Document created: 6 June 05
Air & Space Power Journal - Español
Segundo Trimestre 2005
El tema de la innovación dentro de los servicios militares estadounidenses ha recibido mucha atención en los últimos años. El surgimiento de amenazas terroristas de estados y noestados ha redefinido las prioridades de seguridad nacional de los Estados Unidos y sugiere la necesidad de cambios similares dentro de las organizaciones militares encargadas de su defensa. La aplicación, magnitud y ritmo de esos cambios propuestos difiere entre los líderes políticos, militares y estudiosos interesados en el tema. Este documento analiza si se puede, o incluso si se debe, buscar la innovación militar en tiempo de conflicto. El autor comienza definiendo la innovación militar, y después evalúa los argumentos contemporáneos relacionados con su búsqueda. A continuación, el documento define las condiciones previas correlacionadas con las ocurrencias de innovación militar. Después se prueban estas condiciones previas contra un caso de estudio que se centra en la Gran Guerra del Chaco. Finalmente, el autor trata sobre las consecuencias del estudio para la innovación en los servicios militares actuales.
En algunos escritos, el término transformación militar aparece como sinónimo de innovación. Sin embargo éstos son términos distintos con significados únicos. El Teniente Coronel Christian Daehnick escribe, "Transformación implica algunos cambios importantes en la cultura organizacional, incluyendo las habilidades que son más valiosas para la organización, a quién se asciende y en última instancia quién dirige la organización, e incluso la imagen de la organización ante sí misma y el resto del mundo."1 John Kao, asesor de la Oficina de Transformación de las Fuerzas del Departamento de Defensa añade, "La visión define el futuro deseado y el vector de transformación, que es el puente entre la actualidad y el futuro deseado. La innovación es el motor que impulsa la transformación. La creatividad es el combustible de la innovación."2 El profesor Stephen Rosen de Harvard define una innovación importante como,
[Un] cambio en una de las ramas de combate principales del servicio en la forma que se combate o de forma alterna, la creación de una nueva rama de combate.... [Involucra] un cambio en los conceptos de operación … es decir, las ideas que gobiernan los métodos que sus fuerzas utilizaban para ganar una campaña … [y] un cambio en la relación de esa rama de combate con las otras ramas y una reducción o abandono de los conceptos más antiguos de operación y posiblemente de un arma que anteriormente era dominante.3
Un estudio de RAND en 1999 define la innovación militar de la siguiente manera:
Para una rama militar específica, la innovación se manifiesta por el desarrollo de nuevos conceptos de lucha de guerra y/o nuevos medios de integrar tecnología. Los nuevos medios de integración de tecnología pueden incluir doctrina, tácticas, adiestramiento o apoyo revisados.4
Los autores de ambas definiciones concuerdan en que la innovación militar y la innovación tecnológica no son idénticas. La innovación militar puede emplear nuevos medios de tecnología, o utilizar tecnología antigua de una manera especial que contrarresta en forma efectiva la estrategia del adversario.5 De hecho, podría decirse que la innovación tecnológica impide la innovación militar. Por ejemplo, el advenimiento de la era nuclear dio lugar a una política de "represalia masiva" y teorías de guerra en la era atómica que efectivamente estancaron la innovación militar. Esto fue particularmente evidente en relación al Ejército, tal como lo evidencia la declaración de 1946 del estratega militar Bernard Brodie, "De ahora en adelante el propósito principal [de nuestro ejército] debe ser prevenir las [guerras]. Puede tener casi ningún otro propósito útil".6 La Fuerza Aérea creó innovaciones técnicas durante este período en términos de sistemas de entrega, pero predominaron la dominación del Comando Aéreo Estratégico y la opción nuclear sobre cualquier progreso en la doctrina conjunta de aire-tierra.
Teniendo en cuenta estas consideraciones, este documento define la innovación militar como un cambio doctrinario, organizacional o tecnológico aplicado recientemente que tiene un impacto definitivo en la efectividad del combate. Es un aspecto de transformación necesario, pero potencialmente no suficiente. La evaluación de si las fuerzas militares de una nación pueden innovarse con efectividad durante períodos prolongados de conflicto limitado puede ser vital para el éxito en los conflictos regionales.
Aunque hay razones válidas contra la innovación fundamental dentro de las organizaciones militares, igualmente hay razones contrarias convincentes. Muchos concuerdan que Estados Unidos enfrenta una lucha ardua en la guerra contra el terrorismo, pero difieren en cómo se debe enfrentar. Para algunos, como los seguidores de Arthur C. Clarke, intentar efectuar innovación militar mientras se participa en un conflicto es un riesgo insensato. Ellos sostienen que la innovación militar exige muchos recursos y mano de obra que se podrían aplicar para ganar la guerra.7 Sin embargo, no buscar la innovación militar puede acarrear riesgos similares. Los cambios presentados por la era de la información y las amenazas enemigas en desarrollo sugieren que la innovación no sólo es deseable, sino también necesaria. La reorganización militar, las bases conjuntas, las maniobras realistas conjuntas y las reformas educativas militares profesionales son algunos ejemplos de iniciativas que pueden facilitar la innovación militar. Es difícil implementar estas ideas debido al increíble esfuerzo que se requiere para iniciarlas, pero los dividendos de largo plazo deben superan la inversión inicial. El concepto facilitaría un mejor desarrollo de doctrina conjunta, compatibilidad técnica y logística, y mayor flexibilidad en el combate.
Los oponentes de la innovación militar en tiempo de conflicto también recusan que las innovaciones fundamentales animan la agresión de las naciones rivales. Si los servicios militares estadounidenses realizan la innovación de forma organizativa y doctrinaria para crear fuerzas móviles más pequeñas que reemplacen a la gran fuerza convencional, las naciones pueden aprovechar la oportunidad para incrementar sus fuerzas convencionales y desafiarnos. Asimismo, las innovaciones funcionales en términos de tecnología y sistemas de armamento pueden animar a los "modernizadores tardíos" a sobrepasar las capacidades de la nación que se está innovando. Superficialmente estos argumentos tienen mérito, pero requieren un análisis más profundo. Mientras que los líderes extranjeros con modo de pensar convencional podrían considerar la innovación militar estadounidense como una amenaza convencional menos formidable, eso no necesariamente sería el caso. Un ejemplo de innovación potencialmente exitosa sería la utilización de unidades móviles pequeñas en maneras que aseguren la flexibilidad necesaria para combatir los conflictos de baja y alta intensidad.8 Aunque podría estimular un intento inicial de agresión, la tremenda efectividad de combate de estas fuerzas a través del espectro de conflictos garantizaría que otras naciones se abstengan de actos beligerantes. En cuanto al argumento del modernizador tardío, Estados Unidos ya aventaja al mundo en avances tecnológicos. Por lo tanto, el peligro de que otras naciones sobrepasen nuestras capacidades en base a sus propias tecnologías ya existe. Avanzar incrementalmente ahora sólo permitiría que los adversarios, que elijan sobrepasar nuestras capacidades, ganen una ventaja más grande en el futuro.
Otro caso en oposición a la innovación militar sugiere que los cambios harán más difíciles las operaciones con los socios de la coalición debido a la "brecha de innovación". Aunque los argumentos se centran en la innovación tecnológica, los asuntos organizativos y doctrinarios son igualmente conflictivos. Desafortunadamente, la política de las operaciones de la coalición puede ser tan perjudicial a las operaciones de combate como la rivalidad entre servicios. Mientras que no se puede negar la necesidad de la asistencia internacional en la guerra contra el terror, la necesidad de que cada país esté representado en el campo de batalla por el hecho de involucrarlos es contraproducente. En lugar de tratar la formación de la coalición con un enfoque de "internacionalista liberal", el foco debe ser la integración de las capacidades de los aliados internacionales en cuanto a inteligencia y cumplimiento de la ley. El argumento de que los militares de una nación tengan que limitar la innovación por el bien de las operaciones de combate efectivas de la coalición no es suficiente para merecer consideración seria.
La necesidad de innovación militar en Estados Unidos parece clara. Un área que no se ha discutido suficientemente es sostener la innovación militar. Si una nación dedica los recursos hacia la innovación militar en términos de organización, doctrina y función, debe asegurar la persistencia de la búsqueda continua de la innovación. Al tratar de hacerlo, debe también tener cuidado de no institucionalizar el concepto de innovación. El historiador Williamson Murray resume este punto cuando dice: "La burocratización de la innovación—particularmente en la estructura actual de los servicios militares estadounidenses—garantiza su exterminio".9 Esto ha sido muy claro en los anteriores esfuerzos de los militares para institucionalizar las innovaciones, tales como el intento fallido de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos en su programa Fuerza Aérea de Calidad. Como apunta el Jefe de Estado Mayor de ese servicio, "Una vez tuvimos una Fuerza Aérea de calidad que fue arruinada por el concepto conocido como Fuerza Aérea de Calidad".10 Por lo tanto, los militares deben crear más bien un entorno que fomente la innovación y permita que el diseño de la visión ocurra simultáneamente de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo.
Tratar de definir una lista de comprobación de lo que conducirá a la innovación no es un esfuerzo realista. Rosen dice:
Gran parte del problema con los estudios sociales y científicos de la innovación burocrática ha sido que cuando un estudio encontraba un factor que parecía asociado con la innovación, otro encontraría evidencia de innovación cuando ese factor estaba ausente, o incluso cuando lo opuesto de tal factor estaba presente.11
Sin embargo, la historia ha producido algunos indicadores comunes asociados con el hecho de si una nación logra la innovación militar, o no la logra. En su evaluación Rosen afirma,
La innovación en tiempo de guerra puede provenir del aprendizaje en tiempo de guerra, pero el aprendizaje que va más allá de las mejoras en la aplicación de las rutinas organizacionales existentes involucra el desarrollo de una nueva medida de efectividad estratégica. Los militares tienen que aprender qué es lo que deben aprender, y como aprenderlo. Si la búsqueda de las antiguas metas de rendimiento sólo empeora el problema, entonces se debe definir una nueva meta estratégica.12
Los doctores Jeffrey A. Isaacson, Christopher Layne y John Arquilla señalan que varios factores pueden sugerir innovación militar. Ellos los denominan alta amenaza externa, objetivos revisionistas, limitaciones relativas de recursos, cohesión social, fracasos pasados, paladines de productos y trayectorias de carrera profesional. Como estos factores se obtuvieron de la evaluación de enfoques societales, organizacionales y estructurales realistas, este documento simplificará las categorías en factores externos y factores internos, y derivará una dinámica ligeramente diferente a partir de los ejemplos históricos. Los factores internos se refieren a las características institucionales dentro de la organización militar, mientras que los factores externos incluyen influencias nacionales y globales que afectan a la organización.
Factores externos
La presencia de una amenaza externa importante aparece en muchos casos pasados de innovación militar. Se ha ilustrado esto en entornos de guerra y de tiempo de paz, y en casos donde la nación ha tenido una derrota o victoria reciente. Por lo tanto, estos factores no parecen tan importantes como la existencia de una amenaza percibida. Ejemplos de innovación a la luz de una amenaza externa incluyen: Las tácticas alemanas de toma por asalto durante la Primera Guerra Mundial,13 el despliegue de portaaviones estadounidenses en el período entre guerras, y la implementación paraguaya de maniobras descentralizadas en la Guerra del Chaco de 1931–1935.14 En cada uno de estos casos, las organizaciones militares cambiaron radicalmente partes de su doctrina, organizaciones y tareas funcionales para crear fuerzas de combate más efectivas.
No obstante, la simple existencia de la amenaza percibida no es suficiente para garantizar que ocurrirá la innovación. Los líderes también deben tener un entendimiento amplio de la amenaza y de los límites del espacio de batalla en el que operan. Sin este conocimiento, la innovación puede dirigirse mal o no existir. La dependencia del Ejército Confederado en la doctrina ofensiva durante la Guerra Civil Americana,15 la decisión alemana de renunciar al desarrollo de submarinos durante el período entre guerras,16 y las operaciones convencionales continuadas del ejército del General Fulgencio Batista contra la insurrección de Fidel Castro en Cuba ejemplifican este punto.17
La política nacional e internacional pueden también afectar la capacidad militar para innovar. Como el liderazgo civil en última instancia determina los objetivos nacionales en conflicto, sus influencias pueden dar forma a las organizaciones militares. Estos líderes son asimismo influenciados por la opinión popular, las presiones internacionales y sus propias experiencias. El presidente Abraham Lincoln proporcionó un ejemplo positivo de influencia de innovación con su noción de explotar las líneas exteriores mediante el uso del ferrocarril y el telégrafo.18 Las influencias políticas también pueden tener efectos negativos sobre la innovación. La corrupción y la ineficacia del régimen del General Romeo Lucas García en Guatemala socavó seriamente la capacidad de sus militares para desarrollar esfuerzos efectivos contra la insurrección antes de 1982.19
Factores internos
Los aspectos institucionales de una organización militar presentan históricamente una mayor influencia sobre la innovación militar que los factores externos. En los entornos donde el liderazgo militar fomentaba la descentralización y el pensamiento creativo, la innovación fue más extendida que en los entornos tradicionales altamente centralizados. Sin embargo, no basta con estimular el pensamiento innovador. También es necesario reclutar y ascender a oficiales de menor antigüedad (y oficiales no destacados) que poseen habilidades organizacionales y de desarrollo. Dos ejemplos opuestos de esto incluyen los servicios militares de Alemania y Gran Bretaña durante el período entre guerras. El liderazgo alemán fue muy receptivo a las ideas nuevas de sus oficiales menos antiguos y les permitía la libertad de crear y emplear nuevas doctrinas. Sin embargo, los militares británicos permanecieron institucionalizados y aplastaron las innovaciones con relación a la guerra mecanizada. El mariscal de campo Alan Brooke incluso se aseguró de que cualquier oficial que sirviera con los defensores de la innovación blindada fuera impedido de dirigir unidades en el nivel de división o superior.20
La educación es vital para garantizar que la organización militar pueda explotar la atmósfera innovadora cultivada por su liderazgo. Deben haber programas establecidos para ofrecer adiestramiento técnico, organizativo y doctrinario de vanguardia al soldado durante su carrera. Deben integrarse los análisis críticos y cuidadosos de casos históricos con el material de vanguardia. De vez en cuando, se puede sintetizar la tecnología antigua o los medios de guerra con los recursos actuales para proveer enfoques innovadores al arte de la guerra. Algo muy importante es que el programa debe continuar siendo dinámico. Si los programas de educación se institucionalizan, estancarán el pensamiento progresivo dentro de los militares y causarán más daño que beneficio.
La cooperación entre servicios también ha sido muy importante para la innovación militar. Mientras que la competencia y el debate pueden promover el pensamiento innovador, la rivalidad burocrática puede dañar aún más el proceso. El desarrollo del apoyo aéreo próximo por el Ejército y la Fuerza Aérea de Alemania en las tácticas de guerra relámpago de la Segunda Guerra Mundial son un magnífico ejemplo de cómo la combinación del análisis crítico con las actitudes de cooperación pueden conducir a la innovación positiva.21 En contraposición a esto, el ejemplo británico de rivalidad entre servicios de la Real Fuerza Aérea y la Armada Real paralizaron la innovación de los portaaviones poco después de su comienzo. Esta rivalidad también impidió las innovaciones en el bombardeo con torpedos, todo lo cual limitó la efectividad global de combate de Gran Bretaña.22
Las siguientes secciones compararán estos factores en la Guerra Boliviana/Paraguaya del Chaco para ilustrar cómo contribuyeron estos factores, o no, a la innovación paraguaya durante el conflicto. Después se discutirán comparaciones con temas actuales para sugerir que los militares estadounidenses pueden aplicar algunas de estas lecciones necesarias para asegurar la innovación exitosa.
Información de referencia
La Guerra del Chaco se desarrolló principalmente en una región conocida como Chaco Boreal, un área semidesértica de 647.000 kilómetros cuadrados en el área fronteriza entre Paraguay, Bolivia y Argentina (ver la Figura 1). Durante el gobierno colonial español, se encontraba bajo el gobierno del virrey boliviano. El pueblo boliviano había usado muy poco la tierra y no vivía en ella ni explotaba ninguno de los recursos dentro de la región. Por otro lado, los paraguayos habían colonizado partes de la región para criar ganado y comenzar una industria de tanino. El gobierno español colapsó en 1810, y por muchas décadas hubo muy poca disputa sobre la región prohibida.23
En 1852 comenzaron las maniobras diplomáticas por los reclamos reconocidos internacionalmente sobre la región. Estas negociaciones continuaron con poco entusiasmo hasta principios de la década de 1920, cuando la expansión boliviana y paraguaya en la región del Chaco comenzó a aumentar las tensiones. El esfuerzo de colonización incluyó una presencia militar y el establecimiento de fortines (puestos formados por chozas y defendidos por unos cuantos soldados). En febrero de 1927, una usurpación paraguaya cerca de un fortín boliviano produjo el primer derrame de sangre durante el preludio de la Guerra del Chaco.24 Durante los próximos cinco años se produjeron numerosas escaramuzas mientras continuaban los juegos del "gato y el ratón" diplomáticos y militares. En julio de 1932, las fuerzas de ambos países quedaron frente a frente en una fuente de agua clave, en Lago Pitiantua. Abundan los informes contradictorios sobre cuál de los dos fue el responsable de iniciar las operaciones de combate en esta área. Sin embargo, las investigaciones que siguieron a la conferencia de paz del Chaco indican que los militares bolivianos fueron los agresores.25
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Figura 1. La Gran Región del Chaco |
Muy poco después que los paraguayos recapturaron su fortín en Lago Pitiantua, ambas naciones se movilizaron para la guerra. Los paraguayos al mando del Teniente Coronel José Félix Estigarribia tomaron la ofensiva con un ataque sobre el fortín Boquerón. Después de un asedio de treinta días, los paraguayos tomaron el fortín. Las pérdidas en ambos lados fueron considerables, los paraguayos sufrieron 1513 bajas, y Bolivia perdió más de 2000 (incluyendo los que cayeron prisioneros).26 La batalla misma no se decidió por la fuerza, más bien por el agotamiento boliviano de las provisiones de agua y municiones.27
Innovaciones
Después de esta batalla, Estigarribia se dio cuenta que sus fuerzas más pequeñas no podrían tener éxito si continuaban combatiendo frente a frente contra las fuerzas bolivianas más grandes. La Tabla 1 ilustra el desequilibrio de poder entre las fuerzas. Por lo tanto Estigarribia decidió abandonar las lecciones de "dominación de defensas" de la Primera Guerra Mundial, y en su lugar empleó pequeñas fuerzas descentralizadas. Estas fuerzas usaron con efectividad morteros Stokes-Brandt de 81 milímetros y guerra de maniobras, mientras que evitaba los fortines bien defendidos para destruir partes clave de las líneas de aprovisionamiento bolivianas.28
Estigarribia también entendió las limitaciones y ventajas del poderío aéreo paraguayo. Trabajó estrechamente con el comandante del grupo aéreo de Paraguay, Teniente Coronel Alcides Almonacid, para maximizar el apoyo que las fuerzas áreas podían proporcionar en la guerra. En un caso, Estigarribia hizo que Almonacid movilizara toda la flota aérea para transportar municiones a un campo de aterrizaje improvisado en Nanawa, permitiendo que las tropas de tierra mantuvieran su posición. En otro caso, las fuerzas aeronavales arrojaron 800 libras de bombas sobre los fortines bolivianos durante la primera campaña de bombardeo nocturno del Hemisferio Occidental.29
Tabla 1. Equilibrio
de poder (De Isaacson y otros, 1999) Comparación de los combatientes: Un desequilibrio aparente de poder |
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Al final, los militares paraguayos casi desalojaron por completo a las fuerzas bolivianas del Gran Chaco. La guerra terminó con un cese del fuego el 12 de junio de 1935. A esto siguió una tregua total en 1938 que otorgaba a Paraguay tres cuartas partes de la región Chaco Boreal y negaba a Bolivia la vía acuática al Océano Atlántico que esperaba obtener.30
Condiciones previas para la innovación paraguaya
Internas: Los militares paraguayos pusieron gran énfasis en la educación de sus cuerpos de oficiales. Una mayoría de oficiales también asistió a escuelas militares superiores en el extranjero en países como Italia, Bélgica, Argentina y Francia (donde el mismo Estigarribia estudió). Esto permitió que los paraguayos estuvieran mejor informados e ilustrados que sus adversarios bolivianos, quienes raramente siguieron alguna educación durante su destaque.31 Los militares paraguayos también reclutaron soldados profesionales y creativos, poniéndolos en unidades cohesivas y equilibrando sus fortalezas y debilidades. Por otro lado, los bolivianos reclutaron principalmente entre los campesinos y mineros indígenas, y crearon unidades para el caso.32 Estigarribia animó las ideas innovadoras de sus tropas y fue capaz de descentralizar las operaciones a los comandantes de sus pequeñas unidades dispersas a través del Chaco. Esto permitió que el ejército paraguayo operara con mucho más efectividad que su contraparte boliviana, quienes sufrieron bajo la administración estricta y centralizada del General Hans Kundt.33 Finalmente, la habilidad de Estigarribia para superar las rivalidades del Ejército y la Fuerza Aérea facilitó las contribuciones integradas e innovadoras al éxito de Paraguay. A diferencia del liderazgo boliviano, él confió en los informes de reconocimiento de la fuerza aérea, permitiéndole estar mejor informado del espacio de batalla.
Externas: Bolivia definitivamente presentaba una amenaza importante para Paraguay. La Guerra de la Triple Alianza aún afectaba a Paraguay debido a las costosas reparaciones y enormes pérdidas de la población masculina. Las aparentes ventajas militares y económicas de Bolivia, junto con su expansionismo, hizo que ésta sea una lucha por la supervivencia de Paraguay.34 Sin embargo, Paraguay tenía mucho mejor conocimiento del espacio de batalla, incluso antes de emplear su poderío aéreo. Ya habían establecido colonias en gran parte del Gran Chaco y tenían excelente inteligencia y mapas del área. Por otro lado, los bolivianos no tenían ningún documento del área hasta agosto de 1931. Los paraguayos también aumentaron su conocimiento del espacio de batalla estudiando cuidadosamente a su adversario, especialmente la red de transporte y los despliegues de tropas bolivianas. Los bolivianos no hicieron tal esfuerzo. Tal vez el elemento más importante del éxito fue que Estigarribia gozaba de la completa confianza de los líderes políticos de Paraguay, y se le había otorgado autonomía, incluso hasta el punto de ignorar la doctrina básica del ejército. Por otro lado, el ejército y el gobierno bolivianos reñían constantemente entre ellos.35
Aunque este caso de estudio no presenta una relación causal definitiva entre las condiciones previas y la innovación real, sí presenta una correlación convincente. Esta correlación debe crear discusión y fomentar más investigación sobre cómo se pueden beneficiar las fuerzas militares del establecimiento de estas condiciones previas en el entorno global actual.
Resulta poco convincente hacer una comparación directa entre la guerra actual contra el terrorismo y el Chaco. Las características generales de los conflictos con actores "que no son estado" y aquellas entre "dos naciones estado" son muy diferentes. Sin embargo, dentro de los militares estadounidenses actuales parece ser imperativa la necesidad de innovación, y sugerir la aplicación de las condiciones previas puede tener mérito. Las amenazas y tecnologías de rápida evolución que enfrenta Estados Unidos indican que la estructura militar de la era de la Guerra Fría ya no es adecuada para la seguridad nacional. La amenaza a nuestro país por la proliferación de armas de destrucción masiva, organizaciones terroristas fomentadas por estados y no-estados, y potencias políticas sin escrúpulos como Corea del Norte, demandan la máxima flexibilidad y eficacia de nuestros militares. Hay mucho más en riesgo ahora que nunca antes porque no sólo nos interesa la estabilidad de Europa, Asia del Este o Asia Central, también nos preocupa la seguridad de nuestro territorio. En su discurso a la nación del 24 de mayo de 2004, el Presidente Bush llamó a Irak el "frente central en la guerra contra el terrorismo". Si éste es el caso, las consecuencias de perder en este frente serán muy grandes.
Estados Unidos puede lograr de varias maneras las condiciones previas para la innovación necesaria a fin de enfrentar a estos nuevos desafíos. La primera es ampliar por igual las oportunidades educativas para los oficiales activos y no destacados. Estas oportunidades deben incluir diversas instituciones a través del mundo y no estar limitadas a los programas de educación militar profesional institucionalizados ofrecidos en la actualidad. En relación con la descentralización, se nota progreso. El uso de equipos pequeños y dispersos para combinar las capacidades de las armas de equilibrio (standoff) con aquellas de las fuerzas de acercamiento ha maximizado la eficiencia de nuestro poderío de fuego militar y las capacidades humanas. Sin embargo, estas fuerzas aún operan bajo el mando de cuarteles generales jerárquicos que controlan estrechamente la libertad de movimiento del soldado. Cambiar de este control centralizado hacia una función "supervisora" a fin de proporcionar capacidad de evitar conflicto e inteligencia a los combatientes, mejorará la innovación. Estados Unidos tambíen tiene que eliminar la naturaleza de miras estrechas aún presente dentro de los servicios individuales. Una manera de obtenerlo es eliminando la representación desproporcionada del servicio en las agencias conjuntas y crear normas de servicio que realmente correspondan con las normas conjuntas.
Estados Unidos ha mejorado su conocimiento del espacio de batalla, pero depende demasiado de las medidas tecnológicas para lograrlo. Las fuerzas de las amenazas asimétricas que se pueden ocultar efectivamente en las áreas urbanas contrarrestan con efectividad a estas medidas tecnológicas. Más inversión en inteligencia humana, explotación de redes informales y reclutamiento sustituto ampliarán el conocimiento del espacio de batalla caracterizado por insurrectos y actores que no son estado. Los militares estadounidenses también deben ganar la confianza y el apoyo de los líderes políticos de los que dependen. La administración actual está haciendo un esfuerzo diligente para fomentar la innovación militar; un ejemplo es el nombramiento de un Jefe del Comando Conjunto del Ejército que no era parte de la sucesión normal del comando y que volvió al servicio de su retiro. Sin embargo, de manera parecida a los intentos de transformación de John F. Kennedy en la década de 1960, los esfuerzos actuales han alienado también a algunos líderes militares que se dan cuenta que las administraciones políticas son reemplazadas cada cierto tiempo y simplemente necesitan "esperar a que salgan". Con el apoyo popular internacional y nacional a la administración actual en disminución, esto parece un curso de acción posible para quienes desean mantener el conservadorismo institucional de los militares estadounidenses.
El último recurso para lograr las condiciones previas para la innovación es otro ataque devastador contra el territorio de Estados Unidos. Esto recordaría a la nación que aún existe una amenaza externa importante. El problema es que la respuesta será reactiva y no proactiva. Cualquier intento de innovación en esta fase probablemente será apurado y no se considerará concienzudamente. La mejor oportunidad para el éxito es convencer al liderazgo político y militar más experimentado de la necesidad de innovarse en respuesta a la nueva amenaza asimétrica ahora, mientras aún tenemos la iniciativa.
En general, el pronóstico de la innovación militar estadounidense hoy parece discutible, pero no es imposible. Superar la inercia burocrática existente requerirá un gran esfuerzo de parte de los defensores de la innovación militar. El escándalo del abuso de prisioneros en Abu Ghraib también ha erosionado la confianza política y social que los militares necesitan para innovarse. Los esfuerzos de relaciones públicas para recuperar esa confianza continúan pero deben persistir. Asimismo, hay mayor número de oficiales y personal alistado de nivel medio con mejor educación y que tienen interés genuino en la innovación militar. Las mejoras en los ascensos de oficiales, y oficiales no destacados, puede ofrecer la esperanza de que sigan surgiendo líderes profesionales educados e innovadores en las filas, y permitan que los militares prevalezcan en la lucha actual.
Notas:
1. Christian C. Daehnick, Through a Glass Darkly, Innovation and Transformation in the Twenty-First Century Air Force (A Través de un vaso oscuro: Innovación y Transformación en la Fuerza Aérea del Siglo Veintiuno), (Base de la Fuerza Aérea Maxwell, AL: Air University, abril de 2001), 13.
2. John Kao, "Innovation, From Getting It to Getting It Done (Innovación, De entrar en el asunto a Resolverlo)", Resumen breve ante la conferencia OFT/IDA, 22 de octubre de 2003; Disponible en http://www.oft.osd.mil/ library/library_files/briefing_280_8_Kao_oftweb.ppt; Internet; accedido el 23 de mayo de 2004.
3. Stephen P. Rosen, Winning the Next War (Ganar la Próxima Guerra), (Ithaca, NY: Cornell University Press, 1991), 7-8.
4. Jeffrey Isaacson, Christopher Layne y John Arquilla, Predicting Military Innovation (Predecir la Innovación Militar), (Santa Monica, CA: RAND, 1999), 8.
5. Ibíd, 8. y Rosen, 8.
6. Bernard Brodie, ed., The Absolute Weapon (El Arma Absoluta), (New York: Harcourt, Brace, & Co., 1946), 33.
7. Arthur C. Clarke, Superiority (Superioridad), (New York: Scott Meredith Literary Agency Inc., 1951).
8. John Arquilla y David Rondfeldt, Swarming and the Future of Conflict (Enjambres y el Futuro del Conflicto), (Santa Monica, CA: RAND, 2000), 1-23.
9. Williamson Murray y Allan R. Millett, eds., Military Innovation in the Interwar Period (Innovación Militar en el Período entre Guerras), (New York: Cambridge University Press, 1996), 326.
10. General John P. Jumper, Discurso ante la Academia del SNCO, (Base de la Fuerza Aérea Maxwell, AL: 27 de junio de 2001), disponible en http://www.usna 63.org/tradition/history/Jumper.html; Internet, accedido el 2 de junio de 2004.
11. Rosen, 3.
12. Ibíd, 181.
13. Bruce I. Gudmundsson, Stormtroop Tactics: Innovation in the German Army (Tácticas de Tomas por Asalto, Innovaciones en el Ejército Alemán), 1914-1918, (Westport, CT: Praeger, 1995), 91-105.
14. Isaacson y otros., 46-47.
15. David Donald, ed., Why the North Won the Civil War (Por qué el Norte Ganó la Guerra Civil), (Baton Rouge, LA: Louisiana State University Press, 1960), 46-48.
16. Murray y Millett, 231-241.
17. Ramon L. Bonachea y Marta San Martin, The Cuban Insurrection (La Insurrección Cubana), (New Brunswick, NJ: Transaction Publishers, 1995), 226-260.
18. Donald, 54.
19. Georges, Fauriol, ed., Latin American Insurgencies (Insurgencias en América Latina), (Washington, DC: Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales de Georgetown University, 1984), 103-106.
20. Ibíd, 27-29, y 350-352.
21. Ibíd, 144-163.
22. Ibíd, 149-152, y 197-203.
23. Robert Craig Johnson, "The Gran Chaco War: Fighting for Mirages in the Foothills of the Andes (La Gran Guerra del Chaco: Luchando por Espejismos en las Estribaciones de los Andes)", Chandelle, diciembre de 1996 [journal online]; disponible en http://worldatwar. net/chandelle/v1/v1n3/index.html; Internet, accedido el 23 de mayo de 2004.
24. David H. Zook, Jr., The Conduct of the Chaco War (La Conducción de la Guerra del Chaco), (New Haven, CT: Bookman Associates, 1960), 25-44.
25. Leslie B. Rout, Jr., Politics of the Chaco Peace Conference 1935-1939 (Política de la Conferencia de Paz de El Chaco en 1935-1939), (Austin, TX: University of Texas Press), 219-221.
26. Zook, 101-102.
27. Bruce W. Farcau, The Chaco War: Bolivia and Paraguay (La Guerra del Chaco: Bolivia y Paraguay), 1932-1935, (Westport, CT: Praeger), 37-63.
28. Isaacson y otros, 46-47.
29. James S. Corum, "Airpower in the Chaco War (Poderío Aéreo en la Guerra del Chaco)", The Latin American Aviation Historical Society [diario en línea]; disponible en http://www.laahs.com/art02.htm; Internet, accedido el 25 de mayo de 2004.
30. Ryan Lindsay, "The Chaco War (La Guerra del Chaco)", The Inventory of Conflict & Environment [diario en línea]; disponible en http://www.american.edu/ projects/mandala/TED/ice/chaco.htm; Internet, accedido el 25 de mayo de 2004.
31. Farcau, 25.
32. Ibíd, 34-43.
33. Ibíd, 123-143.
34. Ibíd, 23-24.
35. Ibíd, 26, 42.
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El Mayor Michael McNerney, USAF (Licenciatura, Academia de la Fuerza Aérea, Maestría en Análisis de Defensa, Naval Postgraduate School, Monterrey, California) se desempeña actualmente en el Comando de Operaciones Especiales en Europa. Es piloto de KC-135, T-37, C-12 y MH-53 y ejerce múltiples funciones al nivel de ala y estado mayor tanto en el territorio estadounidense como en Corea del Sur. El Mayor McNerney es autor del artículo "Trust, Influence, and Networks: Applications for Nonconventional Assisted Recovery in Urrbanized Aereas of the Middle East" publicado en la edición de julio del 2004 de la revista Australian Army Journal. El Mayor McNerney es egresado de la Escuela de Oficiales de Escuadrón, Base Aérea Maxwell, Alabama. |
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Las ideas y opiniones expresadas en este artículo reflejan la opinión exclusiva del autor elaboradas y basadas en el ambiente académico de libertad de expresión de la Universidad del Aire. Por ningún motivo reflejan la posición oficial del Gobierno de los Estados Unidos de América o sus dependencias, el Departamento de Defensa, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos o la Universidad del Aire. El contenido de este artículo ha sido revisado en cuanto a su seguridad y directriz y ha sido aprobado para la difusión pública según lo estipulado en la directiva AFI 35-101 de la Fuerza Aérea.
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