el tema de este artículo. Las personas en ambas partes del debate consideran que algunas son verdad, pero la audiencia de esta revista quizás quiera poner a prueba su validez en sus lecturas adicionales.
El estudio intenso de todos los libros que ofrezco en el muestrario que se da a continuación no los convertirá en expertos en el tema de las mujeres en la milicia, pero pueden ayudar a un guerrero del aire a establecer un marco de ideas conceptuales para ampliar su conocimiento de un problema complejo. Además, contiene obras de varios puntos de vista con la esperanza de que los machistas no reformados o las feministas radicales tengan algún nuevo material de referencia que abarcar.
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Mis Posibles Conclusiones •
Las mujeres pueden y han luchado con aptitud y dinamismo. |
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Hipótesis Sugeridas para Estudio Adicional y Discusión •
La incógnita de si el dinamismo y la tendencia a la violencia en los
hombres son características adquiridas o biológicas aún permanece
sin resolver. |
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Un Muestrario de 12 Libros para la Lectura sobre las Mujeres en la Milicia* Dos para el Resumen The Feminine Mystique por Betty Friedan (El misterio femenino). New York: Norton, 1963.Este catalizador para la segunda ola de feminismo alega que las mujeres de clase media atrapadas en sus hogares en los suburbios están sujetas a limitaciones injustas en su potencial para crecer. Cofundadora de la Organización Nacional para las Mujeres, la autora fue su primera presidenta. War and Gender: How Gender Shapes the War System and Vice Versa por Joshua S. Goldstein. New York: Cambridge University Press, 2001.Un excelente erudito analiza el tema desde un punto de vista multidisciplinario en muchos niveles diferentes. Es esencial leer este libro. Diez para Profundidad y Dominio Who Will Fight the Next War? The Changing Face of the American Military por Martin Binkin. Washington, DC: Brookings Institution, 1993.Un análisis corto y bastante imparcial del tema. Women and the Military por Martin Binkin y Shirley J. Bach. Washington, DC: Brookings Institution, 1977.Un análisis anterior recalcó que la yuxtaposición del fin del servicio obligatorio y la madurez de la Segunda Ola Feminista hizo que el empleo de las mujeres en la milicia fuese cada vez más posible y esencial. The Air Force Academy: An Illustrated History por George V. Fagan. Boulder, CO: Johnson Books, 1988.Aunque un libro de gran formato ilustrado, la erudición es buena y la historia es sincera, el libro abarca, entre otras cosas, la admisión de las mujeres a la Academia de la Fuerza Aérea. El autor ha estado vinculado con la Academia desde sus inicios. Ground Zero: The Gender Wars in the Military por Linda Bird Francke. New York: Simon & Schuster, 1997.Escrito por una feminista extremadamente estricta que lleva a cabo un análisis extenso y bien redactado del tema. Este libro concluye que la integración total de las mujeres es imposible por la cultura implacablemente machista de los servicios armados. The Kinder, Gentler Military: Can America’s Gender-Neutral Fighting Force Still Win Wars? por Stephanie Gutmann. New York: Scribner, 2000.Redactado igual de bien y desde un punto de vista distinto al libro de Francke, Gutmann sostiene el argumento básico que el intento de integrar a las mujeres en todas las especialidades de todos los servicios armadas está convirtiendo a la milicia en una armazón hueca. *Ninguno de nosotros vivirá lo suficiente como para leer toda la literatura sobre el género y la guerra, por lo tanto mi lista es una sugerencia, no una imposición. Incluye obras de ambas partes del argumento y de algunos hombres--aunque las mujeres han escrito la vasta preponderancia de la literatura. Women in the Military: An Unfinished Revolution por Jeanne Holm. Novato, CA: Presidio Press, 1992.Escrito por un famoso general de division de la Fuerza Aérea, en este libro se argumenta que la integración de las mujeres en la milicia es sumamente beneficiosa pero no ha llegado lo suficientemente lejos. Women in the Line of Fire: What You Should Know about Women in the Military por Erin Solaro. Emeryville, CA: Seal Press, 2006.Este argumento bien redactado y reciente aboga por la eliminación de las barreras restantes que las mujeres enfrentan en las unidades de combate terrestre del Ejército y del Cuerpo de Infantería de Marina. The Weak Link: The Feminization of the American Military por Brian Mitchell. Washington, DC: Regnery Gateway, 1989.Escrito por un oponente vehemente de la integración de las mujeres en la milicia. Dress Gray: A Woman at West Point por CPT Donna Peterson. Austin, TX: Eakin Press, 1990.La autora es una de las primeras egresadas elocuentes de la Academia Militar y una firme creyente de la conveniencia de contar con mujeres en el Ejército. Al poco tiempo abandonó el servicio pero evidentemente conserva una gran opinión de la academia militar a pesar de los obstáculos que enfrentó como cadete. Bring Me Men and Women: Mandated Change at the U.S. Air Force Academy por Judith Hicks Stiehm. Berkley: University of California Press, 1981.Escrito por una feminista que habla con autoridad sobre la integración de las mujeres en la Academia de la Fuerza Aérea. Mientras llevo a cabo investigaciones para escribir su libro, vivió en la academia por varios meses. El Decimotercero (en la Docena del Fraile/panadero) Bullies and Cowards: The West Point Hazing Scandal, 1898–1901 por Philip W. Leon. Westport, CT: Greenwood Press, 1999.Este espléndido y pequeño libro, escrito por un profesor de Citadel, muestra que eventos tales como el de Tailhook, los escándalos, las trampas y los problemas de asalto sexual no son totalmente nuevos. Léanlo para obtener alguna perspectiva sobre el tema. |
Notas:
1. Por mucho tiempo, las mujeres en las academias participaron en un curso de autodefensa en lugar de boxear. Sin embargo, según el Vicealmirante Rodney Rempt, recientemente las mujeres en la Academia Naval se han involucrado en el boxeo. "Estado de la Academia" (palabras pronunciadas en la Conferencia Conmemorando los 30 Años de las Mujeres en la Academia Naval, Anápolis, 8 de septiembre de 2006).
2. El Dilbert Dunker era una simulacin de una cabina de avión colocada en una deslizadera al lado de una piscina. Había salvavidas a ambos lados. Un infante de marina, completamente vestido, con un chaleco salvavidas inflable y un arnés de paracaídas, estaba atado a la cabina. Al soltarlo por la resbaladera, la cabina se invertía en el agua de manera que la víctima quedaba boca abajo debajo del agua. Tenía que soltar el cinturón de seguridad, nadar hacia abajo, salir del arnés del paracaídas, inflar el chaleco salvavidas, subir a la superficie y montarse en una balsa inflable que estaba flotando. Si el infante de marina no hacía todo esto en un tiempo establecido, los salvavidas se arrojaban al agua a salvarlo—entonces intentaba de nuevo una y otra vez o de lo contrario no se graduaba del curso. En aquel entonces, lo mismo aplicaba a un infante de marina que saltaba desde la torre, o saltaba y nadaba al otro extremo de la piscina o no se graduaba.
3. Francis Fukuyama, "Women and the Evolution o World Politics," Foreign Affairs 77 (October 1998): 24–40. Sin embargo, él alega que sí hay algunos límites. El proceso de socialización puede restringir, hasta cierto punto, las tendencias masculinas hacia la violencia y el dominio, pero hasta cierto grado se basan en biología y, por lo tanto, no se pueden eliminar fácilmente. También destaca una misión importante y cada vez mayor para las mujeres en los aspectos de apoyo de las fuerzas armadas, pero caracteriza su integración en las unidades de combate como intentar algo poco natural, en vista de la absoluta dependencia en el vínculo masculino, el cual se vería socavado por la proximidad de las mujeres. Sus argumentos convincentes no pasan sin ser retados, ya que en ediciones subsiguientes eruditos feministas se oponen firmemente a sus argumentos con sus propios argumentos convincentes. Entre otras cosas, ellos cuestionan si la violencia y la agresión masculina en realidad se basan en la genética y si las características individuales de ambos sexos realmente determinan asuntos de guerra y paz. Ver Barbara Ehrenreich et al., "Fukuyama’s Follies," Foreign Affairs 78 (January/February 1999): 118–29.
4. Fukuyama, "Women and the Evolution of World Politics," 24–26. La noción que los sexos son biológicamente diferentes en la dimensión psicológica es una anatema para muchos feministas, pero él destaca pruebas significativas y cada vez mayores de que la violencia y la agresividad masculina tienen algunas raíces genéticas—y no solamente entre los humanos. Consultar también a Sarah Glazer, "Are There Innate Differences between the Sexes?" Congressional Quarterly 15 (20 May 2005): 1–2, http:// library.cqpress/cqresearcher/document.php?id+cqresre 2005052000&ty (accessed 8 September 2006).
5. Joshua S. Goldstein, War and Gender: How Gender Shapes the War System and Vice Versa (New York: Cambridge University Press, 2001), 60–64, 66–68; y Martin van Creveld, "Why Israel Doesn’t Send Women into Combat," Parameters 23 (Spring 1993): 5. Van Creveld está de acuerdo en cuanto a este punto. Consultar también a Cecile S. Landrum "The Israeli Fighting Women: Myth and Facts," Air University Review, November–December 1978, http://www .airpower.maxwell.af.mil/airchronicles/aureview/1978/nov-dec/landrum.html (consultado en línea el 6 de marzo de 2007). El mito era que las mujeres israelitas siempre habían luchado junto a los hombres en muchas guerras contra los árabes, pero esa noción fue desacreditada en el artículo de Landrum, entre otros. Las mujeres habían luchado brevemente en circunstancias desesperantes en una naturaleza defensiva en 1948—y solamente en pequeños números. En todas las guerras subsiguientes, fueron excluidas del combate.
6. Sarah Glazer, "Are Women Returning to a 1950s Mind-Set?" Congressional Quarterly 16 (14 April 2006): 11–12, (consultado en línea el 8 de septiembre de 2006).
7. Betty Friedan, The Feminine Mystique (New York: Norton, 1963), 81–101. Claramente, por mucho tiempo el voto de las mujeres había sido un factor formidable en la política nacional, pero el aumento en la participación de las mujeres en puestos políticos no ha sido proporcional y aún es bastante inadecuado. Jane S. Jaquette, "Women in Power: From Tokenism to Critical Mass," Foreign Policy, no. 108 (Autumn 1997): 37. De manera similar, aunque las cifras de mujeres han estado aumentando rápidamente en la Fuerza Aérea y sus promociones en los niveles más bajos y medios han sido mejor que para sus contrapartes masculinos, no son muy numerosas a los niveles altos.
8. Dr. C. George Boeree, "Abraham Maslow, 1908–1970" http://www.ship.edu/~cgboeree/maslow.html (consultado en línea el 29 de agosto de 2006). Boeree explica la teoría de Maslow acomodando las necesidades psicológicas en varias capas de una pirámide. La capa inferior incluye necesidades fisiológicas como alimentos, aire y agua. La segunda capa incluye las necesidades de seguridad tales como la protección y la estabilidad, que se convierten en una inquietud después que la primera capa se satisface en su mayoría. La siguiente son las necesidades de pertenecer o ser querido, y la cuarta capa incluye el respeto hacia otros y hacia uno mismo. Amenazas a cualquiera de las capas inferiores provocaría que las inquietudes de una persona fuesen hacia abajo. En la cúspide de la pirámide se encuentra la sensación de realizarse como persona, que puede haber sido a lo que Friedan se refería cuando argumentó que las mujeres de clase media, que viven en los suburbios necesitaban "algo más".
9. Ibid.; and Joanne Boucher, "Betty Friedan and the Radical Past of Liberal Feminism," New Politics 9, no. 3 (Summer 2003), http://www.wpunj.edu/icip/newpol/issue35/boucher35.htm (consultado en línea el 28 de agosto de 2006).
10. Pamela M. Prah, "Is the Pentagon Using a Backdoor Draft?" Congressional Quarterly 15 (19 August 2005): 2, (consultado en línea el 8 de septiembre de 2006).
11. Lt Gen Albert P. Clark, USAF, "Women at the Service Academies and Combat Leadership," Strategic Review 5 (Autumn 1977): 64.
12. Judith Hicks Stiehm, Bring Me Men and Women: Mandated Change at the U.S. Air Force Academy (Berkley: University of California Press, 1981), 91. De hecho, durante el desfile de inauguración de 1977, el orden acostumbrado de colocar a las personas de menor estatura a la derecha se alteró para que el Presidente Carter pudiese ver a las mujeres de menor estatura cuando pasara revista.
13. Prah, "Is the Pentagon Using a Backdoor Draft?" 1318. Tanto el Congreso como el Tribunal Supremo anularon la propuesta de Carter en aquel tiempo. El Congresista Charles R. Rangel propuso un borrador de una medida similar en el 2003, pero fue un voto negativo, 402-2, con Rangel votando en contra de su propia propuesta.
14. Rodman D. Griffin, "What Role Should Women Play in the Shrinking Military?" CQ Researcher, 25 September 1992, (consultado en línea el 7 de septiembre de 2006).
15. Glazer, "Are Women Returning?" 13; y Lt Gen Albert P. Clark, USAF, "Women at the Service Academies," Strategic Review 5 (Otoño 1977): 64.
16. Martin Binkin y Shirley J. Bach, Women and the Military (Washington: Brookings Institution, 1977), 64–77; and Report of the Defense Task Force on Sexual Harassment and Violence at the Military Service Academies (Washington, DC: Department of Defense, June 2005), 8, http://www.dtic .mil/dtfs/doc_recd/High_GPO_RRC_tx.pdf. En el extremo opuesto se encuentra el antiguo secretario de la Armada (y egresado de la Academia Naval de EE.UU.) James Webb, quien sostuvo que los infantes de marina aún estaban intentando y necesitan probar su hombría mediante medios tradicionales. Pero, según él, la presencia de las mujeres en la Academia Naval les negó la oportunidad. Su artículo, "Women Can’t Fight," aparece en The Washingtonian, November 1979, 273.
17. Michael Kimmel, Manhood in America: A Cultural History (New York: Free Press, 1996). Kimmel dedica toda su obra a la propuesta de que los hombres norteamericanos siempre han estado obsesados con una esperanza desdichada de probar su hombría—y que hacerlo es imposible. Por ende, están condenados a sentirse eternamente frustrados a menos que adopten la solución de Kimmel: los hombres solo pueden tener éxito dándole fin a la competencia y dándole la bienvenida como iguales a las mujeres, a los homosexuales y a personas de otras razas. Solamente entonces podrán satisfacer su necesidad de realizarse como persona. A pesar de que es un sociólogo en el sistema universitario estatal de Nueva York, Kimmel no escribió aquí un estudio sociológico—ni siquiera una historia cultural. En uno de los capítulos, "The Masculine Mystique" (El misterio masculino), sugiere que envidia a Friedan y que quisiese que su libro fuese la contraparte masculina de la tremendamente exitosa obra de Friedan. En Bring Me Men and Women, Judith Hicks Stiehm alega que algunos hombres en la Armada declararon ante el Congreso que admitir a las mujeres socavaría la motivación de aquellos hombres que buscaban la comisión para demostrar su masculinidad (31). Ver también Webb, nota 17.
18. Andrea L. Smalley, "‘I Just Like to Kill Things’: Women, Men and the Gender of Sport Hunting in the United States, 1940–1973," Gender and History 17 (April 2005): 183–209. Smalley argumenta que en tiempos modernos, en lo que respecta a revistas de deportes, la caza no era un deporte específico a ninguno de los sexos hasta después de la Segunda Guerra Mundial. En el siglo XIX y hasta la Segunda Guerra Mundial, fue por lo general un deporte que los miembros de la clase alta practicaban en sus ratos libres, y que los miembros de la clase trabajadora estaban muy ocupados para practicarlo. Pero la inclusión cada vez mayor de las mujeres en los lugares de trabajo de los hombres y la expansión de la caza, que comenzó a incluir a las clases trabajadoras, hizo que los editores recalcaran la caza como un intento machista que ayudaría a los hombres a establecer su masculinidad.
19. George V. Fagan, The Air Force Academy: An Illustrated History (Boulder, CO: Johnson Books, 1988), 186.
20. Clark, "Women at the Service Academies," 64–65.
21. Ibid., 69.
22. Al menos dos futuros generales de cuatro estrellas formaron parte de la cosecha de alumnos antiguos suplentes: el General Charles Gabriel y el General Jerome O’Malley.
23. Lois B. DeFleur et al., "Sex Integration of the U.S. Air Force Academy: Changing Roles for Women," Armed Forces and Society 4 (Summer 1978): 620.
24. Fagan, Air Force Academy, 193–95; and Stiehm, Bring Me Men and Women, 110–29.
25. Stiehm, Bring Me Men and Women, 121, 129; Goldstein, War and Gender, 97; Sharon Hanley Disher, "30 Years of Women at USNA: A Success Story," Shipmate 69 (Septiembre 2006): 17; Rempt, "State of the Academy"; y Lt Col Laura A. H. DiSilverio, Winning the Retention Wars: The Air Force, Women Officers, and the Need for Transformation, Fairchild Paper (Maxwell AFB, AL: Air University Press, 2003), http://www.maxwell.af.mil/au/aul/aupress/fairchild _papers/DiSilverio/DiSilverio.pdf.
26. "Mom, the Cadet," Time in partnership with CNN, 28 November 1977, http://www.time.com/time/magazine/article/0,9171,919137,00.html (consultado en línea el 14 de septiembre de 2006).
27. En "Estado de la Academia", Rempt informó que en aquel entonces, 41 por ciento de las mujeres en la Academia Naval estaban en escuadrillas con las demás academias.
28. Brian Mitchell, The Weak Link: The Feminization of the American Military (Washington, DC: Regnery Gateway, 1989), 48–60. El libro de Mitchell es obviamente hostil hacia las mujeres en la milicia. Ver también a Clark, "Women at the Service Academies," 69
29. Stephanie Gutmann, The Kinder, Gentler Military: Can America’s Gender-Neutral Fighting Force Still Win Wars? (New York: Scribner, 2000), 147.
30. Jeanne Holm, Women in the Military: An Unfinished Revolution (Novato, CA: Presidio Press, 1992), 353–56.
31. Clark, "Women at the Service Academies," 65.
32. Goldstein, War and Gender, 101; y Paolo Valpoline et al., "Gender and War," Jane’s Defence Weekly 31 (23 June 1999), http://www8.janes.com/search/documentview.do? (consultado en línea el 9 de septiembre de 2006).
33. Parece que los iraquíes sí trataron a ambas prisioneras mejor de lo esperado, y en un principio ambas negaron haber sido víctimas de asalto sexual. Sin embargo, poco después de ser liberada, la Mayor Rhonda Cornum, una doctora en el Ejército, admitió que si bien su trato en general no había sido malo, ella había sido asaltada sexualmente pero no violada. Melissa Rathbun-Nealy, la alistada capturada, reportó que su trato había sido civilizado. Stephanie Gutmann, Kinder, Gentler Military, 153; and Goldstein, War and Gender, 94–96, 149.
34. Nombrado de esa manera por el gancho de metal debajo y en la parte posterior del fuselaje del avión. Está concebido para enganchar el sistema de cables en la cubierta de vuelo en los portaaviones y detener rápidamente al avión apenas aterriza.
35. Gutmann, Kinder, Gentler Military, 159.
36. Griffin, "What Role Should Women Play?"
37. Ibid., 187; y Christopher Hanson, "Women Warriors: How the Press Has Helped—and Hurt—in the Battle for Equality," Columbia Journalism Review, May/June 2002, 4–5, http://www.cjr.org/issues/2002/3/media-grossman.asp (consultado en línea el 14 de noviembre de 2006). Hanson alega que la televisión y las revistas quizás, inadvertidamente, han debilitado el movimiento femenino. Su formato ha tomado la forma de un periodista de televisión que actúa como el caballero que sale galopando a rescatar a la víctima (en este caso una mujer) como en The Perils of Pauline. El punto es que representan a las mujeres oficiales como víctimas que necesitan la protección de los hombres—algo muy poco compatible con la visión de la valiente líder de combate que puede cuidarse por sí sola.
38. William H. McMichael, The Mother of All Hooks: The Story of the U.S. Navy’s Tailhook Scandal (New Brunswick, NJ: Transaction Publishers, 1997), xii–xiii, 302–3, 325–37.
39. Ibid., 95.
40. Greg Seigle, "Gender and the Military," Jane’s Defence Weekly 31 (23 June 1999), http://www8janes.com/search/documentview (consultado en línea el 8 de septiembre de 2006).
41. Puede que esa parte del proceso aún no haya concluido, según lo atestigua el CPT Adam N. Wojack, USA, "Integrating Women into the Infantry," Military Review, November–December 2002, 67–74. Wojack, un oficial de infantería, está a favor de integrar a las mujeres en el combate armado y Military Review es una revista oficial del Ejército (sin embargo, observen, que el artículo incluye un descargo de responsabilidad que las opiniones son solamente las del autor). La admisión de las mujeres en las tripulaciones de aviones de combate y buques de guerra parece haber calmado el impulso en contra de la exclusión pero no lo ha eliminado. Ver Erin Solaro, Women in the Line of Fire: What You Should Know about Women in the Military (Emeryville, CA: Seal Press, 2006). Todo el volumen de Solaro argumenta a favor de eliminar las últimas barreras de exclusión de las unidades de combate terrestre del Ejército y la Infantería de Marina.
42. Lt Col Karen O. Dunivin, Military Culture: A Paradigm Shift? Maxwell Paper no. 10 (Maxwell AFB, AL: Air War College, 1997), 16, http://www.maxwell.af.mil/au/aul/aupress/Maxwell_papers/Text/mp10.pdf.
43. Goldstein, War and Gender, 97–98.
44. En "Estado de la Academia", Rempt informa que las encuestas más recientes muestran que el porcentaje de infantes de marina que se expresan de esa manera ha bajado a seis o siete.
45. Goldstein, War and Gender, 96–97; and Dunivin, Military Culture, 26.
46. Kelly Flinn, Proud to Be: My Life, the Air Force, the Controversy (New York: Random House, 1997). Flinn egresó con la clase de 1993, fue a la escuela para pilotos y se convirtió en la primera mujer que fue admitida al programa de B-52. Después del entrenamiento, fue asignada a una base en la parte norte del país donde se involucró sexualmente con el esposo de una alistada. En el proceso, ella le mintió a su comandante y desobedeció las órdenes de que se mantuviera alejada del hombre. Amenazada con un consejo de guerra con base en las pruebas, optó por abandonar el servicio en lugar de enfrentar los cargos. Los medios de comunicación le dieron gran importancia a su puesto como una piloto calificada de aviones B-52, pero ella no tenía el tiempo suficiente para haber sido calificada como comandante de aeronave. Su libro fue publicado dos meses después que ella abandonó el servicio.
47. "Report of the Panel to Review Sexual Misconduct Allegations at the U.S. Air Force Academy" (Arlington, VA: The Panel, 22 September 2003), 10, (de aquí en adelante el Fowler Panel Report), http://eric.ed.gov/ERICDocs/data/ericdocs2/content_storage_01/0000000b/80/23/5c/8b.pdf; "Evaluation of Sexual Assault, Reprisal, and Related Leadership Challenges at the United States Air Force Academy," Report no. IPO2004C003 (Washington, DC: Office of the Inspector General at the Department of Defense, 3 December 2004), (de aquí en adelante el DOD IG Report); y "Air Force Inspector General Summary Report Concerning the Handling of Sexual Assault Cases at the United States Air Force Academy" (Washington, DC: Air Force Inspector General’s Office, 14 September 2004), (de aquí en adelante el AFIG Report), http://www.af.mil/shared/media/document/AFD-060726-033.pdf#search=%22A%20inspector%20general%sexual%assault%22 (consultado en línea el 14 de septiembre de 2006).
48. Fowler Panel Report, 1–7; Report of the Defense Task Force, 3–4; y "Report of the Working Group Concerning the Deterrence and Response to Incidents of Sexual Assault at the U.S. Air Force Academy" (Washington, DC: Headquarters US Air Force, June 2003), i.
49. DOD IG Report, v, 42–140.
50. AFIG Report.
Colaborador
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