Document created: 21 september 2006
Air & Space Power Journal - Español  Tercer  Trimestre 2006


Educando para una “Conducta Ejemplar”

Dr. James H. Toner

Educando para una “Conducta Ejemplar”

*Debo agradecer a un oficial superior de la USAF, de quien he incorporado algunos comentarios muy útiles en este artículo. Aunque conozco al oficial, elijo no revelar su nombre, liberándolo así de la asociación con los argumentos aquí expuestos. Este oficial revisor perspicaz levantó un punto crítico: ¿qué debe hacer un Aerotécnico si él o ella considera moralmente equivocadas las políticas nacionales más allá de las órdenes emitidas por los supervisores inmediatos del Aerotécnico? Uno debe considerar que las órdenes son legales y obligantes salvo—y hasta que uno sepa o se pueda justa y razonablemente esperar que sepa—que tales órdenes sean moralmente malévolas y, por lo tanto, no obligantes. ¿Debemos esperar por lo tanto que la gran mayoría de Aerotécnicos o soldados cuestionen rutinariamente la política nacional o incluso, la estrategia del teatro? La respuesta práctica a esa pregunta es por cierto que no. Por esa razón es que necesitamos líderes políticos y militares de alto carácter—de manera que podamos seguir sus órdenes y la política con confianza, aunque tal vez no podamos entender la magnitud total de ellas (en nuestro nivel diario táctico u operativo). No obstante, no quedamos eximidos de la responsabilidad moral de rehusar obediencia a órdenes o incluso políticas nacionales que sean claramente malévolas. Consideremos el ejemplo obvio: ¿podía un soldado alemán en la Segunda Guerra Mundial que tenía conocimiento del holocausto que realizaba el régimen nazi continuar sirviendo con la conciencia tranquila? Nuevamente, la respuesta es no. Si los Aerotécnicos saben en sus conciencias y corazones que su gobierno busca fines malévolos—aunque sus comandantes inmediatos sean moralmente sensatos—no pueden continuar sirviendo, incluso en una manera menor, a un fin nefasto. [El autor es profesor de relaciones internacionales y ética militar del Departamento de Liderazgo y Ética en el Air War College, Maxwell AFB, Alabama.]

LOS OFICIALES superiores de mi clase de ética en el Air War College me miraron con asombro. Les acababa de informar que, por ley, ellos debían ser “un buen ejemplo de virtud”, estar “atentos para examinar la conducta de todas las personas que se ponen bajo su mando”, y “proteger contra todas las prácticas libertinas e inmorales y suprimirlas”.

“Parecen preocupados”, les dije. “¿Cuál es el problema?”

“¿Qué se quiere decir con la frase prácticas libertinas e inmorales?” preguntaron ellos.
“Bien”, respondí, “Veo que se nos acabó el tiempo hoy”.

Los oficiales del comando y otros con autoridad en la Fuerza Aérea deben:
(1)  mostrar en sí mismos un buen ejemplo de virtud, honor, patriotismo y subordinación;
(2)  estar atentos para examinar la conducta de todas las personas que se ponen bajo su mando;
(3)  proteger contra todas las prácticas libertinas e inmorales y suprimirlas, y corregir, según las leyes y reglamentos de la Fuerza Aérea, a todas las personas que sean culpables de ellas; y
(4)  tomar todas las medidas necesarias y correctas, según las leyes, reglamentos y costumbres de la Fuerza Aérea, para promover y salvaguardar la moral, el bienestar físico y el bienestar general de los oficiales y del personal alistado bajo su mando o cargo.
Requisitos de Conducta Ejemplar, 10 Código de Estados Unidos, sección 8583 [Fuerza Aérea].

Quizás abandonamos la clase un poco temprano aquél día, porque no quería entrar en una discusión legal del significado de este lenguaje. Esa preocupación se la dejaré muy contento a los abogados de la Fuerza Aérea, quienes me dicen que las discusiones de este lenguaje provocan debates intensos—y no dolores de cabeza. A propósito, encontramos estatutos casi idénticos para la Infantería del Ejército y la Marina.

El lenguaje de este estatuto hace recordar a muchas personas sobre las raíces de la profesión de las armas, ya que el código del soldado surgió del ideal de la caballerosidad. Por supuesto, incluso hoy se espera que los oficiales sean “caballeros”.

Según “Conducta Impropia de un Oficial y un Caballero”, Artículo 133 del Código Uniforme de Justicia Militar (UCMJ), “todo oficial, cadete o guardiamarina en servicio que sea acusado de conducta impropia de un oficial y un caballero será castigado como lo ordene una corte marcial”.

El artículo continúa explicando que la palabra caballero incluye a hombres y mujeres, y que la clase de ofensa a la que se refiere en este artículo significa comportamiento “en una capacidad oficial” que deshonra o avergüenza al oficial o compromete su carácter. También puede referirse al comportamiento “en una capacidad no oficial o privada” que deshonra o avergüenza al oficial personalmente o que “compromete seriamente el prestigio de la persona como oficial”.1

Si esta declaración suena vaga, el mismo artículo trata de aclararla:

“Hay ciertos atributos morales comunes al oficial ideal y al caballero perfecto, cuya carencia se revela por actos de falta de honestidad, trato injusto, indecencia, falta de decoro, desorden, injusticia o crueldad”.

A continuación, parece hacer una concesión a la debilidad humana:

“No se puede esperar que todos puedan cumplir normas de moral elevadas poco realistas, pero hay un límite de tolerancia basado en las costumbres del servicio y la necesidad militar por debajo del cual las normas personales del oficial, cadete o guardiamarina no pueden caer sin comprometer seriamente su prestigio como oficial, cadete o guardiamarina o el carácter de la persona como caballero”.

No obstante, cualquier clase de ética insistiría en ejemplos, y el artículo trata de obligar enumerando varias ofensas flagrantes:

“Hacer a sabiendas una declaración oficial falsa; la falta deshonrosa de pagar una deuda; engañar en un examen; abrir y leer una carta de otra persona sin tener la autoridad; usar lenguaje insultante o difamatorio con otro oficial en presencia de ese oficial o acerca del mismo ante otros militares; emborracharse y comportarse alborotadamente en un lugar público; asociación pública con prostitutas conocidas; cometer o intentar cometer un crimen que incluya bajeza moral; y no apoyar sin causa justificada a la familia del oficial”.2

Preservar el “Buen Orden y Disciplina”

El próximo artículo del UCMJ, el llamado Artículo General (134), explica que ciertas otras acciones no definidas son castigables, incluyendo “todos los desórdenes y las negligencias en perjuicio del buen orden y la disciplina en las fuerzas armadas, [y] toda conducta de una naturaleza que desprestigie a las fuerzas armadas”.3 El Artículo General ha sido cuestionado muchas veces como “inconstitucionalmente vago” pero hasta ahora ha resistido los asaltos”.

El Nombramiento de Oficial colgando en la pared de mi oficina me recuerda que al momento de mi graduación de la Escuela de Candidatos a Oficial de Infantería (OCS), el presidente depositó “especial responsabilidad y confianza en el patriotismo, valor, fidelidad y capacidades” que presumiblemente yo traje a mi nueva función. Los nombramientos de oficiales, por lo tanto, son consistentes con el requisito positivo de “conducta ejemplar” y con la advertencia contra la conducta “que desacredite a las fuerzas armadas”.

Es digno de análisis y reflexión seria el hecho de que los hombres y las mujeres que, entre muchas otras misiones, vuelan nuestros aviones de combate, navegan nuestros barcos de guerra, y operan nuestros tanques—los guerreros de nuestra nación—tienen la obligación legal y moral de ser caballeros. Al mismo tiempo, el lenguaje oficial nos dice que “no se puede esperar . . . que todos cumplan normas morales elevadas poco realistas”. No obstante, el requisito de conducta ejemplar insiste en que “todos” los comandantes de la Fuerza Aérea sean “buenos ejemplos de virtud”, aunque el Artículo 133 admite que “no todos pueden ser irrealistamente virtuosos”. ¿Debemos por lo tanto decir, “Todos los comandantes deben ser un poquito virtuosos”? ¿O debemos parafrasear y decir más bien, “Unos cuantos comandantes deben ser muy virtuosos”?

Los oficiales que sobresalen en el planeamiento de campaña, demostrando confianza justificable en sí mismos y en sus aptitudes y en su adiestramiento militar profesional, a menudo murmuran y trastabillan cuando se les confronta con la necesidad de conducir sesiones de desarrollo de virtudes en las tropas de su responsabilidad. Invariablemente, se quejan de no ser capellanes. “¡El capellán! Sí, ¡eso es lo que se necesita! ¡El capellán hace esa clase de cosas!”

Esto me obliga a decir algo difícil, pero es algo con lo que, a través de muchos años de enseñar a profesionales militares, he encontrado mucha aceptación, incluso en los capellanes. No es tarea principal del capellán ser educador de la moral del comando. Esto se debe a varias razones, incluyendo el hecho de que, por injusto que parezca, muchas tropas no escucharán la instrucción moral del capellán simplemente porque éste sea un capellán. Sin embargo, con frecuencia un capellán con experiencia, al que se le conceda un pequeño tiempo, es capaz de vencer el rechazo inicial de tales tropas moralmente reacias y lograr que escuchen su instrucción moral general, algo muy bueno.

Sin embargo, por sí mismos, los capellanes no deben y no pueden hacerse cargo de toda la instrucción moral en determinado comando. Los comandantes conservan la responsabilidad de educar (y adoctrinar moralmente) y adiestrar a sus tropas, porque él es el responsable de todo lo que sus tropas hagan bien o mal. Uno puede con razón delegar autoridad, pero no puede con razón delegar responsabilidad, incluso al capellán.

Los fallos morales de las tropas—piensen en cualquier escándalo militar reciente—recaen en el núcleo de los fallos de liderazgo. Con más frecuencia, eso quiere decir que alguien en el comando no enseñó responsabilidad moral, tal vez pensando equivocadamente que tal enseñanza era responsabilidad del capellán, o de cierta iglesia, o de los padres de los soldados y profesores de secundaria. A propósito, mucho de eso es cierto, pero no obstante no exime a los comandantes de dar el ejemplo correcto de palabra y hecho.

Hace algunos años, el comandante de una institución de educación militar profesional superior era responsable de realizar una clase sobre valores básicos para todos. Los valores básicos de los servicios no son proyectiles mágicos que enseñan madurez moral o incluso razonamiento moral. Pero ofrecen un buen lugar para comenzar por esas rutas. Este oficial general tenía opciones: podía haber usado el material preparado que se le había entregado para la instrucción, o podía haber ofrecido su propio testimonio. Eligió lo primero, usando frases preparadas y diapositivas PowerPoint algo tontas y desperdiciando el tiempo de los allí reunidos. Si hubiera hablado del corazón, quizás sin pulirse ni acompañado de dispositivas a color, la audiencia hubiera recibido su discurso con más aceptación.

Normas Éticas Microscópicas y Macroscópicas

Si el lenguaje de la educación de virtudes en la Fuerza Aérea es confuso, eso es muy entendible. Vivimos en (y defendemos) una sociedad democrática con valores múltiples y en competencia. Hace cincuenta años, había un entendimiento amplio del significado de bajeza moral. Sea que ese entendimiento era moralmente sólido o moralmente sucio depende de la perspectiva que cada uno ofrezca a tal conversación. Sin embargo, hoy no podemos obtener tal consenso general con facilidad. Hace cincuenta años, para citar un ejemplo incendiario, la sociedad parecía aceptar ampliamente la inmoralidad de la homosexualidad. En contraste, hoy encontramos un debate importante, que se ha desbordado sobre las políticas y afectado a las fuerzas armadas.

Existe en las fuerzas armadas una norma fundamental de juicio moral. Al examinar un asunto moral, el comandante tiene el derecho y la responsabilidad de preguntar, ¿aumenta o disminuye esta conducta mi capacidad de lograr mi misión? Aunque adiestrado como oficial de infantería a finales de la década de 1960, no soy un veterano de Vietnam, pero recuerdo claramente el consejo que recibimos en la OCS de Infantería en Fort Benning, Georgia, acerca de “dar sermones” a las tropas. Los instructores nos enseñaron que hablarles a los soldados de patrulla sobre la inmoralidad del uso de las drogas a menudo era una pérdida de aliento. Sin embargo, decirles que el uso de la droga en una patrulla podría disminuir la efectividad en combate, y podría causar muertes entre sus compañeros, tocaba un nervio. Es decir, ellos tenían un interés utilitario en el estado de alerta de los demás.

Esto no quiere decir que toda educación moral efectiva sea práctica y utilitaria. Sin embargo, resalta el hecho que las fuerzas armadas tienen una norma seria e importante que aplicar en la educación moral: es la norma de usar lo que funcione para asegurar el logro de la misión. Considere esto: ¿es incorrecto el adulterio? Por supuesto que lo es—y debe ponerse al descubierto claramente como algo muy nocivo para la moral. Pero cuando las tropas entienden que fraternizar (que puede incluir el adulterio) puede destruir la cohesión de una unidad, reducir la efectividad en el combate (especialmente en estos días de rápido despliegue a nivel mundial) y causar la muerte de compañeros—el punto queda hecho de forma convincente y justa. Algo moralmente incorrecto se explica de forma concisa y convincente, sin recurrir a la teología o filosofía elaborada, porque socava las perspectivas del logro de misión.

Repito, no intento decir que se debe reducir el razonamiento moral sólo a lo que funcione militarmente. Éste es, en el mejor de los casos, sólo un punto de partida, pero es algo que se puede desarrollar y mejorar con la experiencia, lectura amplia, conversación seria, y educación religiosa (para los religiosos). Procedemos así microscópicamente (de la derivación particular de la ética a partir de las demandas de las operaciones militares [preguntando qué funciona militarmente]) en lugar de macroscópicamente (de aplicar un sentido ético amplio para ciertas circunstancias militares [preguntando qué debería ser en términos de moralidad]).

Desearía poder parar allí, porque hasta el momento mi argumento es fácil de presentar y defender. Sin embargo, no lo puedo dejar allí. La ética microscópica por sí sola, aunque necesaria para desarrollar un sentido moral sólido en los militares, no es adecuada. Permanece la gran imagen moral. He sostenido que el criterio del éxito militar es un dispositivo útil de enseñanza moral para los comandantes. Pero debe existir algo más allá de ello, porque la preparación exitosa para operaciones de combate, o su ejecución, no pueden ser nunca la consideración última en la ética militar. Después de todo, muchas operaciones militares victoriosas han adelantado causas malévolas.

Lo que he discutido anteriormente, etiquetándolo como “microscópico”, es un enfoque funcional pragmático, no teórico, a la ética militar. En este sentido, tiene valor, aunque muy limitado; es un lugar para comenzar la educación ética pero, ciertamente no un lugar para concluirla. Este enfoque microscópico también reduce la ética a lo necesario para adelantar los propósitos militares. Arraigado en la noción equivocada de que el fin justifica los medios, este enfoque exalta la necesidad militar como el árbitro moral único o más importante.

En esta coyuntura, algunos lectores sin duda dirán, “¡Lo sabía! Aquí viene la ‘niebla de la filosofía’—todos esos nombres y sustantivos de­sesperadamente abstractos que los Aerotécnicos y soldados del mundo real no han tenido tiempo de estudiar minuciosamente”. Pero ese no es el caso. Así como los comandantes pueden usar el criterio de contribución a la preparación militar o las operaciones de combate como medio introductorio para enseñar ética, aún podemos emplear un marco militar de referencia al entrar en el mundo de la ética macroscópica o panorámica.

Por años, la Fuerza Aérea enseñó en su manual principal sobre ley internacional que el éxito militar, los objetivos militares y la necesidad militar no son los criterios éticos finales. Suponga que un Coronel que desea lograr cierto objetivo militar le dice a sus subordinados que pueden hacer cualquier cosa (incluyendo asesinar deliberadamente inocentes, la destrucción displicente de la propiedad y otros crímenes) para lograr ese objetivo. Si aplicamos la prueba microscópica que ya hemos establecido—la moralidad consiste de efectividad militar—como el único árbitro de lo correcto o incorrecto, entonces parece que el Coronel imaginario está en lo correcto.

Pero sabemos que él no tiene razón. Sabemos que él es un criminal de guerra. ¿Son sus subordinados culpables porque han seguido sus órdenes, pensando—aunque erróneamente—que estaban siendo “morales”? La Fuerza Aérea lo dice simplemente así:

“El hecho de que se cometa un acto en cumplimiento de órdenes militares es una defensa aceptable sólo si el acusado no sabía o no se podía esperar razonablemente de él que supiera que el acto ordenado era ilegal. Los miembros de las fuerzas armadas están obligados a obedecer sólo órdenes legales.”4

En el caso del Coronel, uno podría razonablemente esperar que sus subordinados entiendan la inmoralidad de cometer una atrocidad. Así como se puede esperar razonablemente que sepamos algunas cosas, también hay otras cosas que no podemos saber. Según J. Budziszewski;

“Hay algunas verdades morales que todos sabemos bien, verdades que no es posible que un ser humano normal no conozca. Éstas son una tenencia universal, un emblema de la mente racional, una reliquia de la familia del hombre. Eso no significa que podemos conocerlas con claridad perfecta a toda prueba. . . . Sin embargo nuestro conocimiento moral es tan real como la aritmética, y probablemente así de simple” (énfasis en el original).5

El Folleto de la Fuerza Aérea, AFP 110-31, La Ley Internacional: La Conducta del Conflicto Armado y las Operaciones Aéreas, levantó un punto sorprendentemente similar citando del Manual de Cortes Marciales:

“Se puede inferir que una orden que requiera la ejecución de una obligación militar sea legal. [Pero un] acto que manifiestamente exceda la autoridad, o que siga una orden que un hombre de sentido y entendimiento ordinario puede distinguir como ilegal, o que se realice de manera cruel en la ejecución de una responsabilidad legal, no es perdonable” (énfasis añadido).6

Eso nos indica que debemos asumir que las órdenes son legales y obligantes (el seguir órdenes puede siempre considerarse en la mitigación de una ofensa), pero si recibimos una orden que cualquier persona razonable—cualquiera con “sentido y entendimiento ordinarios”—podría saber que es inmoral, no debemos obedecerla. Observen que esta advertencia ética no es, como dice el dicho, “ciencia de cohetería”. No es difícil de entender aunque puede ser difícil ponerla en práctica.

Si realizo cierta acción, ¿ayudará ésta a mi unidad a prepararse para la guerra? Si la respuesta a esa pregunta es sí, entonces podemos presumir que la acción es moral. Pero ahora debemos probar nuevamente: aunque esta acción puede adelantar las preparaciones u operaciones militares, ¿es la acción congruente con nuestro sentido moral más profundo? ¿Concuerda la acción con lo que gente razonable y moral concluiría acerca de ella?

Enseñar la Virtud Militar

Defino virtud como la práctica habitual de pensar sabiamente y actuar justamente. La virtud depende de la perspectiva macroscópica—ver lo temporal a la luz de lo intemporal y ver el desafío y el cambio a la luz de lo eterno. Esto sugiere, por cierto, la existencia de normas duraderas que podemos discernir a través de la razón correcta y mediante la cual debemos juzgar los problemas del día. ¿Qué pasa si todo lo ético depende sólo del tiempo y el lugar? Entonces todo es relativo, y lo correcto se convierte en poder, y la virtud pasa a ser vicio. Pero hay normas y autoridades que trascienden la geografía y la cronología. Como personas de sentido y entendimiento ordinario, podemos y debemos distinguir y defender esas normas y autoridades.

Ocurre una disyuntiva o desconexión entre lo que la ley exige del Aerotécnico—la virtud—y lo que enseña la Fuerza Aérea. (Al menos nunca he hablado con gente en la Academia de la Fuerza Aérea, en el Cuerpo de Adiestramiento de Oficiales de Reserva de la Fuerza Aérea [AFROTC], o en el adiestramiento básico que afirmen que su adiestramiento “inculca virtud”.) Entonces ¿cómo es que la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, una fuerza armada secular de un gobierno secular, decide enseñar virtud, que, después de todo, parece religioso?

Una respuesta a eso puede residir en el lenguaje del folleto de valores básicos, que nos dice que la Fuerza Aérea “no intenta explicar el origen de los Valores [Básicos] con la excepción de decir que todos nosotros, independientemente de nuestras opiniones religiosas, debemos reconocer su importancia funcional y aceptarlas por esa razón. La infusión de los Valores Básicos es necesaria para el logro exitoso de la misión.”7 Eso suena un tanto como la noción del razonamiento moral microscópico ya mencionado. ¿Cómo llegamos ahora a la parte macroscópica?

La educación de virtud macroscópica es rechazada de saque por algunos que alegan que las escuelas públicas o los servicios militares no pueden realmente enseñar virtud; es rechazada con igual rapidez por otros que dicen que las escuelas y los servicios no deben tratar de enseñar virtudes. El último grupo insiste que enseñar virtudes es probablemente una función religiosa y, que por lo tanto, no debe ocurrir en las instituciones públicas ni militares. El último grupo plantea que la educación de virtudes simplemente no es factible en la sociedad moderna.

Ambos están equivocados, “Educar a una persona en mente y no en aspectos morales es educar una amenaza para la sociedad”, observó el Presidente Theodore Roosevelt. Todas (o casi todas) las personas de buena voluntad pueden aceptar ciertos valores morales—aunque virtudes es una palabra mucho mejor. Por ejemplo, durante siglos los educadores morales han valorado de forma habitual las cuatro virtudes clásicas o cardinales: sabiduría; verdad o justicia; valor físico y moral; y templanza, modestia y autocontrol. Podemos remontarnos a fuentes bíblicas (Sabiduría 8:7) y filosóficas (trabajos de Platón). En las virtudes fundamentales, encontramos una armonía entre ética práctica (lo que al comienzo llamé microscópica) y principios fundamentales (lo que anteriormente llamé macroscópica)

La pregunta importante aquí parece ser esta: ¿pueden los servicios militares enseñar la virtud? De hecho, la pregunta real es ésta: ¿pueden los servicios militares no enseñar la virtud y esperar que sus Aerotécnicos y soldados sean virtuosos, como lo exige la ley? Por ejemplo, ciertamente enseñamos al personal militar a disparar y limpiar las armas; ¿no deberíamos ofrecer educación acerca de cuándo y dónde emplear tales armas, y si se deben emplear? Recuerden la enseñanza clara de AFP 110-31: “Los miembros de las fuerzas armadas están obligados a obedecer sólo órdenes legales”. ¿Qué es una orden legal, y qué es una orden ilegal? Además, ¿existe un punto en que una orden legal pueda convertirse en ilegal?

Los militares no tienen la misión de educar a todo el personal de alistados y oficiales para que sean abogados, filósofos o teólogos. ¿Pero trata alguno de los elementos sugeridos en la lista oficial de lecturas de la Fuerza Aérea principalmente con las clases de problemas morales que determinan que legalmente exijamos que nuestros líderes ejerzan virtud y honor? ¿No existen trabajos perdurables de literatura y filosofía que pueden y deben ser parte de esta lista? ¿No podríamos incluir libros como El Extranjero de Albert Camus, Señor Jim de Joseph Conrad, El Hombre en Busca de Sentido de Viktor Frankl, Señor de las Moscas de William Golding, Matar a un Ruiseñor de Harper Lee, El Príncipe de Nicolás Maquiavelo, Hombre Moral y Sociedad Inmoral de Reinhold Niebuhr, y Antígona de Sófocles, para citar sólo algunos? Por sí solo Shakespeare ofrece análisis intemporales de, digamos, indecisión (en Hamlet), problemas de liderazgo (en El Rey Lear), ambición excesiva (en Macbeth), y hacer elecciones por principio (en Medida por Medida), nuevamente, para citar sólo unos cuantos. Observen una vez más que nadie necesita grados avanzados en literatura, filosofía o teoría política para leer y aprender estas clases de trabajos.

Por años en el Air War College, he usado libros como Becket de Jean Anouilh, Un Hombre para la Eternidad de Robert Bolt, The Children’s Story de James Clavell, Starship Troopers de Robert Heinlein, Enemigo del Pueblo de Henrik Ibsen, Billy Budd de Herman Melville, y Apología y Crito de Plato en mis cursos sobre Comando y Conciencia y Valores Básicos. Aunque en estos cursos no me refiero al análisis ético macroscópico, éste es el molde mental que estoy tratando de enseñar—al menos implícitamente. Por ejemplo, consideren el siguiente párrafo de la “Carta desde la Prisión de Birmingham” del Dr. Martin Luther King Jr.

“¿Cómo determina uno si una ley es justa o injusta? Una ley justa es un código hecho por el hombre que concuerda con la ley moral o la ley de Dios. Una ley injusta es un código que no armoniza con la ley moral. Para ponerlo en términos de Santo Tomás de Aquino: Una ley injusta es una ley humana que no está enraizada en la ley eterna y la ley natural. Cualquier ley que eleve la personalidad humana es justa. Cualquier ley que degrade la personalidad humana es injusta. Todos los estatutos de segregación [por ejemplo] son injustos porque la segregación distorsiona el alma y daña la personalidad.”8

Ninguno de los trabajos que he mencionado aparece en el folleto de la Fuerza Aérea titulado “Reservar Tiempo para la Lectura Profesional: Lista de Lecturas del Jefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos”.9 No estoy sugiriendo que los instructores técnicos de adiestramiento básico de la Fuerza Aérea o el personal de AFROTC se conviertan en eruditos en humanidades. Estoy sugiriendo que los servicios armados desarrollen un programa educativo que trate seriamente de la enseñanza de la virtud exigida por ley de todos los que visten el uniforme. (A propósito, permítanme recomendarles la lectura de El Oficial de las Fuerzas Armadas, uno de los “manuales” de instrucción más amenos y prácticos sobre virtud que he visto”.10 Debería ser parte prominente de toda biblioteca de base o puesto.) Tal programa contendría varios elementos:

•  Inclusión en la lista de lectura de algunos trabajos perdurables de la literatura que hagan pensar sobre la responsabilidad moral.

•  Ampliación de la lista para incluir algunas películas que levanten preguntas continuas sobre la responsabilidad moral.

•  Desarrollo de seminarios y talleres así como guías cortas y amenas para los comandantes y otros en condición de autoridad para ayudarlos a presentar las convocatorias del comandante (y otras parecidas) sobre los temas morales sin llegar a ser ejercicios religiosos o superficiales, prácticas de adiestramiento anual obligatorias (acompañadas de materiales preparados y diapositivas a color).

Muy a menudo esto queda sin expresar en cualquier programa relacionado con la instrucción moral, de manera que debemos ponerlo de plano sobre la mesa: cualquier programa en educación de virtudes depende del comandante. Si el comandante piensa que esto es una tontería, puede tener cientos de libros, películas y seminarios a disposición, pero el programa que finalmente desarrolle no tendrá valor. Si el comandante es inepto o incompetente para entregar un producto serio a las tropas y es incapaz de hablar de su propia conciencia y corazón acerca de ser un caballero o una dama, el programa será inútil. El resultado de tal “educación” sin objetivos será más escándalo, como es el caso de Abu Ghraib.

Las tropas estadounidenses reciben el mejor adiestramiento militar del mundo. Pero todos (militares y civiles) los que enseñamos a nuestras tropas hemos ignorado por mucho tiempo la necesidad de enseñar virtudes, pensando equivocadamente que tal educación es religiosa (no tiene que ser así) o impracticable (no debe ser así). En momentos en que, tal vez más que nunca, las decisiones del campo de batalla de nuestros tenientes, sargentos, Aerotécnicos o soldados rasos pueden tener implicancia internacional, debemos ofrecerles no sólo buen adiestramiento sino también una educación concienzuda.

Notas

1. “Punitive Articles of the UCMJ: Article 133—Conduct Unbecoming an Officer and Gentleman,” About.com,

2. Ibid.

3. Punitive Articles of the UCMJ: Article 134—General Article,” About.com

4. Air Force Pamphlet (AFP) 110-31, International Law: The Conduct of Armed Conflict and Air Operations, 19 November 1976, 15-6. The Air Force designated AFP 110-31 obsolete as of 20 December 1995.

5. J. Budziszewski, What We Can’t Not Know (Dallas: Spence, 2003), 19.

6. AFP 110-31, International Law, 15-6(d).

7. United States Air Force Core Values (Washington, DC: Department of the Air Force, 1 January 1997).

8. “Letter from Birmingham Jail” [16 April 1963], The Martin Luther King, Jr. Papers Project at Stanford University,

9. Ver “CSAF’s Reading List” from “The Chief’s Sight Picture,” 16 April 2004.

10. DOD GEN-36A, The Armed Forces Officer, 1 February 1988,


De todas las artes, el liderazgo continúa siendo el más desconcertante . . . siempre que no sepamos exactamente qué motiva a los hombres a salir de un hoyo en la tierra y seguir adelante enfrentando a la muerte con tan solo una palabra pronunciada por otro hombre, entonces el liderazgo permanecerá como una de las cualidades más altas y evasivas. Continuará siendo un arte.
James L. Stokesbury

Colaborador

El Dr. James H. Toner El Dr. James H. Toner (Licenciatura, St. Anselm College; Maestría, College of William and Mary; PhD, Universidad de Notre Dame) es profesor de relaciones internacionales y ética militar en el Departamento de Liderazgo y Ética del Air War college, Base Aérea Maxwell, Alabama. Un graduado de la Escuela de Candidatos a Oficial de Infantería y de la Escuela Aerotransportada, el Dr. Toner sirvió como oficial del Ejército en servicio activo en Alemania desde 1968 hasta 1972. Ha realizado muchas publicaciones y frecuentemente dicta conferencias sobre ética, desarrollo de carácter y asuntos morales en seguridad nacional. El Dr. Toner sirve con frecuencia como consultor a líderes militares, religiosos, de medios de comunicación, educativos y atléticos. Un prolífico escritor, el Dr. Toner a publicado muchos libros y sus artículos, ensayos y columnas han aparecido en muchas publicaciones académicas, revistas populares y periódicos.

Declaración de responsabilidad:

Las ideas y opiniones expresadas en este artículo reflejan la opinión exclusiva del autor elaboradas y basadas en el ambiente académico de libertad de expresión de la Universidad del Aire. Por ningún motivo reflejan la posición oficial del Gobierno de los Estados Unidos de América o sus dependencias, el Departamento de Defensa, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos o la Universidad del Aire. El contenido de este artículo ha sido revisado en cuanto a su seguridad y directriz y ha sido aprobado para la difusión pública según lo estipulado en la directiva AFI 35-101 de la Fuerza Aérea.


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