Document created: 15 September 03
Air & Space Power Journal - Español Tercer Trimestre 2003

Militares o Ética

Dr. James H. Toner

El título del artículo es intencionalmente "gracioso" o engañoso porque sugiere exactamente lo que deseo debatir. Yo me opongo al concepto de que hay, o bien, lo que corresponde al "militarismo" (con lo que me refiero a la profesión de las armas, los servicios militares o las operaciones de combate), o lo que corresponde a la "ética" (la moralidad, preocupación por la justicia o los principios de bondad). Esta división entre lo militar y lo moral es atinadamente conocida como una dicotomía falsa; es decir, a raíz de que estamos separando arbitraria e injustamente lo que no debe separarse.

Después de haber enseñado ética militar por doce años en la Escuela Superior de Guerra ubicada en la Base Aérea Maxwell, Alabama, jamás he tenido que establecerle a mis estudiantes el punto de vista de que la ética militar es necesaria, posible, o que por lo regular y en términos sencillos, tiene sensatez. Ese simple hecho—que los oficiales superiores, casi sin excepción, concuerdan con la realidad (no solamente el ideal) de la ética militar—constituye un gran cumplido para ellos y sus servicios militares. También es algo que los críticos más severos de la milicia de los Estados Unidos muy a menudo (¿y quizás a propósito?) pasan por alto. Vale decirlo de otra manera. No necesito montar una campaña académica con los estudiantes de la Escuela Superior de Guerra para convencerlos de que sí pueden ser hombres del aire (tropas de la Fuerza Aérea) o soldados, así como hombres y mujeres de nociones morales. Sobre eso, ya se han puesto de acuerdo—cosa que de ninguna manera es asunto de poca importancia.

Por lo tanto, la intención del título no es argumentar que los integrantes de la Fuerza Aérea tienen que ser, o bien, militarmente competentes o individualmente decorosos. Por experiencia y convicción propia, los oficiales superiores, a quienes he enseñado por más de una década, saben, aceptan y le enseñan esto, por sus propias palabras y acciones, a sus subordinados. Lo que sí propongo es que la ética militar se basa en dos letras, la O y la R. Un sentido de la ética me obliga a admitir que también incluiré las letras P y la D a hurtadillas, arriesgándome a señalar demasiadas letras; aunque con ello solo deseo aclarar preceptos de la ética moral y, quizás, lograr que queden más claros y suenen más notables. Si existe una tesis principal a continuación, es lo siguiente: La ética militar trata sobre nuestro aprendizaje de lo que es bueno y verdadero, y seguidamente, sobre el valor de hacer y ser la esencia de lo que debemos. Ya que la ética militar tiene que ver con los éxitos o fracasos de un individuo en particular, ni tampoco se trata de sus virtudes o vicios. La ética militar se refiere a nuestro legado e historia y tiene que ver con nuestra responsabilidad de ser hombres y mujeres con entereza.

Las Tres Os

La ética militar está arraigada en las tres Os: Obligación, Orden y Deber (Owing, Ordering and Oughting). (¡Bueno, quizás me haya ido un poco por la tangente con respecto a la tercera!) Hace una década, se proyectó la película Saving Private Ryan (Salvando al Soldado Ryan). En ella, el Capitán John Miller, del Ejército de Estados Unidos, encabeza una patrulla durante la segunda guerra mundial para rescatar a Ryan, cuyos tres hermanos ya habían perdido la vida. Miller y sus soldados, muriéndose en el intento, logran rescatarlo. El capitán le ha inyectado "vitalidad" a Ryan, y el moribundo oficial quiere que el joven Ryan logre que cada minuto de su vida cuente, ordenándole que "se gane las cosas y las merezca". Muchos años más tarde, Ryan, ya envejecido, regresa a Francia para acudir al cementerio militar donde su capitán yace sepultado. Le "cuenta" a éste que no pasa un solo día de su vida en que no recuerde el sacrificio que Miller y sus hombres hicieron para que sobreviviera. En ese momento mira a su esposa y melancólicamente le pregunta si ha cumplido con su palabra. ¿Ha logrado merecerla y ha estado a la altura de aquella suplicante orden que le diera su agonizante capitán hace tantos años?

La ética militar basada en el "yo-ismo" o "egoísmo" no puede funcionar, ya que se trata de saber a quién y qué debemos. Al igual que el Soldado Ryan y luego el Sr. Ryan, los hombres del aire tienen que entender que tienen una deuda de gratitud con su país, familiares, servicio armado, cadena de mando y sus camaradas. Esto es exactamente lo que se quiere decir con prestar "un servicio que se anteponga a uno mismo" (en la Fuerza Aérea); un "servicio desinteresado" (en el Ejército); o un "compromiso" (en la Armada e Infantería de Marina). La ética militar no puede existir correctamente sin el concepto de deber algo. Si sabemos por qué debemos lo que hacemos, podemos reconocer esa obligación, responsabilidad y deber que dan lugar a una reflexión moral y un razonamiento ético. O sea que, si yo creo que no le debo nada a nadie, entonces seré un sicópata moral incapaz de diferenciar los fundamentos del honor. Los cuales son un entendimiento de mi deuda moral con aquellos que me han obsequiado tanto la vida como el aprendizaje.1 De hecho, sin un sentido de deber algo, yo no soy más que un niño desenfrenado de quien decimos—muy correctamente, que "no tiene ningún sentido de la responsabilidad".

La ética militar tampoco puede existir debidamente sin el concepto de dar una orden. Ordenar no significa decirle a los subordinados qué tienen que hacer. Me refiero, más bien, a una estructura moral y a las prioridades éticas. En la película A Few Good Men (Algunos Hombres Buenos), un cabo de lanza de la Infantería de Marina les dice a sus abogados que el "código" de su cuerpo militar se fundamenta en la "dedicación a su unidad, a su Cuerpo (de Infantería de Marina), a Dios y a la patria". Desde luego, él está completamente equivocado. De hecho, muchas actividades ilegales o errores torpes en los servicios militares se deben a que los dirigentes que no han sabido impartir órdenes con sabiduría y buen tino.

Entretanto, supongamos que nuestro cabo de la Infantería de Marina ha concurrido a la Escuela de Candidatos para Oficial y ha ascendido al grado de—digamos—Teniente Coronel. Ahora está a punto de comparecer ante un comité del Congreso para dar testimonio acerca de un sistema de armamento que aún contiene unas cuantas fallas—pero que la Infantería de Marina tiene muchos deseos de adquirir. ¿Está correcto que él se abstenga de proporcionarle al comité información importante acerca de ese sistema de armamento que quizás podría poner fin a dicho proyecto? ¿O inclusive, mentir acerca del mismo? Por supuesto que sí—si es que anteponemos el deber al "Cuerpo" antes que al de la "patria". Con lo que no digo que el Cuerpo de Infantería de Marina debe o estaría de acuerdo con el engaño o las mentiras del supuesto coronel. Pero si el sentido de impartir órdenes de éste fuese, que lo que el Cuerpo desea el Cuerpo debe recibir porque la Infantería de Marina es más importante que la patria, entonces creo que sería como clamar por una posible deshonra y un desastre ético. A propósito, para ser claro sobre el asunto, nunca he conocido a un oficial superior del Cuerpo de Infantería de Marina que piense de esa manera.

Antes de pasar a la tercera O, permítanme sugerirles que la manera de pensar acerca de las Os debe hacerse dentro del contexto de las tres Ps: Primero, principios (decir la verdad y tener honor); segundo, propósito (logro de la misión y deber) y tercero, el pueblo (compatriotas, hombres del aire y soldados). Sabemos que la ética militar exige que cuidemos de algo más allá que nosotros mismos. Después de todo, un antiguo principio de liderazgo militar reza: "Conozca a sus tropas y vigile por su bienestar"; pero esto va mucho más allá. Si los líderes militares ponen en primera instancia a sus tropas, entonces los servicios armados serían nada más que una serie de operaciones para levantar la moral, el bienestar del individuo y para la recreación. Sin embargo, el caso es que el orden correcto—según mi criterio—debe ser la dedicación a Dios, a la patria, al Cuerpo (o Fuerza Aérea) y a la unidad que uno pertenece.2 Se ha gastado mucha tinta sobre la cuestión de los oficiales "de alto rango". No estoy tratando de abogar a favor de o en contra de lo que es "conjunto"; sólo digo que todo líder debería tener presente que en su uniforme de faena, antes del nombre de su servicio armado, hay dos letras—US (Estados Unidos). Es a eso a lo que me refiero.

Como ya mencioné, la tercera O significa deber (Oughting); con ello quiero decir que se trata de un entender de lo que los integrantes de la Fuerza Aérea o los soldados deben o tienen que hacer. Las tres R constituyen las pautas para el deber, pero la clave para la ética militar es la siguiente: Puede que lo que los hombres del aire hagan no sea igual a lo que éstos deberían hacer. ¿Les parece sencillo? Sí, pero no lo es. Ya que las jerarquías militares insisten -con sensatez- en la obediencia a las órdenes y en una disciplina total y expedita. Sin embargo, la ética vacila insistiendo en una obediencia condicional y de contexto a las órdenes, las que hay que obedecer si son legales. Por lo tanto, a menudo, pero no siempre, hay tensión entre las exigencias de la autoridad militar (o el mando) y las del razonamiento ético (o la conciencia). Entonces, aquí tenemos no solamente lo que es (la fuerza y el poder o la ley positiva o creada por el hombre), sino también lo que tiene que ser (lo correcto, la ética, o la ley natural o moral).3 Hay algunas cosas que no podemos negar que sabemos; ya que cualquiera con un desarrollo normal de la mente y la moral, tiene que comprender ciertas cosas (tales como saber que no es correcto ultimar salvajemente a las personas inocentes).

Es una defensa ante cualquier delito que el acusado haya actuado según las órdenes, a menos de que el mismo supiese que las órdenes eran ilegales—o que una persona con sentido y entendimiento común—supiese que las órdenes eran ilegales.

—Manual para Consejos de Guerra,
Regla 916

Uno no tiene que mezclarse demasiado en la teología o filosofía, ya que un panfleto de la Fuerza Aérea titulado Derecho Internacional—Conducción del Conflicto Armado y Operaciones Aéreas (International Law—The Conduct of Armed Conflict and Air Operations), establece esta situación de una manera muy sobria: "El hecho de que una acción se haya cometido según las órdenes militares, es una defensa aceptable solamente si el acusado no sabía, o no se podía esperar si se es razonable que supiera que la acción ordenada era ilegal. Los integrantes de las Fuerzas Armadas están sujetos a obedecer solamente las órdenes legales".4

Entonces, en un idioma fácil de entender, no puede haber una ética militar correcta sin cierto sentido, no solamente de lo que se nos ha ordenado que hagamos, sino también de lo que tenemos que hacer. Yo dije que la ética militar es necesaria, pero no que sea un proceso sencillo.

Las Tres Rs

Entonces, ¿qué pautas les podemos ofrecer a los hombres del aire mientras numeran la Obligación, el Orden y el Deber? Aquí es donde las tres Rs entran en juego—no se trata de las conocidas "leer, escribir, y aritmética " ("reading,’riting and rithmetic)" sino de Reglas, Resultados y Realidades (rules, results and realities). Si no hubieran reglas, tendríamos que reconocer que poco o nada sabemos de la ética. (De hecho, hay estudiosos que—desde mi punto de vista— equivocadamente dirían lo mismo). Las reglas son cursillos sobre o compendios de las directrices sobre la ética. Gran parte de lo que es o parece ser la capacitación sobre la ética viene a ser lo mismo que nuestras reglas de enseñanza; que son reglas de moral abreviadas para nuestros hijos, estudiantes o cadetes. La erudición, jurisprudencia y sabiduría de las generaciones se convierte en la teoría de la guerra justa que, a su vez, se transforma en la ley de la guerra; y que a la misma vez, se transfigura en las reglas de enfrentamiento.

El deber nos indica que tenemos que saber algunas cosas; y de manera recíproca, que algunas cosas no podemos conocer.5 Pero también tenemos que comprender que no podemos inventar reglas irrebatibles que gobiernen cada circunstancia. Esto no quiere decir que ese tipo de pauta moral no exista—si recordamos, por ejemplo, la vieja regla de que debemos tratar a los demás de la misma manera en que deseamos que nos traten—pero, mientras más abarca, se torna menos "convincente". Inclusive la Regla de Oro, que depende de la buena lógica, fracasa si el que está pensando es un desquiciado o sádico. Por lo tanto, las reglas son muy importantes, pero no podemos crear una ética militar solamente basándonos en reglas; por muy válidas o virtuosas que sean, ya que no son un "árbol lógico" moral o una calculadora de ética.6

Durante los años que me he dedicado a enseñar la ética militar, he descubierto que muchos, de no ser la mayoría de los oficiales superiores, se inclinan hacia el utilitarismo. Lo que importa es el resultado, lo fundamental y la consecuencia—de ahí la segunda R de resultados. La enseñaza de la ética viene a ser, en realidad, un poco más de lo siguiente: Elija el mejor (óptimo) de lo que es bueno.7 Esa es una instrucción seductora para los militares profesionales que, hasta cierto punto, deberían estar preocupados con los resultados. (La inteligencia, en particular, es impulsada por una inquietud en cuanto al resultado final.) La dificultad con este enfoque con respecto a la ética, desde luego, es que ignora una regla: Que el fin no justifica los medios que se usan. Si bien esta regla puede discutirse, pienso que la mayoría estaríamos de acuerdo en que, inclusive, los buenos fines no pueden justificar todos los medios, o cualquier medio, que se use. ¿Desearía usted como amigo—y menos como comandante superior—a alguien cuya opinión sobre la ética es tal que lo único que cuenta para él, es recibir un informe favorable de su rendimiento o haber aprobado una inspección; o inclusive, ganar la batalla a cualquier costo, sin que importe el precio, sufrimiento o muertes que puedan producirse? Los códigos de honor del cadete, por ejemplo, enseñan correctamente que no es bueno mentir, robar y hacer trampa—lo que significa que algunos medios (hacer trampa) son indebidos aunque el fin (pasar la prueba) sea bueno en sí. Muchas de las opciones en la ética militar tienen sus defectos precisamente porque los integrantes de la Fuerza Aérea o los soldados, olvidan, o ignoran la idea de que, casi sin excepción, el fin no justifica y no puede justificar los medios que se usen para lograr algo.

Lo bueno para nosotros no es solamente escoger libremente, sino libremente escoger lo bueno.

—Profesor Alfonso Gomez-Lobo
Morality and the Human Goods

Pero, ¿vieron esas equívocas palabras que dicen,"casi sin excepción"? Aquí topamos con nuestra tercera R—Realidades. Mentir no es correcto. Pero, ¿le mentiría usted a un Nazi, si siendo propietario de una casa en Varsovia en 1939, él toca a la puerta y le pregunta si ha visto a dos judíos que se han fugado (a quienes usted está escondiendo en el sótano)? Por supuesto que sí, porque reconoce la importancia de la situación, las circunstancias o las realidades.8 Algunos dirían que las reglas son inapropiadas o que no podemos predecir los resultados; por lo tanto, solamente contamos con las exigencias del momento para tomar decisiones éticas. A esto se le conoce como "ética de situación", una opinión moral que yo desmiento enfáticamente—y la que no me propongo defender. Las circunstancias programan nuestras opciones, pienso, pero ellas no determinan- ni deben determinar- nuestras opciones. Sí sabemos algunas cosas (reglas), y a menudo podemos predecir, de una manera razonable, los efectos (resultados); sin embargo, tenemos que tomar en cuenta las realidades presentes. El Nazi que golpeaba mi puerta en 1939 no se merece la verdad, y le mentiré, a sabiendas de que una devoción al pie de la letra al planteamiento de la regla de "no mentir", resultaría en una incostestable injusticia—el probable asesinato de dos judíos. Un criterio prudente—y no la ética de situación, el utilitarismo, o inclusive el razonamiento basado en las reglas—da informes a mi conciencia y es así como opto por mentir para salvar a aquellos judíos.

Este es un caso de lo que, en otra ocasión, he identificado como un "duelo de deberes".9 En el caso de haberle mentido al Nazi, yo sé que le debo lealtad a la seguridad de los judíos, antes que a la lealtad de decirle la verdad a un Nazi que ni siquiera se lo merece. Por lo que ordeno mis prioridades de esa manera, decidiendo lo que tengo que hacer según el criterio moral del razonamiento. Tengo dos deberes—uno es salvar a los judíos y el otro es decir la verdad. La regla de tener que decir la verdad encuentra su salvedad o excepción en esta manifestación. Pero eso no me libera, en un futuro, de la obligación moral de tener que decir la verdad.

Si sabemos a quién y qué debemos, si sabemos cómo debe ser el orden de nuestras lealtades y si sabemos lo que tenemos que ser y hacer—entonces tenemos que armarnos de la entereza para ser una mujer u hombre fiel a nuestras conciencias formadas. No considero al difunto Frank Sinatra como un gran filósofo, pero su estrofa en la canción "Extraños en la Noche" ("Strangers in the Night" — "dubi dubi du"—)tiene un sentido ético bastante profundo. Ya que nos convertimos en lo que hacemos y actuamos conforme a lo que nos hemos convertido (figura 1). Por eso nos formamos un círculo virtuoso o vicioso.

Figura 1

Cada vez que actuamos, nos convertimos en lo que hemos hecho. Hasta cierto punto, me convierto en lo que he hecho y luego actúo según lo que me he convertido. Las personas sensatas no quieren pensar que son mentirosas aunque hayan mentido en un momento determinado. Si pensamos que, al mentir, nos convertimos en unos mentirosos (no solamente haber cometido ese acto), es mucho más probable que hagamos lo que no debemos hacer, no vaya a ser que nos convirtamos en lo que no queremos ser. En este proceso de razonamiento moral, de hecho pensamos en torno a la obligación, el orden y el deber.

Las Tres Ds

Las tres Os trabajan en combinación con las tres Ds: Discernir, Declarar, Hacer (Discern, Declare, Do): Tenemos que tratar de discernir la verdad; en los momentos convenientes declaramos la verdad según la hemos discernido; y luego hacemos lo que hemos discernido y declarado (figura 2).

Figura 2. Las tres Ds

Tomemos en cuenta el nombre que le damos a alguien que dice (declara) una cosa pero hace otra: El hipócrita. Aunque las tres Rs son útiles, la mejor referencia ética que conozco es un hombre o mujer de carácter noble. Esas personas—que no son unos consultores pagados de la "industria de la ética", ni columnistas de periódico en el tema de la ética—deben ser la piedra de toque moral. Punto, por ciento, que Aristóteles asumió hace 2.300 años (¡y lo hizo sin una página Web, honorarios de orador, o una columna en un periódico!).

Las personas de temperamento fuerte constituyen el recurso primario para cualquier organización militar y son, por definición, personas de integridad—individuos cuyos actos concuerdan con sus creencias

—Coronel Anthony E. Hartle (USA)
Moral Issues in Military Decisión Making

Las tres Ds nos revelan que tenemos una responsabilidad moral de educarnos de la mejor manera que podamos en virtud de la verdad, defendiendo la verdad y luego actuando con la verdad. En realidad, aquí entra en juego otra D, ya que este es un proceso de decisión moral; palabra que, según el diccionario significa "llegar a una conclusión tras preguntar, discutir o pensarlo". De hecho, la palabra decidir proviene del latín y que significa "separar"; puesto que nos separamos de alternativas que rechazamos como indignas de lo que debemos hacer, o de lo que somos.

Nos "aislamos" de la decepción y distorsión, del prejuicio y de la auto promoción así como de las mentiras y demencias, en busca de la verdad. Pues no podemos actuar como debemos o ser lo que tenemos que ser, a menos de que estemos basándonos en lo que es la verdad. Sin embargo, el mundo de hoy nos da a entender cada vez más que "la verdad es solo un nombre que le damos a nuestras opiniones". Como lo ha expresado el erudito Felipe Fernández-Armesto, "La duda es la verdad de nuestros tiempos—una fórmula, construida a nivel social, e ideada a nivel cultural, que surge de nuestro entorno histórico—al igual que, según el relativismo, la verdad de cada grupo ha sido moldeada por sus necesidades".10 Si eso es cierto (¡no podemos decir que es una "verdad"!), entonces es sólo cuestión de tiempo hasta que la profesión de las armas se transforme- en sí- en una entidad "auto referente"—es decir, que los militares se han convertido en su propia autoridad y norma terminante, "configuradas por sus propias necesidades". Siendo así, ya no habrá ningún sentido de lo que es correcto e incorrecto, del honor o de la vergüenza; lo que trasciende la ética militar y mediante lo cual los actos de las fuerzas armadas se puedan juzgar moralmente. En el diálogo platónico Apología, Sócrates nos dice que "no vale la pena vivir una existencia que no se medita".11 Eso da por sentado, por supuesto, que hay patrones y autoridades por las que uno tiene que medir su vida. Sin esas autoridades, uno sólo cuenta con el ímpetu del ego como criterio de la moralidad. Por el mismo motivo, si los servicios armados no cuentan con patrones fundamentales para juzgar sus acciones y órdenes, entonces nos exponemos a un desastre moral y militar.

Si no confrontamos el relativismo vulnerable que ahora se disfraza de virtud, nos encontraremos moral e intelectualmente desarmados

—William Bennett
The Death of Outrage

En la novela de Anton Myrer, titulada Once an Eagle, el héroe—Sam Damon, un oficial militar—enseña a su hijo la "ética de la virtud": "Si hay que escoger entre un buen soldado o un buen ser humano, haz lo posible por ser un buen ser humano".12 La ética militar es ese concepto de que cada miembro de la Fuerza Aérea debe ser un buen ser humano. Porque una Fuerza Aérea de aptitudes y buen carácter deberá estár compuesta por miles de "seres humanos buenos"—personas para quienes la verdad e integridad no son "modelos sociales", sino la esencia y constitución de sus vidas. Tales hombres del aire saben, según lo expresado el 1o de noviembre de 1972 por el General John D. Ryan, Jefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea de los EE.UU., que "toda orden que comprometa la integridad no es una orden legítima".13

What´s it all about,
Alfie? Un Resumen

What´s it all about, Alfie? es una película así como el título de una canción de Dionne Warwick. Una de las estrofas reza: ¿Acaso vivimos tan sólo por el momento? En la película (y en la canción) la interrogante que se le hace a Alfie es preguntada y contestada de una manera bastante inusual para la industria del entretenimiento. ¡No obstante, por lo regular me abstengo de cantar canciones de Sinatra y Warwick cuando hablo de la ética! Permítanme darles una apariencia falaz a la respuesta que se le dio a Alfie.

Hemos intentado analizar la ética militar en términos de dos—bueno en realidad—de tres letras: Las Os nos indican que pensemos seriamente con quién tenemos una obligación; en ordenar esas deudas debidamente y que nos comprometamos como corresponde—para tener un "sentido seguro del deber". Vivimos en una época y sociedad que cada vez más nos dice que no hay patrones ni autoridades que nos ayuden a desarrollar nuestras tres Os. En cambio, nos señalan, que tomemos en cuenta como patrón fundamental aquella imagen que vemos reflejada cada mañana en el espejo del baño. Eso no sólo es un error moral sino que desastroso a nivel militar, porque cualquier servicio armado que se fundamente, o esté arraigado en el amor propio de sus integrantes, está condenado al fracaso y a la deshonra.

Por lo tanto, podemos destacar dos máximas negativas: Desconfíe de la lealtad y sospeche de la sinceridad. Una lealtad solamente hacia uno mismo, o hacia una entidad o grupo, (o inclusive, por ende, sólo al servicio) es peligrosa. La lealtad tiene que emanar de un sentido ordenado de la obligación primordial: Dios, Patria, Cuerpo o Fuerza Aérea, a la unidad (o a los principios-el propósito-el personal). Ponga en tela de duda la sinceridad porque el lobo del mal puede esconderse fácilmente bajo la vestimenta de sinceridad de la oveja; y las buenas intenciones tendrán que contestar a la pregunta examinadora de si los fines y propósitos se han cumplido con esas intenciones. Entonces, discernimos la verdad asiduamente y declaramos nuestras convicciones diciendo lo que haremos y luego hacemos lo que decimos con regularidad (el discernimiento-la declaración-la acción).

Dos adagios prácticos se manifiestan. Primero, la sabiduría inducida. La ética—que incluye la ética militar—no trata acerca de los prejuicios, ni opinión, información, conocimiento; ni siquiera del "conocimiento procesado" que llamamos "inteligencia". La ética—y toda filosofía—trata acerca de la sabiduría, que se puede definir como—¿qué? Cómo usted defina esa palabra determinará su concepto de la obligación, el orden y el deber. Pero, la sabiduría es algo que se puede inducir, se puede ir en búsqueda de ésta y se puede pretender. Y los seres buenos de hecho la desean, procuran y persiguen. Primero, inducen la sabiduría. Después de todo, no por nada, ese texto bíblico de la sabiduría nos dice que "aquellos que desprecien la sabiduría y enseñanza serán desdichados. Su esperanza será en vano, sus labores serán infructuosas y sus trabajos serán inútiles".14

Segundo, las buenas personas valoran la virtud, conscientes de la lógica del antiguo proverbio que reza: "La virtud engrandece a una nación, pero el pecado es la deshonra del pueblo".15 Todos poseen valores, pero no todos poseen virtud, un deseo acostumbrado de hacer lo que se tiene que hacer; y por lo tanto, éste se convierte en lo que uno debe ser (¡esto nos lleva de nuevo al dubi dubi du!). Las cuatro virtudes clásicas, cardinales o naturales, son la sabiduría, cordura, injusticia, veracidad, valentía moral y física, y el dominio de sí mismo o moderación. Al comprender las tres Rs (reglas por las cuales regirse, y prestar atención a conciencia de los resultados o consecuencias- y a una mayor conciencia- de la situación o realidades), uno se habitúa al análisis moral e imparcial del razonamiento ético prudente y de obras virtuosas. En una palabra, esto es el temperamento.16 El temperamento es tan solo la virtud en acción.

Temperamento, por ejemplo, es el compromiso mostrado por el Soldado Ryan, quien percibiera cabalmente una deuda que había contraído con el Capitán Miller y el escuadrón que lo salvó durante la Segunda Guerra Mundial. Como resultado, Ryan ordena su vida, a menudo reflexionando en el ejemplo que le dejaron; actuando en virtud de esa introspección tal como lo debió haber hecho. Verdaderamente, la buena vida que el "Soldado Ryan" llevó—realizada y ennoblecedora tanto para él como su familia—fue el resultado de su capacidad de ver las cosas en perspectiva. Mi diccionario define la perspectiva como "una percepción de las cosas o hechos que ocupan una relación real y cierta". Por lo tanto, Alfie, ¡yo diría que de eso se trata todo esto!. Y en esencia, ello también es de lo que trata la ética militar: Defendiendo los intereses nacionales y protegiendo a los inocentes con una selectividad y proporcionalidad que proviene de ver las cosas o hechos de tal manera que "ocupan esa relación correcta". ¿Y qué exactamente es una relación correcta?. A continuación, una ilustración de la Fuerza Aérea:

Hace algunos años en la Escuela Superior de Guerra de la Fuerza Aérea, el comandante inauguró el año escolar con los avisos acostumbrados y un encargo para los nuevos estudiantes, de que tendrían que cuestionar y criticar durante todo un año; puesto que ese era el motivo por el cual habían sido escogidos para leer, estudiar y pensar durante un año en los predios de una institución superior. Luego, el General agregó una advertencia que nunca he olvidado. Le dijo a los estudiantes de la Fuerza Aérea (la mayoría de ellos) que desafiaran cuanto desearan a los que tuvieran la palabra, así como a los materiales de lectura y a las doctrinas presentadas; siempre y cuando los oficiales de la Fuerza Aérea, nunca se expresaran con un ellos ambiguo en sus críticas, en lugar de hacerlo con un nosotros (por ejemplo, incluyendo a los mismos estudiantes). Después de todo es nuestra Fuerza Aérea, alegó el General, y no la de ellos y se trata de nosotros y no de ellos. Esa es precisamente la "relación correcta".

La ética militar, por lo tanto, no se trata de ellos sino de ustedes—acerca de sus conocimientos de lo que es la verdad y saber hacer lo que es correcto. O sea, ser un hombre o mujer que lleve el estilo de vida que ustedes llevarían si, cada día, se acordaran de que una persona conocida como el mencionado Capitán Miller, los habría salvado de la muerte muchos años atrás. ¿Y qué pensamos de todos aquellos que sirvieron al país y que se pusieron el uniforme antes que nosotros? ¿Acaso no nos dieron una república, si es que la logramos conservar? ¿Acaso no nos hablaron de nuestro gobierno "del pueblo, por el pueblo y para el pueblo"? ¿Acaso no nos subrayaron que nos cercioremos de la "supervivencia y el éxito de la libertad"? Y, de hecho, ¿no nos dijeron que "nos ganásemos (todo) esto"? ¿O será que nuestra historia se resume en lo siguiente—que ellos ya han muerto y han sido olvidados, mientras que nosotros estamos vivos y somos olvidadizos? ¿Será que el comienzo de la llamada ética militar es recordar?

Notas

1. Platón hace que Sócrates le dé importancia a esto en Crito, 360 A.C. Una traducción por Benjamin Jowett se puede encontrar en la Internet, 18 de marzo de 2003, disponible en http://classics.mit.edu/Plato/crito.html.

2. Compare el Libro de Hechos 5:29: "Tenemos que obedecer a Dios antes que a los hombres."

3. Por ejemplo, el concepto de la ley natural o moral se puede encontrar en Romanos 2:14–15; Ezequiel. 11:19, 36:26; y Jeremías 31:33.

4. Air Force Pamphlet (AFPAM) 110-31, International Law—The Conduct of Armed Conflict and Air Operations, 19 de noviembre de 1976, 15-6.

5. Quedo endeudado con J. Budziszewski por su acierto. Ver J. Budziszewski, The Revenge of Conscience (Dallas, Tex.: Spence Publishing Co., 1999), xvi. También ver Peter Kreeft, How to Win the Culture War: A Christian Battle Plan for a Society in Crisis (Downers Grove, Ill.: InterVarsity, 2002).

6. El pensamiento basado en la reflexión es la ética deontológica relacionada con Emanuel Kant (1724–1804).

7. Un resultado basado en la reglamentación es la ética teológica o utilitariana relacionada con Jeremy Bentham (1748–1832) y John Stuart Mill (1806–1873).

8. En ocasiones conocida ética de situación relacionada con Joseph Fletcher (1905–1991).

9. James H. Toner, Morals under the Gun: The Cardinal Virtues, Military Ethics and American Society (Lexington, Ky.: University Press of Kentucky, 2000), 82–85.

10. Felipe Fernandez-Armesto, Truth: A History and a Guide for the Perplexed (New York: St. Martin’s Press, 1997), 204, 206. Fernandez-Armesto dice simple y llanamente que en la actualidad muchos sostienen que la verdad es lo que nosotros designamos como opiniones. Aunque él no está de acuerdo con ese punto de vista.

11. Platón, Apología, 360 A.C. Una traducción por Benjamin Jowett se puede encontrar en la Internet, 18 de marzo de 2003, disponible en: http://classics.mit.edu/ Plato/apology.html.

12. Anton Myrer, Once an Eagle (New York: Holt, Rinehart, and Winston, 1968).

13. Citado en Malham M. Wakin, ed., War, Morality, and the Military Profession, 2d ed. (Boulder, Colo.: Westview Press, 1986), 180.

14. El Libro de la Sabiduría de Salomón. 3:11, Nueva Versión Revisada. Sabiduría, un libro del Antiguo Testamento, agrupado con otros escritos conocidos como deuterocanónigos o apófricos; incluido en la Biblia original del Rey Jaime de 1611, que a menudo no se incluye en las Biblias Protestantes de la actualidad.

15. Proverbios., 14:34, Nueva Biblia Americana.

16. Recomiendo encarecidamente a James Davison Hunter, The Death of Character: Moral Education in an Age without Good or Evil (New York: Basic Books, 2000). Soy conciente de que algunos consultores, institutos, seminarios y talleres de un día o fin semana de duración sobre la ética, prometen curas milagrosas a las empresas y a aquellos dispuestos a pagar grandes sumas de dinero por esas funciones. Sin embargo, no hay un camino real hacia el temperamento y está claro que no ha sido creado por los "expertos en ética"; que son como los sofistas modernos y los cómplices de una nueva industria nacional de la ética. El mejor consultor de ética que he conocido murió hace aproximadamente dos mil años y otros más también perecieron hace dos mil años. Sus libros (por ejemplo, la Ética de Aristóteles) se encuentran en cualquier librería. ¡Por cierto, esos pensadores no cobran una suma exorbitante por sus charlas o servicios de consultoría!.


Colaborador

El Dr. James H. Toner El Dr. James H. Toner (Licenciatura, St. Anselm College; Maestría, College of William and Mary; Doctorado, University of Notre Dame), es profesor de relaciones internacionales y ética militar en la Facultad de Liderazgo y Ética en la Escuela Superior de Guerra de la Fuerza Aérea. El Dr. Toner actualmente se encuentra en licencia de esta institución hasta junio del 2004, para poder fungir en calidad de Presidente Visitante distinguido encargado del desarrollo de los programas de Carácter y Temperamentos de la Academia de la Fuerza Aérea. El Dr. Toner es egresado de la Escuela de Infantería para Candidatos a Oficiales y de la Escuela de Paracaidismo del Ejercito de los EE.UU., sirvió como oficial del Ejército en Alemania de 1968 a 1972 y fue dado de baja con honores en 1974.

Declaración de responsabilidad:

Las ideas y opiniones expresadas en este artículo reflejan la opinión exclusiva del autor elaboradas y basadas en el ambiente académico de libertad de expresión de la Universidad del Aire. Por ningún motivo reflejan la posición oficial del Gobierno de los Estados Unidos de América o sus dependencias, el Departamento de Defensa, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos o la Universidad del Aire. El contenido de este articulo ha sido revisado en cuanto a su seguridad y directriz y ha sido aprobado para la difusión pública según lo estipulado en la directiva AFI 35-101 de la Fuerza Aérea.


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