Air & Space Power Journal - Español Segundo Trimestre 2001
Document created: 16 July 01

Los Guardianes del Espacio

La Organización de los Recursos Espaciales de
los Estados Unidos para el Siglo XXI

Teniente Coronel Cynthia A. S. McKinley, USAF*

*Este ensayo debe su existencia al Coronel Evan J. Hoapilis y su constante insistencia y a nuestras numerosas conversaciones durante 1998. Si no fuera por su estímulo (y constancia) para que lo pusiera por escrito, el concepto de "Los Guardianes del Espacio" todavía estaría esperando ser ilustrado.

CUANDO SE TRATA DE LA explotación del espacio para la seguridad nacional y prosperidad económica, los Estados Unidos no tienen igual. Por más de cuatro décadas, esta nación ha sido el líder en abrir la brecha de la frontera del espacio y ha logrado éxitos inauditos. Hemos perfeccionado nuevas tecnologías; lanzado naves aeroespaciales que las hemos puesto en órbita terrestre y más lejos aún; hemos aprendido como usar las naves espaciales para conocer y entender mejor nuestro planeta, para comunicarnos con más rapidez, diseminar información, dar el alerta en caso de ataque, y ubicar gente e infraestructura sobre la superficie de la Tierra. Hemos caminado sobre la Luna y escudriñado maravillados la superficie de Marte y descubierto sistemas solares nuevos.

Pero estos éxitos pasados no garantizan éxitos futuros. Mantener nuestro nivel histórico de realización requiere que consolidamos dentro de una sola organización los servicios del espacio presentes y futuros.1 Este artículo revela la estructura orgánica espacial recomendada para los recursos del espacio de nuestra nación, examinando una frontera diferente y los imperativos que necesitan de cambio, usando el exitoso modelo histórico de la Guardia Costera de los EE.UU. como un trampolín que asegure éxito en el futuro. La estructura orgánica recomendada promete liberar a la Fuerza Aérea para que pueda ir en pos de su visión del poderío aeroespacial y permita que esta nación use sus recursos del espacio más efectivamente y que pueda derivar exitosamente el mejor provecho del espacio en las décadas venideras.

Una Frontera Diferente

Como sucede con la apertura de cualquier frontera, una vez abierta, ambos los participantes y la frontera canbian para siempre. Solamente cuatro décadas después de su apertura, la frontera del espacio es ya notablemente diferente. Considerando que las tareas en el espacio eran altamente especializadas e infrecuentes, muchas de esas son ahora normales y rutinarias. Servicios espaciales que inicialmente apoyaron un conjunto exclusivo de usuarios ahora florecen en servicios de utilidad global. Abriendo la frontera del espacio y acomodando en la edad de información, conectamos nuestras vidas diarias a las aeronaves que se desplazan en órbita muy por arriba de nosotros. Conforme van cayendo los obstáculos de entrada a uno y otro lado, el equipo espacial original de los EE.UU.— la Administración Nacional del Espacio y Aeronáutica (NASA), los servicios militares, y la Organización Nacional de Reconocimiento — continúa viendo un creciente número de participantes a través del mundo que se les une, empresas comerciales de reciente organización y las entidades civiles que exploran sus propios recientemente descubiertos intereses en el espacio. En suma, la frontera naciente — el dominio del espacio que en un tiempo era restringido caracterizada por costos altos, poca experiencia, y tecnologías inciertas — han llegado a ser ya el "terreno común."

Imperativos del Cambio

Este ambiente crea tres tipos de tensión en los tres sectores de espacio (p. ej., seguridad nacional, y los sectores civil y comercial). Tensiones culturales y de financiamiento crean presiones dentro de cada sector, y las tensiones orgánicas ocasionan disensión dentro de las organizaciones.

Tensiones Culturales

Las organizaciones se crean para realizar un conjunto único de misiones. Conforme sus integrantes abrazan esas responsabilidades, una cultura que expone el sentido más fundamental de la organización da forma a la identidad que es el corazón de esas misiones. Cuando la organización comienza a extenderse más allá de su "raison d’etre", rápidamente surgen tensiones culturales.

La Fuerza Aérea, por ejemplo, se formó para "volar y combatir", y las palabras "alcance global, poderío global" transmiten en la mejor forma su sentido de identidad. Con su imagen de volar y combatir, un cierto grado de fricción siempre ha existido entre las culturas aéreas y las espaciales de la Fuerza Aérea. En la médula de esta rencilla yace el hecho de que las capacidades presentes del espacio permanecen fuera del sentido identidad de la Fuerza Aérea.

Durante los últimos quince años, este desacuerdo ha surgido a la luz cada vez que la cúpula del arma ha intentado eliminar la brecha cultural forzando las operaciones del espacio dentro de la identidad de la Fuerza Aérea. Los métodos de la Fuerza Aérea han incluido intentos de "operacionalizar", normalizar, y, más recientemente, integrar las operaciones del espacio. Las dos primeras eliminaron la brecha, y el último, a pesar de su mucho más agresivo proceder, tendrá el mismo resultado — pero por razones que necesitan una explicación.

Primero, una dicotomía fundamental cultural separa hoy en día las comunidades del espacio y del aire: la diferencia entre el combate de guerra y el apoyo — entre las culturas de pelea de guerra y la de no guerra. Ambos el combate bélico y el apoyo son esenciales para la seguridad nacional, pero el mundo en que cada uno se desenvuelve tiene requerimientos y expectativas diferentes. Al nivel más elemental, los guerreros del aire piensan en términos del poderío aéreo para el combate: operando y manteniendo bases aéreas, volando a los blancos, cumpliendo una misión, y regresando a la base. Piensan desde el punto de vista de la planificación de campaña, arte operacional, y éxito táctico. Hoy, aquellos que trabajan en labores del espacio piensan desde el punto de vista de los servicios de apoyo del espacio: poner satélites en órbita, la explotación continua de la información que se puede obtener a través de esos, y transmitir toda esa importante información a la gente quien la necesita. Estas características representan dos igualmente importantes pero distintas culturas: una con la mente basada en el combate de guerra y la otra con una mente de apoyo. Es como tratar de mezclar el aceite con el agua, carece, simplemente, de autenticidad esperar que las dos sean una.

La intentona para combinar estas dos culturas distintas mediante la integración tiene sus raíces en la reunión Corona del otoño de 1996 que reunió los principales líderes de la Fuerza Aérea. Aunque ellos consideraron la integración originalmente como un método para garantizar la continuidad de la administración del espacio por la Fuerza Aérea, dentro de unos pocos meses después de la reunión, integración se interpretaba como la condición suficiente y necesaria por la que la Fuerza Aérea podía asir la oportunidad de llamarse a sí misma una fuerza aeroespacial.

Desde el principio es importante hacer notar que la Fuerza Aérea es la principal organización militar para la explotación aeroespacial. Ninguna otra arma puede aseverar tener una cultura de combate de guerra o visión que abrace tan completamente el poder aeroespacial. Desde el día uno, la cultura de la Fuerza Aérea, sus capacidades medulares, y su sentido de identidad se ha envuelto en su capacidad para proveer poder y alcance global en nombre de nuestros intereses nacionales. Desde luego, la transformación de Fuerza Aérea en una fuerza aeroespacial debería ocurrir más pronto que tarde, pero para efectuar esta transformación, la Fuerza Aérea debe tratar de asir el verdadero significado y los indicios de ser un poder aeroespacial. Además de su incapacidad para eliminar la brecha que existe entre las culturas de combate de guerra y la de no combatiente de guerra — sin importar el nivel que se tenga de compromiso y conciencia — la integración no transformará a la Fuerza Aérea en un poder aeroespacial por lo menos por dos razones.

Integrar las capacidades del espacio y el personal y dentro de la corriente principal de las operaciones de la Fuerza Aérea y sus estados mayores ni iguala ni crea poder aeroespacial en su más visionario sentido. Lograremos poderío aeroespacial cuando tomemos las más revolucionarias medidas para promover nuevas formas de emplear las fuerzas y nuevas maneras de conducir el combate. Lo lograremos cuando empleemos directamente plataformas espaciales para alcanzar los objetivos militares.

Además, la Fuerza Aérea no se encuentra sola en su búsqueda de como integrar mejor las capacidades espaciales. Todas las armas militares se encaran a desafíos y oportunidades de integración similar, condición final que se deletrea en Visión Conjunta 2010.2 Decir que usar los servicios espaciales para mejorar el poder aéreo hace de la Fuerza Aérea una fuerza aeroespacial sería decir que usar el espacio para mejorar el poder de mar o tierra hace el Ejército una fuerza "terra-espacial" y de la Marina una fuerza "marítimo-espacial". Proveer únicamente los servicios espaciales e integrar esos servicios en la corriente principal de las operaciones del aire no crearán poder aeroespacial. Nuevamente, la clave para llegar a ser un poder aeroespacial radica en el uso operacional de espacio como un medio para el combate de guerra.

La Fuerza Aérea alcanzará su visión de ser una fuerza aeroespacial, pero primero debe tener capacidades de poder aeroespacial – es decir, hay que convertirse en un poder aeroespacial antes de atribuirse el título de ser una fuerza aeroespacial. A lo largo del uso por nuestra nación de espacio orbital para la seguridad nacional, las operaciones de combate de guerra de la Fuerza Aérea se han visto restringidas al combate atmosférico. Esto cambiará temprano en la primera mitad del Siglo Veintiuno. Las capacidades que permitirán la explotación operacional del medio aeroespacial entero, creación de poder aeroespacial, y que permitirán a la Fuerza Aérea cambiar su apelación a la de Fuerza Aeroespacial ya se encuentran bajo planeamiento.

El ejemplo más obvio es el Vehículo de Operaciones de Espacio (SOV).3 Dentro de dos décadas, este vehículo permitirá a los Estados Unidos desplegar su poderío, no en las varias horas que le toma hoy en día, sino en minutos. Permitirá que los Estados Unidos desplieguen su poder, no simplemente dentro de la atmósfera sino en el espacio orbital, en la atmósfera, y a la superficie del planeta. Esto, conjuntamente con otras capacidades futuras, extenderá naturalmente las responsabilidades de los hombres y mujeres del aire en la conducta del combate de guerra en el entero medio aeroespacial. En suma, en las próximas dos décadas, las capacidades medulares de la Fuerza Aérea y los conceptos visionarios la transformarán de una Fuerza Aérea a una Fuerza Aeroespacial que operacionalmente emplea ambas plataformas, la del espacio y la del aire para conseguir los objetivos militares de nuestra nación.

Pero hablamos del futuro — no del presente. A pesar de los valientes esfuerzos hechos para forzar la combinación de las culturas aérea y espacial de la Fuerza Aérea, la brecha entre el sentido de identidad del servicio y sus responsabilidades actuales del espacio. Para que la Fuerza Aérea alcance a realizar su visión de llegar a ser una Fuerza Aeroespacial, debe encauzar sus esfuerzos espaciales en esos sistemas que cuadran dentro de su alcance global, identidad global de poder. Más aún, debe abandonar sus responsabilidades que no encajan en su núcleo, que no encuadran con el combate de guerra para proveer servicios espaciales.

Aunque la cúpula de la Fuerza Aérea no se ha dado plena cuenta de este hecho o la magnitud de sus implicaciones, existe alguna evidencia que algunos de esos líderes principales comienzan a tomar conciencia de esos. Durante los últimos dos años, el liderazgo de la Fuerza Aérea se ha encontrado en forma concurrente defendiendo su papel en la administración del espacio mientras cuestiona, por ejemplo, su principal gestión administrativa de los emplazamientos y variedades de lanzamientos — especialmente ahora que actividad comercial sobrepasa los lanzamientos del gobierno. Llega a ser cada vez más obvio que pocas de las actividades conexas del espacio presentes entran dentro de la competencia central de la Fuerza Aérea de proveer poder y alcance global.

Las tensiones culturales similares son evidentes en otros sectores de la comunidad del espacio. NASA encara oposición interna cuando contempla el lanzamiento de servicios rutinarios, continuo reabastecimiento de la estación internacional en el espacio, rescate de astronautas, y reparación de satélites, en vez de apegarse a su carta constitutiva de ciencia, investigación, y exploración. NASA se pregunta cómo proveer operaciones de rutina de lanzamientos al espacio — especialmente a la estación internacional de espacio – cuadran con su carácter tradicional de exploración. En forma semejante, la Administración Federal de Aviación (FAA) cuestiona su papel como proveedor potencial de control de tránsito en ambos: aire y espacio.

Estas tensiones culturales son naturales. Cuando las organizaciones extienden más allá de su sentido de identidad, las fricciones culturales inevitablemente emergen. Estas tensiones no disminuyen el valor relativo de las misiones en cuestión. Por el contrario, las misiones permanecen vitales y esenciales. Llevando a cabo lanzamientos del transbordador y administrando los emplazamientos y variedades de lanzamientos son ejemplos claros. Pero conforme las misiones se extienden más allá de la "raison d’être" de la organización, las tensiones culturales surgirán.

Tensiones del Financiamiento

Esta tensión cultural se agrava por una segunda área de tensión — financiamiento. La técnica presupuestaria que da comienzo en la línea cero que se utiliza en nuestro ambiente actual no provee dinero suficiente para que las organizaciones rindan ambos sus funciones de competencia y otras funciones esenciales, aunque subordinados. El resentimiento emanado de estas responsabilidades adicionales puede provenir porque frecuentemente ellos "tienen que pagar" las cuentas. Por ejemplo, NASA no puede varar el transbordador, y la Fuerza Aérea no puede cerrar sus emplazamientos de lanzamiento sin provocar un clamor generalizado. Es más, en muchos casos, la mayoría de los usuarios de los servicios espaciales radica afuera de la organización que paga las cuentas.

Un ejemplo clásico es el Sistema Global de Localización (GPS). Mientras más usamos el GPS para medidas de seguridad humana, más se acerca a una condición diaria de utilidad para la población mundial que confía en ese sistema y que los Estados Unidos se encuentra obligado a proveer. En última instancia, el tener que pagar por esas funciones subordinadas consumen fondos que de otra manera se habrían invertido en las funciones de competencia de una organización.

Esta tensión es particularmente aguda para la Fuerza Aérea. Una queja común contra el servicio es que cuando tiene que elegir entre los programas del aire y del espacio, el aire siempre consigue el 51 por ciento del voto. Esto implica que la Fuerza Aérea es parcial en sus elecciones entre las operaciones del aire y las operaciones del espacio. No lo es. Ni siquiera se encuentra cerca de estar en una posición que le permita hacer tal cosa. La Fuerza Aérea no puede aún "comparar las manzanas con las manzanas" y no llegaremos a ese punto de la discusión hasta que paremos de manipular el juego en favor de los servicios del espacio — hasta que hagamos algo respecto al pago de las cuentas subordinadas.

En otros términos, la Fuerza Aérea no se encuentra en el punto de poder debatir el pro y contra de las plataformas de combate aéreo en comparación a las plataformas para el combate desde el espacio. No se encuentra en posición de poder discutir el valor relativo de los F-22 contra los SOV y de los láseres aerotransportados a diferencia de los láseres ubicados en el espacio. Aún esta enfrentando plataformas de combate de guerra contra plataformas de apoyo — y esas plataformas de apoyo, esos servicios espaciales tales como los emplazamientos de lanzamiento, la navegación, la vigilancia, y el resto, hacen las más grandes cuentas que pagar.

Esta discusión es fundamentalmente diferente a la tradicional de operaciones de apoyo o las decisiones de cabo a rabo del pasado. Con los servicios del espacio, uno no puede usar los procesos y modelos familiares que trabajan tan bien con sistemas tales como aviones cisterna y transportes. Esto es cierto por lo menos por dos razones.

Primero, los servicios espaciales son absolutos. En el negocio de aire, los aviones necesitan apoyo de parte de los aviones cisterna. El tamaño de la flota de aviones cisternas depende de muchos factores: el ritmo estimado de operaciones, las estrategias de empleo, las amenazas previstas, el tamaño de las flotas de bombardeo y caza a las que se les dará apoyo, y todo lo demás. El intercambio con cualquiera de estas variables puede aumentar o disminuir el número de aviones cisterna que se necesiten. Este no sucede en el caso de los servicios en el espacio. Porque los servicios espaciales proveen un servicio global, ubicuo, una vez se ha hecho la decisión para ofrecer ese servicio en toda su capacidad, los requerimientos de infraestructura rápidamente ocupan una posición inmutable. Por ejemplo, sin considerar el número de receptores GPS — uno o un millón — la constelación de satélites tiene forzosamente que ser de una cierta configuración y tamaño para poder o dar los servicios de navegación. Sin importar si esperamos que un sistema de detección de alerta nos avise si es un lanzamiento de un misil o un grupo de proyectiles balísticos, si la nación quiere usar sistemas de advertencia basados en el espacio, debe procurar y mantener un cierto número mínimo de satélites y estaciones donde se procesen los datos.

Segundo, los servicios espaciales tienden a ser sistemas abiertos. Los aviones cisterna, por ejemplo, solamente pueden apoyar ciertos tipos de avión. GPS, clima, comunicaciones, y otros satélites dan apoyo a cualquier usuario quien posee el equipo para recibir las señales. Por ende, muchos de los servicios espaciales han llegado a ser o están por ser servicios públicos globales, agregando una dimensión externa de presión durante las deliberaciones internas de que cosa debe tomar el lugar de otra en el financiamiento.

Por ejemplo, la Fuerza Aérea puede decidir tomar un riesgo calculado limitando el número de aviones cisterna que compre. Puede hacer esa decisión porque solo afectará principalmente a sí misma u otras fuerzas militares. La misma situación no es aplicable a los servicios espaciales. La Fuerza Aérea no puede correr el riesgo calculado semejante con los emplazamientos de lanzamiento, los satélites de navegación, los sistemas de advertencia, y otros servicios comparables porque esos apoyan muchos usuarios de la Fuerza Aérea, otros que no son militares, y aún usuarios de otras naciones.

Bajo la configuración presente, se espera que la Fuerza Aérea le dé igual importancia en su presupuesto a sus funciones propias de combate de guerra como a sus necesidades de apoyo propias y de sus clientes. Estos servicios espaciales representan cualidades y obligaciones que no tienen que ver con las medulares del servicio y nada que ver con hacer guerra; servicios que representan algunos de las más altas cuentas que financiar. La responsabilidad de estos servicios espaciales mantiene a la Fuerza Aérea alejada de ir en consecución de su visión aeroespacial. Funcionar como la principal fuerza de proyección de poder mientras que a la vez funciona como el proveedor de servicios espaciales a una multitud de clientes provoca que el servicio tire en direcciones opuestas. Para conseguir poder aeroespacial y llegar a ser una fuerza aeroespacial, hay que permitir que la Fuerza Aérea separe la porción del servicio espacial de sus responsabilidades presentes.

Tensiones Orgánicas

La tercera tensión ocurre entre organizaciones. Las tensiones orgánicas provienen conforme las esferas de la actividad atraen nuevos jugadores e intereses competidores. Al desenvolverse en sus asuntos, los jugadores definen especialidades y defienden beneficios. En el terreno espacial, el número de jugadores y sus enlaces nos dejan ver una condición enmarañada. Frecuentemente se hace difícil saber a quien consultar para resolver asuntos de política, contestar preguntas, u obtener ayuda. La otra cara del asunto es igualmente difícil. La organización que recibe el llamado frecuentemente no sabe como (o si debería) responder. Por ejemplo, ¿es responsabilidad de la Fuerza Aérea proveer datos de prevención de choques orbitales o análisis de desperfectos de los satélites a las compañías comerciales interesadas? Si no, ¿a quién deben recurrir estas compañías? Con el madurar de la explotación del espacio, estas tres tensiones crean un sentido universal de frustración. Las organizaciones comerciales se sienten impedidas por organizaciones del gobierno que no mantienen el paso con su prisa comercial. Las organizaciones civiles se sienten sobrecargadas por las operaciones esenciales que yacen más allá de sus intereses y participación. Y los visionarios militares, quienes ven las operaciones espaciales futuras como la clave que les permitirá revolucionar el combate, sienten que una infraestructura que aparentemente no les respalda les pone ronzal.

Organizando para el Exito Futuro

La trayectoria que nuestra nación debería seguir para la explotación exitosa del espacio debe lograr un equilibrio razonable entre los requerimientos de la misión, la competencia medular de la entidad, la visión, y las responsabilidades del gobierno. Debe justificar el "terreno común" del entorno espacial; reducir tensiones inherentes; resolver las rivalidades entre los intereses comerciales, militares, y civiles; abrir las oportunidades; permitir que la Fuerza Aérea alcance su visión para llegar a ser una fuerza aeroespacial; y continuar ofreciendo los servicios espaciales de los que nuestra nación depende. Para alcanzar la estructura orgánica óptima se requiere análisis de las funciones del espacio presentes y futuras (Tabla 1).

Tabla 1
Funciones de los Servicios Espaciales

•    Administración de los Emplazamientos de Lanzamiento
•    Navegación
•    Seguridad de los Puertos Espaciales
•    La Protección de los Nichos Orbitales
•    Control del Uso de las Banda
•    Resolver la Piratería
•    Resolver la Interferencia
•    Vigilancia del Espacio
•    Prevención de Colisión
•    Reducción y Eliminación de Cascote
•    Investigación del Entorno Espacial
•    Climatología Terrestre
•    Investigación Solar
•    Rescate de Astronautas
•    Reparación de Satélites

 

Estas funciones son desempeñadas actualmente por una variedad de organizaciones en los tres sectores del espacio. Como resultado, no existe ninguna estructura orgánica unificante, y no hay posibilidad de que estas funciones trabajen sin diferenciación en pos de un objetivo al nivel nacional para la explotación del espacio. Es interesante que para otro medio ambiental, nuestra nación ha reunido funciones semejantes bajo una sola estructura orgánica. Este éxito pasado ofrece una guía orgánica nocional para nuestro futuro espacial.

Guardacostas de los Estados Unidos

Entre 1915 y 1942, el gobierno de Estados Unidos consolidó las responsabilidades funcionales de cinco servicios gubernamentales para formar la Guardia Costera de los Estados Unidos. Combinó funciones de "servicios marítimos" dentro de una organización para ofrecer mejor servicio a la nación y para asegurar que la armada no se viera recargada con responsabilidades que le distrajeran de sus responsabilidades principales del combate marítimo para derrotar otras fuerzas armadas.

Las raíces de guardacostas se remontan a 1789 con la formación del "Servicio Faros". Aunque todo navegante dependía de su apoyo, el servicio no pertenecía a la armada. Por lo contrario, un servicio federal aparte tuvo la responsabilidad de orientar a los navegantes durante la oscuridad nocturna y la niebla diurna. Durante el transcurso de los próximos cien años, los Ministerios de Justicia y Tesorería organizaron otros cuatro servicios federales relacionados con la navegación — el Servicio de Rentas de la Patrulla Costera, Servicio de Inspección de Vapores, Servicio de Salvavidas, y Agencia de Navegación — para satisfacer las necesidades urgentes de nuestra nación. La consolidación de estos cinco servicios federales comenzó en 1915, cuando el Servicio de Rentas de la Patrulla Costera y el Servicio de Salvavidas fue combinado para formar la Guardia Costera. Las consolidaciones finales ocurrieron entre 1939 y 1942, cuando la Guardia Costera se hizo cargo de las responsabilidades del Servicio de Faros, del Servicio de Inspección de Vapores, y de la Agencia de Navegación. A lo largo de su historia, la Guardia Costera ha acomodado a las necesidades de la nación. En tiempos de paz, dependía del Departamento de la Tesorería (desde 1915 hasta 1967) o del Departamento del Transporte (DOT) (desde 1967 al presente); cuando la nación estuvo en guerra, durante esas temporadas, sirvió bajo el comando de la Marina. Durante cada guerra desde la Guerra de 1812 a la Guerra del golfo Pérsico de 1991, los guardacostas se mantuvieron hombro a hombro con los marineros de la Armada para pelear por los intereses de nuestra nación. En cada una de esas ocasiones complementaron las capacidades de la Armada ofreciendo el conjunto total de herramientas militares marítimas conexas que necesitaba nuestra nación.

Tan importante como es la observación de que la armada y la Guardia Costera pueden complementar una con la otra dentro del mismo medio (el mar) existe el mismo paralelo entre misiones de guardacostas y misiones presentes o las que emergen en el espacio. La evolución y formación de las misiones de guardacostas reflejan la importancia del comercio marítimo para la economía, de acceso al mar por ciudadanos particulares, y del mar mismo para la seguridad nacional. El espacio orbital ahora tiene el mismo nivel de importancia para la economía de los Estados Unidos, para el nivel de vida, y para la seguridad nacional. Una comparación rápida de las responsabilidades tradicionales de la Guardia Costera y los requisitos del espacio nos ofrece una reveladora historia. (Tabla 2).

Tabla 2
Las Responsabilidades de la Guardia
Costera y los Requerimientos
del Espacio

La Guardia Costera 
de hoy Provee

La Explotación de
Espacio Requiere

  • Administración de las
    vías fluviales
  • Administración de los
    Emplazamientos de
    Lanzamiento
  • Ayuda a la Navegación   
  • GPS
  • Seguridad de Puertos
  • Seguridad de los
    Astropuertos
  • Protección a la
    Pesquería
  • Protección de Nichos
    Orbitales
  • Cumplimiento de
    Tratados y Convenios
  • Control del Uso
    de las Bandas
  • Resolver la Piratería
  • Resolver la Piratería
  • Resolver la Inteferencia
  • Seguridad de Navegación
  • Vigilancia del Espacio
  • Prevención de Colisiones

  • Vigilancia Ambiental y
    de Contaminación
  • Reducción y Remoción de Cascote
  • Operaciones de Rompehielos, Ciencia, y
    Climatología
  • Investigación del Entorno Espacial
  • Rescate de Náufragos
  • Climatología Terrestre
  • Investigación Solar
  • Rescate de Astronautas
    Reparación de Satélites

Salta a la vista no simplemente la similitud en funciones, pero también la realización de que el modelo de la Guardia Costera representa la mejor estructura orgánica para realizar estas tareas. Provee servicios a varios departamentos del gobierno y a otros sectores de la economía. Sus responsabilidades de misión representan el bien público. En todo momento, el gobierno retiene la opción para designar a la Guardia Costera como un componente para combatiente de guerra cuando lo necesita para la seguridad nacional. De nota particular, la Guardia sirve de enlace tenue en aquellas áreas creadas cuando llega a ser necesario emplear fuerzas militares en una zona designada para la explotación y uso pacíficos. Por ejemplo, nadie considera seriamente que la presencia de la Guardia Costera "militariza" los Grandes Lagos. Finalmente, la habilidad de la Guardia Costera para cambiar entre DOT y el Departamento de Defensa (DOD) muestra que no hay diferencia sobre el agua, a pesar de tener dos servicios marítimos.

Revisando la lista que aparece arriba de las misiones de la Guardia Costera, uno podría preguntar si tendría sentido asignar esas misiones a la armada si comenzáramos hoy con una pizarra limpia. La respuesta es no — por las mismas competencias centrales, combate de guerras en comparación a los apoyos que hay que solventar, y las tensiones orgánicas descritas antes.

La Guardia Espacial de los Estados Unidos

Al observar la columna correspondiente al espacio de la lista que aparece arriba, debemos hacer la inevitable pregunta, Deberán todas estas funciones existentes y las que van surgiendo en el espacio radicar separadamente a lo largo de varios departamentos? La respuesta es: no – Tiene que haber una mejor forma. Lo que sugiero a continuación es una posible estructura de la organización responsable de los haberes espaciales de la nación. La propuesta ofrece la posibilidad de resolver en forma satisfactoria los intereses comerciales, militares, y civiles que se encuentran en mutua competencia y sus tensiones inherentes. Libera a la Fuerza Aérea para alcanzar su visión de llegar a ser una fuerza aeroespacial totalmente capaz, y sobrepasa la circunstancia del "elimina un programa aquí, róbale los fondos a un programa allá" que son los métodos bajo consideración al presente.

La estructura orgánica recomendada para los servicios espaciales es la Guardia Espacial de los Estados Unidos (USSG), una fusión de personal y misiones espaciales civiles, comerciales y militares. Aunque sea un servicio armado y un instrumento listo de política nacional, la USSG permanecería una administración activa del DOT por sus operaciones diarias. En épocas de crisis, puede designarse como un brazo de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. El financiamiento de la Guardia Espacial provendría no solamente del cofre del DOD sino también de todas las fuerzas armadas y empresas comerciales y civiles que se benefician de sus servicios.

A corto tiempo, las responsabilidades de la Guardia Espacial deberían incluir todas las operaciones del espacio que actualmente se encuentran agrupadas bajo varias áreas de política nacional del espacio en misiones de apoyo espacial, aumento de fuerza, y control del espacio. Debería trabajar en asuntos actuales como la seguridad de los astropuertos, diseño de satélites, reducción de cascote, y demás. De la misma manera que la evolución histórica de su equivalente costera, la USSG debería hacerse cargo pronto de la responsabilidad de las misiones tales como la reparación de los satélites averiados, reaprovisionamiento de estaciones, reabastecimiento de combustible de los satélites, eliminación de escombros espaciales, realizando la búsqueda y salvamento de astronautas, verificando asuntos de soberanía y tratados, arbitrando asuntos de soberanía y alcances, arbitrando interferencia de espectro, y control de los corredores espaciales.

Su personal debería provenir de aquellas organizaciones espaciales existentes tales como quienes se encuentran dentro de los servicios militares, NASA, DOT, FAA, y otros. Por lo que atañe a la progresión de carrera en la USSG, ellos tendrán oportunidades que van desde operaciones de lanzamiento y alcance, al rastreo y comandando de satélites, hasta especialidades de misión en órbita. La Guardia Espacial en todo momento se encontrará bajo la dirección y órdenes de oficiales generales adiestrados, preparados, y experimentados en especialidades del espacio. Los profesionales de espacio tendrán una trayectoria de carrera amplia y clara, y los otros especialistas del espacio les dirigirán.

Llevar a cabo la recomendación sugerida arriba resultará en una organización dedicada a intereses civiles del espacio, aceptable a muchos interesados en el espacio, y siendo parte interesada en la seguridad nacional — todo mientras se les permite a las otras organizaciones enfocar en su incumbencia medular.

El establecimiento del modelo propuesto y la preparación de las fuerzas espaciales de nuestra nación para el futuro requieren que la Fuerza Aérea regrese a sus raíces, que redirija su atención a las responsabilidades de su incumbencia medular, el combate de guerra, y para aceptar el hecho que debe dejar a un lado todo lo que está fuera la estructura de alcance y poder global, encuentre un nuevo hogar. En suma, significa que la Fuerza Aérea debe aceptar el imperativo fundamental para deshacerse de todos los servicios espaciales. Al deshacerse de los servicios espaciales, la Fuerza Aérea estará libre para enfocar en sus responsabilidades medulares del combate de guerra. No tendría las enormes responsabilidades financieras que le imponen el administrar los servicios espaciales de la nación. Su cultura comprende los cuerpos volantes y combatientes que los que ha servido tan bien a lo largo de su historia. Y será capaz de dedicar sus esfuerzos espaciales a perfeccionar los sistemas espaciales necesarios en el futuro de una fuerza espacial que entonces le permitirá finalmente consolidar su título aeroespacial. En una escala mayor, la nación habrá reducido el tamaño de su estructura de fuerza mientras mejora su capacidad para explotar el espacio para beneficio nacional.

Conclusión

Los sistemas espaciales afectan nuestras vidas diariamente. Sabemos de los sucesos mundiales, nos comunicamos, y llevamos a cabo negocios por conducto de satélites; observamos galaxias distantes por medio de telescopios colocados en el espacio; y consideramos inevitable que eventualmente minaremos planetas y asteroides para mejorar la vida en la Tierra. Como nunca antes, el espacio nos sirve para alcanzar remotos parajes de nuestro planeta, Aumentando en forma exponencial nuestros conocimientos, y siendo la puerta principal del crecimiento económico mundial.

Es imperativo que nuestro equipo original del espacio se desprenda. Debemos hacerlo en forma inteligente y en una manera que apoye las necesidades de nuestra nación y los sectores del espacio. La única decisión que queda por hacer es hallar el modelo que ofrezca la mejor posibilidad de éxito. El espacio es terreno común internacional junto con su explotación, y nuestra nación necesita un organismo múltiple que vigile sus intereses allí.

La solidez del concepto de la Guardia Espacial reside en el hecho que lleva los servicios espaciales en la misma dirección de la explotación del espacio, resuelve antiguos desafíos, y libera la Fuerza Aérea y otros a encausarse a las competencias medulares de su organización. Solidifica nuestro esfuerzo en el espacio, aclara responsabilidades orgánicas, y unifica la disparatada diversidad constante que exige cambios.

El tiempo para la acción es ahora. La USSG es la organización correcta para la explotación exitosa del espacio en el Siglo Veintiuno. Conforme cambia la explotación del espacio, también deben cambiar nuestras fuerzas del espacio. El gobierno debe retener vigilancia de los servicios del espacio que permita ambas cosas: el combate y pueden ser considerados como bienes públicos El sector comercial debe permanecer a la delantera de sus competidores internacionales. Un servicio civico-militar del espacio – la Guardia Espacial - es nuestra mejor oportunidad para satisfacer todos los intereses competitivos del gobierno y los sectores comerciales.

Notas:

1. Los Servicios Espaciales se refieren a las actividades de apoyo relacionadas con el espacio incluyendo, pero no limitados al, lanzamiento de satélites, conducir astronaves, y proveer o explotar posibilidades del espacio tales como enlaces para comunicaciones, señales de navegación, información climatológica, e información ambiental percibida. Ver también Tabla 1.

2. La Visión Conjunta 2010 (Washington, D.C.: Junta de Jefes de Estado Mayor, 1995).

3. El SOV también se ha llamado el Vehículo Transatmosférico y Avión Militar Espacial.


La Tte. Cnel. Cynthia A. S. McKinley, USAF (Licenciatura, Moorhead State University; Maestría en Ciencias, Troy State University; Maestría en Poderío Aéreo Avanzado, Escuela Superior de Estudios sobre el Poderío Aéreo Avanzado) es comandante del 21er. Escuadrón de Operaciones de Apoyo, Peterson AFB, Colorado, que apoya al Comando Espacial de la Fuerza Aérea(AFSPC) en su misión mundial de advertencia de posibles ataque y unidades espaciales de vigilancia. Anteriormente a recibir ese comando, fue subdirectora del grupo de acción del comandante en AFSPC. Es graduada de la Escuela de Oficiales de Escuadrón, r la Escuela Superior de Comando y Estado Mayor. La Coronel McKinley ha publicado artículos en Aviation Week and Space Technology, Space News, y en las actas de varios simposios, también contribuyó un capítulo al libro Beyond the Paths of Heaven: The Emergence of Space Power Thought (Air University Press, 1999). Ha sido conferencista invitada en la Escuela Superior de Guerra Aérea y simulacros de guerra espacial.

No debe entenderse que nuestra revista representa la política de la Secretaría de Defensa, la Fuerza Aérea de los EE.U.U. o la Universidad del Aire. Más bien su contenido refleja la opionión de los autores sin tener carácter oficial. Está autorizado a reproducir los artículos en esta edición sin permiso. Por favor, si los reproduce, mencione la fuente, Aerospace Power Journal, y el nombre de los autores.


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