Documento creado: 14 agosto del 07
Air & Space Power Journal - Español  Tercer  Trimestre 2007


Air UniversityTransformación de la Educación en la Fuerza Aérea para la
"Guerra Larga" y Otras Más

Teniente General USAF Stephen R. Lorenz

Nota del Editor: La expresión "Guerra Larga" es uno de los nombres que los líderes militares estadounidenses propusieron en el 2006 para la guerra contra el terrorismo que libra Estados Unidos.  La guerra larga representa más que un cambio lingüístico: refleja la evolución contínua del pensamiento estratégico de Estados Unidos desde los ataques del 11 de septiembre.

LA UNIVERSIDAD del Aire se encuentra ahora en el proceso de transformarse para la "guerra larga" y otras más. La idea de una universidad que se reorganice para la guerra puede parecer extraña, pero en la modalidad de la Guerra Occidental, los combatientes y los académicos han disfrutado siempre de una estrecha relación. El primer gran General Occidental, Alejandro Magno, fue alumno de Aristóteles, y cuando se fue a la guerra, lo hizo con académicos en su séquito. Según el notable historiador militar Victor Davis Hanson, la estrecha relación entre combatientes y eruditos en la modalidad de guerra de Occidente es una de las principales razones de su éxito durante milenios.1 En las fuerzas armadas de EE.UU., la relación entre pensadores y combatientes se ha estrechado más que nunca, y la explotación al máximo de esta relación demostrará ser clave para ganar la guerra actual. No obstante, para hacer esto será necesario (1) entender la forma en que la educación militar difiere del modelo civil tradicional y (2) reorganizar nuestro sistema actual de educación militar para enfrentarnos al reto emergente.

La Naturaleza Exclusiva de la Educación Militar

En el fondo, el sistema de educación militar de EE.UU. no difiere de forma significativa del sistema civil. Ambos se basan en el modelo universitario de investigación y enseñanza que ha dominado la educación en Occidente durante siglos. En este modelo, los profesores llevan a cabo investigaciones para avanzar en sus campos. Producen libros y artículos que a continuación enseñan a sus estudiantes y, de paso, se convierten en mejores instructores. Este procedimiento, que sistemáticamente produce mejores estudiantes, cuerpo docente e ideas, ha desempeñado un papel significativo en la explosión de conocimientos de Occidente y es en gran medida responsable del rápido ritmo de innovación científica y tecnológica de hoy en día.

No obstante, la educación militar se diferencia de la mayoría de los campos académicos en varias formas. Primero, aunque hay cientos de escuelas que ofrecen instrucción en la mayoría de los campos de estudio, en Estados Unidos sólo unas pocas escuelas conjuntas/servicio enseñan arte militar y ciencia. Lo que aún limita más la extensión del campo es que en su mayoría solamente las escuelas asociadas con ciertos patrocinadores de servicio tienen cuerpos docentes expertos en ciertos dominios de la guerra. Así, por ejemplo, tenemos sólo una universidad de guerra aérea, una universidad de guerra terrestre y una universidad de guerra naval, una situación que supone una enorme carga para los cuerpos docentes de las escuelas de servicio para investigar y publicar trabajos relacionado con el tipo de guerra de la que es responsable su servicio. En la mayoría de los campos de estudio, si los profesores no publican, puede recurrir a libros y artículos publicados en otros sitios para mantenerse al corriente y educar a sus estudiantes. No obstante, en las escuelas de servicio, a menudo son los únicos que hay.

Una segunda diferencia entre las escuelas militares y la mayoría de las escuelas civiles está relacionada con las investigaciones puras frente a las investigaciones aplicadas. En la mayoría de los campos de estudio, los profesores escriben para audiencias académicas. La promoción, los cargos universitarios y otros beneficios son consecuencia del avance de debates académicos. En el mundo civil, fuera de las escuelas empresariales, de derecho y de ingeniería, escribir para políticos y profesionales puede tener incluso connotaciones negativas, ya que puede parecer mancillar las credenciales de un instructor como observador imparcial. Sin embargo, en la educación militar, esta relación se invierte, ya que los profesionales constituyen nuestras audiencias más importantes. Las escuelas militares llevan a cabo, o deben llevar a cabo, sus investigaciones más importantes para políticos en Washington, generales en el campo de batalla y estudiantes en la clase. Aunque es importante, el trabajo puramente académico carece de la posición que disfruta en las escuelas civiles.

La tercera diferencia está relacionada con la urgencia. Las ideas que tenemos en una universidad militar que exploramos mediante investigación y las lecciones que enseñamos a menudo dan resultados—para bien o para mal—de forma mucho más rápida que en otros campos de estudio. Por ejemplo, la decisión de una escuela sobre si se deben eliminar clases sobre la guerra convencional y añadir lecciones sobre la insurgencia este semestre o esperar a añadirlas otro año pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte; sus resultados se verán en el campo de batalla en la siguiente clase que se gradúe. Este hecho puede ejercer más presión en nuestras escuelas para cambiar planes de estudios y en los profesores militares para desarrollar nuevas áreas de conocimientos y experiencia que lo que suele ser la norma en las escuelas civiles.

La cuarta diferencia tiene que ver con la necesidad de educar a una mayor parte de nuestra fuerza de trabajo. Tanto los sectores civiles como los militares desean trabajadores mejor formados, pero tenemos un estímulo más fuerte. En la guerra moderna, particularmente durante épocas de cambio rápido, la educación actúa como un multiplicador de potencia masiva. Hoy en día, las fuerzas armadas de EE.UU. necesitan pensadores flexibles e innovadores casi tanto como bombas y balas. No obstante, desde un punto de vista realista, hasta muy recientemente, hemos tenido suficientes recursos para educar solamente una pequeña fracción de la fuerza. El tema de aumentar el tamaño de la fuerza formada tiene gran importancia.

La Necesidad de Cambio

Actualmente, Estados Unidos se encuentra en el medio de cambios geopolíticos que ponen a prueba la flexibilidad de nuestro sistema de educación militar. Después del 9/11, las escuelas militares de la nación trabajaban para integrar lecciones de terrorismo en sus planes de estudio. A medida que se recrudecía la guerra en Irak, añadieron seminarios sobre insurgencia. No obstante, hoy en día nuestras escuelas se enfrentan a un problema fundamental muy superior a la actualización de planes de estudio y cambio de lecciones. Esencialmente, nos enfrentamos a enemigos adaptables que a veces innovan más rápido que lo que podamos hacerlo nosotros. Las estructuras organizativas no estatales, las guerras del ciberespacio en curso y los dispositivos explosivos improvisados accionados por control remoto son sólo los resultados más recientes de los sistemas generadores de ideas de nuestros enemigos. Al usar innovaciones producidas por estos sistemas, han encontrado formas de eludir nuestros poderosos aparatos militares de la Guerra Fría y han inmovilizado a nuestras fuerzas en todo el globo. Su flexibilidad a veces supera nuestras ventajas materiales. Con demasiada frecuencia nuestros enemigos aparecen estar ganando esta guerra de innovación.

Para responder a nuestros oponentes, debemos mejorar la capacidad de nuestro sistema de producir y diseminar ideas nuevas. Este nuevo sistema debe tener dos partes: debe generar sistemáticamente nuevas ideas pertinentes, introduciéndolas en debates nacionales, y debe desarrollar estudiantes innovadores que se adapten y que continúen el proceso después de que salgan de nuestras escuelas militares.

La Universidad del Aire ha empezado a desempeñar una función en esta guerra de ideas, pero para hacer esto se requieren cambios significativos. El núcleo de nuestra estrategia aquí en la Base de la Fuerza Aérea Maxwell, Alabama, consiste en dar una nueva energía al modelo de la universidad de investigación y enseñanza que de forma tan eficaz propulsa la innovación en el sector civil. Este método no es nuevo para la Fuerza Aérea. Durante los años 30, la Escuela Táctica del Cuerpo Aéreo lo empleó en un esfuerzo para enfrentarse al espectro de una Alemania y Japón en auge y para desarrollar nuevos usos para una tecnología de potencia aérea emergente. Mediante el uso de una combinación de teoría, historia e investigación práctica, los instructores de la escuela redactaron el plan empleado por Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial y por aviadores formados que desarrollaron estrategias usadas por la Fuerza Aérea durante el siguiente medio siglo. Desgraciadamente, en cierto momento durante la Guerra Fría, la Universidad del Aire redujo su énfasis en este espíritu de innovación y comunicación con los políticos nacionales. En su mayor parte, la Fuerza Aérea encargó la investigación relacionada con el servicio sobre estrategia militar a grupos de investigación independientes, y la universidad se convirtió principalmente en una escuela de enseñanza.

Esta negligencia de innovación ha demostrado ser costosa para la nación así como para nuestro cuerpo docente y estudiantes. Aunque la Fuerza Aérea sigue siendo el líder mundial en el desarrollo de tecnología militar, está retrasada con respecto al Ejército en su capacidad de producir y diseminar ideas sobre cómo usar sus nuevas tecnologías e ideas. Se cree que por cada libro publicado hoy sobre la Fuerza Aérea, se publican cinco sobre soluciones militares terrestres. En 2006, el Instituto de Estudios Estratégicos—el grupo de investigación interno de la Universidad de la Guerra del Ejército—produjo 53 monografías, pero durante el mismo período, el diminuto grupo de investigación de la Universidad del Aire produjo solamente dos. En lo que se refiere a introducir ideas en debates nacionales, estamos retrasados de forma similar. Por ejemplo, de los expertos militares que normalmente aparecen en Fox News y Cable News Network, la proporción de soldados a aviadores es de cinco a uno, y la gran mayoría de los artículos de los periódicos sobre el poder aéreo se deducen de entrevistas con expertos del poder terrestre. Esta falta de producción de investigación también tiene consecuencias secundarias. Hoy el porcentaje de profesores de la Universidad del Aire con un conocimiento profundo de teoría e historia del aire, espacio y ciberespacio es pequeño comparado con el porcentaje de expertos del poder terrestre en las escuelas del Ejército y de la Marina. A veces esta escasez de experiencia se hace notar en el salón de clase. Creo firmemente que cada escuela militar tiene el deber de desarrollar y diseminar nuevas ideas sobre las formas en que su servicio puede ayudar a la nación a contribuir al combate conjunto en una guerra larga. La Universidad del Aire no lo ha hecho tan bien como podría haberlo hecho.

Transformación de la Universidad del Aire para la Guerra

Para hacernos recordar la guerra de las ideas, la Universidad del Aire ha empezado a cambiar la forma de actuación. Estamos tratando este empeño como parte del esfuerzo de la guerra. El éxito requiere una campaña integrada que comprende numerosos métodos.

Primero, estamos reorganizando nuestra estructura de mando. Aunque la Fuerza Aérea ubicó originalmente sus escuelas en la Base de la Fuerza Aérea Maxwell específicamente para desarrollar sinergias, en la actualidad existe muy poca superposición entre las escuelas. Se trata principalmente de una estructura de mando con un área de control demasiado grande la que impulsa esta falta de comunicaciones laterales. Al centralizar y disminuir dichas áreas, esperamos aumentar la sinergia entre las escuelas y aumentar su responsabilidad para nuestra Fuerza Aérea, la comunidad conjunta y la nación.

El segundo conjunto de cambios consiste en dotar a nuestros instructores de mayores recursos e incentivos para publicar sobre temas relacionados con el aire, el espacio y el ciberespacio. Para hacer esto, estamos construyendo un nuevo instituto de investigación de la universidad—una iniciativa tomada por los otros servicios hace décadas con buenos resultados. Creemos que este instituto se esforzará en generar y diseminar ideas sobre las formas en que la Fuerza Aérea puede contribuir a la seguridad nacional. De acuerdo con el modelo universitario de investigación y enseñanza, el instituto tendrá un segundo propósito: dar a los profesores de la Universidad del Aire programas de investigación innovadores orientados al aire, al espacio y al ciberespacio fuera del salón de clase para realizar su trabajo. Al hacer esto, no sólo se aumenta el grupo de investigadores sino que también se mejora nuestro cuerpo docente—y por lo tanto la educación que ofrecemos a nuestros estudiantes.

De forma similar, estamos dando pasos significativos para dar a nuestros profesores incentivos para llevar a cabo investigaciones sobre temas relacionados con la Fuerza Aérea. Irónicamente, en el sistema que ha evolucionado (debido en parte a la pequeña audiencia para publicaciones relacionadas con el aire), los instructores a menudo tienen mayores incentivos para investigar temas no relacionados con la Fuerza Aérea con el fin de examinar cuestiones relativas al aire, espacio y ciberespacio. Similarmente, las publicaciones destinadas únicamente a lectores académicos reciben a menudo más crédito que las destinadas a audiencias políticas. Además, los conocimientos y la experiencia que los estudiantes e instructores en servicio activo nos traen de la práctica a menudo son desoídos porque estos combatientes no poseen la habilidad académica para escribir. Para corregir estos problemas, pedimos a las escuelas que reconsideren la forma en que recompensan las investigaciones y promueven a los profesores. La investigación, específicamente la relacionada con las formas en que el aire, el espacio y el ciberespacio pueden contribuir a la lucha conjunta, recibirá los máximos honores. La investigación aplicada—informes o artículos sobre propuestas, empresas en grupo y proyectos similares—recibirá tanto crédito como los trabajos puramente académicos. Los escritores habilidosos que participen como coautores junto a instructores y estudiantes y que posean experiencia práctica recibirán tanto crédito como los que prefieran trabajar solos. Estos cambios deben ayudar a encaminar la investigación hacia el esfuerzo de la guerra.

No obstante, la producción de ideas no es suficiente. Para ser eficaz, deben diseminarlas a los centros intelectuales de la nación, por lo que hemos lanzado una serie de iniciativas para facilitar este proceso. Todos los años nuestros estudiantes y cuerpo docente escriben cientos de artículos—la mayoría de los cuales aparecen en foros leídos únicamente por académicos o desaparecen en los estantes de las bibliotecas. Para corregir este problema, hemos empezado a guiar la investigación de los estudiantes en direcciones que respondan a las preguntas actuales relacionadas con el Departamento de Defensa (DOD), la Fuerza Aérea y la comunidad conjunta y a catalogar, así como a identificar, los artículos producidos por la Universidad del Aire, de modo que las audiencias pertinentes pueden localizarlos en línea. También hemos creado un requisito para que los estudiantes y el cuerpo docente resuman su trabajo en "blue darts"—opiniones editoriales cortas o artículos de influencia—que podemos enviar al DOD, servicio conjunto o audiencias de medios de comunicación, según sea apropiado. Además, hemos empezado a defender equipos de investigación especiales que puedan responder rápidamente a tareas de investigación de alto nivel, asegurando que el DOD, el servicio conjunto y los políticos de la Fuerza Aérea puedan acudir a la Universidad del Aire para obtener información y opiniones expertas.

En un frente más académico, hemos lanzado recientemente una nueva publicación, Strategic Studies Quarterly (Estudios estratégicos trimestrales), para ayudar a promover el debate sobre asuntos de política de alto nivel y también hemos creado una nueva publicación de correo electrónico en línea, The Wright Stuff, para distribuir rápidamente investigaciónes e ideas a la audiencia de la Fuerza Aérea y otras. También estamos haciendo experimentos con una serie de otras iniciativas. Hemos empezado a encargar estudios sobre temas importantes de autores bien conocidos. Además, estamos patrocinando otra vez simposios que reúnen a políticos y académicos para debatir asuntos importantes y se están afiliando con universidades civiles y militares así como organizaciones de investigación para ayudar a estimular la investigación y el debate en asuntos relacionados con la Fuerza Aérea. En conjunto, estos pasos y otros similares deben aumentar el flujo de ideas sobre el aire, el espacio y el ciberespacio a audiencias que puedan usarlas. Con el tiempo, estos cambios aumentarán sustancialmente el número y la calidad de nuevas ideas relevantes procedentes de la Universidad del Aire. También ayudarán a desarrollar nuestro cuerpo docente y mejorar la educación que ofrecemos a los estudiantes.

El tercer método se dirige directamente a nuestro cuerpo de estudiantes. A medida que Estados Unidos empieza a entender la naturaleza de la guerra larga, se ha hecho más aparente la necesidad de estudiar idiomas y culturas regionales. De manera correspondiente, durante el año pasado hemos aumentado sustancialmente nuestras ofertas en estas áreas. Para apoyar la nueva misión cibernética de la Fuerza Aérea, el Instituto de Tecnología de la Fuerza Aérea podrá suplementar pronto su plan de estudios en Ciber-Operaciones con un programa de 12 meses en estudios de combate ciberespacial a nivel de licenciatura de maestría. De forma muy parecida a los esfuerzos de la Escuela Táctica del Cuerpo Aéreo para promover la guerra aérea en los años 30, esta iniciativa práctica compromete al cuerpo docente y a los estudiantes en un esfuerzo combinado para desarrollar tecnología y doctrina para combatir en el ciberespacio. También hemos aumentado el número cursos en otros campos relevantes como el contraterrorismo, la contrainsurgencia, la guerra espacial y ciberespacial. En conclusión, ahora estamos en el proceso de reformar nuestro Curso Básico del Aire y del Espacio para hacer un mejor trabajo aumentando la confianza y un carácter combativo distintivo que servirá a nuestros oficiales subalternos durante el resto de sus carreras.

Por último, estamos tomando medidas para aumentar considerablemente el número de estudiantes que educamos. Mediante asociaciones con escuelas civiles, hemos podido aumentar exponencialmente las oportunidades educativas para aviadores alistados. Hacia 2008 empezaremos a ofrecerles la oportunidad de obtener una licenciatura. Nuestro nuevo programa de aprendizaje a distancia nos permitirá pronto dar a todos los oficiales una oportunidad para obtener una licenciatura de maestría en la Universidad del Aire para el año 12 de su carrera. También estamos tratando de crear un nuevo doctorado en la Universidad del Aire en estudios estratégicos—el primero de su clase en las Fuerzas Armadas de Estados Unidos—que aumentarán grandemente el de oficiales con doctorados de donde la Fuerza Aérea obtendrá a sus futuros líderes superiores. Además, estamos haciendo cambios importantes en nuestra educación de oficiales subalternos y en nuestras academias de suboficiales así como en aprovecharse de la nueva cibertecnología para desarrollar comunidades de práctica para comandantes de escuadra. Nuestro objetivo en todo esto es aumentar considerablemente el número de pensadores flexibles e innovadores en la Fuerza Aérea.

Conclusión

En resumen, Estados Unidos acaba de empezar a abordar la naturaleza de la guerra larga y lo que hay después. Para vencer en esta guerra se requiere mejorar nuestras fuerzas existentes. Requerirá nuevos equipos, nuevas tácticas, y, de vez en cuando, incluso una nueva estrategia. Pero también requiere algo más. Nuestra mejor esperanza para tener éxito en esta lucha radica en desarrollar un sistema que institucionaliza la innovación. Más que otra cosa, necesitamos nuevas ideas así como hombres y mujeres que, entendiendo los problemas a los que nos enfrentamos, puedan innovar y adaptarse para superarlas. El sistema de educación militar que seguimos promoviendo en la Universidad del Aire dará un paso significativo para el desarrollo de este sistema, a largo plazo, derrotando a nuestros oponentes.  

Nota:

1. Victor Davis Hanson, Carnage and Culture: Landmark Battles en the Rise of West Power (Matanzas y cultura: batallas importantes en el auge de Occidente) (New York: Doubleday, 2001), capítulo 5.


Colaborador

El Teniente General USAF Stephen R. Lorenz

El Teniente General USAF Stephen R. Lorenz (USAFA; MPA, University of Northern Colorado) es el Comandante de la Universidad del Aire, Base Aérea Maxwell, Alabama. Un piloto comandante con 3,300 horas de vuelo en ocho aviones, el General Lorenz ha estado al mando de un escuadrón de reaprovisionamiento de combustible en vuelo, una ala de reaprovisionamiento de combustible en vuelo que en 1994 ganó el Riverside Trophy por ser la Mejor Ala en la Decimoquinta Fuerza Aérea y un ala de movilidad aérea que en 1995 ganó el Armstrong Trophy por ser la Mejor Ala en la Duodécima Primera Fuerza Aérea. Además, estuvo al mando de cadetes en la Academia de la USAF y se desempeñó en calidad de secretario auxiliar adjunto de presupuestos, Oficina del Secretario Adjunto de la Fuerza Aérea, Cuartel General de la Fuerza Aérea, Washington, D.C.

 Declaración de responsabilidad: Las ideas y opiniones expresadas en este artículo reflejan la opinión exclusiva del autor elaboradas y basadas en el ambiente académico de libertad de expresión de la Universidad del Aire. Por ningún motivo reflejan la posición oficial del Gobierno de los Estados Unidos de América o sus dependencias, el Departamento de Defensa, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos o la Universidad del Aire. El contenido de este artículo ha sido revisado en cuanto a su seguridad y directriz y ha sido aprobado para la difusión pública según lo estipulado en la directiva AFI 35-101 de la Fuerza Aérea.


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