Documento creado: 3 de mayo del 07
Air & Space Power Journal - Español  Segundo  Trimestre 2007


¿Servicio Antes que Uno o Servicio a Sí Mismo?

Alimento para su Lectura sobre la Ética Profesional de los Guerreros del Aire

Dr. David R. Mets

Durante la preparación de este artículo recibí gran asistencia del Coronel Larry Carter, USAF, retirado, y de la Coronel Bárbara Faulkenberry, cuyos comentarios han mejorado significativamente la revisión; las demás fallas son de mi cuenta.

Servicio militarMÁS QUE LA mayoría de las otras profesiones, la profesión militar exige de sus practicantes un pensamiento moral serio. Los médicos tratan con asuntos de vida o muerte pero generalmente con una sola vida a la vez; usted, el líder guerrero, puede estar involucrado en decisiones que podrían costar la vida a cientos o miles de personas en una sola acción. A los abogados a veces les preocupa la protección de los activos económicos importantes; usted, el guerrero, debe pensar en la conservación de los activos más preciosos de Estados Unidos—las vidas de sus hijos e hijas. Ningún otro profesional debe matar gente prestando servicio al estado y a la vez arriesgar su propia vida. Los individuos citan incansablemente al General Sir John Hackett como autor del dicho que las personas malas pueden ser buenos doctores o abogados, pero "lo que el hombre malo no puede ser es un buen marino, soldado o aerotécnico".1

¿Cómo se puede llegar a ser una persona buena? Si nunca ha conocido a una persona mala en el servicio, entonces no ha estado en el servicio por mucho tiempo. Vienen de todos los rangos y ocupaciones. Algunas de las fuentes del conocimiento moral son evidentes: usted puede aprender en las rodillas de su madre, en la escuela, la iglesia o incluso de los amigos de la calle. Para comenzar, los buenos guerreros deben tener todas las virtudes éticas esperadas de sus conciudadanos. No deben mentir, engañar, robar, romper promesas ni fallar en el respeto a la vida de los demás. Exigimos de estos guerreros más que la decencia común esperada de los buenos ciudadanos. Desde los días del campamento militar en adelante, ellos reciben adiestramiento para desarrollar coraje físico y moral, cuidar a la gente que dirigen y, conocer y observar las leyes de la guerra en el combate. Mucha gente, incluyendo Sam Sarkesian, afirma que el oficial profesional también debe ser un "caballero".2 Puede sonar pintoresco en estos días, pero la amabilidad, el respeto al débil, los buenos modales y vestidos, y las elegancias sociales no pueden hacer daño.3

Definiciones del Diccionario

Ética: Un sistema de principios morales.
Moral: De, perteneciente a, o relacionada con los principios de la conducta correcta o la distinción entre lo bueno y lo malo.
Integridad: Adhesión a principios éticos y morales.

Un guerrero puede aprender mucho de eso de los varios códigos que declaran los valores fundamentales del servicio, el Código Uniforme de Justicia Militar, la Constitución Estadounidense, y las leyes y normas asociadas que se derivan de ella. Esperamos que los Aerotécnicos obedezcan todas la órdenes—siempre que sean lícitas—y que entiendan la diferencia entre lo lícito y lo ilícito. Sin embargo, las leyes y los códigos no pueden predecir todos los dilemas morales que enfrentan los guerreros. Los buenos guerreros indudablemente enfrentarán dilemas que requieren decidir entre el menor de dos males—y eso es nunca más doloroso que cuando se elige desobedecer una orden ilegal.4 ¿Cómo pueden estar ellos seguros de que quien ordena no oculta hechos al resto de la fuerza, o que el líder no comprende la ley mejor que los seguidores? Nadie es moralmente perfecto; nadie puede saber todo en todo momento. ¿Qué pueden hacer los individuos para convertirse en lo posible en personas verdaderamente buenas?

Nunca lo harán simplemente leyendo. La educación y el adiestramiento pueden tener algún efecto. Los filósofos tienen opiniones distintas sobre la idea de que los buenos instintos pueden tener un origen genético. Algunos son "absolutistas", no toleran compromiso y creen que un conjunto de principios o verdades universales se aplica a todas las sociedades y culturas. Otros son "relativistas", afirman que las opciones morales varían con las circunstancias, que no existe verdad universal, y que las opciones deben variar con la situación que se enfrente.5 Muchos se encuentran entre esos extremos. La experiencia le puede ayudar, pero la lectura también puede ayudarle a anticipar algunos de los dilemas que puede encontrar como líder aéreo mientras progresa en su carrera—y a pensar sobre los problemas con anticipación. En el combate, el tiempo y las emociones pueden evitar que usted delibere sus acciones en detalle. Con suerte, la línea de referencia ética de una persona buena, formada con tiempo para considerar plenamente las opciones y consecuencias, mejorará las probabilidades de hacer elecciones urgentes moralmente sólidas.

Como los artículos anteriores de "Material de Lectura", deseo ayudarle a desarrollar un programa de lectura profesional revisando algunos libros importantes relacionados con la ética profesional. Propongo después una muestra de 12 libros que puede ayudarle a seleccionar obras para examinar como parte de su propio esfuerzo. Los libros revisados a continuación incluyen Morals under the Gun de James H. Toner, Making the Corps de Thomas E. Ricks, Thoughts of a Philosophical Fighter Pilot del Vicealmirante James Bond Stockdale, Integrity First de Malham M. Wakin, y The Moral Warrior de Martin L. Cook.

Morals under the Gun: The Cardinal Virtues, Military Ethics, and American Society (La Moralidad Bajo el Cañón: Las Virtudes Cardinales, la Ética Militar y la Sociedad Estadounidense) por James H. Toner. Lexington: University Press of Kentucky, 2000: James Toner creció en una familia de ascendencia irlandesa en New England. Sus antepasados emigraron a Estados Unidos durante la famosa hambruna de la papa de Irlanda a mediados del siglo diecinueve y, como muchos inmigrantes, la pasó muy mal durante los primeros años. Sin embargo, el Dr. Toner avanzó, graduándose de la escuela secundaria en la década del 1960 y prosiguiendo con la escuela de graduados donde obtuvo un doctorado. Un profesor del Air War College por cerca de una década y media, reconoce que los dilemas existen y que nadie está libre del pecado, pero se inclina hacia el lado absolutista de la rama filosófica. Describe a otra categoría ligeramente apartada de ese lado como "universalistas", quienes creen en un conjunto de principios universales pero también reconocen que algunas veces los dilemas obligan incluso a una buena persona a elegir entre el menor de los males. Generalmente los pecadores no pierden la redención si tratan de hacer el bien y mejorar. Toner, un católico, no duda en citar fuentes religiosas en su obra, declarando que incluso para los moralistas no religiosos, muchas de sus creencias tienen su origen en la religión. Sin embargo, aclara que el personal militar no debe hacer proselitismo entre sus colegas y subalternos, independientemente de sus propias creencias.

Toner piensa que los valores fundamentales de la Fuerza Aérea—primero integridad, servicio antes que uno, y excelencia en todo lo que hacemos—son demasiado generales y, por consiguiente, de ayuda limitada.6 Ofrece hasta cuatro virtudes cardinales—prudencia, justicia, coraje y templanza—como un mejor tema organizativo para su libro y nuestro pensamiento, dedicando un capítulo a cada una de ellas y manteniéndolas en lugar predominante a través del libro. Al comienzo Toner parece propugnar la visión relativista extrema como el camino a seguir para los oficiales militares—un dispositivo literario efectivo que capta la atención. Lleno de ideas groseras de servicio propio y desprovisto de principios morales, con seguridad enfurecerá a muchas personas.

Después de hacerse una introducción al comienzo del capítulo 2, continúa explorando una preferencia por el pensamiento universalista, próxima al extremo absolutista de las cosas. No tan intransigente sobre la idea como otros pensadores, cree que un líder corrupto en su vida privada tarde o temprano también fallará en su vida oficial. Concuerdo con él en que todos los oficiales deben ser maestros y que, para seguir siendo efectivos, los profesores deben también ser personas morales. Sin embargo, cree que el avance en el mundo académico no exige el buen carácter como un requisito principal—y lamenta mucho eso. En su mente, como en la mía, el ejemplo establecido por el oficial y el profesor universitario es crucial para dirigir y enseñar. Aunque reconoce que los sistemas de valores de los militares y de la cultura de origen se han apartado más al crecer, ese hecho no lo perturba. No ve aquí una amenaza a la democracia, pensando que los militares pueden sentar un buen ejemplo para el resto de nosotros sin usurpar el rol como árbitro moral de la sociedad imponiendo sus valores sobre el público en general.

Sarkesian y muchos otros reconocieron hace mucho tiempo, que no se puede separar el conjunto de valores militares de los valores de la sociedad de la que proviene. Todos los militares son necesariamente producto de sus sociedades, y como nuestros militares provienen de una sociedad democrática e igualitaria, deben reconocer eso en sus valores fundamentales y prácticas de liderazgo.7 Antes de 1976, el sistema de valores militares se oponía a la admisión de las mujeres en las academias del servicio o en las tareas de combate—sin duda por amplio margen. Tan doloroso como era para algunos, los valores de la sociedad de origen exigían su admisión. De hecho, como en el caso de la integración racial, los militares también lideraron a la sociedad en la práctica de igualdad de sexo—un hecho digno de considerar y fuera del servicio.

Para algunos guerreros estudiosos, Morals under the Gun puede parecer más prolijo de lo necesario, y algunos pueden hartarse del grado con que el autor presenta su caso con citas de una serie de autoridades filosóficas y religiosas. Toner no cede terreno a quienes piensan que la templanza podría ser más difícil para unos que para otros a causa de una predisposición genética al alcoholismo y la glotonería. Similarmente, algunos pueden pensar que la estructura ósea por sí sola puede limitar el atletismo, haciendo que para algunos sea más difícil mantenerse en forma que para el Dr. Toner y otros. Aún así, quizás le convenga poner este buen libro en su lista de lecturas—y reservar algo de tiempo para meditar sobre sus argumentos.

Making the Corps, por Thomas E. Ricks. New York: Scribner, 1997: Thomas Ricks, un joven reportero del Wall Street Journal que en 1992 fue a Somalia con la Infantería de Marina de los Estados Unidos, es un magnífico escritor cuyo estilo tal vez desee emular.8 Él no participó de la lucha, y admiraba a los infantes, a la Infantería de Marina y a los infantes de marina. Sin embargo sabe que existen infantes de marina malos y le preocupa que la cultura del Cuerpo se haya alejado más de los valores de la sociedad de origen que las culturas de los otros servicios. Los infantes de marina, según él, tienen un sistema moral que ellos consideran muy superior al de los Estados Unidos, y sienten la necesidad de servir más que los miembros de los otros servicios. Su código declarado—dedicación, honor, coraje y conocimiento experto—se parece al de los otros servicios. Ricks cree que debido a su pequeño tamaño y naturaleza expedicionaria, el Cuerpo de Infantería de Marina ha tenido que hacer menos ajustes que los otros servicios para tratar con los problemas del mundo posterior a la Guerra Fría.

Comparto su admiración del Cuerpo. Sin embargo, él parece temer que entre todos los servicios los infantes de marina sean los más propensos a olvidarse de la subordinación de los militares a los civiles. En esto no estoy de acuerdo. Asimismo, puede haber olvidado considerar que los infantes de marina, individualmente entre los servicios, reciben de la Marina y otros servicios una gran parte de la investigación y desarrollo y el trabajo logístico. Ricks sabe que esas mismas funciones entre los militares son las que se parecen más a las civiles; por lo tanto, el Cuerpo puede tener más facilidad de acercarse a la pureza del guerrero que el resto de nosotros. Recomiendo especialmente Making the Corps—un excelente libro y una buena lectura—pero Ricks se inclina hacia el lado relativista de las cosas, preocupándose de que el sistema de valores militares se haya distanciado demasiado de los valores liberales de la cultura de origen. Concuerda con Richard Kohn, entre otros, que esto puede convertirse en una amenaza para nuestra democracia.9 No estoy de acuerdo, ni tampoco el Dr. Toner.

Thoughts of a Philosophical Fighter Pilot por James Bond Stockdale. Stanford, CA: Hoover Institution Press, 1995: Como ex piloto de AC-130 del ala de Cazas Tácticos No. 338, ya sabía que el título Thoughts of a Philosophical Fighter Pilot no era necesariamente una contradicción de términos. Puede estremecer a otros, pero algunos autores han observado que no hay tal cosa como la "cultura militar". Más bien existen muchas de tales culturas, cada una con bastante variedad. Al igual que Ricks, nuestros hermanos de los medios de comunicación tienen una tendencia a crear estereotipos de los militares en una forma completamente inapropiada para casi todos los demás grupos. Yo tenía conocimiento de un excelente filósofo en el escuadrón de F-4 Phantom del Ala No. 338, y probablemente habían otros. No conocía a James Bond Stockdale, aunque hubiera deseado conocerlo. Según todos los informes, se aproximó tanto a ser un oficial y un caballero—así como guerrero/estudioso aéreo—como uno pudiera desear. Graduándose de la Academia Naval con el Presidente Jimmy Carter en 1946, pasó su vida profesional como piloto de caza de portaaviones, piloto de prueba y finalmente presidente del Naval War College.10 Tenía un postgrado de Stanford y ganó la Medalla de Honor como resultado de su liderazgo en el campo de prisioneros de guerra (POW) Hanoi Hilton en Vietnam. Cuando Stockdale murió en 2005, C-SPAN transmitió su funeral en la Capilla de la Academia Naval—una ceremonia muy emocionante.

Thoughts of a Philosophical Fighter Pilot presenta una analogía de los discursos, artículos y entrevistas del Almirante Stockdale. Muchos de sus pensamientos tienen que ver con la vida y el estado de ánimo en el campo de prisioneros—una lectura digna para todos los Aerotécnicos. Hombre honorable y gran líder, creía en su profesión, reconociendo la lealtad a sus compañeros de prisión y la de ellos hacia él como la motivación principal necesaria para la supervivencia. Ese entendimiento resuena con la literatura sobre la teoría de la motivación del combate—las personas luchan porque no desean fallarle a sus camaradas, los otros miembros de su propia unidad.11 Evidentemente, también sabía que la resistencia ante sus torturadores no era algo en blanco y negro—las circunstancias en el Hanoi Hilton determinaron que el antiguo código de los años de Eisenhower de dar sólo el nombre, rango y número de serie exceda la capacidad humana. Además, creía en resistir hasta que uno sufriera "gran dolor" y creía en mentir al enemigo. En un par de ocasiones, deja entrever que el liderazgo de algunos de los oficiales más antiguos de la Fuerza Aérea en el campo de prisioneros no estuvo al nivel de los de la Marina. Ciertamente, los que no tenemos esta experiencia no podemos emitir juicio sobre ese punto, pero da ideas para pensar. Sin embargo, su guión para el video sobre la terrible experiencia del soldado de primera Sijan y la entrega póstuma de la Medalla de Honor no pudo haber sido más reverente.

Durante la permanencia del Almirante Stockdale en el Naval War College, su última asignación en el servicio activo, se produjo una conmoción al introducirse los estudios filosóficos, incluyendo lecturas detalladas sobre los tiempos antiguos, aparentemente con buenos resultados. Aunque ameno, su libro es bastante redundante, algo típico de las antologías. Tal vez desee leer otra de sus obras: In Love and War: The Story of a Family’s Ordeal and Sacrifice during the Vietnam Years (New York: Harper and Row, 1984), que escribió junto con su esposa, Sybil. Al final, tal vez usted esté de acuerdo en que él fue un hombre de muchos principios pero no un absolutista intransigente.

Integrity First: Reflections of a Military Philosopher por Malham M. Wakin. Lanham, MD: Lexington Books, 2000: Malham Wakin ya enseñaba en la Academia de la Fuerza Aérea cuando me uní al profesorado en 1963. Una persona sobresaliente incluso en ese entonces, tenía destrezas oratorias y de escritura dignas de emulación. Como una recopilación de sus discursos y artículos, su libro Integrity First, al igual que el del Almirante Stockdale, padece de algunas redundancias. Wakin indudablemente considera su propia disciplina—la filosofía—uno de los elementos principales que distinguen la educación en la academia militar de aquella de los otros programas universitarios. Probablemente se inclina más hacia el lado absolutista de las cosas que Ricks e incluso Stockdale. Formado inicialmente como navegante, llegó a la academia como teniente primero y pasó allí la mayor parte del resto de su vida profesional, aparte de una corta misión en Vietnam. Obtuvo su grado universitario en matemáticas en Notre Dame y su PhD en la Universidad de Carolina del Sur.

En su análisis de las filosofías mundiales, Wakin parece convencido de que la tradición occidental que surge de las religiones antiguas y Judío-Cristianas es más progresista que la mayoría de las otras. Sostiene que esta tradición, aunque probablemente conducente al progreso material y el avance científico, no parece producir la misma tranquilidad espiritual que las religiones orientales. También, teme que algunas de las ramas extremas de las filosofías occidentales puedan conducir al totalitarismo y la injusticia. Wakin observa que sus esfuerzos iniciales (y de sus colegas) hicieron que el tema de la filosofía fuera demasiado esotérico para tener mucho significado en los estudiantes universitarios, muchos de ellos interesados principalmente en tecnología y en volar.

Al igual que muchos otros autores, Wakin lamenta la migración de la cultura de origen hacia el lado relativista de las cosas. A diferencia de muchos de ellos, sin embargo, no cree que la cultura militar deba seguir en esa dirección. Tal como observamos anteriormente, Kohn y Ricks, entre otros, sostienen que la brecha creciente entre las dos tendencias es peligrosa para la democracia estadounidense ya que puede augurar la desviación de los militares de la antigua tradición del control civil. Wakin no parece aceptar que realmente exista tal peligro, convencido de que los militares no pueden realizar su trabajo si sus valores sólo reflejan los del mercado.12 Sabe bien que desde los tiempos antiguos la gente ha sido motivada a menudo por el servicio a sí mismo; sin embargo, sigue convencido de que motivación implica más que eso. Sin uno de los valores fundamentales de la Fuerza Aérea—servicio antes que uno mismo—cuando menos en tiempos de peligro mortal, habríamos cesado de existir hace mucho tiempo. Hay demasiada evidencia real sobre este punto para pensar lo contrario.

Finalmente, Wakin comenta explícitamente sobre un asunto que evoca las diversas opiniones de los moralistas militares. Algunos sostienen que la moralidad oficial y la moralidad privada son dos esferas diferentes—que una puede ser digna de confianza en la primera pero lo contrario en la otra. Wakin contradice esa noción afirmando que un líder debe dar el ejemplo en ambas áreas. Si su familia no le tiene confianza, ¿cómo espera que la tenga su copiloto?13 Aunque considero Integrity First como una lectura valiosa, podría encontrar más útil otra de las obras importantes de Watkin, War, Morality and the Military Profession, 2da edición, revisada y actualizada (Boulder, CO: Westview Press, 1986), ya que ofrece un sentido no sólo de su modo de pensar sino también el de varias otras autoridades de ese campo.

The Moral Warrior: Ethics and Service in the U.S. Military por Martin L. Cook. Albany: State University of New York Press, 2004. Un profesor civil de filosofía en la Academia de la Fuerza Aérea, Martin L. Cook aparentemente escribió la mayor parte de The Moral Warrior mientras enseñaba en el Army War College en el Cuartel Carlisle, Pensilvania, derivando la mayor parte de su contenido de muchos de sus escritos y capítulos de libros publicados en otras partes. Como gran parte de la literatura sobre moralidad y guerra, su libro se concentra no en el nivel del estudiante universitario (micro o táctico) sino principalmente en el nivel de la Escuela Superior de Guerra (macro o estratégico), es decir, qué constituye una declaración justa de guerra y cómo podemos lucharla de una forma moral o justa—las preocupaciones del liderazgo superior. La otra parte de la literatura parece concentrarse más en el nivel micro o táctico—las características y métodos del liderazgo subalterno. Ambas son importantes para los relativistas y absolutistas, y quienes están en el medio.

Al igual que muchos otros sumergidos en la disciplina de la filosofía, Cook parece ser aficionado de los clásicos—por ejemplo, en su introducción habla sobre la Guerra del Peloponeso tal como la describe Tucídides en un libro tan grande que uno puede encontrar en sus páginas justificación para prácticamente todo. A pesar de su media década de servicio en el Army War College, no parece haberse sacudido el matiz de "torre de marfil". El capítulo entero es un sermón sobre los peligros de que Estados Unidos se convierta en la segunda Atenas—una superpotencia única que se arruina a sí misma por la expansión excesiva. Tratando de imponer su moral y cultura, Atenas fracasó en las rocas de Sicilia. La analogía que hace con las expediciones estadounidenses actuales en el Oriente Medio tiene algo de atractivo, pero sabemos que esto puede ser engañoso. Ho Chi Minh puede haber sido cualquier cosa, pero no era otro Hitler, y Vietnam no era una reproducción de la Guerra de Corea.

Incluso en el prefacio, Cook revela su tendencia hacia el relativismo. Tal como Kohn y Ricks, lamenta de que los militares parezcan desproporcionadamente Republicanos y expresa sus preocupaciones de que gran parte de los oficiales (y también los miembros alistados) ahora voten por los Republicanos. Aparentemente no es consciente del hecho que los profesores de la universidad, especialmente aquellos del sector de ciencias sociales y humanidades, votan desproporcionadamente por el partido Demócrata—mucho más que el público en general. Según Cook, el voto militar debe "levantar preocupaciones, y tal vez alarma", pero me desconcierta el hecho de que no le moleste que ocurra el mismo fenómeno en el mundo académico. Como Kohn, parece pensar que aunque los soldados son casi siempre ciudadanos mucho antes de ser militares, sus votos tienen sabor a ilegítimos—otro enigma para mí. Además lamenta que los militares se hayan convertido cada vez más un asunto familiar. ¿Pero qué más podría esperarse en ausencia de conscripción y una emergencia nacional grave? El mundo académico tuvo tanto que ver con la finalización de la conscripción como cualquier otro elemento de nuestra sociedad, y el que sus miembros se quejen ahora de que los militares se vuelvan "demasiado militares" simplemente carece de legitimidad. ¿No es cierto también que tener un padre (especialmente uno rico) que se graduó de Harvard ayuda inmensamente a lograr la admisión a esa institución? En muchas universidades, los descendientes de los profesores pueden atender sin pagar matrícula, incentivando a muchos de ellos a seguir los pasos de sus padres.

Cook también revela su partidismo e ideología al criticar a Estados Unidos por la abolición del Tratado de Misiles Antibalísticos y su negativa a que los soldados estadounidenses sean juzgados en una corte criminal internacional. Parece pensar que nos estamos moviendo gradualmente hacia una república universal para reemplazar el sistema de estado westfaliano, aunque eso es algo que viene desde hace mucho tiempo. Por muchas décadas la Unión Europea ha tratado de establecer unidad e igualdad en el continente, pero el nacionalismo está lejos de morir—en general todos los estados europeos comparten una cultura occidental común. La idea de que las divergencias culturales, que Mal Wakin describe bien, no evitarán eternamente tal estado mundial me parece extravagante. Finalmente, Cook lamenta el hecho de que Estados Unidos haya financiado de manera insuficiente a las Naciones Unidas sin reconocer el otro lado de ese argumento.

En el primer capítulo de The Moral Warrior, trata de la teoría de la guerra justa—tanto la decisión para la guerra como las decisiones en la misma. Aunque no de interés inmediato para los cadetes y Alfereces ni para los Mayores y Tenientes Coroneles—y aquellos que les enseñan—en general la educación militar universitaria y profesional cubre los rudimentos de la teoría. Una guerra justa debe ser una opción de último recurso, motivada por la necesidad de defensa propia o la defensa de derechos legítimos, conducida con una probabilidad razonable de éxito, y llevada a cabo por medios proporcionales a los resultados esperados. En los días de antaño, incluso en los Estatutos de las Naciones Unidas, lo que sucedía dentro de los límites de un estado era de su sola incumbencia—la soberanía del estado siguió siendo sagrada. Sin embargo, desde el holocausto la preservación de los derechos humanos se ha convertido gradualmente en una causa justa para violar la soberanía de un estado, como en Kosovo.14 Para que se las considere realizadas con justicia, las operaciones de combate deben reconocer la inmunidad de los no combatientes, proceder con medios proporcionales a los fines militares esperados, garantizar el tratamiento humano de los prisioneros de guerra, y prohibir el uso de no combatientes como rehenes o escudos. Sólo se admite daño colateral a los no combatientes y a la propiedad cuando tal daño sea involuntario e incidental a los ataques sobre objetivos legítimos en la vecindad; además, los medios deben ser proporcionales a los fines buscados.

Sin duda, a menudo las fuerzas armadas han violado esas reglas en la guerra, y en cualquier caso podemos encontrar muchas áreas grises sujetas a interpretación. Los comandantes de los submarinos estadounidenses llevaron a cabo la misma clase de guerra contra Japón que los alemanes contra los aliados, pero sólo el almirante nazi Karl Doenitz fue encarcelado por la violación. Ahora nos encontramos en una era de guerra limitada donde las reglas abarcan más. En consecuencia los centros de operaciones aéreas y espaciales tienen abogados que asisten a los comandantes a decidir lo justo y legal de los ataques sobre un objetivo específico o a emprender una operación dada. Aún así, Cook declara que el aumento de intervenciones humanitarias ofrece evidencia de que el sistema de estado Westfaliano se está volviendo gradualmente obsoleto en favor de un procedimiento y estructura más globalista. Sin embargo, mucho de eso tiene lugar por encima de nuestro grado de salario, salvo tal vez por una docena de oficiales que sirven en el Estado Mayor Conjunto o como comandantes regionales. Incluso ellos sólo pueden asesorar en tales cosas, no decidir.

En un nivel más bajo, Cook hace algunas observaciones que conciernen a un mayor número de profesionales militares. Uno tiene que ver con evitar la obediencia de órdenes ilícitas cuestionando la autoridad del que ordena, obedeciendo la orden si el líder persiste, o renunciando en lugar de obedecer la orden. Según él, parte del problema tiene que ver con el hecho de que el Ejército no está reteniendo oficiales subalternos a los niveles de antes, supuestamente debido a la disminución de la confianza entre subalternos y superiores. Ciertamente esto es un asunto de grados, pero se debe reconocer el peligro de idealizar un pasado que nunca existió. Siempre hemos tenido Coroneles obtusos, pero Cook piensa que la división se ha hecho más pronunciada—incluso más que en los días de la conscripción. Pienso en su explicación de este fenómeno—que el sistema antiguo de tutoriado ha disminuido—porque en 30 años de servicio que terminan en 1979, no recuerdo francamente haber recibido tutoría de ninguno de mis superiores.15 Los días en que el General Fox Conner se interesaba personalmente por la educación del joven Dwight Eisenhower parecieran idos para siempre en las áreas de la Marina y la Fuerza Aérea en que presté servicio.16 Eso puede tener consecuencias para la cohesión y la experiencia profesional que Samuel Huntington describe como esenciales para el profesionalismo militar.17

Cook se ocupa del elemento "último recurso" de la teoría de la guerra justa, sugiriendo que las nuevas tecnologías pueden tener un efecto negativo. La promesa de efectos políticos con mucho menos riesgo para los estadounidenses hace que la iniciación de una guerra sea mucho más concebible. Admite francamente que la historia sugiere que los militares no consideran tal situación un problema, porque los soldados han estado más dispuestos a ir a la guerra que el liderazgo civil.

Me parece que Cook tiene deficiencias en sus conocimientos de la historia del poderío aéreo. Afirma que la operación Linebacker II produjo grandes daños civiles, pero en 11 días de esa operación murieron aproximadamente el mismo número de civiles que en un par de horas durante los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 (aproximadamente 3.000). En comparación a las decenas de miles de civiles que murieron en la Masacre de Nankin, el bombardeo de Hamburgo, el ataque con bombas incendiarias en Tokio y los ataques nucleares de Hiroshima y Nagasaki, los resultados de tal operación no representan grandes daños. Asimismo, afirma que la coalición siguió principalmente el plan de John Warden en un ataque estratégico sobre Irak en 1991, sin tener suficiente cuidado en relación a la matanza de civiles. Sin embargo, sólo un 10% de las bombas se dirigieron realmente contra objetivos "estratégicos"; de lejos, los aviones de la coalición descartaron el número más grande de objetivos tácticos. Además, Warden aclara en su libro y en varios artículos que el ataque deliberado a la población, uno de sus "cinco anillos", queda fuera de los límites para una democracia. Cuando el enemigo pone deliberadamente a sus ciudadanos en riesgo en un objetivo militar evidente, la tradición de guerra justa afirma que éste debe aceptar la culpa de las pérdidas civiles que ocurran.18 Cook cita el Manual 1-1 de la Fuerza Aérea, Doctrina Aeroespacial Básica de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, 1992, como evidencia de discriminación insuficiente, señalando su declaración de que los "primeros teóricos del poderío aéreo" trataron de minar la capacidad y voluntad del enemigo para continuar resistiendo. Todos estos teóricos ya han muerto. Ese objetivo siguió vigente en la Segunda Guerra Mundial en algunos casos, pero dejó de ser aplicable en la Operación Tormenta del Desierto o en el manual citado.19

En la página 146 de su capítulo superficial sobre la moralidad del bombardeo estratégico, observa que "la superior capacidad de las bombas del B-2" (énfasis añadido) mejora sus posibilidades. (Si las leyes arrojadas por los B-2 sobre el enemigo son las escritas por la comisión de mi condado, ¡eso debe realmente crear temor de confusión total en el corazón del enemigo!) A pesar del buen estilo de redacción de Cook, no fue asesorado eficientemente por sus editores en la preparación final del manuscrito ya que este ejemplo es uno de los demasiados errores negligentes que los lectores encontrarán en este libro.20 El capítulo en cuestión evidentemente escrito para enfatizar los límites del poderío aéreo estratégico, parece fuera de lugar e implica la suposición de que la Fuerza Aérea está formada por una banda de fanáticos del bombardeo estratégico—una noción muy alejada de la verdad. Disponemos de miles de cazas tácticos y aviones de movilidad aérea—pero menos de 200 bombarderos de largo alcance y ninguno nuevo en el horizonte.

Al final, los lectores de Air and Space Power Journal encontrarán de utilidad la obra de Cook, especialmente su expresión de algunas opiniones contrarias a las creencias usuales de la Fuerza Aérea. No ayudará mucho en los asuntos diarios de aquellos de ustedes que son cadetes o Subtenientes, pero podría llegar a formar parte de su educación de más largo plazo al aclarar su manera de pensar—tal vez a través de la aceptación de algunas de sus ideas y el rechazo de otras. Finalmente, cierro este artículo con un muestrario de lectura profesional sobre el tema en cuestión.21

Un Muestrario de 12 Libros para la Lectura sobre Ética Profesional

Dos para el Resumen

The Soldier and the State: The Theory and Politics of Civil-Military Relations (El Soldado y el Estado: La Teoría y Política de las Relaciones Civil-Militar) por Samuel P. Huntington. Cambridge, MA: Belknap Press of Harvard University Press, 1957.

Si va a leer sólo un libro en su profesión, que sea éste—un clásico escrito por uno de los intelectuales estadounidenses más distinguidos.

The Professional Soldier: A Social and Political Portrait (El Soldado Profesional: Un Retrato Social y Político) por Morris Janowitz. Glencoe, IL: Free Press, 1960.

Escrito por un gigante de la erudición de la Universidad de Chicago, este estudio debe estar en su lista de lecturas obligatorias.

Diez para Profundidad y Dominio

Prodigal Soldiers: How the Generation of Officers Born of Vietnam Revolutionized the American Style of War (Soldados Pródigos: Cómo la Generación de Oficiales Nacidos de Vietnam Revolucionaron el Estilo Estadounidense de Guerra) por James Kitfield. New York: Simon and Schuster, 1995.

Este libro de fácil lectura, no dedicado completamente a la dimensión ética de las cosas, es el trabajo de un periodista familiarizado en forma general con todos los servicios militares. Su principal explicación del fracaso en Vietnam incluye deficiencias morales; también trata de cómo los jóvenes oficiales que sirvieron allí reformaron el sistema e hicieron el trabajo militar de sólo voluntarios. Kitfield utiliza un enfoque biográfico basado principalmente en entrevistas.

Morals under the Gun: The Cardinal Virtues, Military Ethics, and American Society (La Moralidad Bajo el Cañón: Las Virtudes Cardinales, la Ética Militar y la Sociedad Estadounidense) por James H. Toner. Lexington: University Press of Kentucky, 2000.

Este trabajo de un profesor del Air War College se inclina hacia el lado absolutista de las cosas.

Thoughts of a Philosophical Fighter Pilot (Pensamientos de un Piloto de Caza Filosófico) por James Bond Stockdale. Stanford, CA: Hoover Institution Press, 1995.

Producto de un graduado de 1946 de la Academia Naval de Estados Unidos y ex prisionero de guerra, este libro recopila sus escritos y discursos.

Beyond the Battlefield: The New Military Professionalism (Más Allá del Campo de Batalla: El Nuevo Profesionalismo Militar) por Sam C. Sarkesian. New York: Pergamon Press, 1981.

El autor, un sociólogo de Chicago y un oficial experimentado del Ejército, examina los problemas del profesionalismo tras la guerra de Vietnam, pero antes del final de la Guerra Fría. Concluye que el nuevo profesionalismo debe tratar más que asuntos militares solamente—también debe entender los factores sociales y políticos.

Honorable Warrior: General Harold K. Johnson and the Ethics of Command (Guerrero Honorable: El General Harold K. Johnson y la Ética del Comando) por Lewis Sorley. Lawrence: University Press of Kansas, 1998.

 

Este estudio, escrito por un egresado de West Point de la tercera generación, examina a un hombre que pasó casi toda la Segunda Guerra Mundial en un campo de prisioneros japonés, luchó ferozmente en Corea y llegó a ser Jefe de Estado Mayor del Ejército durante la guerra de Vietnam—un excelente caso de estudio sobre ética práctica en todos los niveles.

Neither Athens nor Sparta? The American Service Academies in Transition (¿Ni Atenas ni Esparta? Las Academias del Servicio Estadounidense en Transición) por John P. Lovell. Bloomington: Indiana University Press, 1979.

Escrito por un graduado de 1995 de West Point que después obtuvo un PhD en la Universidad de Indiana, este libro es hoy un poco anticuado pero ofrece buenos antecedentes de la función de las academias del servicio en el profesionalismo militar. También ofrece una estructura conceptual útil para estudios del tema.

First Class: Women Join the Ranks at the Naval Academy (Primera Clase: Las Mujeres Pasan a las Filas de la Academia Naval) por Sharon Hanley Disher. Annapolis: Naval Institute Press, 1998.

La autora, un miembro de la clase de 1980 de la Academia Naval de Estados Unidos y de ninguna manera feminista fanática, es una buena escritora que suministra importantes percepciones sobre la naturaleza cambiante de la profesión militar.

Proud to Be: My Life, the Air Force, the Controversy (Orgulloso de Ser: Mi Vida, la Fuerza Aérea, la Controversia) por Kelly Flinn. New York: Random House, 1997.

La autora, que no necesita introducción, escribió un libro que contrasta seriamente al de Disher. Una obra de rápida lectura, puede ofrecer una instantánea de las motivaciones cambiantes en el nivel inicial de la profesión. Afirma que no es una feminista y que adora a la Fuerza Aérea, pero quedan dudas en ambas declaraciones.

Moral Issues in Military Decision Making (Asuntos Morales en la Toma de Decisiones Militares), 2da edición, revisada, por Anthony E. Hartle. Lawrence: University Press of Kansas, 2004.

Un profesor de West Point con experiencia en operaciones militares, Hartle trata sobre los varios sistemas éticos que afectan el adiestramiento y el empleo en las organizaciones militares y presta atención a los asuntos de nivel micro y macro.

The Moral Warrior: Ethics and Service in the U.S. Military (El Guerrero Moral: Ética y Servicio en los Militares Estadounidenses) por Martin L. Cook. Albany: State University of New York Press, 2004.

El autor de este libro es un profesor de la Academia de la Fuerza Aérea que se inclina hacia el lado relativista de las cosas.

El Decimotercero (en la Docena de un Panadero)

The Challenge of Command: Reading for Military Excellence (El Desafío del Comando: Lectura para la Excelencia Militar) por Roger H. Nye. Wayne, NJ: Avery Publishing Group, 1986.

Escrito por un soldado y estudioso del combate para los soldados combatientes, este tomo inspiró mi serie completa de artículos de Material de Lectura. Nye ofrece conceptos sólidos en ética y escribe en un lenguaje que el oficial en servicio con seguridad encontrará atractivo.

Notas:

1. General Sir John Winthrop Hackett, "Los Militares al Servicio del Estado", en The Harmon Memorial Lectures in Military History (Los Discursos Conmemorativos de Harmon en la Historia Militar), 1959–1987, ed. Harry R. Borowski (Washington, DC: Oficina de Historia de la Fuerza Aérea, 1988), 523; y James H. Toner, Morals under the Gun: The Cardinal Virtues, Military Ethics, and American Society (La Moralidad bajo el Cañón: Las Virtudes Cardinales, la Ética Militar y la Sociedad Estadounidense) (Lexington: University Press of Kentucky, 2000), 20, citando la misma fuente original.

2. Sam C. Sarkesian, Beyond the Battlefield: The New Military Professionalism (Más Allá del Campo de Batalla: El Nuevo Profesionalismo Militar) (New York: Pergamon Press, 1981), 203; y Malham W. Wakin, "The Ethics of Leadership (La Ética del Liderazgo)", American Behavioral Scientist 19 (junio de 1976): 571, entre otros.

3. La equitación, un curso practicado en la Escuela Táctica del Cuerpo Aéreo en la década de 1920, se enseñó en West Point hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Cuando ingresé a la Academia Naval en 1949, tomé clases de baile como parte de mi adiestramiento de caballero. Tales esfuerzos ya no son obligatorios para ajustarse a la definición.

4. Para una buena discusión de los dilemas involucrados, véase "Conflicting Loyalties and the American Military Ethic (Lealtades en Conflicto y la Ética Militar Estadounidense)" del Dr. Philip M. Flammer, American Behavioral Scientist 19 (junio de 1976): 589–604; o "Ethics of Leadership (Ética del Liderazgo)" de Malham Wakin, 576, en la misma edición de esta publicación.

5. Sarkesian, Beyond the Battlefield (Más Allá del Campo de Batalla), 11, atribuye esa construcción a Morris Janowitz y la explora un poquito. Véase también Moral Issues in Military Decision Making (Asuntos Morales en la Toma de Decisiones Militares), de Anthony E. Hartle, 2da edición, revisada (Lawrence: University Press of Kansas, 2004), 6.

6. United States Air Force Core Values (Valores Básicos de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos) (Washington, DC: Departamento de la Fuerza Aérea, 1 de enero de 1997), http://www.usafa.af.mil/core-value/cv-mastr.html.

7. Sarkesian, Beyond the Battlefield (Más Allá del Campo de Batalla), 207; y Hartle, Moral Issues (Asuntos Morales), 28.

8. Ricks, que ganó un premio Pulitzer, es ahora periodista del Washington Post.

9. Thomas E. Ricks, Making the Corps (La Formación del Cuerpo) (New York: Scribner, 1997), 286. Véase "Out of Control (Fuera de Control)", Richard Kohn, National Interest 35 (Primavera de 1994): 3-17, que contiene su razonamiento original. Un ex historiador de la Fuerza Aérea y ahora profesor de la Universidad de Carolina del Norte–Chapel Hill, visitó la Escuela de Estudios Avanzados del Poderío Aéreo muy poco después de la publicación del artículo para dictar un seminario en el que participaron 25 estudiantes de grado superior, muchos de ellos graduados de la Academia de la Fuerza Aérea. Resultó siendo uno de los debates de seminario más animados de ese año, y muy poco después dio su mensaje como orador principal en la reunión anual de la Sociedad de Historia Militar. James Schlesinger, el ex secretario de defensa, que introdujo al orador, no estuvo de acuerdo con que los militares amenazaban la supremacía civil.

10. Sus notas en la clase no fueron tan altas como las del Presidente Carter, pero estuvo en el cuartil superior. Asociación de Ex Alumnos de la Academia Naval de los Estados Unidos, Registro de Ex Alumnos, Graduados, y Ex Cadetes y Alfereces Navales (Annapolis: Association Publishers, 1991), 281–82.

11. John P. Lovell, "Profesionalismo en las Academias del Servicio", American Behavioral Scientist 19 (junio de 1976): 613.

12. En la década de 1970, Charles Moskos, un sociólogo de Northwestern University, desarrolló un modelo a partir de sus encuestas a personal del Ejército que dividió la fuerza en "ocupacionalistas" e "institucionalistas", los primeros impulsados por los valores del mercado (salarios y condiciones de trabajo) y los últimos por factores institucionales tales como el deber, el honor y la patria. La idea tuvo alguna aceptación, incluso para la Fuerza Aérea, pero considero que es una sobresimplificación—en cierto grado un falso dilema. A mi parecer (y así parece ser) no hay razón para que los guerreros estudiosos de los institucionalistas no deseen también dejar a sus familias bien arregladas en caso de que ellos mueran por su patria. Aquí existe algo de similitud entre lo ocupacionalista y lo relativista por un lado, y lo institucionalista y absolutista por el otro. Véase The American Enlisted Man: The Rank and File in Today’s Military (El Alistado Estadounidense: El Soldado Raso de los Militares de Hoy), de Charles C. Moskos Jr., (New York: Russell Sage Foundation, 1970).

13. También presenta este punto en "Ethics of Leadership (Ética del Liderazgo)", 575.

14. Hartle, Moral Issues (Asuntos Morales), 51.

15. La excepción que me viene a la mente ocurrió durante mi primer año en Annapolis en 1949. Un oficial vino a mi habitación y me preguntó qué iba a hacer cuando me graduara. Le dije que me convertiría en piloto de portaaviones. Se puso a darme un sermón (justo cuando la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas detonaba su primera bomba nuclear) sobre esta tonta noción mía, ¡porque los verdaderos líderes harían todo lo posible para servir en los acorazados modernos!

16. Realicé mi servicio de alistado en una unidad de mantenimiento de aviones; como suboficial trabajé en transporte aéreo táctico, transporte aéreo estratégico, operaciones de helicópteros artillados, reabastecimiento de combustible en el aire para el Comando Aéreo Estratégico, y en el cuerpo académico. La evidencia en la literatura indica que tal vez haya sido diferente en otras partes. Para citar un par de ejemplos, se dice que el General Wilbur Creech hizo grandes esfuerzos deliberados para aconsejar a futuros comandantes, y es bastante claro que el General Jerome O’Malley recibió una buena ración de consejo o auspicio mientras ascendía hasta que llegó su trágico final en un accidente aéreo.

17. Samuel P. Huntington, The Soldier and the State: The Theory and Politics of Civil-Military Relations (El Soldado y el Estado: La Teoría y Política de las Relaciones Civil-Militar) (Cambridge, MA: Belknap Press of Harvard University Press, 1957), 8-10.

18. Podemos señalar como ejemplo el incidente que involucró el búnker Al Firdos durante la Guerra del Golfo Pérsico, pero pocos han culpado a los comandantes iraquíes por haber puesto a sus propios civiles dentro de un bunker militar fortificado. En su libro The Air Campaign: Planning for Combat (La Campaña Aérea: Planificación para el Combate) y en otras obras, Warden afirma que los elementos de todos los adversarios pueden representarse en cinco anillos concéntricos: liderazgo, industria, infraestructura, población y fuerzas desplegadas. En general, afirma que uno puede lograr los resultados más decisivos contra el liderazgo y, a menudo, de los primeros en ataques contra el anillo más externo—las fuerzas desplegadas.

19. Cierto, la ejecución de la doctrina de la OTAN en relación al primer uso de las armas nucleares habría causado la muerte de millones de civiles. Por lo que la idea de poner como blanco deliberadamente gran número de vidas civiles persistió mucho después de la Segunda Guerra Mundial—pero para propósitos de disuasión, no de coacción. De manera similar, tal vez se habría desanimado a Saddam Hussein de usar las armas químicas disponibles durante la Guerra del Golfo amenazándolo con que la coalición utilizaría armas de destrucción masiva en respuesta—nuevamente, una medida para disuadir no para obligar.

20. Más ejemplos: en el capítulo 2, la séptima nota de pie de página debió hacer referencia a algo que escribió el Almirante Stcokdale pero cita una carta escrita por San Agustín; el libro no incluye bibliografía; y el índice de dos páginas es poco menos que inútil.

21. No pretendo que esta lista sea de gran autoridad. La literatura sobre ética y profesionalismo militar es tan antigua y vasta que ninguno de nosotros vivirá lo suficiente para más que simplemente arañar la superficie. Ofrezco esto como un muestrario inicial de libros generales disponibles que podrían ayudarle con su programa de lectura.


 Colaborador

El Dr.David R. Mets

El Dr. David R. Mets (Licenciatura USNA; Maestría, Columbia University; PhD, University of Denver) es profesor emérito en la Escuela de Estudios Aéreos y Espaciales Avanzados de la Universidad del Aire y analista de defensa militar en el Colegio de Doctrina Aerospacial, Investigación y Educación. Estudió historia naval en la Academia de la Armada de EE.UU. y enseñó historia de poderío aéreo en la Academia de la Fuerza Aérea y en West Point. Durante su carrera de 30 años en la Armada y en la Fuerza Aérea, se desempeñó en calidad de piloto de aviones cisterna, navegante instructor en transporte aéreo estratégico y comandante de una escuadrilla de AC-130 en el Sudeste de Asia. Ahí, en una de sus comisiones fue comandante de aeronave para más de 900 incursiones de transporte aéreo táctico. El Dr. Mets es el autor de Master of Airpower: General Carl A. Spaatz (Presidio, 1988) y de otros cuatro libros.

 Declaración de responsabilidad: Las ideas y opiniones expresadas en este artículo reflejan la opinión exclusiva del autor elaboradas y basadas en el ambiente académico de libertad de expresión de la Universidad del Aire. Por ningún motivo reflejan la posición oficial del Gobierno de los Estados Unidos de América o sus dependencias, el Departamento de Defensa, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos o la Universidad del Aire. El contenido de este artículo ha sido revisado en cuanto a su seguridad y directriz y ha sido aprobado para la difusión pública según lo estipulado en la directiva AFI 35-101 de la Fuerza Aérea.



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