Documento creado: 9 de noviembre de 2007
Air & Space Power Journal - Español  Cuarto  Trimestre 2007


Una Nueva Forma de Combate Aéreo

Teniente Tim Larribau, Fuerza Aérea de Francia

Nueva Forma de Combate AéreoEL 11 DE septiembre de 2001 (9/11), cuatro aviones comerciales estadounidenses fueron secuestrados por 19 terroristas musulmanes fanáticos. Tres de los aviones se estrellaron contra las torres gemelas del World Trade Center de Nueva York y el Pentágono en Washington, DC. El cuarto se estrelló en una zona rural de Pensilvania. Todos recordamos las horribles imágenes de esta nueva forma de combate aéreo que ha sumergido al mundo en una lucha terrible contra una nueva especie muy inventiva de terroristas internacionales.

Muchas personas han comentado los trágicos acontecimientos del 9/11. Según una idea muy generalizada, la guerra estilo occidental, basada en gran parte en la aviación, en el espacio y en la alta tecnología ha dejado de ser efectiva contra estas nuevas amenazas. Los soldados de infantería y otros soldados de tierra pueden pensar que es atractiva la idea de volver a un estilo de combate más tradicional basado en la inteligencia humana y en el combate de cerca con un enemigo suficientemente inteligente como para negarse a combatir según el estilo occidental. Esta idea relega a las fuerzas aéreas y a los aviadores a una función auxiliar en el sentido más amplio de ese término, llevando al primer plano las cualidades personales de los soldados de infantería que se enfrentarán a esta nueva amenaza no tecnológica, pero no obstante eficaz. Sin embargo, podemos considerar el ataque del 9/11 no sólo desde el punto de vista de los terroristas sino también desde el punto de vista de combate aéreo. Al considerar los ataques de esta manera, debemos reconocer que los principios de la guerra aérea siguen siendo una potente realidad, y que, como en 1918, debemos empezar a ganar la guerra aérea para tener esperanzas de prevalecer en el terreno, incluso si la guerra aérea ha dado un giro inesperado.

Superioridad Aérea Indirecta

Durante el 9/11, la mayoría de los periodistas y comentaristas vio solamente la tragedia humana que se estaba produciendo y percibió pocas de las reacciones que provocaría. No obstante, algunas personas hablaron de aviones comerciales de líneas aéreas transformados en bombas volantes tripuladas. Para los aviadores militares, esta noción tiene un profundo significado. Es sin duda desde este punto de vista que debemos considerar los ataques del 9/11.

Al no poder utilizar armas convencionales contra sus objetivos, los terroristas se pusieron al mando de aviones comerciales, se camuflaron como pilotos civiles desorientados hasta el momento del impacto. Aparte del hecho de que realmente se trataba de aviones civiles llenos de pasajeros, debemos entender que los terroristas tuvieron éxito en hacer volar cuatro potentes bombas en el espacio aéreo de EE.UU. y que tres de ellos llegaron a sus objetivos designados sin que lo pudieran impedir los estadounidenses. La potencia de estas bombas era función de la velocidad del impacto y de la capacidad de combustible de los aviones. La combustión del combustible de aviación alcanza temperaturas de varios miles de grados, letales para cualquier infraestructura o edificio, y no digamos para los seres humanos.

El secuestro de los aviones, el tiempo que tardaron las autoridades en entender que existía un problema grave y la ausencia de procedimientos para enfrentarse a esta situación generó un sentido de sorpresa particularmente intenso. Incluso si hubieran sabido que se preparaba un ataque terrorista desde su espacio aéreo, los estadounidenses no se podían imaginar su naturaleza y por lo tanto no pudieron adaptarse y responder de forma adecuada.

En términos de guerra aérea, la primera lección aprendida se refiere al hecho de que los estadounidenses perdieron temporalmente la superioridad aérea, con consecuencias trágicas. Durantes varias docenas de minutos, las fuerzas armadas de EE.UU. y las autoridades aéreas civiles se encontraron en un estado de incertidumbre y, como mucho, en una postura defensiva inadecuada. Simplemente una pérdida momentánea de la superioridad aérea demostró ser suficiente para causar pérdidas terribles.

La superioridad aérea, un concepto reconocido por los aviadores (acusados a menudo de dogmatismo en este asunto), sigue siendo el elemento decisivo de una acción militar a gran escala, incluso si se deben afrontar aspectos inesperados de ahora en adelante. La superioridad aérea adquiere más importancia que nunca al reconocer ahora algunas formas indirectas no militares de retar el poder aéreo de un enemigo. Estas nuevas formas insidiosas ya no requieren una confrontación aérea a gran escala, como en la Batalla de Inglaterra, sino que se prestan perfectamente a conflictos asimétricos.

Hoy en día todos aceptamos el hecho de que desde el final de la Guerra Fría, el poder aéreo de los países occidentales—ante todo, el de Estados Unidos—sigue siendo impenetrable a cualquier reto de una estrategia convencional y de una fuera aérea considerable. Estados Unidos posee una extensa experiencia aérea y se dedica a un desarrollo técnico y doctrinal sostenido en este campo. Sus alianzas y cooperación militar con la Organización del Tratado del Atlántico Norte y especialmente con la Fuerza Aérea de Israel ayudan a mantener y renovar este estado. Además, como Rusia y China no representan amenazas, no hay ninguna entidad que posea medios aéreos y militares suficientes para retar el poder aéreo de Estados Unidos. Sin embargo, cualquier grupo terrorista o estado "gamberro" pueden usar los secuestros aéreos de modo muy efectivo como una modalidad de acción asimétrica.

El Reto Militar de los Secuestros

Por lo tanto, no debemos considerar más el problema de los secuestros de aviones sólo como un acto terrorista que se refiere a la población civil sino como un asalto directo a la superioridad aérea que reclamamos sobre nuestros cielos y rutas aéreas. Los secuestradores tratarán de conseguir la superioridad aérea de forma temporal pero irreparable, y debemos oponernos vigorosamente a que se hagan con el control, sean cuales sean las últimas intenciones del secuestrador. En la medida que los secuestros adoptan una dimensión militar, la Fuerza Aérea debe pensar sin duda acerca del problema y trabajar con los servicios de policía y seguridad nacional para dar a las autoridades soluciones y procedimientos adecuados.

Debido a que cada avión civil es susceptible en convertirse en una bomba pilotada, la lucha por la superioridad aérea empieza muy pronto con el control de los pasajeros y la supervisión estrecha de las compañías aéreas, zonas de aeropuertos y las compañías y las personas que trabajan en los aeropuertos. Las tripulaciones de vuelos aéreos deben convertirse también en algo más que meros pilotos y asistentes de vuelo. Deben estar al tanto de la dimensión militar de los secuestros. Quizá también debemos modificar el reclutamiento y el entrenamiento de las tripulaciones de vuelo para incorporar un verdadero aspecto de defensa militar a bordo de los aviones comerciales. La mayoría de los barcos transatlánticos de los siglos XVII y XVIII llevaban compañías de soldados—los antecesores de los modernos infantes de marina—encargados de tareas de policía a bordo del barco y de su defensa militar en caso de ataque. Estas embarcaciones también llevaban armas y municiones para permitir que los propios marineros participaran en la defensa de sus barcos. Igualmente, las tripulaciones de vuelos comerciales deben poder dar una respuesta coherente al ataque de un secuestrador.

Evidentemente, no hay nada que pueda prevenir absolutamente a un grupo de terroristas bien preparado a tomarse el control de un avión. La convicción religiosa o el fanatismo ideológico, junto con un largo entrenamiento paramilitar y una preparación militar meticulosa de la operación, puede producir un nivel de eficiencia que será muy difícil de contrarrestar sólo con tripulaciones de vuelo y personal técnico en vez de profesionales de seguridad. Hemos pensado sin duda en poner agentes de seguridad armados y entrenados, como oficiales de policía o vigilantes a bordo, pero esta solución no basta por sí sola. Para los terroristas, la presencia de un agente de seguridad no representa más que un factor adicional para integrar en la planificación de un ataque, y pueden ciertamente prever medidas contra la reacción predecible del agente.

La clave para resistir el secuestro de un avión radica en ganar tiempo y multiplicar los obstáculos que puedan demorar a los secuestradores que traten de asumir el control del avión. La reorganización de las obligaciones dentro del avión por parejas, grupos pequeños, y, finalmente, por toda la tripulación de vuelo comercial deben permitir al personal implementar una serie graduada de procedimientos y respuestas específicos para proporcionar un tiempo suficiente para informar a las autoridades sobre acontecimientos y tomar al menos medidas elementales en coordinación con las autoridades competentes. Una serie de obstáculos periódicos, tanto humanos como de procedimientos, se hace igualmente disuasoria porque obliga a los asaltantes a alargar su tiempo de preparación y multiplica sus riesgos.

Tristemente, también debemos anticipar el caso a darse cuando los secuestradores tomen control de un avión en vuelo. Las lecciones del 9/11 dejan muy pocas opciones sobre qué curso de acción tomar. Incluso la pérdida temporal de la superioridad aérea puede tener consecuencias espantosas en muchos niveles. Los secuestradores no deben disfrutar nunca de libertad de acción en el aire, sean cuales sean sus intenciones. Como el tiempo de respuesta es muy corto, debemos disponer de procedimientos rápidos para forzar al avión a aterrizar tan rápido como sea posible o simplemente derribarlo. Esta forma de pensar no da mucha prioridad a la vida y al bienestar de los pasajeros, pero no debemos permitir que un avión descontrolado o secuestrado vuele a discreción por nuestros cielos.

En el caso de secuestro de aviones, como en la guerra convencional, debemos lograr y mantener la superioridad aérea. Si la perdemos, no debemos reparar en sacrificios o esfuerzos para recuperarla. La Batalla de Inglaterra, la Guerra del Yom Kippur y el 9/11 muestran la necesidad de mantener la superioridad aérea a cualquier costo.

Significado de la Selecciónde los Objetivos del 9/11

Una vez que adquirieron libertad de acción en el espacio aéreo de EE.UU., los terroristas ejecutaron su plan preparado para atacar simultáneamente cuatro objetivos en la costa este de EE.UU. La selección de estos objetivos da que pensar por el hecho de que corresponde a conceptos familiares de la estrategia aérea occidental. Los dos primeros aviones se estrellaron contra las torres gemelas del World Trade Center—edificios de oficinas que albergaban numerosos bancos y empresas financieras. Las torres, ubicadas en el distrito financiero de Nueva York, la capital económica y financiera de EE.UU., estaban rodeadas por cientos de estructuras similares y no demasiado lejos de la famosa Bolsa de Nueva York de Wall Street, que ejerce una gran influencia en las economías occidentales y mundiales.

El tercer avión se estrelló contra el Pentágono, el enorme y legendario complejo militar en el que reside el Departamento de Defensa; el Estado Mayor Conjunto; las comandancias de la Fuerza Aérea, Marina, Ejército, Infantería de Marina y Guardacostas de EE.UU.; y cientos de departamentos y operaciones esenciales para el liderazgo y la gestión de las fuerzas armadas de EE.UU. así como la defensa de intereses de EE.UU. de todo el mundo.

Muchas personas han especulado que el cuarto avión, que se estrelló en una zona rural de Pensilvania, tenía como objetivo la Casa Blanca o el Capitolio de Washington, DC. La anterior, el equivalente estadounidense del Palacio del Eliseo francés, es el hogar y el lugar de trabajo del presidente de Estados Unidos—jefe del gobierno federal, responsable de la defensa nacional y de asuntos exteriores, entre otras cosas. Así pues, la Casa Blanca alberga al encargado de política estadounidense de máximo nivel. El edificio del parlamento de la política de EE.UU., el Capitolio contiene la Casa de Representantes y el Senado—dos cámaras que representan al pueblo estadounidense, encargados de controlar las acciones y la legislación del gobierno.

Podríamos añadir fácilmente la víctima inicial de los ataques como un cuarto objetivo—la población. Por definición, el terrorismo asalta a las poblaciones civiles para crear temor y provoca acciones guiadas por el temor. Aunque ningún avión tenía como objetivo específico zonas residenciales, los terroristas evidentemente planeaban infringir un gran número de muertes. En suma, los terroristas apuntaron (1) a la estructura económica de Estados Unidos y quizás al comercio mundial, (2) al liderazgo militar, (3) a la organización política y (4) a la población civil.

Divididos de esta forma, esta lista de objetivos se asemeja no sólo a las clasificaciones diseñadas por varios estrategas aéreos sino también a algunos acontecimientos de la historia de la guerra aérea. El primero en escribir sobre los efectos psicológicos de someter a las poblaciones civiles y a las grandes ciudades a un bombardeo estratégico, el General italiano Giulio Douhet, afirmó que los ataques aéreos masivos criminales de la población civil podrían poner en peligro la legitimidad democrática de un gobierno. Durante la Segunda Guerra Mundial, los alemanes aplicaron esta teoría contra las ciudades británicas, al igual que los británicos hicieron con las ciudades alemanas—aunque ambos acontecimientos no pudieron demostrar la teoría porque ninguno produjo el efecto desestabilizador previsto.

En consecuencia, podríamos decir que la acción contra la población civil es quizás la menos pertinente de las situaciones del 9/11; no obstante, este caso no refleja un ataque aéreo clásico sino un asalto terrorista por medios aéreos. Con las bombas de ferrocarriles de marzo de 2004 en Madrid, España, vimos la forma en que el terrorismo puede tener un efecto desestabilizador en la vida democrática de una nación si se produce durante un período electoral. Un ataque de la escala del 9/11 durante un tiempo así podría afectar directamente la democracia y, por lo tanto, la política de una nación.

La opción de los otros tres objetivos se relaciona claramente con la doctrina de la parálisis estratégica y el análisis de sistemas de un enemigo. Un ataque estratégico con éxito de mayor escala a la estructura económica de una nación así como al liderazgo militar y político pueden transformar profundamente la naturaleza de un conflicto. La intención clara de los terroristas de decapitar a Estados Unidos de forma política, militar y económica presagió una nueva era del terrorismo. Antes, los ataques terroristas podrían caracterizarse como ardides publicitarios para el beneficio de los medios de comunicación u operaciones de intimidación muy limitadas. No obstante, los acontecimientos del 9/11 contaron con acciones bélicas con propósitos estratégicos, y los de Madrid confirman esta clase de acción terrorista.

Los Límites

A pesar de su éxito táctico y el impacto que produjo en la opinión pública, el ataque del 9/11 produjo sólo resultados a largo plazo muy limitados. Aunque se ha comparado a menudo con el carácter repentino y el número de muertes del ataque japonés a Pearl Harbor en 1941, el 9/11 fue diferente en varias cosas muy importantes. De los 300 aviones que atacaron Pearl Harbor, los japoneses perdieron sólo 29, lo que significa que la herramienta principal del ataque salió casi sin daños y podía, con el tiempo, renovar su asalto o llevar a cabo otro relativamente poco después. Desde un punto de vista humano, los aviadores navales japoneses regresaron a sus portaaviones fortalecidos con una nueva experiencia, listos para luchar nuevamente en otras batallas y sostener así el esfuerzo bélico a largo plazo. Sólo la ausencia de visión estratégica por parte de los líderes militares japoneses les impidió explotar mejor su éxito inicial.

Por el contrario, los terroristas del 9/11 escogieron un curso de acción que descartaba definitivamente cualquier renovación del ataque. Su conquista de la libertad de acción en el espacio aéreo estadounidense fue tan breve como súbita, y los aviones seleccionados para los ataques fueron destruidos. Además, el ataque mató sistemáticamente a los terroristas secuestradores, por lo que evidentemente no se pudieron aprovechar de su entrenamiento, experiencia y motivación. Así pues, Al-Qaeda perdió el tiempo invertido en su reclutamiento, entrenamiento e infiltración. Por lo tanto, los líderes de la organización terrorista tuvieron que prescindir de los servicios de este personal altamente cualificado y empezar de nuevo el ciclo de reclutamiento y entrenamiento.

Una operación militar, ya sea para recopilar información o de combate, es innegable que gana en calidad y utilidad si sobrevive intacta como unidad y participa en una serie coherente de diversas operaciones que puedan perpetuar su éxito. Por lo tanto, después de Pearl Harbor, los japoneses pudieron imaginarse un ataque a las Islas Hawai o cualquier otra explotación de su éxito táctico que ciertamente habría hecho la guerra del Pacífico mucho más difícil para Estados Unidos. El éxito táctico de un ataque terrorista suicida lleva consigo las semillas de la derrota estratégica porque la motivación, el entrenamiento, la inteligencia especializada y el coraje del terrorista se pierden, junto con el efecto sorpresa de su ataque. La pérdida de motivación y el entrenamiento se incrementan por la falta de experiencia traída y compartida con la organización, lo que daña la causa de los terroristas a largo plazo.

Es posible que la selección de objetivos del 9/11 pudiera parecer impresionante, ya que los terroristas evitaron estaciones de metro o estacionamientos favoreciendo elementos esenciales para el funcionamiento de adversario; no obstante, la selección de objetivos reflejó en realidad cierta ingenuidad, ya que todos los objetivos eran solamente enlaces en un sistema global, y su destrucción no habría destruido el sistema completo. El establecimiento de defensa de EE.UU. no está completamente centralizado en el Pentágono, y otros centros de mando podrían haber mantenido sin duda la continuidad de la defensa de EE.UU. Igualmente, un ataque con éxito a la Casa Blanca o al Capitolio no habría derribado el gobierno porque existen procedimientos constitucionales para llenar el hueco dejado por un presidente o miembros del Congreso fallecidos. Por último, la destrucción del World Trade Center no causaría la paralización de las infinitamente complejas estructuras económicas de EE.UU. y del mundo. No obstante, no debemos olvidarnos del efecto negativo de estos ataques en la economía mundial o incluso en la economía de EE.UU. En términos de economía, está claro que el transporte aéreo fue el que más sufrió como consecuencia de estos ataques.

Forma de Entender la Emergencia de Amenazas Asimétricas en la Guerra Aérea

Los acontecimientos del 9/11 marcan pues la emergencia de la estrategia de guerra aérea en forma de confrontación asimétrica que permite eludir y sorprender el poder aéreo convencional. La confrontación asimétrica es una noción relativamente nueva en la estrategia militar. Las fuerzas militares tradicionales de las grandes potencias alcanzaron niveles muy altos de competencia como consecuencia de conflictos sucesivos en el siglo XIX, las dos guerras mundiales y las confrontaciones indirectas de la Guerra Fría. Esta fortaleza militar obligó a las naciones u organizaciones más débiles a evitar confrontaciones tradicionales directas que rápidamente les aniquilarían. El terrorismo contra los civiles y los resquicios en las capacidades militares, guerra de guerrilla, mercados negros y tráfico ilegal representan por tanto modelos de acción que evaden el poder militar tradicional, que ha demostrado ser demasiado oneroso para responder de forma adecuada. El principio de respuesta proporcional a los ataques, contenido en las reglas de defensa legítima, prohíbe también las reacciones militares desproporcionadas. Además, los perpetradores de estos ataques asimétricos son normalmente civiles escondidos entre la población civil así como en la estructura social y económica de una sociedad, situación que exige reacciones militares perfectamente dirigidas y medidas para evitar daños colaterales desastrosos.

Las guerras de descolonización durante la segunda mitad del siglo veinte muestran claramente la dificultad de contrarrestar estas nuevas modalidades de acción, especialmente cuando están asociadas con una acción política determinada o, como en la Guerra de Vietnam, si se mezclan con acciones militares convencionales. La capacidad del Vietcong de liderar una guerra de guerrillas agotadora y psicológicamente no sostenible a la vez que saber cómo infringir derrotas militares en momentos oportunos contribuyeron significativamente a las derrotas francesa y estadounidense. Los conflictos asimétricos se hacen muy peligrosos cuando, guiados por una visión estratégica y una política bien definida, causan una desestabilización sostenida mediante cursos de acción convencionales y no convencionales. Por lo tanto, la guerra asimétrica plantea un reto sustancial a las fuerzas convencionales, que deben adaptarse a estos nuevos métodos de guerra de atacar y huir súbitamente sin renunciar a la gama completa de sus capacidades convencionales.

En términos de aviación, las amenazas asimétricas son bastante nuevas. Los secuestros y los ataques de corto alcance por misiles de tierra a aire contra aviones civiles ofrecen sólo una visión fugaz de las formas potenciales en que los grupos paramilitares podrían afectar a la aviación. Hoy en día, nuestras reacciones a estos usos asimétricos predecibles o potenciales de la aviación son como mucho vagos y torpes. La prohibición sistemática de ciertos objetos como cortauñas o navajas del Swiss Army, mientras que artículos ordinarios como pedazos de nilón, plumas o tarjetas de crédito podrían demostrar ser más peligrosos, revelan un grado de estado febril entre las autoridades públicas, que siguen en una postura defensiva atemorizada. De forma similar, las medidas de seguridad restrictivas que ha impuesto Francia a las líneas aéreas de ocio y cercanías en los últimos años podrían parecer excesivas, lo que demuestra que no se entienden claramente las amenazas. Las autoridades de aviación civiles, militares, industriales y de ocio deben hacer un esfuerzo serio para encontrar un método asimétrico nuevo para la guerra aérea y para contrarrestar las posibles amenazas desde el aire. La defensa nacional, según la constitución francesa de 1958, sigue siendo preocupación de todos los ciudadanos, y ahora más que nunca, todos los aviadores—ya sean profesionales o aficionados—deben adoptar la función de la defensa aérea y territorial por medios aéreos.

Conclusión

Estas nuevas modalidades de guerra asimétrica no han convertido a la guerra aérea en algo obsoleto, pero debemos adaptarnos y encontrar nuevos cursos de acción asimétricos que transciendan las ideas del poder aéreo tradicional. Ya no necesitamos una superioridad aérea sostenida para llevar a cabo guerras aéreas significativas, pero la pérdida de control del cielo, incluso durante unos minutos, puede tener terribles consecuencias. Más que una cuestión de técnicas o medios, debemos ampliar las doctrinas conocidas con un enfoque diferente de la guerra aérea, y debemos estudiar ese nuevo método y entenderlo a medida que el terrorismo alcanza un nivel verdaderamente estratégico.

Debido a que evidentemente no entendemos completamente estos nuevos hechos, los poderes occidentales permanecen en una postura defensiva que es tan incómoda para los pasajeros y las líneas aéreas como para las autoridades. No obstante, debemos reaccionar de forma rápida y efectiva volviendo a tener no sólo la iniciativa sino también un dominio aún más completo de los cielos, así como el uso de medios aún desconocidos para mantener la superioridad aérea.


 Colaborador

El Teniente Tim Larribau

El Teniente Tim Larribau, Reserva de la Fuerza Aérea Francesa, se desempeñó como edecán y asistente del secretario del Gabinete Adjunto para la Oficina de Planificación Operacional del Jefe de Estado Mayor Conjunto en Creil.  También se desempeñó en varias misiones de comunicación e interpretativas en la Reserva de la Fuerza Aérea.  Fue asignado temporalmente al Centro para la Planificación del Estado Mayor Militar y Control Operacional.  Además, participa regularmente en la capacitación y adiestramiento de jóvenes reservistas.  Tim Larribou es uno de los creadores de la l’Aérobiblithèque, un sitio web que recopila publicaciones aeronáuticas en francés.  Está a cargo, en particular, de la sección de "Estrategia y Doctrina Aérea".


 Declaración de responsabilidad: Las ideas y opiniones expresadas en este artículo reflejan la opinión exclusiva del autor elaboradas y basadas en el ambiente académico de libertad de expresión de la Universidad del Aire. Por ningún motivo reflejan la posición oficial del Gobierno de los Estados Unidos de América o sus dependencias, el Departamento de Defensa, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, la Fuerza Aérea Francesa o la Universidad del Aire. El contenido de este artículo ha sido revisado en cuanto a su seguridad y directriz y ha sido aprobado para la difusión pública según lo estipulado en la directiva AFI 35-101 de la Fuerza Aérea.


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