Document created: 20 Feb. 07
Air & Space Power Journal - Español  Primer  Trimestre 2007


LAAHS

 Sociedad Histórica de la Aviación Latinoamerica
             "Preservando el Legado Histórico de la Aviación Latinoamericana"


Incidente en Bahía Luperón

La Historia del intento de Invasión a la República Dominicana en 1949

Mario E. Overall, LAAHS Guatemala

Juan José Alvarado

A MEDIADOS DE 1949, la mayoría de países Centroamericanos y Caribeños eran gobernados por férreas dictaduras, habiendo muy pocas excepciones. Guatemala, en contraste, vivía el quinto año de una frágil democracia luego de que una violenta revolución hubiese terminado con una larga sucesión de regímenes militares de corte dictatorial. El gobierno era encabezado por Juan José Arévalo, un maestro que pregonaba el Socialismo Espiritual y las cuatro libertades, lo que rápidamente le había valido una serie de intentonas de derrocamiento por parte de sectores conservadores del Ejército y la sociedad.

Pero, por sí fuera poco, el innovador presidente Arévalo también estaba empeñado en exportar la democracia hacia otros países en el istmo, y para el efecto, apoyaba moral y económicamente a un grupo de exilados dominicanos y nicaragüenses con quienes compartía los mismos ideales de libertad. Dicho grupo, conocido extraoficialmente como La Legión del Caribe, ya había participado militarmente en el derrocamiento de Teodoro Picado en Costa Rica el año anterior, apoyando a José Figueres quien, luego de haber logrado su cometido de tomar el poder, les pidió "gentilmente" que abandonaran el país, junto con sus armas y pertrechos, advirtiéndoles muy sutilmente que no contaran con su apoyo para futuras aventuras militares en la región.

Juan José Alvarado

 

Como era de esperarse, el presidente Arévalo se vio forzado a salir al rescate, enviando varios aviones de la Fuerza Aérea Guatemalteca a recoger a los legionarios, para luego llevarlos, a ellos y a sus equipos, hacia la Base Militar de Puerto de San José, en la costa del Pacífico de Guatemala, en donde estarían basados hasta que acordaran cual sería su siguiente objetivo. En ese sentido, dos dictadores estaban "en la mira" de los legionarios: Anastasio Somoza en Nicaragua y el temible Rafael Trujillo en República Dominicana.

Luego de llegar a Guatemala, los legionarios se dedicaron a entrenar en las instalaciones de la Base Militar de Puerto de San José, siendo custodiados por tropas guatemaltecas. Fue en ese ínterin que los líderes de la legión decidieron terminar con el "reinado" de Trujillo en República Dominicana. La idea fue planteada al presidente Arévalo, quien sin dudarlo un momento, accedió a apoyar la operación, esta vez, poniendo a su disposición un lote de viejos rifles Mauser que estaban almacenados en distintos puntos de la capital guatemalteca y en el chalet militar El Morlón, a orillas del lago de Amatitlán.

Los legionarios, por su parte, no tardaron en ponerse manos a la obra, y a mediados de Mayo de 1949, José Rodríguez—hijo del general Juan Rodríguez, líder máximo de la legión—y Alberto Bayo, fueron enviados a México y Estados Unidos para adquirir aviones de transporte. Así mismo, se habían incorporado a la operación, varios mercenarios veteranos de la Guerra Civil Española, y dos franceses quienes habían trabajado para la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial.

En México, los dos legionarios contactaron a Alfredo Del Valle de la empresa Rutas Aéreas Mexicanas S.A. y en Estados Unidos a Marion Findley, quienes les proveyeron de siete aviones de transporte, siendo estos: un Curtiss C-46 Commando (matrícula mexicana XB-HUV), dos Douglas C-47 (uno de ellos registrado también en México como XA-HOS), dos hidroaviones PBY-5A Catalina (uno de ellos con matricula norteamericana N1096M), un bimotor Lockheed Hudson y un bombardero Avro Anson V. Así mismo, los legionarios habían contratado pilotos y mecánicos para los aviones, sin embargo, al no conseguir el número de pilotos adecuado, el Hudson y el Anson tuvieron que ser abandonados en el Distrito Federal.

C-47 FAG T-1

C-47 FAG T-2

C-47 "FAG T-1"

C-47 "FAG T-2"

Previo al traslado de los aviones a Guatemala, las autoridades mexicanas entraron en sospechas, ya que Del Valle tenia fama de ser contrabandista y los legionarios simplemente no parecían tener el dinero suficiente para comprar tantos aviones. Por lo mismo, agentes de aduanas fueron alertados en todos los aeropuertos del Sur del país, y de hecho, tripulaciones y aviones fueron sometidos a una minuciosa inspección antes de despegar del aeropuerto en el Distrito Federal con rumbo a Oaxaca el 18 de Mayo. Esta situación preocupó a los dos legionarios, quienes decidieron que los cinco aviones volaran directo a la base aérea de Puerto San José en Guatemala sin hacer más escalas en México.

Luego del arribo de los aviones, uno de los Catalina fue rápidamente llevado a la Base Aérea La Aurora, en ciudad de Guatemala, en donde se le pintaron insignias y marcas de la Fuerza Aérea Guatemalteca, para luego empezar a transportar las armas que el gobierno le proveería a la legión desde la ciudad, apoyado por otro hidroavión Grumman Goose más pequeño que recién había adquirido la Fuerza Aérea. (Finalmente el Catalina se quedaría en manos de la Fuerza Aérea Guatemalteca.)

Mientras esto sucedía, el general Rodríguez organizaba las otras fases de la operación, que incluían un despliegue por mar desde el puerto de Baracoa en Cuba, utilizando barcos guatemaltecos (Entre ellos el "Patricia" y el "Alicia", ambos propiedad del embajador guatemalteco en la isla) y un despliegue por tierra que saldría desde Haití, encabezado por el legionario Rolando Masferrer.

Con relación a la operación aerotransportada, Rodríguez había dispuesto que el C-46, llevando a los legionarios Rodríguez y Eufemio Hernández, aterrizara en la zona central de República Dominicana, específicamente en el poblado de La Vega, desde donde iniciarían una guerra de guerrillas. Por su parte Miguel Angel Ramírez y Jorge Rivas Montes —dos hombres claves de la Legión—utilizarían uno de los C-47 para aterrizar en la región de San Juan de la Maguana con 25 hombres, desde donde también iniciarían una guerra de guerrillas. Finalmente, Rodríguez había determinado que el Catalina aterrizara en Bahía Luperón, en la región de Puerto Plata, transportando doce hombres, más pertrechos y equipo de sabotaje. El hombre al mando de este grupo sería el legionario Horacio Ornes.

Un punto importante de la operación—el cual se convertiría en el motivo de su fracaso—era la necesidad de que los aviones legionarios que partirían de la Base de Puerto de San José debían reabastecerse de combustible en Cozumel, México, por lo que se hicieron algunos arreglos con civiles del área. Al principio se había pensado en que los aviones aterrizaran en Cuba, pero en el último momento, y debido a la creciente presión diplomática de Trujillo contra el gobierno cubano, éste denegó el permiso para que los aviones aterrizaran en la isla.

El lanzamiento de la invasión se había fijado para el día 18 de Junio, y se había acordado que tanto los elementos aerotransportados, anfibios y terrestres iniciaran su movilización en la madrugada de ese día, sin esperar aviso del general Rodríguez.

El Día "D"

Los legionarios que serían aerotransportados desde la base de puerto de San José empezaron a abordar los aviones cerca de las 4:00 AM. En igual forma Horacio Ornes preparó a su contingente para abordar los dos Catalina, que estaban en uno de los muelles de Puerto Barrios, en la costa atlántica de Guatemala, cargados de pertrechos. El plan a seguir era que los hidroaviones despegarían luego de que los aviones que venían de Puerto San José sobrevolaran dos veces los muelles.

A pesar de que el mexicano Del Valle había reportado que los aviones estaban en buenas condiciones, días antes, los pilotos de la FAG habían determinado que el C-46 no podría volar solo, ya que sus instrumentos de navegación estaban averiados y necesitaría de un avión "guía" para llegar hasta su destino. Sin embargo, minutos antes de la hora de abordaje, los legionarios comprobaron que los instrumentos averiados en el C-46 eran el menor de sus problemas, ya que sin mediar palabra, las tripulaciones del C-47 XB-HOS y del Catalina N1096M, despegaron con rumbo a México, negándose a ser parte de aquella "Barbarie". Solamente la tripulación del C-46 había permanecido leal a la causa, siendo necesario amenazar a los mexicanos que pilotearían el otro C-47 para que no desertaran.

Con menos de la mitad de sus aviones, el general Rodríguez se vio en la necesidad de acudir al presidente Arévalo por ayuda para salvar el predicamento. Arévalo, sin dudarlo un momento, ordenó al Coronel Francisco Cosenza Gálvez, comandante de la Fuerza Aérea Guatemalteca, que enviara dos de sus C-47 (FAG T-1 y FAG T-2) a la base militar de Puerto San José, para que, con todo y tripulaciones guatemaltecas, participaran en la operación.

Los aviones despegaron con más de seis horas de retrazo, es decir, al caer la tarde de aquel 18 de Junio. Pronto cruzaron el país sin mayores dificultades y sobrevolaron los muelles de Puerto Barrios, dándole la señal al Catalina de Ornes para que despegara y los siguiera. En pocos minutos, la improvisada escuadrilla enfilaba hacia Yucatán, para posteriormente dirigirse hacia la isla de Cozumel, en donde debían repostar combustible. Sin embargo, el Catalina no pudo seguirlos pues no había podido despegar por sobrepeso y, al final de cuentas, Ornes había decidido regresar al muelle para descargar parte del equipo de sabotaje para aligerar el avión.

Con las cosas así, el General Rodríguez le ordenó a Ornes que no despegara ese día ya que estaba por anochecer y habían encontrado mal tiempo en la ruta a Cozumel. La idea era que intentaran despegar temprano al día siguiente, y que continuaran directamente hasta República Dominicana para cumplir la misión que se les había asignado.

Mientras tanto, el C-46 perdía de vista al avión líder de la escuadrilla mientras se acercaban a Cozumel, y al no tener instrumentos de navegación a bordo, su piloto, el mexicano José María Del Castillo, tuvo que ingeniárselas para buscar un lugar donde poder aterrizar el avión que ya no tenía más combustible. De allí que realizara un espectacular "forzado" en las playas de El Cuyo, en la costa Norte de Yucatán.

Pero la mala suerte no se detendría allí: poco después de que los tres C-47s aterrizaran en Cozumel, las autoridades mexicanas cayeron sobre ellos, confiscando los aviones y deteniendo a todos los ocupantes–incluyendo a los pilotos militares guatemaltecos. Para empeorar las cosas, la presencia de los dos C-47 de la Fuerza Aérea Guatemalteca no pudo ser negada, muy a pesar de la vergüenza de Arévalo. Sin embargo, tanto aviones como tripulaciones, fueron liberados a 48 horas de su captura, luego de que apareciera una nota de solicitud de permiso de aterrizaje para los aviones militares guatemaltecos, fechada el 20 de Junio, y que supuestamente se había traspapelado durante el fin de semana. Ese torpe intento de justificar la presencia de los aviones Guatemaltecos en México, no hizo más que confirmar la implicación del gobierno de Arévalo en el intento de invasión a República Dominicana por parte de la Legión.

Incidente en Luperón

Si la aventura hubiese terminado con las capturas de Cozumel, el resultado probablemente hubiese sido un par de caras sonrojadas por parte de las autoridades guatemaltecas, y quizá algunas recriminaciones. Lamentablemente, el asunto tomó otro color justamente el 19 de Junio, ya que Ornes, sin saber nada del fracaso de la operación, despegó con sus hombres en el Catalina desde Puerto Barrios, y enfiló hacia República Dominicana, determinado a cumplir con las órdenes.

El hidroavión sobrevoló el Caribe, pasando por las Islas Swan, de allí a las costas del Norte de Haití, para luego aproximarse a la Bahía Luperón, en la costa Norte de República Dominicana. Poco antes de descender los legionarios sintonizaron un pequeño radio con la intención de escuchar la emisora "La Voz de Santo Domingo", y se sorprendieron de sobremanera al oír que la programación era la normal y no noticias sobre la gran invasión.

Pensando que era una de las tretas de Trujillo, quien aunque estuviera en serios problemas y a punto de ser derrocado ordenaría que las radios siguieran con sus programas normales, Ornes se apresuró a seguir con el plan. El legionario estaba bastante tranquilo, pues las órdenes para los otros grupos eran de permanecer en silencio y evitar cualquier contacto prematuro con el enemigo. Aún no sabía que los hombres a bordo de aquél viejo hidroavión constituían la única fuerza invasora.

Un Hidroavión PBY5A

       Un Hidroavión PBY5A
      Catalina semejante al usado
      en Bahía Luperón.

Cerca de las 7:00 de la noche, el viejo Catalina tocaba las tranquilas aguas de Bahía Luperón, y poco después, se dirigía al pequeño muelle del pueblo. Siendo Domingo en la noche, la población estaba reunida escuchando el concierto de una banda en el parque, cuando alguien llegó con la noticia de que un avión había aterrizado en la Bahía. La población entera se volcó hacia el pequeño muelle y, sin que los Legionarios lo pidieran, empezaron a ayudarles a atracar el avión y luego a descargar las armas y demás pertrechos, mientras gritaban vivas a Trujillo.

Cuando la descarga del Catalina estuvo completa, uno de los legionarios gritó: ¡Abajo Trujillo! ¡Esto es una invasión! Por lo que cundió el pánico entre la población, provocando que la gente saliera apresurada del lugar, atropellándose unos a otros en la huida. Sin perder tiempo, Ornes tomó un grupo de hombres y se dirigió hacia la plaza para tomar la estación de policía, en donde sólo había un agente; pero en el camino uno de los pobladores disparó su vieja escopeta sobre los legionarios, hiriendo a uno de ellos. Aquello fue el acabose, pues los legionarios asumieron posiciones defensivas luego del disparo. Para mala suerte de los músicos de la banda, que momentos antes deleitaba al público en el parque y que ahora se retiraba por una de las calles adyacentes, estos fueron confundidos con una patrulla del ejército, por lo que los legionarios dispararon sobre ellos a discreción.

Los disparos y explosiones alertaron al operador de la planta eléctrica, por lo que este cortó la energía, dejando el pueblo a obscuras. En la confusión provocada por la falta de luz, se empezaron a escuchar disparos, siendo éstos producidos por los mismos legionarios, quienes, confundidos, se disparaban mutuamente. Tulio Arvelo, quien se preparaba para avanzar con su grupo de hombres en el muelle, se dio cuenta que todo estaba saliendo mal cuando los heridos y muertos empezaron a ser traídos al avión. Poco después, un agitado Ornes regresaba al muelle, gritando que todos abordaran el Catalina ya que la invasión había fracasado.

 

Horacio Ornes Horacio Ornes

El plan de los legionarios era escapar cuanto antes hacia Cuba, pues las tropas de Trujillo—alertadas desde el telégrafo del pueblo—ya estaban en camino. Sin perder tiempo soltaron las amarras del Catalina y rápidamente se dispusieron a despegar. Sin embargo, ya era tarde, pues una lancha rápida de la Marina Dominicana entraba a todo motor a la bahía, haciendo disparos sobre el indefenso hidroavión. Las balas de la lancha lograron alcanzar uno de los motores y los tanques de combustible del ala, dejándolo inutilizado y en llamas.

Sin pérdida de tiempo, Ornes ordenó que todos abandonaran el aparato y que nadaran hacia la orilla en donde se reagruparían. Sin embargo, no todos lograron escapar del fuego de la lancha dominicana, la cual, terminó por hundir el Catalina. Poco antes del amanecer, dos Bristol Beaufighter y dos De Havilland Mosquito de la Fuerza Aérea Dominicana, hicieron su aparición sobre las playas de Luperón, y se dieron a la tarea de ametrallar a los sobrevivientes, por lo que estos tuvieron que buscar refugio en las plantaciones circundantes para luego ser capturados, uno a uno, por las autoridades dominicanas.


Colaborador

El Sr. Mario E. Overall

El Sr. Mario E. Overall es miembro fundador del Latin American Aviation Historical Society (LAAHS), en donde se desempeña como encargado de los sistemas informáticos de la institución. Adicionalmente, el Sr. Overall realiza tareas de investigación, principalmente en aspectos relacionados con la historia de la aviación civil y militar en la región Centroamericana. Actualmente, se desempeña como investigador de campo para la División de Archivos del Smithsonian National Air & Space Museum, y como corresponsal de la revista Brasileña FLAP Internacional para Honduras, El Salvador y Guatemala.


Declaración de responsabilidad:

Las ideas y opiniones expresadas en este artículo reflejan la opinión exclusiva del autor elaboradas y basadas en el ambiente académico de libertad de expresión de la Universidad del Aire. Por ningún motivo reflejan la posición oficial del Gobierno de los Estados Unidos de América o sus dependencias, el Departamento de Defensa, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos o la Universidad del Aire. El contenido de este articulo ha sido revisado en cuanto a su seguridad y directriz y ha sido aprobado para la difusión pública según lo estipulado en la directiva AFI 35-101 de la Fuerza Aérea.


Premio Alas de las Américas

En la foto, el Teniente Coronel USAF Steve Bats, Grupo Militar de los EE.UU. en Argentina (derecha), hace entrega al Comodoro (R) FAA José C. D’Odorico una placa otorgada como ganador del Premio "Alas de las Américas" (Enero 2005–enero 2006) por su artículo "No es Siempre Imprescindible Combatir por la Seguridad Aérea" publicado en el Segundo Trimestre 2005 del ASPJ.


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