Air & Space Power Journal - Español Segundo Trimestre 2001
Document created: 16 July 01

Otra Visión de los Mitos de la
Guerra del Golfo

Teniente Coronel Martin Wojtysiak, USAF

"Me temo que no se puede obtener la crítica más efectiva del hombre hasta que se le provoque. La verdad desnuda se expresa con algo de amargura."

—Henry David Thoreau

Como oficial del servicio activo y veterano de la Guerra del Golfo, algunas veces encuentro difícil distinguir entre la crítica y la provocación en la obra del Dr. Grant T. Hammond: "Mitos de la Guerra del Golfo: Algunas "Lecciones" Que No Se Deben Aprender", publicado en la edición de Inglés del Otoño de 1998 de Airpower Journal y en la edición del Tercer Trimestre del 2000 del Aerospace Power Journal en Español.

La palabra "Mitos" marca un tono que se ha hecho muy conocido recientemente hacia los que exageran los éxitos de la Guerra del Golfo, especialmente aquellos de la tan pu-blicitada campaña aérea. Desde El Síndrome de Ícaro de Carl Builder en 1995, se ha puesto de moda entre los círculos intelectuales militares describir a los aviadores y entusiastas del poderío aéreo como excesivamente enamorados con su propio esplendor de gran altitud. La comunidad académica describe a los aviadores como deslumbrados por la tecnología e incapaces de aprender las verdaderas lecciones del pasado porque están cegados por los destellos de sus éxitos afortunados. Tal vez estas caracterizaciones se justificaban después de debacles tales como los bombardeos a plena luz del día, de "alto riesgo y baja recompensa", durante la Segunda Guerra Mundial sobre Alemania, o la campaña mal dirigida pero benigna Rolling Thunder en Vietnam. Estas campañas fueron asuntos prolongados, interminables, con objetivos confusos y éxitos cuestionables.

Pero Tormenta del Desierto fue diferente y estimulante. En efecto, el nombre original de la campaña aérea, "Instant Thunder (Trueno Instantáneo)", tuvo el propósito de parodiar, y así distanciarse de Rolling Thunder (Trueno Continuo). Ésta fue una guerra aérea verdaderamente exitosa que paralizó, incapacitó y desmoralizó al enemigo desde las primeras incursiones y durante los próximos 38 días, dejando sólo 100 horas de servicio de "limpieza" para las fuerzas de tierra. La campaña aérea aseguró la victoria y cumplió la promesa de Billy Mitchell que, "Si alguna vez hay que combatir a un enemigo extranjero, el poderío aéreo podría atacar de forma decisiva los centros vitales del enemigo sin tener que derrotar primero a sus ejércitos o fuerzas navales. Los ataques sobre tales objetivos vitales harían la guerra tan decisiva y rápida que el sufrimiento total sería menos que otras formas de guerra".1 Fue el momento más sublime de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, aunque más que una campaña aérea de primera clase, fue también una guerra memorable.

Desde un punto de vista estratégico, la Guerra del Golfo contuvo la mayor amenaza a la estabilidad del Medio Oriente en los últimos 25 años, Saddam Hussein. La invasión barbárica de Kuwait por Iraq en 1990 expuso a Saddam como un hombre tremendamente ambicioso, violento y una amenaza potencial permanente para la región. Su ejército no había terminado de descansar de la brutal guerra de ocho años con Irán, cuando invadió a este vecino pequeño y relativamente indefenso y, tal vez sin darse cuenta, pareció amenazar a Arabia Saudita. Pero siete meses, treinta y ocho países, más de 50 mil misiones de combate y casi 87 mil prisioneros de guerra iraquíes después, Saddam quedó aislado y sus fuerzas militares quedaron reducidas a la impotencia virtual fuera de sus propias fronteras. Tenemos que admitirlo, él sobrevivió, pero la Guerra del Golfo lo dejó efectivamente en una caja estratégica desde la cual no tiene escape. No obstante, de vez en cuando Saddam prueba los límites de esta caja, sólo para ser aplastado nuevamente.

Esto no quiere decir que la Guerra del Golfo fue perfecta. Estados Unidos cometió claros errores estratégicos y tácticos, y el Dr. Hammond y otros esgrimen argumentos sólidos cuando se refieren al proceso disparatado de terminación de la guerra, la infructífera "cacería de Scuds" y los errores de inteligencia que causaron un proceso de selección de objetivos que a veces no tenían efecto estratégico. Hay lecciones importantes que aprender de estos errores en el Golfo, pero debemos también reconocer y aprender de nuestros éxitos. El Dr. Hammond injustamente describe la Guerra del Golfo como una guerra plagada de fracasos, exagerando ocasionalmente afirmaciones y ofreciendo sus conclusiones en lugar de argumentos. Atraviesa la línea de la crítica constructiva y razonada y pasa a la de polémico contrario. El efecto neto es la dilución de las lecciones verdaderamente valiosas al costo de cosas triviales.

Han transcurrido más de dos años desde que apareció "Myths (Mitos)" en Airpower Journal. Utilizando la ventaja de esta percepción extra, este documento vuelve a examinar los diez "mitos" y separa las lecciones verdaderas de las triviales. Se discute cada una en base a sus propios méritos, citando las lecciones valiosas, pero también resaltando la lógica defectuosa y las conclusiones incompletas. El autor sugiere una vista opuesta del estado final logrado, incluyendo la idea de que la supervivencia de Saddam fue un resultado aceptable y que, en general, Estados Unidos retiene una mayor ventaja estratégica regional debido a sus esfuerzos exitosos en la Guerra del Golfo.

Mito No. 1 – Fue una Guerra

Mientras que el Dr. Hammond acepta que la Guerra del Golfo "fue por definición una guerra", sostiene que no fue una guerra en el sentido clásico porque la mayor parte del tiempo la batalla sólo vino de un lado.2 Para apoyar su argumento, señala correctamente que Estados Unidos tuvo muy pocas bajas en proporción a las fuerzas totales desplegadas, y que la mayor parte de las fuerzas de aire y tierra de Irak prefirieron fugarse o rendirse antes que luchar. Sin embargo, este razona-miento pasa por alto la premisa de la parálisis estratégica de la campaña aérea y su aparente éxito sobre las fuerzas iraquíes. La campaña aérea fue diseñada para minimizar las bajas de la coalición poniendo a los iraquíes en una posición tal que no pudieran responder. Lo unilateral del conflicto no debe determinar su condición de guerra, es más importante el cambio en el estado de las cosas y si se usó la fuerza para afectar el cambio. En efecto, en 1939 el ataque relámpago de Alemania a Polonia fue más un asunto unilateral, pero muy pocos sostendrían que constituyó algo menos que una guerra.

El renombrado estratega prusiano Carl Von Clausewitz definió la guerra como un acto de fuerza para obligar al enemigo a aceptar la voluntad de uno.3 Según esta definición "clásica", la Guerra del Golfo de hecho puede ser calificada como guerra. Los iraquíes fueron desalojados de Kuwait por la fuerza y contra su voluntad. La diplomacia no afectó el cambio, ni tampoco las sanciones impuestas. Saddam Hussein no sucumbió a nada menos que esta expulsión forzada de Kuwait. La coalición eligió usar una fuerza abrumadora, que pudo ser más de lo que se necesitaba, pero el nivel de fuerza no debe determinar si esto constituye una guerra.

Mito No 2 – Ha Terminado

El Dr. Hammond sostiene que la guerra no ha terminado porque "su impacto persiste en muchas formas, y la región tal vez no sea más segura de lo que era ocho años antes". Sus argumentos de apoyo son que las fuerzas estadounidenses aún permanecen en la región, los militares iraquíes no fueron derrotados irreparablemente y la retórica de Saddam sigue siendo tan antagónica como siempre.

Vienen al caso algunas comparaciones históricas. Considere el entorno estratégico de Europa después de la Segunda Guerra Mundial, o la Península de Corea después de 1952. El poderío estadounidense que permaneció en ambas regiones sumó cientos de miles de soldados durante décadas después de estas victorias. De hecho, durante la segunda mitad del último siglo, las fuerzas armadas estadounidenses en esencia se definieron y justificaron a sí mismas en términos de preservar las condiciones finales logradas previamente en estas dos guerras. A los comandantes militares de cada uno de estos teatros de guerra también se les otorgó la condición de "CINC (Comandante en Jefe)". Desde cualquier ángulo, esto opaca la presencia estadounidense actual en la Región del Golfo. Por otro lado, la presencia estadounidense no fue necesaria después del Conflicto de Vietnam, esencialmente porque perdimos esa guerra y fuimos obligados a salir. Tal vez la presencia de la fuerza de pacificación de la posguerra sea el precio de la victoria.

El precedente histórico implica que no es necesario terminar una guerra destrozando al ejército o al régimen enemigo. Las medidas excesivamente punitivas del Tratado de Versalles que siguieron a la Primera Guerra Mundial condujeron al surgimiento de Hitler y el Tercer Reich, haciendo por consiguiente inevitable la Segunda Guerra Mundial. Pero en la Península de Corea, donde los norcoreanos mantenían un poderoso ejército y un régimen venenosamente antiamericano, la disuasión tuvo éxito por cincuenta años, permitiendo que se curen algunas viejas heridas y posiblemente haciendo posible una paz duradera. El ejército de Irak después de 1991 no constituye la amenaza regional que presentaba Corea del Norte, ni es Saddam menos hostil que Kim Il Sung.

Algunos podrán sustentar que el paralelo coreano refuerza el argumento de que la Guerra del Golfo no ha finalizado, ya que el conflicto sólo terminó en un armisticio. Sin embargo, sería difícil sostener que el conflicto coreano nunca finalizó en el sentido clásico, no convencional. Además, a diferencia de la guerra contra Irak, el fin de las hostilidades en el conflicto de Corea no resolvió el asunto político subyacente que provocó la guerra. Sea que la Guerra del Golfo haya concluido o no, o que esté en proceso de concluir, es menos importante que si el estado final está haciendo posible el objetivo estadounidense de estabilidad regional.

Mito No. 3 – Ganamos y Mito No. 4
Logramos nuestros Objetivos

Es difícil poner en tela de juicio estos mitos por separado, ya que la lógica sugiere que el lado que logra más objetivos es el ganador. El Dr. Hammond empieza su discusión del Mito No. 3 con la declaración absurda de que, "No ganamos política ni militarmente, porque no logramos nuestro objetivo en ninguno de los dos frentes". Pero su argumento se centra esencialmente en la falla, desde su punto de vista, de lograr todos los objetivos. Específicamente, cita los hechos de que Saddam sigue en el poder, que las fuerzas de la Guardia Republicana no fueron efectivamente destruidas y que Saddam aún persiste en construir armas de destrucción masiva.

En relación al logro de objetivos, no es razonable adelantar la idea de que las naciones en guerra pueden garantizar el logro de todos los objetivos, políticos y militares, cuando se enfrentan en una guerra limitada. A diferencia de las circunstancias de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos nunca buscó la rendición incondicional de Saddam. Lo mejor que Estados Unidos pudo hacer era priorizar sus objetivos, y obtener lo más que fuera posible sin embarcarse en una guerra total o dividir la coalición. Una vez logrados los objetivos políticos, podría argumentarse que los objetivos militares ya no eran necesarios. Esta fue particularmente la situación en la Guerra del Golfo, donde la coalición se formó en base a objetivos políticos mientras que los objetivos militares variaban entre los países. De hecho, no se podría esperar que una coalición que incluya países tan diferentes como Estados Unidos, la Unión Soviética y Siria pudiera ponerse de acuerdo en todo.

Los cuatro objetivos políticos, declarados por el presidente Bush y reforzados por las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, incluían el retiro incondicional y completo de todas las fuerzas iraquíes de Kuwait, la reinstauración del gobierno legítimo de Kuwait, la seguridad y estabilidad del Golfo Pérsico y la protección de los ciudadanos estadounidenses en el extranjero.4 Han transcurrido casi diez años desde que terminó la guerra, y es evidente que ésta produjo la realización de estos objetivos. El Dr. Hammond sostiene que se lograron los dos primeros objetivos, pero los otros dos "constituyen un compromiso sin duración definida que tal vez tengamos que volver a demostrar". La estabilidad regional y la protección de los estadounidenses en el extranjero son asuntos sin plazo definido en muchas partes del mundo. En efecto, los compromisos sin plazo definido pueden ser un lujo en el Golfo, ya que requieren y permiten una presencia e influencia regional estadounidense continua en un área de vital importancia estratégica.

A menudo se citan la sobrevivencia de Saddam Hussein y aproximadamente la mitad de su protectorado de Guardia Republicana como las fallas más flagrantes de la Guerra del Golfo. Aunque éstas fueron parte de los objetivos militares (nunca se mencionó individualmente a Saddam, pero su remoción era un objetivo implícito y se atacaron sus residencias conocidas), su logro probablemente hubiera puesto en peligro la supervivencia de la coalición y la reputación de largo plazo de los Estados Unidos en la región. Posiblemente hubiera sido necesaria una marcha militar a Bagdad, fuera de los auspicios de las resoluciones de las Naciones Unidas y con consentimiento cuestionable de la coalición. El estado probable final habría sido un Irak incierto y la posible pérdida del privilegio de los Estados Unidos de servir como intermediario poderoso en los asuntos futuros del Golfo. En lugar de considerar esto como un fracaso, la decisión de cesar las hostilidades después del aparente logro de los objetivos políticos, permitiendo así que escapen Saddam y suficientes miembros de la Guardia Republicana, podría ser un caso en el que Estados Unidos puso sabiamente sus objetivos políticos antes que los demás objetivos. La historia sugiere que ésta fue una decisión sensata.

Más que cualquier otro factor, el régimen de Saddam justifica la presencia continua de EE.UU. en los asuntos del Golfo. Saddam puede ser malo para Irak, pero su dominio sostenido del poder posiblemente aumenta la influencia regional estadounidense. A él se le acepta universalmente como el "hombre malo" de la región entre países tan distintos como Egipto, Israel, Irán y Estados Unidos. Importantes aliados regionales de EE.UU., tales como Arabia Saudita y Kuwait, continuarán apoyando la presencia regional estadounidense mientras que la contención de Saddam sea un punto de cohesión regional. Los ex-socios de la coalición, directa o indirectamente, continúan apoyando la aplicación liderada por Estados Unidos de las zonas de prohibición de vuelos en Irak. En efecto, se le dio virtualmente carta blanca a los Estados Unidos para contener a Saddam en operaciones tales como los ataques de bombardeo Desert Strike en 1996 y Desert Fox en 1998, definiendo así el rol de Irak en el equilibrio regional del poder.

La adicción de Saddam a las armas de destrucción masiva, especialmente su búsqueda de un dispositivo nuclear, sigue siendo una preocupación constante. La obra "Myths" simplemente replantea una lección que se discutió definitivamente en el Estudio del Poderío Aéreo en la Guerra del Golfo (GWAPS - Gulf War Airpower Survey) de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos hace varios años. La GWAPS identificó los errores de cálculo de inteligencia que dieron lugar a los fallos de selección de objetivos declarando, "En general Estados Unidos no entendió completamente la gama de objetivos que comprendían las capacidades nucleares, biológicas, químicas y balísticas de los iraquíes antes de Tormenta del Desierto".5 No obstante, el inspector de armamentos de las Naciones Unidas, embajador Richard Butler, cree que la coalición fue efectiva en este aspecto, y redujo la capacidad de armas de destrucción masiva de Irak en "cuando menos un orden de magnitud" durante la Guerra del Golfo, y después nuevamente en los ataques Desert Fox en 1998.6 Sin embargo, el embajador Butler recomendó la vigilancia continua pues cree que Saddam nunca abandonará la búsqueda de tales armas.

Mito No. 5 – La Tecnología
Ganó la Guerra (PGMs)

El argumento del Dr. Hammond que esto constituye un "mito de la Guerra del Golfo" parece dudoso, ya que nadie ha hecho una declaración similar fuera de su artículo. La GWAPS no afirma que la tecnología ganó la guerra, aunque sí cita cinco tecnologías que "funcionaron mejor en la Guerra del Golfo", incluyendo la tecnología Stealth/de baja observabilidad, las bombas guiadas por láser, el reabastecimiento en el aire, el misil antirradiación de alta velocidad (HARM) y el teléfono seguro STU-III".7 Otras revisiones de la Guerra del Golfo han tratado la efectividad o la falta de efectividad de varias tecnologías, pero ninguna ha realizado la afirmación ingenua de que el resultado hubiera sido diferente en ausencia de las municiones con guía de precisión (PGM) o cualquier otra tecnología.

No obstante, el Dr. Hammond cree que se exageró el rol de la tecnología en la Guerra del Golfo, específicamente en cuanto a las municiones con guía de precisión y la tecnología Stealth, ya que se usaron en cantidades relativamente pequeñas y nuestra inteligencia no era tan precisa como nuestras armas. Nos recuerda que aproximadamente el 95% de los pertrechos empleados fueron bombas "sin inteligencia" arrojadas desde aeronaves sin tecnología Stealth. Estas cifras son correctas pero sólo cuentan la mitad de la historia. De acuerdo con el informe final del Ministerio de Defensa sobre la Guerra del Golfo presentado al Congreso, las aeronaves con tecnología Stealth que utilizaron municiones con guía de precisión volaron solamente el 2% de las incursiones de ataque totales, no obstante impactaron cerca del 40% de los objetivos estratégicos atacados. También fueron los únicos aviones que atacaron objetivos en el centro de Bagdad (el área de mayor peligro), y que impactaron blancos en las 12 categorías de objetivos.8 Esta notable efectividad ratificó la tecnología, y llevó al general de brigada David Deptula, uno de los arquitectos más importantes de la guerra aérea, a concluir que la tecnología Stealth y las PGM, combinadas con la selección de objetivos basada en efectos utilizada en el Golfo, constituyeron no menos que una Revolución en Asuntos Militares (RMA).9 Sea que constituyera una revolución o simplemente una evolución, la tecnología tuvo un impacto importante en la Guerra del Golfo.

La interrogante tecnológica más importante es si nuestra tecnología ha sobrepasado nuestra capacidad de inteligencia. El Dr. Hammond plantea correctamente la noción de que las municiones de precisión carecen de valor sin inteligencia de precisión. El bombardeo equivocado de 1999 a la Embajada China en Belgrado resalta este argumento e indica que Estados Unidos aún tendría que ponerse al día en el frente de inteligencia.

Mito No. 6 – El "Síndrome de
Vietnam" es Cosa del Pasado: Se ha
Restablecido el Poderío y el Prestigio
Militar de los Estados Unidos

La confianza pública estadounidense en las fuerzas militares casi se ha duplicado desde los resultados de la Guerra de Vietnam. Una encuesta Harris realizada en enero del 2000 reveló que la confianza en las fuerzas militares es mayor que en cualquier otra institución, incluyendo la profesión médica o la Corte Suprema.10 Una segunda encuesta Harris aborda específicamente el tema del prestigio de las fuerzas militares estadounidenses y muestra su incremento en los últimos veinte años. En la encuesta realizada en septiembre del 2000, el 70% de los estadounidenses consideraba que los oficiales militares tenían "muy buen prestigio" o "considerable prestigio", y el 42% tenía "muy buen prestigio", un considerable aumento con respecto al 22% en 1982.11 Ciertamente el éxito de la Guerra del Golfo fue la principal razón para los cambios en estas cifras.

El Dr. Hammond señala la reducción de aproximadamente 40% en las fuerzas militares estadounidenses desde 1990, y sostiene que Estados Unidos es menos eficaz para disuadir a los presuntos agresores, y es menos probable que los combata como en el pasado. Sin embargo, conectar la Guerra del Golfo con la reducción en la década de 1990 es engañoso e ignora el fin de la Guerra Fría. El 1° de agosto de 1990, en la víspera de la invasión de Irak a Kuwait, el presidente Bush iba a anunciar las inminentes "reducciones importantes en las fuerzas militares estadounidenses".12 El discurso se retrasó debido a las distracciones que rodeaban la inminente invasión, pero las reducciones se anunciaron oficialmente durante la lucha presupuestaria de finales de 1990—meses antes de la guerra. De hecho, la reducción de las fuerzas militares tras las secuelas de la Guerra del Golfo, mientras que aún se mantenía en raya a Irak, es testimonio del nivel de la dominación que mantiene Estados Unidos.

Dicho esto, el Dr. Hammond tiene razón en preguntarse si el llamado "Síndrome de Vietnam" es cosa del pasado, tal como declaró el presidente Bush al final de la Guerra del Golfo. En realidad las acciones de la administración Bush y sus máximos líderes militares fueron claramente influenciadas por el fantasma de Vietnam. Desafortunadamente, esto pudo haber originado algunas de las deficientes decisiones que rodearon la terminación de la fallida guerra. Evidentemente Estados Unidos quería evitar el atolladero que hubiera representado una guerra civil Iraquí, sin embargo la decisión de declarar la victoria, algo inaudito puesto que se hizo antes que el enemigo solicitara condiciones, de manera que los soldados victoriosos pudieran volver como héroes, fue una reacción excesiva a la experiencia de Vietnam. Además, la desconexión relativa de la clase dirigente de Washington que dejó el combate de la guerra y la negociación de la paz en manos de los CINC del teatro de guerra, así como la perspectiva de que los levantamientos revolucionarios de la posguerra en el norte y en el sur eran trampas para la participación prolongada de los Estados Unidos, parecía encajar en la categoría de las "lecciones de Vietnam" aplicadas inadecuadamente a la Guerra del Golfo. Tal vez si esta serie de errores no hubieran caracterizado el proceso de terminación de la guerra, Saddam Hussein hubiera dejado de ser una influencia regional problemática.

A pesar de los efectos sicológicos persistentes del síndrome de Vietnam, la capacidad militar real de los Estados Unidos en relación al resto del mundo refleja un contraste sorprendente comparado con la era posterior a Vietnam. Después de Vietnam, Estados Unidos quedó en posición inferior en personal y armamentos ante los soviéticos y la tendencia a corto plazo era peor. Desde entonces, Estados Unidos completó un reforzamiento militar significativo, logró importantes victorias en la Guerra Fría y en la Guerra del Golfo, y después puso en práctica una reducción militar significativa durante la última década. Actualmente, Estados Unidos no tiene ningún competidor similar en el corto o mediano plazo, y la tendencia relativa del poderío militar está a su favor. Se puede poner en tela de juicio si esto representa un mundo más seguro, pero nadie puede dudar de la capacidad de las fuerzas militares estadounidenses para responder cuando sea necesario.

Mito No. 7 – Podemos Hacerlo
Muevamente si es Necesario

Desert Strike, Desert Fox y, en otro continente, Allied Force (Fuerzas Aliadas) demuestran que Estados Unidos tiene la voluntad política, los vínculos internacionales y el poderío militar para ejecutar acciones enérgicas cuando sea necesario para lograr sus objetivos. El asunto más pertinente en este sentido podría ser cómo fuimos capaces de ganar la Guerra del Golfo, considerando nuestro estado de preparación para ese conflicto. Las fuerzas militares estadounidenses de 1990 eran pesadas, de movimiento lento y adaptadas para la batalla convencional en Europa. Como tal, no estaban preparadas en general para la acción en el CENTCOM AOR (Teatro de Operaciones de CENTCOM) y los problemas logísticos de trasladar las fuerzas requeridas al teatro de guerra eran enormes.13 Pero Saddam Hussein, no tuvo entre otras muchas cosas el sentido de planificación estratégica para actuar antes que la coalición amasara una fuerza inmensa. Estados Unidos no puede confiar que haya un adversario tan ridículo durante la próxima guerra.

Los cambios radicales en la doctrina de las fuerzas militares y la estructura de las fuerzas estadounidenses desde la Guerra del Golfo revelan un esfuerzo coordinado para tomar en serio esta lección. La doctrina conjunta ha tomado un giro expedicionario. La Doctrina Básica de la Fuerza Aérea admite que, "La declinación de la estructura total de la fuerza y del número de bases en el extranjero ha reducido el tamaño de nuestra presencia de avanzada y ha forzado a que las fuerzas militares se conviertan principalmente en una fuerza expedicionaria …nuestras fuerzas armadas son capaces de proyectar rápidamente su poderío a distancias globales y mantener una "presencia" virtualmente indefinida sobre un enemigo".14 El Ejército también está empeñado en una metamórfosis gigantesca, cuya intención es crear una fuerza "liviana y ligera". El Jefe del Ejército, general Eric Shinseki, al testificar ante el Congreso en 1999, delineó su visión de la siguiente manera:

Nuestro objetivo es ser capaces de desplegar una brigada lista para combatir en cualquier lugar del mundo en un plazo máximo de 96 horas desde la recepción de la orden de ejecutar el despegue, una división dentro de 120 horas, y cinco divisiones en 30 días. Estas fuerzas serán lo suficientemente livianas para desplegarlas, lo suficientemente letales para combatir y ganar, y lo suficientemente capaces de sobrevivir para regresar a casa sanos y salvos. Serán lo suficientemente versátiles para imponer paz o combatir guerras; lo suficientemente ágiles para transformarse rápidamente de pacificadores a combatientes y viceversa; y por ultimo, lo suficientemente ligeras y eficientes para sostenerse a sí mismos sea cual sea la misión15.

Evidentemente, las fuerzas militares estadounidenses entienden la importancia de estar preparadas para "hacerlo nuevamente". Como resultado, para la siguiente guerra debemos estar más preparados que para la del Golfo.

Mito No. 8 – Otros Pagaron el
Costo de la Guerra

La Guerra del Golfo fue poco más que un destello en la pantalla financiera de los Estados Unidos, especialmente en comparación con las grandes guerras anteriores. La cifra más alta del gasto estimada por el Dr. Hammond es 100 mil millones de dólares, de la cual la mitad fue pagada por otros gobiernos, en su mayor parte por Arabia Saudita y Kuwait. Sin embargo la verdadera historia, de acuerdo con el Dr. Hammond, es el costo de largo plazo que Estados Unidos pagará en términos de desgaste natural de sus equipos y efectivos militares. Resulta difícil reconciliar este punto con su anterior afirmación de que en 1997 la parte de la defensa en el producto nacional bruto estadounidense era las más baja desde Pearl Harbor.

Un análisis de costo-beneficio nos explica el tema más allá de los costos económicos. Los estadounidenses siempre han valorado intrínsecamente el costo humano más que el costo financiero, tal como lo ilustra la recomendación del CJCS, general Colin Powell, de emplear una fuerza aplastante y tecnología costosa antes que enfrentar a los Iraquíes en una batalla convencional. Como resultado, los Estados Unidos sufrieron sólo 146 bajas de combate, un número pequeño comparado con guerras pasadas, y una minucia comparada con las pérdidas iraquíes. Además de salvar vidas, el dinero extra gastado en el Golfo también permitió la prueba en el mundo real de armas y teorías de estructura de fuerzas. Es imposible medir cuánto contribuyeron estas lecciones para que los gastos militares sean más sensatos después de la Guerra del Golfo. Además, es imposible poner un valor económico a las ganancias de Estados Unidos en la relación del liderazgo mundial como resultado de la Guerra del Golfo. El liderazgo político generó el liderazgo económico, y por toda la década siguiente a la Guerra del Golfo, el resto del mundo observó la economía de los Estados Unidos. Entretanto, Estados Unidos disfrutó de su más grande expansión económica de tiempos de paz de la historia.

Mito No. 9 – La Guerra del
Golfo Representa un Récord casi In
maculado de Éxito, Desempeño
Militar Superior y Logros

Si esta declaración constituye un mito, no está entre los que visten uniforme militar. Los que asisten a las escuelas de servicio intermedio y superior son bombardeados con el exceso de evaluaciones críticas sobre la Guerra del Golfo. Estos escritos proporcionan excelente comprensión y lecciones imparciales para aprender de la experiencia. El Dr. Hammond cita tres "imperfecciones" importantes incluyendo las fallas de inteligencia en la selección de objetivos y evaluación de daños de combate, la "cacería sin sentido de los Scuds", y los problemas de fratricidio. Sin embargo, estos tres puntos, así como otros, se tratan oficialmente en los GWAPS equilibrados, y la USAF no parece estar de acuerdo con ellos. Los diez años transcurridos desde la Guerra del Golfo han traido una corriente de cambios doctrinarios y modificaciones institucionales que tienen el propósito de asegurar que no se repitan los errores. Uno de los más notables es la creación de un Centro de Operaciones Aéreas Conjuntas (JAOC) formal—un punto central diseñado para evaluar, planear y ejecutar el proceso integrado de selección de objetivos de combate. Un JAOC flexible, que incluya estrategia, planes de combate, operaciones de combate y equipos de movilidad, puede ayudar a resolver los problemas de selección de objetivos en la próxima guerra.

Numerosos libros también detallan las lecciones de la Guerra del Golfo, con defectos y todo. Quienes deseen investigar la dimensión político-militar deben leer The Commanders (Los Comandantes) de Bob Woodward, o Hollow Victory (Victoria Aparente) de Jeffrey Record. Los aspectos militares se cubren en The Generals’ War (La Guerra de los Generales) de Micheal Gordon y el general Bernard Trainor o en Thunder and Lighting: Desert Storm and the Airpower Debates (Truenos y Relámpagos: Tormenta del Desierto y los Debates del Poderío Aéreo) de Edward Mann. Las biografías de los generales Colin Powell y Norman Schwarzkopf dan una visión profunda adicional, aunque unilateral. Quienes buscan una versión "cronológica" de la guerra deben consultar el informe final de Ministerio de Defensa al Congreso titulado Conduct of the Persian Gulf War (Conducción de la Guerra del Golfo Pérsico). Este volumen de ochocientas páginas contiene abundante información táctica y una sección informativa sobre las lecciones aprendidas. Ninguna guerra es perfecta, y la Guerra del Golfo fue criticada por muchos, dentro y fuera del proceso, antes de que se publicara "Myths".

Mito No. 10 – Finalmente se
Cumplió la Promesa del
Poderío Aéreo

Esto depende de la "promesa" de poderío aéreo a la que uno se refiera. El Dr. Hammond reconoce que "El poderío aéreo estuvo más cerca de alcanzar sus objetivos y lograr nuestras metas militares que nunca antes", aunque señala correctamente que el poderío aéreo por sí solo fue incapaz de concluir el asunto sin las fuerzas de superficie. Por otro lado, también cabe mencionar que el arquitecto de la campaña aérea del Golfo, el coronel retirado John Warden, sostiene que el poderío aéreo por sí solo pudo haber logrado la victoria si se le hubiera permitido una semana más de ataques estratégicos.16 La actual doctrina de la USAF parece haber aceptado la noción de Hammond, pero el argumento de Warden continúa incitando el debate así como las inseguridades mezquinas de los otros servicios. Mientras tanto, la sicología estadounidense y el liderazgo político parecen haber llegado a una conclusión peligrosa.

El Dr. Hammond fue profético al proponer este mito, pero se dirigió a la audiencia equivocada. Desde la Guerra del Golfo, los políticos occidentales—no los militares profesionales—parecen haber sobresimplificado la efectividad del poderío aéreo e incluso inferido la existencia de un nuevo paradigma. Aparentemente creen que el poderío aéreo es una panacea que normalmente puede lograr objetivos militares mediante ataques de precisión, y con un mínimo daño colateral o de bajas amigables. Este enfoque poco complejo del poderío aéreo fue evidente en la Fuerza Aliada de 1999, cuando el liderazgo de la NATO anunció públicamente que intentaría expulsar las fuerzas servias de Kosovo con ataques exclusivamente aéreos. Los militares profesionales, incluyendo los aviadores, discreparon desde el principio con la estrategia de excluir los combates terrestres. No obstante, a primera vista el "paradigma" pareció trabajar tal como se había pensado. Sin embargo, la realidad es que los ataques aéreos fueron relativamente ineficaces, haciendo borrosas las líneas entre los objetivos políticos y militares, y algunas veces poniéndolos directamente en conflicto.17 Es posible que la rendición de Servia se haya debido más a su descalabro diplomático y la pérdida del apoyo de Rusia, que a los resultados del poderío aéreo. Pero eso es otro grupo de mitos ...

Conclusión

Los "Mitos de la Guerra del Golfo" no son en realidad mitos, más bien son verdades "con asteriscos". Estos asteriscos son las lecciones genuinas que se deben tener en cuenta para no repetir los errores del pasado. En general, la Guerra del Golfo fue un esfuerzo exitoso y el mundo es más seguro porque un Irak militarmente intacto no controla Kuwait ni sus activos. Desafortunadamente el régimen de Saddam sobrevivió, pero esto fortalece la necesidad de una presencia militar estadounidense poderosa en una región que abarca dos tercios de las reservas petroleras conocidas del mundo. La primera prueba de las operaciones militares de la coalición después de la Guerra Fría fue una victoria importante gracias a la diplomacia y el poderío militar estadounidenses. Sin embargo, nuestro más grande logro puede haber sido el demostrar moderación militar en el momento debido.

Si Estados Unidos espera continuar liderando al resto del mundo, debe demostrar que se le puede confiar el logro de las metas coordinadas por la mayoría, en lugar de desviarse a cruzadas egoístas. Estados Unidos sufrió duras consecuencias en Corea y especialmente en Vietnam cuando intento ejecutar una estrategia "sobre la marcha", ya que la confusión de la guerra condujo a objetivos cambiantes e ideas confusas del estado final deseado. Quizás la lección más duradera de la Guerra del Golfo fue la decisión correcta de poner los objetivos políticos predeterminados antes que las metas militares en el "calor de la batalla".

Notas

1. William Mitchell, Winged Defense: The Development and Possibilities of Modern Airpower – Economic and Military (Defensa Alada: El Desarrollo y las Posibilidades del Poderío Aéreo Moderno - Económico y Militar), (1925; reimpresión, N.Y.: Dover Publications, Inc., 1988), 16.

2. Grant T. Hammond, “Myths of the Gulf War: Some Lessons Not to Learn (Los Mitos de la Guerra del Golfo: Algunas Lecciones Que No Se Deben Aprender)”, Airpower Journal, Otoño de 1998. El artículo del Dr. Hammond sirve como la base para este esfuerzo crítico. A lo largo de este documento se hacen numerosas referencias a este artículo, pero ésta será la única referencia de pie de página.

3. Carl Von Clausewitz, On War (Sobre la Guerra). (Editado y traducido por Michael Howard y Peter Paret. Princeton University Press, 1976), 75.

4. Presidente George Bush, “The Deployment of US Armed Forces to Saudi Arabia (El Despliegue de las Fuerzas Armadas Estadounidenses a Arabia Saudita)”, discurso del 8 de agosto de 1990, reimpreso en Military Review, septiembre de 1991, 82. Para ver un listado completo de las Resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, consulte el informe final del Ministerio de Defensa ante el Congreso titulado Conduct of the Persian Gulf War (Conducción de la Guerra del Golfo Pérsico), Apéndice B.

5. Eliot A. Cohen, Gulf War Airpower Survey (GWAPS) (Estudio de Poderío Aéreo en la Guerra del Golfo), 79.

6. Amb Richard Butler, entrevista con el coronel Roman Hrycaj, 29 de noviembre de 2000, Maxwell AFB, Ala.

7. Cohen, GWAPS, 223.

8. Ministerio de Defensa, Conduct of the Persian Gulf War (Conducción de la Guerra del Golfo Pérsico), informe final ante el Congreso, Abril de 1992, 703

9. Deptula, David. “Effects Based Operations (Operaciones Basadas en Efectos)”, discurso del 27 de noviembre del 2000.

10. Harris Poll Library, “Harris Interactive”, encuesta Harris No. 7, 26 de enero de 2000.

11. Íbid, encuesta Harris No. 51 , 6 de septiembre de 2000.

12. Michael R. Gordon y Bernard E. Trainor, The Generals’ War (La Guerra de los Generales). (NY: Little, Brown & Company, 1995), 25

13. Íbid. Para ver un resumen de los problemas casi insuperables de logística encarados por CENTCOM durante Desert Shield, véase The Generals War (La Guerra de los Generales) de Gordon y Trainor, 54-74.

14. Ministro de la Fuerza Aérea, Air Force Doctrine Document 1(Primer Documento de Doctrina de la Fuerza Aérea), Septiembre de 1997, 32

15. General Eric K. Shinseki, “Statement by the Chief of Staff, U.S. Army, on Status of Forces (Declaración del Jefe del Comando Conjunto del Ejército de los Estados Unidos sobre la Condición de las Fuerzas)”, testimonio ante el Comité de Servicios Armados del Congreso, 21 de octubre de 1999.

16. John Warden, The Air Campaign (La Campaña Aérea), (NY: Excel Publishers, 1998), 158

17. Earl A. Tilford, “Operation Allied Force and the Role of Airpower (Operación Fuerzas Aliadas y el Rol del Poderío Aéreo)”, Parameters, Invierno 1999-2000, 28.


El Tte. Cnel. Martin Wojtysiak, USAF ((Licenciatura, Academia de la USAF; Maestría, Auburn University, Alabama) es un estudiante de la Escuela Superior de Guerra Aérea, Base Aérea Maxwell, Alabama. Sirvió anteriormente como oficial de operaciones e instructor de vuelo de los aviones KC-10 del escuadrón CC (9 ARS), Base Aérea de Travis California; Asistente del Agregado Aéreo, Embajada de los EE.UU., Islamabad, Pakistan, instructor de vuelo de los aviones KC-10, Base Aérea de March, California ; e instructor de vuelo de aviones T-38, Base Aérea de Williams, Arizona. El Tte. Cnel. Wojtysiak es graduado de la Escuela de Oficiales de Escuadrón y la Escuela Superior de Comando y Estado Mayor, Base Aérea Maxwell, Alabama.

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