Documento creado: 3 de mayo del 07
Air & Space Power Journal - Español  Segundo  Trimestre 2007


Simón BolívarSimón Bolívar y Estados Unidos

Un Estudio en Ambivalencia

Dr. David Bushnell

Nota del editor: Este artículo del Dr. Bushnell fue inicialmente publicado en la edición del Verano 1986 de nuestra edición en Inglés, y que publicamos ahora en esta edición por aún considerarlo como un tema de interés y actualidad regional.

EL LIBERTADOR Simón Bolívar, a quien se ha reivindicado como el precursor de casi todos los movimientos políticos, desde el social-revolucionario hasta el tradicionalista inmovilista, también ha sido pregonado como el verdadero fundador del Panamericanismo y como el primer profeta previsor que advirtió a los latinoamericanos a combatir el imperialismo estadounidense. En realidad, así como su pensamiento político contenía elementos con los que los actuales ideólogos de derecha e izquierda pueden simpatizar, su enfoque hacia las relaciones interamericanas ejemplifica la ambivalencia que ha caracterizado las actitudes latinoamericanas hacia Estados Unidos desde la época de la independencia hasta la actualidad. Y como a menudo se citan sus palabras (con frecuencia fuera de contexto) en discusiones sobre las relaciones entre Estados Unidos y América Latina, queda mucho por decir sobre lo que realmente pensaba y hacía en relación al vecino norteño de América Latina.

Las palabras de Bolívar impactan a los latinoamericanos de hoy porque no hubo, después de todo, otro personaje cuyas contribuciones a la independencia de la región haya abarcado el período completo de la lucha, un área tan grande de territorio, y que fuera tan importante tanto en la formación política de las naciones como en el campo de batalla.

Cuando menos seis naciones latinoamericanas lo reivindican directamente como uno de sus fundadores: Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador (que inicialmente se unieron en una sola república, denominada retroactivamente la "Gran Colombia", bajo su presidencia), Perú y Bolivia. Más aún, la decisiva batalla de Ayacucho, ganada en diciembre de 1824 en las montañas del sur del Perú por el lugarteniente favorito de Bolívar, Antonio José de Sucre, fue celebrada en las riveras del Río de la Plata como la culminación de la independencia de Argentina; y, de una forma u otra, se buscó el liderazgo político de Bolívar en todas las ex colonias españolas de América.

Precisamente debido a que durante su activa carrera cubrió todas las fases de la lucha por la independencia en tan amplio teatro, Bolívar trató con problemas de toda clase. Y en ocasiones trató con el mismo problema varias veces, pero en circunstancias cambiantes. De allí que los discursos y decretos, la correspondencia pública y privada, y otros escritos de Bolívar se parezcan más a la Biblia o a los trabajos de Shakespeare: un investigador acucioso puede encontrar algo de ellos en casi cualquier tema imaginable, y a menudo puede encontrar a Bolívar en algún momento apoyando todos los lados de todos los argumentos. Ciertamente, las aparentes contradicciones podrían deberse a la aplicación del mismo principio fundamental en dos situaciones bastante diferentes. Bolívar aprendió por experiencia y ejerció, en ocasiones, el derecho de toda persona inteligente a cambiar de opinión. Por consiguiente difícilmente causa extrañeza que hoy se citen sus palabras con aprobación—aunque, selectivamente—tanto en Caracas y La Habana, como en Washington y Moscú.

En lo que concierne específicamente a Estados Unidos, las opiniones de Bolívar pueden apoyarse al menos parcialmente en la observación directa: Bolívar fue uno de los pocos latinoamericanos de su época que visitó Estados Unidos. Hizo una escala de cuatro o cinco meses en el tramo de vuelta de uno de sus dos viajes a Europa.1 Nunca hizo ninguna referencia detallada de esta visita en sus escritos, y la influencia que haya tenido esta escala en sus actitudes posteriores seguirá siendo un tema de especulación. Sin embargo, hay razones para suponer que sus impresiones fueron en general positivas. Como mencionó años después a un diplomático estadounidense, fue en esa corta visita que observó por primera vez una condición de "libertad racional".2

Bolívar nunca más volvió a poner pie en Estados Unidos, pero como líder del movimiento de independencia en Hispanoamérica, inevitablemente conoció y trató con muchos ciudadanos y representantes del gobierno de los Estados Unidos. Incluso se ha insinuado, en base a evidencia discutible, que una de sus amantes, podría haber sido Jeannette Hart de Connecticut, a quien conoció en el Perú en 1824.3 En general, tuvo una buena impresión de los norteamericanos que conoció. El oficial naval Hiram Paulding, que visitó el campamento de Bolívar en las montañas peruanas durante su campaña de 1824, lo describió posteriormente sin reserva como "el hombre más extraordinario de la época".4 Además, tal elogio coincidía con el tratamiento que recibía rutinariamente en la prensa norteamericana que lo consideraba como el "Washington de América del Sur", particularmente durante el apogeo de su carrera político-militar. Esta carrera se define aproximadamente como el período desde la batalla de Boyacá en 1819, que aseguró la independencia de Colombia, hasta la fundación de Bolivia en 1825, la nación que incluso eligió su nombre en su honor. Era por tanto apropiado que los descendientes de George Washington—el "Bolívar de América del Norte", para hacer la analogía—participaran del entusiasmo general y le entregaran a Bolívar un medallón y otros recuerdos de Mount Vernon en un gesto que afectó más profundamente al Libertador, según él, de lo que las palabras podrían expresar.5

La buena opinión que tenían los norteamericanos de Bolívar nunca llegó a su fin, pero durante los últimos años de su vida a menudo esta opinión fue opacada por una corriente de crítica que cuestionaba la sinceridad de su compromiso con los principios republicanos. En gran medida, esta reacción fue el eco de la crítica creciente a las iniciativa políticas de Bolívar en la misma América Latina. Allí, como la panacea para el malestar social y político de las nuevas naciones, Bolívar en 1825 había revelado el concepto de un presidente vitalicio con derecho a elegir a su sucesor, concepto que pronto sería tildado de propuesta disfrazada de monarquía. Un presidente vitalicio era la piedra angular de la constitución que personalmente redactó para Bolivia y que tenía la esperanza de que eventualmente sería un modelo para otros países incluyendo la Gran Colombia; pero no captó la simpatía de la mayoría de publicistas liberales.6 Ni tampoco fue recibida favorablemente por la opinión en los Estados Unidos, una nación que se consideraba el baluarte del republicanismo en un mundo aún dominado por monarquías y que era particularmente sensible a los avances monárquicos reales o imaginarios en este hemisferio. La preocupación de Estados Unidos fue magnificada por una tendencia a atribuir tales proyectos en América Latina a la influencia de Gran Bretaña, por entonces el principal rival político y económico de Estados Unidos.

Por razones de principio político e interés nacional, los representantes estadounidenses en América Latina aumentaron su cautela con el Libertador. El cónsul en Lima, William Tudor, cambió abruptamente de ser admirador de Bolívar a casi un detractor patológico, tildándolo en sus despachos de usurpador y "loco" hipócrita.7 Chargé Beaufort T. Watts en Bogotá aún se rehusaba a creer que Bolívar había traicionado al republicanismo e incluso escribió una apasionada carta en marzo de 1827, implorándole que vuelva a la capital colombiana desde Caracas, donde se estaba quedando, y asuma nuevamente la presidencia para "salvar" el país—una incursión muy poco diplomática en los asuntos internos, y que los oponentes de Bolívar condenaron duramente.8 Pero el siguiente representante de los intereses de Estados Unidos en Bogotá, el futuro Presidente William Henry Harrison, se entrometió aún más notoriamente como ministro estadounidense y en la dirección política opuesta. Harrison evitó la vergüenza de ser declarado persona no grata por su simpatía y asociación abierta con los enemigos de Bolívar gracias a su reemplazo de rutina en favor de un nuevo nombramiento político después de un cambio de administración en Washington.9 Y fue durante la permanencia de Harrison como ministro, que Bolívar acuñó las palabras que se han convertido en la cita bolivariana favorita de los izquierdistas latinoamericanos contemporáneos: "Estados Unidos . . . parece destinado por la Providencia a plagar América con tormentos en el nombre de la libertad".10

Quienes dan más importancia a tal cita muy raramente mencionan, si lo saben, el contexto en que se dijo. Más bien, comúnmente insinúan que Bolívar estaba advirtiendo previsoramente contra la maquinación posterior de la Agencia Central de Inteligencia en Chile o de la lucha no tan encubierta de la administración Reagan contra Nicaragua revolucionaria. En realidad, la declaración de Bolívar está contenida en una carta al encargado británico en Bogotá—el contraparte y rival diplomático de Harrison—cuyo apoyo Bolívar buscaba ardientemente en el momento, y el "tormento" principal referido era simplemente el republicanismo convencional que los agentes estadounidenses fomentaban a través de América Latina en oposición a la influencia diplomática e ideológica de Gran Bretaña y a los esquemas pro-monárquicos asociados con Bolívar y sus seguidores (Los métodos de estos agentes a menudo suponían entrometerse abierta y descaradamente en los asuntos latinoamericanos, pero sus objetivos inmediatos eran esencialmente inocuos.)

Otra parte del contexto de las palabras de Bolívar es, por supuesto, su actitud fundamental hacia Estados Unidos, donde coexistían elementos de admiración y desconfianza. Bajo el encabezado de admiración, en sus escritos encontramos dispersas muchas referencias encomiosas a Estados Unidos, su pueblo y sus instituciones, que reciben poco énfasis en las antologías publicadas en La Habana y, que en otros lugares reciben a veces énfasis indebido. Como declaró en el Discurso de Angostura en febrero de 1819, uno de los documentos claves del pensamiento político de Bolívar, "el pueblo norteamericano es un modelo singular de virtud política y rectitud moral; . . . esa nación nació en libertad, se crió en libertad y se mantuvo sólo por la libertad".11 O también, en un ensayo sobre educación pública, donde habló de "la República de Estados Unidos, esa tierra de libertad y hogar de la virtud cívica".12 Podemos preguntarnos cómo podría un ejemplar de virtud cívica tener la intención de plagar América con tormentos; sin embargo en ambos casos Bolívar dijo exactamente lo que quería decir.

Aunque a primera vista pareciera paradójico, la misma admiración de Bolívar por las virtudes del pueblo estadounidense lo puso en guardia contra ellos. Por una parte pensaba que ellos evocaban una fascinación excesiva y peligrosa en sus conciudadanos latinoamericanos, por lo que nunca dejo de unir su elogio de los Estados Unidos con una seria advertencia contra los intentos de copiar sus instituciones. El pueblo de América Latina, como dijo él con cierta exageración en el mismo Discurso de Angostura, estaba destinado "al triple yugo de la ignorancia, tiranía y vicio",13 por lo que no era posible esperar vivir bajo las mismas leyes. En efecto, sospechaba en cierto modo que las instituciones políticas de los Estados Unidos eran demasiado perfectas para durar indefinidamente incluso allí,14 lo que era simplemente una razón más por la que las naciones latinoamericanas ni siquiera deberían intentar emularlas. Tal como observó en otra ocasión, "Pienso que sería mejor para América del Sur adoptar la forma de gobierno del Corán antes que la de los Estados Unidos, aunque la última es la mejor en la tierra".15

Pero el peligro de la imitación imprudente era sólo parte del problema. Además, Estados Unidos tenía demasiado éxito como para que sus vecinos estén cómodos. En una carta al Vicepresidente de la Gran Colombia, Francisco de Paula Santander, advertía que "una nación muy rica y poderosa, sumamente dispuesta a la guerra y capaz de cualquier cosa, está a la cabeza de este continente".16 Y en gran medida, era "capaz de cualquier cosa" precisamente debido a esas virtudes e instituciones admiradas. Además, Bolívar había experimentado lo que consideraba como la belicosidad norteamericana en un encuentro anterior con el agente especial Baptist Irvine. Éste había sido enviado a Angostura (ahora Ciudad Bolívar) sobre el Río Orinoco inferior, en 1818, para demandar una compensación por la captura de dos naves estadounidenses por parte de las fuerzas navales venezolanas. Después de ser recibido cordialmente por Bolívar, Irvine presionó su caso en términos tan vigorosos que Bolívar los consideró puramente ofensivos. Mientras refutaba las protestas de Irvine, Bolívar añadió su propia protesta contra la política oficial de neutralidad aplicada por Washington hacía la lucha de América Latina por la independencia.17 Esta política era esencialmente la misma que seguía Gran Bretaña, pero viniendo de una república del Nuevo Mundo provocaba más resentimiento. Dispersos entre la correspondencia de Bolívar se pueden encontrar comentarios algo amargos. Al igual que la presión demasiado entusiasta de Irvine en reclamos financieros, indudablemente influyó en la opinión de Bolívar (nuevamente expresada más de una vez) el hecho de que Estados Unidos siguiera una política de "conducta aritmética de negociación (business-like)" en asuntos extranjeros.18 Tal vez una expresión más enérgica de Bolívar de ese sentimiento en particular fue un arrebato contra "el presidente de los regatones (hucksters) estadounidenses; detesto a ese grupo a tal extremo que no desearía que se diga que un colombiano hizo alguna cosa de la misma manera que ellos".19

Si algún "presidente regatón" fue aludido en las palabras de Bolívar, probablemente sea James Monroe,20 cuya famosa Doctrina Monroe impresionó poco al Libertador, a juzgar por la falta de referencias directas en sus escritos. Bolívar reconocía que América Latina podría contar con la ayuda de Estados Unidos en caso de cualquier amenaza a la independencia proveniente de las potencias europeas,21 pero no estaba menos convencido, y con razón, que en ese momento, la actitud de Gran Bretaña pesaba más, y por consiguiente siempre estaba ansioso por ganarse su simpatía para su causa. Tampoco creía Bolívar que una alianza formal con Estados Unidos representaría una ventaja para América Latina. Por el contrario, cuando trazó planes para la primera conferencia internacional de Repúblicas Americanas—que se reunió en Panamá en 1826 bajo su auspicio político—ni siquiera deseaba que Estados Unidos estuviera representado.

A menudo se dice que Bolívar propuso organizar un sistema de Estados Americanos sin
Estados Unidos porque su objetivo era crear una alianza defensiva latinoamericana contra Estados Unidos. Sin embargo, si tal era su propósito, no era lo que declaraba abiertamente, mientras que ofrecía dos razones bastante específicas para que no se invitara a Estados Unidos al Congreso de Panamá. Una era su deseo de no arriesgarse a ofender a los británicos. La otra era su idea de que Estados Unidos era simplemente "heterogéneo" con respecto a sus vecinos del sur, lo que era otra forma de declarar su creencia en la existencia de diferencias importantes de cultura y tradiciones históricas entre las dos Américas.22 Así como las virtudes e instituciones distintivas de Estados Unidos representaban un modelo inapropiado para imitar y le daban una superioridad incómoda en fortaleza militar y de otro tipo, ellas también se interponían a la colaboración estrecha y acción conjunta con otros estados americanos. Sin embargo, Bolívar propuso también excluir a Haití sobre la misma base de heterogeneidad que los Estados Unidos—y ciertamente sin mencionar un objetivo no declarado de frenar el expansionismo haitiano. Tampoco propuso invitar a Brasil, cuya diferencia crítica era la adopción inicial de una forma de gobierno abiertamente monárquico que tenía vínculos de dinastía con las monarquías europeas de la denominada Santa Alianza, cuya hostilidad hacia las nuevas repúblicas latinoamericanas era un motivo de preocupación.23 En suma, Bolívar deseaba una alianza de las ex colonias hispanoamericanas, que por sí solas tenían suficiente en común, pensaba él, como para que la alianza tuviera sentido.

Contra los deseos de Bolívar, Estados Unidos y Brasil fueron invitados a Panamá, bajo la responsabilidad del Vicepresidente Santander y el ministro de relaciones exteriores colombiano. Bolívar manifestó estar satisfecho cuando escuchó que Estados Unidos iba a asistir,24 pero con toda seguridad estaba poniendo buena cara a un mal resultado. Al final, no hubo diferencia, ya que uno de los dos representantes estadounidenses murió en el camino, mientras que el otro llegó a Panamá cuando la reunión había terminado. Brasil no actuó en respuesta a la invitación recibida, y las naciones hispanoamericanas, una mayoría de las cuales enviaron delegados a Panamá, no pudieron lograr nada de efecto duradero en la reunión. La importancia del Congreso de Panamá es más bien un símbolo y un precedente, aunque algo ambiguo, para la cooperación interamericana posterior.

Mientras que Bolívar por un lado no deseaba invitar a Estados Unidos, por otro lado sí deseaba que Gran Bretaña enviara un representante de alguna clase a la reunión de Panamá, y en efecto asistió un observador británico.25 Nuevamente el deseo de Bolívar resalta su interés en asegurar la simpatía británica para las repúblicas latinoamericanas, no simplemente como una defensa contra la vaga amenaza de la Santa Alianza sino por razones adicionales. Indudablemente, vio la ventaja potencial de usar a Gran Bretaña en caso de necesidad como contrapeso a esa "nación muy rica y poderosa", Estados Unidos. Su interés en una relación especial con Gran Bretaña fue reforzado por la tendencia de desestabilización que observó dentro de la misma Gran Colombia, al volverse los liberales contra Bolívar por temor a que estaba determinado a endosar una presidencia vitalicia tipo boliviana en sus países, y así los movimientos separatistas ganaron fuerzas en las partes lejanas de la nación. Y cuando instruyó a sus ministros en abril de 1829 a explorar la posibilidad de obtener alguna clase de protectorado británico para la Gran Colombia, éstos asumieron que él también tenía en mente un retorno a la monarquía, ya que suponían además que Gran Bretaña nunca consentiría tal protectorado a menos que la Gran Colombia alineara primero sus instituciones con el modelo europeo aceptado.26 Los esfuerzos posteriores de sus ministros tanteando con negociadores domésticos de poder y gobiernos extranjeros sobre la opción monárquica fueron un secreto muy mal guardado y azuzaron las sospechas sobre las intenciones de Bolívar entre los liberales colombianos y el ministro Harrison. Fue, en todo caso, contra un trasfondo del esquema de protectorado y las intrigas monárquicas relacionadas que Bolívar declaró que Estados Unidos parecía destinado a "plagar América con tormentos".

Aun cuando se tome en cuenta correctamente el contexto de ese comentario, esto constituye una razón bastante concluyente de por qué Bolívar no puede ser reivindicado precisamente como un precursor del Panamericanismo contemporáneo. Más bien, fue un precursor del Americanismo Pan-Latino, y, si viviera hoy, sería presumiblemente un buen partidario de todos los proyectos de mercado común y de las iniciativas de Contadora, posiblemente incluso de los frentes comunes contra el Fondo Monetario Internacional. Sin embargo, esta posición por sí misma no lo convertiría en un enemigo sistemático de Estados Unidos. Durante su propia vida, fue bastante realista como para combinar la admiración cálida de las características positivas que vio en la cultura y las instituciones estadounidenses con el reconocimiento, en asuntos específicos, de que los intereses de Estados Unidos y América Latina no serían invariablemente los mismos, y que un pueblo de virtud cívica no tendría una política exterior basada puramente en virtud. Es difícil argumentar con estas proposiciones. Al mismo tiempo, y a pesar de su irritación con la política estadounidense de neutralidad formal en relación a la lucha entre España y sus colonias, Bolívar entendía perfectamente que los intereses de las dos Américas sí coincidían en el principal objetivo de su propia carrera—la independencia latinoamericana.

Universidad de Florida
Verano 1986

Notas

1. " Cronología de Bolívar," en Sociedad Bolivariana de Venezuela, Escritos del Libertador (Caracas, 1964), vol. I, pág. 456.

2. William R. Manning, editor, Diplomatic Correspondence of the United States Concerning the Independence of the Latin American Nations (Correspondencia Diplomática de los Estados Unidos Respecto a la Independencia de las Naciones Latinoamericanas) (New York, 1925), vol. II, pág. 1322.

3. Antonio Maya, Jeannette Hart, la novia norteamericana de Simón Bolívar (Caracas, 1974).

4. Rebecca Paulding Meade, Life of Hiram Paulding Rear-Admiral, U.S.N. (Vida del Vicealmirante Hiram Paulding, Marina de los Estados Unidos) (New York, 1910), pág. 68.

5. Simón Bolívar, Obras Selectas de Bolívar, compiladas por Vicente Lecuna y editadas por Harold A. Bierck, Jr. (New York, 1951), vol. II, pág. 579.

6. Para ver el texto de la Constitución Boliviana, consulte David Bushnell, editor, The Liberator Simon Bolívar: Man and Image (El Libertador Simón Bolívar: Hombre e Imagen) (New York, 1970), páginas 47-61. En opinión del Vicepresidente Santander, cuyas ideas eran bastante representativas de la opinión liberal, este proyecto fue "la manzana de la discordia" que condujo a divisiones políticas irreparables en la Gran Colombia, Ibíd., pág. 151.

7. Manning, Correspondencia, vol. III, páginas 1773-1823 y 1844-46.

8. E. Taylor Parks, Colombia y Estados Unidos 1765-1934 (Durham, North Carolina, 1935), páginas 151-52.

9. Ibíd., páginas 153-58.

10. Bolívar, Obras Selectas, vol. II, pág. 732.

11. Ibíd., vol. I, pág. 179.

12. Ibíd., vol. II, pág. 555.

13. Ibíd., vol. I, pág. 176.

14. Ibíd., vol. I, pág. 179.

15. Ibíd., vol. II, pág. 738. Se han añadido cursivas.

16. Ibíd., vol. I, pág. 307.

17  Benjamin A. Frankel, Venezuela y los Estados Unidos 1820-1888 (Caracas, 1977), páginas 31-32; Sociedad Bolivariana de Venezuela, Escritos del Libertador, XIV, páginas 125-27, 151-58, 207-10, 228-36 y 363-65.

18. Bolívar, Obras Selectas, vol. I, pág. 224. En el original en español se hace referencia a la "conducta aritmética de negociación." Simón Bolívar, Obras completas (Caracas y Madrid, n.d.), vol. I, pág. 429.

19  Ibíd., vol. II, pág. 541. En el original en español, "regatones" se refiere a la discusión por minucias en el mercado.

20. La cita proviene de una carta de octubre de 1825, cuando Monroe ya no era presidente; pero es parte de un comentario desfavorable sobre el estilo de  
       mensajes presidenciales, y es dudoso que Bolívar ya se hubiera formado una opinión de los mensajes del sucesor de Monroe, John Quincy Adams.

21. Bolívar, Obras Selectas, vol. II, pág. 482.

22. Ibíd., vol. II, páginas 489, 508, 543.

23. Ron L. Seckinger, "Política del Poderío Sudamericano Durante la Década de 1820", Hispanic American Historical Review, mayo de 1976, páginas 243-46.

24. Bolívar, Obras Selectas, vol. II, pág. 585.

25. Juan Diego Jaramillo, Bolívar y Canning (Bogotá, 1983), páginas 242-48 y 273-78.

26. José Manuel Restrepo, Historia de la Revolución de la República de Colombia (Bogotá, 1942-50), vol. VII, páginas 220-37 y 245-50.


 Colaborador

El Dr. David Bushnell (Ph.D., Harvard) se desempeñaba como Profesor de Historia en la Universidad de Florida, Gainesville, y Director Editorial de Hispanic American Historical Review cuando escribió el artículo sobre Simón Bolivar en 1986. Anteriormente había sservido como historiador y jefe de la División Histórica, Oficina de Investigación Aeroespacial, Fuerza Aérea de los Estados Unidos. El Dr. Bushnell es autor de varios libros, entre ellos The Santander Regime in Gran Colombia (El Régimen de Santander en la Gran Colombia) (1954) y Eduardo Santos and the Good Neighbor (Eduardo Santos y el Buen Vecino), 1938-1942 (1967).

Declaración de responsabilidad: Las ideas y opiniones expresadas en este artículo reflejan la opinión exclusiva del autor elaboradas y basadas en el ambiente académico de libertad de expresión de la Universidad del Aire. Por ningún motivo reflejan la posición oficial del Gobierno de los Estados Unidos de América o sus dependencias, el Departamento de Defensa, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos o la Universidad del Aire. El contenido de este artículo ha sido revisado en cuanto a su seguridad y directriz y ha sido aprobado para la difusión pública según lo estipulado en la directiva AFI 35-101 de la Fuerza Aérea.


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