Document created: 21 september 2006
Air & Space Power Journal - Español  Tercer  Trimestre 2006


Un Paso Atrás, Dos Pasos al Frente

Un Marco Analítico para el Poder Aéreo en las Guerras Pequeñas

Mayor Ronald F. Stuewe Jr., USAF

Poder Aéreo

EL PLAN DE Vuelos de Transformación de la Fuerza Aérea (AFTFP), publicado por primera vez por la División de Futuros Conceptos y Transformación de la Fuerza Aérea en noviembre de 2003 y actualizado a finales de 2004, documenta los esfuerzos de transformación en curso del servicio, un proceso “por el que las fuerzas armadas logran y mantienen una ventaja asimétrica mediante cambios en los conceptos de operación, estructura organizativa y tecnologías que mejoran de forma significativa las capacidades de combate o la facultad de satisfacer las demandas de un entorno de seguridad variable”.1 Según esta definición, la Fuerza Aérea ha participado en el proceso de transformación durante décadas, y sus actividades actuales son meramente una continuación de esta transformación.2
La confianza continuada en la ventaja tecnológica asimétrica de la Fuerza Aérea tiene también un efecto pernicioso. El peligro se manifiesta en los adversarios competentes que se dan cuenta de que “no pueden sobrevivir en el entorno que han creado nuestras capacidades técnicas. Es irónico que la interacción de nuestras capacidades militares superiores con el reconocimiento de este hecho por parte de nuestros adversarios asegurará que el carácter de las futuras guerras será tal que nuestras ventajas tecnológicas ‘asimétricas’ disminuirán sustancialmente”.

Este peligro, junto con el deseo estrecho de miras de la Fuerza Aérea de reclamar los derechos hegemónicos como servicio de tecnología, está disminuyendo rápidamente su eficacia para llevar a cabo operaciones con éxito en lo que probablemente se convertirá en la forma dominante de conflictos en un futuro inmediato: las guerras pequeñas.

El término guerras pequeñas no refleja los intentos recientes de clasificar la guerra por categorías, sino que se originó en el siglo XIX para describir “cualquier conflicto contra fuerzas no regulares como guerrillas, bandidos, tribus rebeldes o insurgentes de varias clases”.4 El término no se refiere al tamaño o al alcance de la guerra sino al contexto político y diplomático en que se libró la guerra. Como las guerras pequeñas comprenden entidades no estatales y fuerzas no regulares, hay que distinguir entre esos conflictos y guerras, sea cual sea su magnitud, librados contra las fuerzas armadas regulares de un estado.5 El peligro futuro para la Fuerza Aérea radica en el hecho de que el desarrollo de una fuerza centrada en la tecnología diseñada para luchar en grandes conflictos interestatales, por definición, crea una fuerza inferior a la que se consideraría óptima para librar guerras pequeñas.

Esto no significa ciertamente que la Fuerza Aérea no pueda luchar con éxito en las guerras pequeñas. Este artículo trata de probar que la clave para aumentar la efectividad de la Fuerza Aérea en esta modalidad se basa en entender la naturaleza real de las guerras pequeñas. Empieza dando un paso atrás para analizar el contexto de la guerra pequeña a través de la lente del modelo clásico de insurgencias de Nathan Leites y Charles Wolf. La segunda sección aplica este modelo al famoso esfuerzo de contrainsurgencia emprendido por Gran Bretaña durante la Emergencia Malaya concentrándose específicamente en los éxitos y fracasos del poder aéreo en lo que se relacionan con ese modelo. Por último, organiza y revisa en términos generales las capacidades distintivas actuales de la Fuerza Aérea dentro de este marco para proporcionar al servicio los medios para dar dos pasos al frente, al haber entendido las necesidades de operación para combatir con éxito tanto en las guerras pequeñas como en las grandes.

Modelo del sistema de Leites y Wolf

En 1970, los investigadores Leites y Wolf de RAND Corporation publicaron Rebellion and Authority: An Analytic Essay on Insurgent Conflicts (Rebelión y autoridad: ensayo analítico sobre conflictos con la insurgencia) que trataba de generalizar y teorizar sobre el concepto de insurgencia y contrainsurgencia. La más esclarecedora de estas teorías fue el desarrollo de un modelo para describir un movimiento insurgente como un sistema (vea la fig.). Aunque trata específicamente de las insurgencias, este modelo de sistema se identifica apropiadamente con las guerras pequeñas según se han definido anteriormente. De hecho, la naturaleza sociopolítico-militar prolija y combinada de las insurgencias representa la versión de las guerras pequeñas más irritante para el poder aéreo.6 Este modelo también proporciona una estrategia para derrotar a las insurgencias basándose en sus vulnerabilidades implícitas. Leites y Wolf derivan cuatro métodos principales de contrainsurgencia. Sin embargo, antes de analizarlos debemos entender el modelo del sistema mismo.

Para alcanzar una efectividad general, los movimientos insurgentes “requieren que ciertas entradas—obtenidos de fuentes internas y externas—se conviertan en ciertos resultados, o actividades”.7 Estas entradas proceden a menudo del entorno interno (endógeno), por ejemplo reclutas nuevos de la población y alimentos. Los datos de entrada externos (exógenos) pueden variar desde la financiación a la publicidad pasando por las armas. Los insurgentes obtienen estas entradas usando una combinación de medidas persuasivas y coactivas.

La insurgencia de Leites y Wolf como sistema

Figura. La insurgencia de Leites y Wolf como sistema. (Impreso de Rebellion and Authority: An Analytic Essay on Insurgent Conflicts (Rebelión y autoridad: ensayo analítico sobre conflictos con la insurgencia) Nathan Leites y Charles Wolf Jr., [Santa Monica, CA: RAND, 1970], 35.)

Las entradas sin procesar pasan a continuación en un mecanismo de conversión que conlleva funciones de producción como adiestramiento, equipamiento y abastecimiento de la insurgencia. La efectividad del sistema depende con frecuencia del grado de organización a este nivel. Los sistemas desarrollados, resaltados en el debate sobre Malasia, pueden tener ramas individuales dedicadas a “asuntos de personal, financieros y logísticos, así como a inteligencia, comunicaciones y operaciones”.8 Al final, el mecanismo de conversión produce los resultados del sistema.

Los resultados de las fuerzas no regulares pueden ser tan familiares como sabotaje, actividades terroristas, manifestaciones públicas y ataques militares a pequeña escala. Entre otros resultados menos evidentes se incluyen funciones de jurisdicción administrativas y gubernamentales como proyectos de ayuda a pueblos, educación, adiestramiento y formación de otros programas organizativos.9 Y lo que es más importante, el marco de Leites y Wolf revela cuatro métodos para contrarrestar el avance del sistema insurgente. Es posible influir en cada uno de estos métodos, hasta cierto grado, mediante el uso del poder aéreo.

El primer método reduce los recursos disponibles controlando el número de entradas exógenas y endógenas y su costo de adquisición. El control de este aspecto logístico debe residir ostensiblemente en la policía y las fuerzas terrestres, pero se puede demostrar que la capacidad de detención del poder aéreo es apropiada para la negación de entradas. El segundo reduce la eficiencia de los procesos de producción. Los campos de adiestramiento no regulares—objetivos estáticos tradicionales—representan evidentemente un objetivo potencial para el poder aéreo. No obstante, muchos otros objetivos de las guerras pequeñas no son adecuados para “atacar” con armas y retículos convencionales. Entre otros ejemplos no letales de negación de la producción se incluyen la desfoliación, la negación o destrucción de alimentos y los incendios de acoso.

La función tradicional de la contrafuerza de la acción militar, el tercer método de Leites y Wolf para contrarrestar el sistema, pone en el objetivo a las “fuerzas opuestas . . . directamente. Ésta es la tarea militar tradicional; es la que mejor se entiende, la que resulta más familiar y normalmente la preferida por la mayor parte de las fuerzas armadas”.10 Como tal, es el método más idóneo para el poder aéreo. Sin embargo, tampoco requiere necesariamente el uso de tritonal o uranio empobrecido. En vez de eso, los medios indirectos de reducir las fuerzas no regulares adquirirán probablemente mayor importancia en las guerras pequeñas que en las grandes.11 En esta categoría se incluyen medios indirectos de la contrafuerza como las operaciones psicológicas (PSYOP), la vigilancia y la inteligencia.

Por último, el cuarto método comprende el aumento de la capacidad de absorber las acciones de las fuerzas no regulares. Esto incluye medidas pasivas como evacuación y reubicación de la población así como medidas de defensa activas. Quizás incluso más que en la función directa de la contrafuerza, el poder aéreo puede demostrar su aspecto más beneficioso en la función de defensa activa. Leites y Wolf explican que esta función defensiva activa puede mejorarse más mediante patrullas aéreas que mantengan una vigilancia continua y puedan aplicar una concentración intensa de potencia de fuego lista en el caso del ataque de una guerrilla. Los aviones pequeños con tiempos de vuelo largos y suficientes armas para contrarrestar de modo efectivo un ataque ligero o moderadamente intenso de la guerrilla pueden ser un componente importante en este tipo de sistema de defensa activa. La finalidad principal de tal policía aérea sería proporcionar el símbolo y la realidad de presencia y protección [de la autoridad].12

El modelo de insurgencia de Leites y Wolf proporciona un marco general para entender la naturaleza de las guerras pequeñas. El sistema presentado aquí forma el “motor” que impulsa la producción de los resultados de la organización. Aunque Leites y Wolf proporcionan varias aplicaciones posibles del poder aéreo para afectar este motor, se puede analizar de modo lucrativo el marco dentro del contexto de un ejemplo histórico de una guerra pequeña en que el poder aéreo desempeñó una función importante, aunque auxiliar, en el éxito general de la campaña.

La Emergencia Malaya

Gran Bretaña combatió en la Emergencia Malaya de 1948 a 1960 como respuesta a un levantamiento del Partido Comunista Malayo (PCM). Después de unos reveses iniciales, los británicos implementaron una gran cantidad de programas civiles y militares unidos a un plan estratégico general, parte del cual incluía el Plan Briggs—un empeño masivo para separar al PCM de la población, resaltado por el reasentamiento de 400.000–500.000 ocupantes ilegales chinos en “nuevas poblaciones”.13 A pesar de lograr avances importantes al principio de la emergencia, el PCM vio cómo el momento, después de estar a su favor, se puso en su contra bajo la presión del Plan Briggs hasta julio de 1960, cuando oficialmente concluyó la emergencia.

La experiencia británica en Malasia representa un ejemplo moderno de un esfuerzo de contrainsurgencia que tuvo éxito en una guerra pequeña. Como tal, se ha analizado ampliamente para determinar cómo otra potencia occidental solucionó de modo efectivo el reto de una potente insurgencia. Se entiende que la experiencia de los británicos se ha hecho más relevante siguiendo después de nuestra propia experiencia en Vietnam.14

Esto no quiere decir ciertamente que la solución británica represente una respuesta de libro de texto a las contrainsurgencias en las guerras pequeñas; tampoco representa el único ejemplo del poder aéreo en las guerras pequeñas.15 De hecho la Emergencia Malaya fue una insurgencia exclusiva por varias razones. En primer lugar, estaba “confinada a los residentes chinos de Malasia, una minoría de la población que se podía diferenciar fácilmente de los malayos étnicos que constituían la mayoría”.16 En segundo lugar, los británicos disfrutaban de una estructura político-administrativa que permitía la combinación de unidades militares y civiles dentro de la misma organización. Por último, y quizás lo que es más significativo, los insurgentes chinos carecían de ayuda exterior. No obstante, dentro del contexto de este artículo, la Emergencia Malaya da detalles de los posibles usos imaginativos de un componente aéreo pequeño pero flexible para respaldar el mayor esfuerzo político-militar en una guerra pequeña.17 Más específicamente, los esfuerzos del poder aéreo en Malasia están comprendidos en los cuatro métodos para contrarrestar una insurgencia descritos en el modelo del sistema de Leites y Wolf.

La Península Malaya tenía una superficie de 129.500 kilómetros cuadrados (50.000 millas cuadradas)—aproximadamente el tamaño del estado de Florida—dos tercios de ésta estaban cubiertos por una jungla de bóveda triple casi impenetrable. La Real Fuerza Aérea (RAF) operaba desde seis bases principales, y solamente una de ellas era capaz de apoyar de acoger a bombarderos de tamaño intermedio. La aviación de la RAF era una mezcla de aviones de hélice de la Segunda Guerra Mundial como Spitfires y bombarderos Lincoln, aviones a reacción modernos como los De Havilland Vampires y bombarderos a reacción Canberra, helicópteros y aviones de transporte ligeros y medios. A pesar de la gran variedad de tipos de aeronaves, nunca hubo más de 15 escuadrones de la RAF en Malasia.18

Muchos factores referentes a la Emergencia Malaya redujeron la capacidad de la RAF a llevar a cabo operaciones de negación de entradas—el primer método de Leites y Wolf para limitar el avance de los insurgentes. La climatología y los terrenos adversos, y el denso follaje de la Península Malaya limitaban la efectividad del poder aéreo en la clásica función de detención. No obstante, el factor más limitador para la detención, era la capacidad de evasión de las guerrillas del PC—si es que se les podía encontrar. Seamos testigos, por ejemplo, de los intentos infructuosos por parte de los británicos de detener el Tens Fook Loong y el Pelotón Independiente Número 3. A pesar de poseer una inteligencia exacta sobre la ubicación del enemigo, de más de 319 toneladas métricas (709.000 libras) de explosivos lanzados por los aviones de la RAF durante el transcurso de múltiples misiones en 1956 produjeron solamente cuatro bajas enemigas.19

El ataque del proceso de producción del sistema de Leites y Wolf demostró ser más efectivo que la detención, principalmente debido a la contribución del poder aéreo a la desfoliación durante la campaña masiva de negación de alimentos del Plan Briggs. Incluso sin el rociado aéreo, el poder aéreo contribuyó a estos esfuerzos observando claros en la jungla que sirvieron como indicios de los lugares de cultivo de las guerrillas. Los incendios de acoso también interrumpieron el proceso de producción pero a expensas del método de contrafuerza tradicional del poder aéreo—el tercer componente de Leites y Wolf. La evidencia sugiere que los “ataques aéreos eran responsables de menos del 10 por ciento de los muertos del enemigo. . . . No obstante los ataques aéreos mantuvieron el enemigo en movimiento y sin asentarse y aumentó el número de contactos con éxito con las fuerzas terrestres”. Según el Teniente General Sir Harold Briggs, “La ofensiva del apoyo aéreo juega [jugó] un papel vital en el objetivo principal de las Fuerzas de Seguridad, a saber la destrucción de la moral de los bandidos y el aumento de la moral de la población civil”.20

Los medios directos de las operaciones de contrafuerza tuvieron un éxito limitado para el poder aéreo en Malasia, pero los métodos indirectos fueron vitales. Los británicos llevaron a cabo operaciones psicológicas empleando volantes así como grabaciones de voz retransmitidas desde los aviones. Hasta un 70 por ciento de las guerrillas del PCM que se rindieron afirmaron que estos “vuelos con grabaciones de voces” influyeron en parte en su decisión.21 El reconocimiento aéreo también demostró su eficacia: “Descubrió 155 campos de guerrillas confirmados y 77 posibles así como 313 campos de cultivo, 31 vueltos a cultivar, 194 claros de probable origen terrorista, y 21 granjas [amigas] bajo control enemigo en un período de seis meses en 1955”.22

El cuarto y último método final para contrarrestar el sistema comprendía el uso del poder aéreo para llevar a cabo una defensa activa. La idea de Leites y Wolf de “extender la presencia y la protección” de la policía aérea constituyó quizás la oferta más instrumental del poder aéreo en Malasia. El Dr. James S. Corum y el Coronel Wray R. Johnson, Fuerza Aérea de EE.UU., retirado, explican: “Así pues, al extender la presencia y la protección del gobierno a áreas remotas, las fuerzas armadas convirtieron pronto el campo malayo en un lugar inhóspito para el [enemigo]. Fue el apoyo a este esfuerzo, en vez una acción ofensiva directa, la que demostró que la RAF era de gran valor”.23 La fuerza de policía aérea en Malasia se manifestó no sólo en la visión de Leites y Wolf de un pequeño avión de ataque, sino también en la ubicuidad de aviones de carga tácticos ligeros e intermedios de las unidades de transporte aéreo. Gracias a las funciones de apoyo de transporte, abastecimiento aéreo, evacuaciones médicas e incluso mando y control, el aprovisionamiento aéreo se hizo indispensable.24

Así pues, el poder aéreo desempeñó una función auxiliar pero vital en el éxito total de los británicos en la Emergencia Malaya. La clave de este éxito fue la aplicación de operaciones y tácticas imaginativas, y con frecuencia poco ortodoxas, del poder aéreo para apoyar los objetivos políticos y militares de la estrategia general. Aunque se pueden explicar estas operaciones dentro del modelo del sistema de Leites y Wolf, también se puede hacer en términos de las funciones contemporáneas del poder aéreo. Así pues, “se acordó generalmente que el orden de importancia total de las operaciones de la RAF fue aprovisionamiento y transporte aéreos, reconocimiento fotográfico, apoyo aéreo cercano, ataques de largo alcance contra objetivos fuera del radio de las unidades terrestres y comunicaciones”.25 Si observamos el poder aéreo en términos de estas funciones históricas, basadas en el modelo del sistema analítico, nos permite ahora avanzar dos pasos para desarrollar la Fuera Aérea del futuro. No podemos confiar simplemente en tecnologías individuales sino que debemos reevaluar las capacidades de transformación indicadas en el AFTFP de 2004 bajo las seis capacidades distintivas definidas en la visión de la Fuerza Aérea.

Las capacidades distintivas de la Fuerza Aérea

Las seis capacidades distintivas de la Fuerza Aérea—superioridad en el aire y en el espacio, movilidad rápida global, superioridad de información, combate de precisión, ataque global y apoyo de combate ágil—no representan necesariamente una doctrina per se, sino que se comportan como facilitadoras de la doctrina. Son las áreas básicas de conocimientos que la Fuerza Aérea lleva a cualquier actividad en todo el espectro de las operaciones militares, ya sea actuando como servicio individual o junto con otros servicios en operaciones conjuntas.26 El AFTFP de 2004 utiliza estas capacidades distintivas para organizar 16 capacidades de transformación que la Fuerza Aérea no puede alcanzar hoy o debe mejorar considerablemente en el futuro.

El AFTFP cuantifica además estas capacidades de transformación dentro de la aptitud fundamental contemporánea de la Fuerza Aérea de “tecnología a conductor de la guerra”, definida como la “visión traducida en capacidades de operación para prevalecer en el conflicto y evitar la sorpresa tecnológica”.27 El AFTFP trata de estructurar este flujo correctamente desde la visión hasta la estrategia y los efectos, y después hasta el concepto y las capacidades, pero la Fuerza Aérea puede tener una tendencia institucional a invertir este flujo, basándose en los avances tecnológicos. Como advirtió una vez el historiador Richard P. Hallion, “Como la Fuerza Aérea como servicio está casada . . . con la tecnología, existe siempre el peligro de que la tecnología haga caer en desuso la doctrina propia [y] que reemplace la doctrina como determinante del futuro curso de la Fuerza Aérea”.28

La parte restante de esta sección se aplica a estas seis capacidades distintivas como un marco general, usando el sistema de Leites y Wolf en tándem con la participación exitosa de los británicos en Malasia. Este análisis sigue mostrando en una amplia escala de nivel la forma en que el nivel de operaciones del poder aéreo en general, y la Fuerza Aérea en particular, puede apoyar la estrategia general dentro del contexto político, diplomático y militar de las guerras pequeñas. Las capacidades aparecen en un orden aproximado de importancia en lo que se refiere a las guerras pequeñas.

Considerada con gran frecuencia como libertad para atacar, la superioridad en el aire y en el espacio—definida como la capacidad de controlar lo que se desplaza por el aire y el espacio para asegurar la libertad de acción—incluye también la libertad frente a los ataques. Esta capacidad distintiva es un principio de unión que permite la realización con éxito de las cinco capacidades restantes. La mayoría de los avances tecnológicos dentro de la superioridad aérea se aplican predominantemente a las guerras grandes. No obstante, la amenaza más significativa para la superioridad aérea en las guerras pequeñas procede de las amenazas terrestres ubicuas de armas pequeñas relativamente económicas y de misiles disparados sobre el hombro. La anulación, o al menos la disminución, de la capacidad de penetración de estas armas sigue siendo de importancia suprema para el poder aéreo. Sin alguna medida relativa de la superioridad aérea de estas armas, las cinco restantes capacidades distintivas de la Fuerza Aérea en las guerras pequeñas disminuyen considerablemente.

La doctrina de la Fuerza Aérea define la movilidad global rápida como “el movimiento, la colocación y el apoyo oportunos de las fuerzas y capacidades militares por el aire y el espacio, en toda la gama de las operaciones militares”.29 Aunque la definición sigue siendo exacta, en el teatro de las guerras pequeñas, la función de movilidad parecerá a menudo menos global y cada vez más regional. En lo que se refiere al apoyo de la Fuerza Aérea en las guerras pequeñas, según se pudo ver en Malasia, el aspecto de la movilidad regional de abastecer, reabastecer y apoyar las fuerzas desplegadas—ya sean militares o políticas—puede convertirse en el factor determinante en la estrategia total de la campaña.

La superioridad de información se refiere a la capacidad de reunir, controlar, explotar y defender la información mientras se niega a un adversario la capacidad de hacer lo mismo.30 En otras palabras, las guerras pequeñas son—ante todo—guerras de información.31 Similar a la superioridad aérea, la superioridad de información trata de ganar control de su campo específico y explotar por completo sus capacidad de información para adquirir una ventaja máxima. Como tal, la superioridad de información trata específicamente de la aplicación indirecta de la función de contrafuerza tradicional de las fuerzas armadas en el sistema de Leites y Wolf. Las ventajas de las operaciones psicológicas, vigilancia e inteligencia están comprendidas aquí y servirán esencialmente como el aspecto dominante de la aplicación de contrafuerza del poder aéreo. El mantenimiento de las ventajas informativas incluso sobrepasará la aplicación directa de la potencia de fuego tradicional.

Sin embargo, cuando se hace necesaria la potencia de fuego, la Fuerza Aérea debe utilizar completamente un combate de precisión. Asociado más a menudo con las precisas armas cinéticas, el combate de precisión debe encarnar no obstante múltiples aspectos del contexto político y diplomático de las guerras pequeñas. En el sentido tradicional, el combate de precisión utiliza el sistema de armas tecnológicamente más avanzado en la aplicación de la fuerza militar. No obstante, en las guerras pequeñas, esta capacidad puede causar el análisis detallado de las iniciativas políticas o militares o incluso de un puente aéreo tradicional. Para usar un ejemplo malayo, los británicos a menudo hacían lanzamientos aéreos tácticos de precisión de baja tecnología por espacios que sólo medían hasta 9 m (10 yardas) de diámetro en una jungla de triple bóveda que consistía en árboles de más de 60 m (200 pies) de altura.32 Quizás más que en cualquier otra capacidad distintiva de la Fuerza Aérea, el combate de precisión es un ejemplo de la necesidad de desconectar la capacidad de la tecnología.

Hasta esta coyuntura, las capacidades distintivas de la Fuerza Aérea se adaptan generalmente al marco de las guerras pequeñas. No obstante, la capacidad de un ataque global, incorpora la línea de desviación de la Fuerza Aérea de transformación, dedicada a la guerra de alta intensidad, a las necesidades de la guerra pequeña. El Documento de Doctrina de la Fuerza Aérea (AFDD) 1, Air Force Basic Doctrine (Doctrina Básica de la Fuerza Aérea), explica esta desviación describiendo las operaciones de ataque globales: “La Fuerza Aérea, con sus crecientes fuerzas espaciales, sus misiles balísticos intercontinentales y su flota de bombarderos multifuncionales y aviones de ataque apoyados por una gran flota de aviones cisterna, está adaptada idealmente a dichas operaciones. Nuestro servicio es capaz de proyectar rápidamente el poder a distancias globales y mantener una ‘presencia’ prácticamente indefinida sobre un adversario”.33 Dicha capacidad es probablemente vital para conducir guerras grandes, pero los artículos de alto presupuesto como los misiles balísticos, los bombarderos transcontinentales y las flotas de aviones cisterna de apoyo representan, como mucho, una razón adversa de costo a beneficio, dada la naturaleza prolija y políticamente sensible de las guerras pequeñas.

El concepto de transformación de un ataque global, de forma muy semejante al concepto de movilidad global, necesita regionalizarse en el contexto de las guerras pequeñas. El término global es algo engañoso, ya que aumenta la distancia recorrida por el accesorio del poder aéreo. Sin embargo, en las guerras pequeñas, la distancia imperativa que se debe considerar con respecto a los ataques es la del objetivo deseado con relación a la situación política y militar en el terreno. Dado el contexto diplomático y asimétrico de las guerras pequeñas, cualquier efecto negativo de una misión de ataque llevada a cabo por el poder aéreo puede tener un impacto a nivel estratégico. En palabras más sencillas, “Hay que pagar un precio político cuando se usa el poder aéreo en forma de ataques aéreos”.34 Así pues, se deben ponderar las misiones de ataque, ya sean las llevadas a cabo por la plataforma de poder aéreo tecnológicamente más avanzada o la más anticuada, en términos de los efectos estratégicos negativos potenciales que puede provocar.

La capacidad distintiva final, apoyo de combate ágil, trata tradicionalmente de los elementos de apoyo avanzado, infraestructura y movilidad para los despliegues. Sea cual sea la escala del conflicto, el apoyo con éxito de las fuerzas desplegadas sigue siendo una necesidad facilitadora crítica. Sin embargo, en términos del apoyo de la Fuerza Aérea en las guerras pequeñas, la frase apoyo de combate ágil es la que mejor ilustra la función de apoyo que desempeña el poder aéreo. Aunque muchas personas de la Fuerza Aérea creen verdaderamente que el poder aéreo por sí solo puede derrotar o paralizar las fuerzas terrestres enemigas, en el contexto político y diplomático de las guerras pequeñas, el empleo exclusivo del poder aéreo no es efectivo como mucho y—como descubrieron los británicos en su doctrina de control aéreo durante los años entre guerras antes del conflicto Malasia—puede ser muy perjudicial.35

Conclusión

Ciertamente no hay razón para huir de los avances tecnológicos. El establecimiento de la Fuerza Aérea como rama independiente de las fuerzas militares da testimonio de la importancia básica de la tecnología al servicio. Los cambios revolucionarios de tecnología que comprenden motores a reacción, radar y tecnología especial han mantenido a la Fuerza Aérea en un estado de transformación casi perpetuo. Sin embargo, el peligro reside en el deseo voraz de adoptar la tecnología—una adopción que no debe extender la capacidad ni suplantar la doctrina. De modo similar, los avances tecnológicos no necesitan por sí mismos ser compatibles con toda clase de guerras.

Las guerras pequeñas son conflictos en los que el contexto político y diplomático—no la disposición militar de los combatientes—actúa como el factor determinante. Desde un punto de vista tecnológico, la paradoja de las guerras pequeñas es que cuanto más asimétrica se conviertan nuestras capacidades militares, menos ventajas pueden otorgarnos contra un adversario dispuesto a usar sus puntos fuertes asimétricos. Ésa es la cuestión intrincada a la que se enfrenta la Fuerza Aérea de transformación contemporánea: ¿significa la adopción de los avances tecnológicos específicamente optimizados para una guerra a gran escala que se limita necesariamente la efectividad del poder aéreo en el apoyo de las guerras pequeñas? Lo más probable es que la respuesta sea sí—pero hasta cierto grado. Sin embargo, la solución no es inhibir los avances tecnológicos para entender cómo dichas capacidades se adaptan y no se adaptan dentro de la estructura analítica así como el medio político y diplomático de las guerras pequeñas. Solamente al dar un paso atrás para entender completamente la base del contexto de esta forma de conflicto puede la Fuerza Aérea del futuro dar dos pasos al frente para convertirse en la fuerza de combate más eficaz posible, sea cual sea la naturaleza del conflicto.

Notas:

1. Departamento de EE.UU. de la Fuerza Aérea, The U.S. Air Force Transformation Flight Plan 2004 (Plan de Vuelos de Transformación de la Fuerza Aérea de EE.UU.) (Washington, DC: Jefe Suplente de Estado Mayor para Planes y Programas, Fuerza Aérea de EE.UU., 2004), ii, http://www.oft.osd.mil/library/library_files/ document_385_2004_USAF_Transformation_Flight_ Plan.pdf.

2. Christopher Bolkcom, Air Force Transformation I (Transformación de la Fuerza Aérea), Informe CRS para el Congreso (Washington, DC: Servicio de Investigación del Congreso, 25 de enero de 2005), 2, http://www.fas.org/ sgp/crs/natsec/RS20859.pdf.

3. Cuerpo de Infantería de Marina de EE.UU., “Small Wars” (Guerras pequeñas) borrador (Washington, DC: Departamento de la Armada, n.d.), 10.

4. James S. Corum and Wray R. Johnson, Airpower in Small Wars: Fighting Insurgents and Terrorists (El poder aéreo en las guerras pequeñas: lucha contra insurgentes y terroristas) (Lawrence: University Press of Kansas, 2003),

5. Ibid., 7.

6. El poder aéreo ha apoyado a ambos bandos de la insurgencia. Entre otros ejemplos de apoyo a la insurgencia se incluyen la inserción y el reabastecimiento de equipos Jedburg de la Oficina de Servicios Estratégicos de la Segunda Guerra Mundial en la Francia ocupada; las misiones secretas del Grupo de Observación, Adiestramiento y Evaluación 1045 en Tibet para la inserción y el reabastecimiento de guerrillas adiestradas por la Agencia de Inteligencia Central; y el apoyo dado por la Operación 32, Rama de Estudios Aéreos para el Mando de Auxiliar Militar, Grupo de Estudios y Observaciones de Vietnam a la infiltración a largo plazo de agentes y operaciones de propaganda durante la Guerra de Vietnam. Larry E. Cable relata de forma exacta la necesidad de un apoyo externo, como el apoyo aéreo: “La guerrilla de EE.UU. se parecía demasiado al astronauta, que, ya sea en su cápsula o caminando por el espacio en un traje espacial, dependía completamente de un complicado sistema de soporte vital para su viabilidad”. Conflict of Myths: The Development of American Counterinsurgency Doctrine and the Vietnam War (Conflicto de mitos: desarrollo de la doctrina de contrainsurgencia de EE.UU. y la Guerra de Vietnam) (New York: New York University Press, 1986), 147.

7. Nathan Leites and Charles Wolf Jr., Rebellion and Authority: An Analytic Essay on Insurgent Conflicts (Rebelión y autoridad: ensayo analítico sobre conflictos con la insurgencia) (Santa Mónica, CA: RAND, 1970), 32.

8. David Willard Parsons, “Towards the Proper Application of Air Power in Low-Intensity Conflict” (Hacia la aplicación apropiada del poder aéreo en conflictos de baja intensidad) (tesis de máster, Escuela Naval para Posgraduados, 1993), 63.

9. Leites y Wolf, Rebellion and Authority (Rebelión y autoridad), 34.

10. Ibid., 81.

11. Ibid., 82.

12. Ibid., 83.

13. R. W. Komer, The Malayan Emergency in Retrospect: Organization of a Successful Counterinsurgency Effort (La Emergencia Malaya en retrospección: organización de un esfuerzo efectivo de la contrainsurgencia) (Santa Mónica, CA: RAND, 1972), 19.

14. Ibid., iii.

15. El Centro de Excelencia de Guerras Pequeñas del Cuerpo de Infantería de Marina cita actualmente 407 guerras pequeñas actuales y pasadas. Vea el sitio web del Centro en http://www.smallwars. quantico.usmc.mil/sw_today.asp (accessed 23 May 2005).

16. Cable, Conflict of Myths (Conflicto de mitos), 71.

17. Komer, Malayan Emergency in Retrospect (La Emergencia Malaya en retrospección, 52.

18. Corum and Johnson, Airpower in Small Wars (El poder aéreo en las guerras pequeñas), 193.

19. Jay Gordon Simpson, “Not by Bombs Alone: Lessons from Malaya” (No sólo mediante bombas: lecciones de Malasia) (Joint Forces Quarterly, Verano de 1999, 95.

20. Ibid.

21. Komer, Malayan Emergency in Retrospect (La Emergencia Malaya en retrospección), 75.

22.Simpson, “Not by Bombs Alone” (No sólo mediante bombas) 97.

23. Corum and Johnson, Airpower in Small Wars (El poder aéreo en las guerras pequeñas), 191.

24. Komer, Malayan Emergency in Retrospect (La Emergencia Malaya en retrospección), 52

25. Corum and Johnson, Airpower in Small Wars (El poder aéreo en las guerras pequeñas), 195.

26. AFDD 1, Air Force Basic Doctrine (Doctrina Básica de la Fuerza Aérea), 17 noviembre de 2003, 76, https://www.doctrine.af.mil.

27. Departamento de EE.UU. de la Fuerza Aérea, U.S. Air Force Transformation Flight Plan 2004 (Plan de Vuelos de Transformación de la Fuerza Aérea de EE.UU.), 49.

28. Richard P. Hallion, “Doctrine, Technology, and Air Warfare: A Late Twentieth-Century Perspective” (Doctrina, tecnología y guerra aérea: perspectiva de fines del siglo XX), Airpower Journal 1, N° 2 (Otoño de 1987): 16–17, http://www.airpower.maxwell.af.mil/airchronicles/apj/apj87/hallion.html.

29. AFDD 1, Air Force Basic Doctrine (Doctrina Básica de la Fuerza Aérea), 80.

30. Ibid., 78.

31. Cuerpo de Infantería de Marina de EE.UU., “Small Wars” (Guerras pequeñas), 53.

32. Simpson, “Not by Bombs Alone” (No sólo mediante bombas), 96.

33. AFDD 1, Air Force Basic Doctrine (Doctrina Básica de la Fuerza Aérea), 79.

34. Corum y Johnson, Airpower in Small Wars I (El poder aéreo en las guerras pequeñas), 430.

35. Vea ibid., especialmente el cap. 2, “Colonial Air Control” (Control aéreo colonial) 51–86. Los autores demuestran que la idea de controlar un país por medio del poder aéreo es atractiva para los aviadores y para aquellos que son reacios a las bajas, sin embargo la historia del control aéreo dice poco a favor de la idea de operaciones policiales o de paz por medio del poder aéreo solamente. Los pocos casos en que demostró ser eficaz fue “en conflictos muy menores de operaciones de policía tribal” (85). Aparte de esos casos, fue necesario utilizar ciertos contingentes de tropas terrestres para las operaciones de paz. Vea también Capitán David W. Parsons, “British Air Control: A Model for the Application of Air Power in Low-Intensity Conflict?” (Control aéreo británico: modelo de aplicación del poder aéreo en un conflicto de baja intensidad), Aerospace Power Journal 8, N° 2 (Verano de 1994): 28–39 .


Colaborador

El Mayor Ronald F. Stuewe El Mayor Ronald F. Stuewe, hijo, USAF (Licenciatura, Air Force Academy) es estudiante de Capacitación para el desarrollo intermedio en el programa de Análisis de Defensa, Operaciones Especiales/Conflictos de Baja Intensidad en la Escuela de Posgrado de la Armada en Monterey, California.  Anteriormente, se de­sempeñó como jefe de seguridad de vuelo en la 57ava Ala como instructor en la Escuela de Armamento de la USAF en la Base Aérea Nellis, Nevada.  Además completó asignaciones operacionales con el 25avo Escuadrón de Combate, Base Aérea Osan, República de Corea; en el 74avo Escuadrón de Combate, Base Aérea Pope, North Carolina y en el 55avo Escuadrón de Combate, Base Aérea Shaw, South Carolina.  El Mayor Stuewe, un piloto de primera clase con 2.000 horas de vuelo en el avión A/OA-10, es egresado distinguido de la Escuela para Oficiales de Escuadrón y egresado de la Escuela de Armamento de la USAF y de la Escuela Superior de Comando y Estado Mayor, Base Aérea Maxwell, Alabama.

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