Air & Space Power Journal - Español Primavera 1996

El Tratado Sobre Fuerzas Armadas Convencionales en Europa

Las Amenazas desde los Flancos

Coronel Jeffrey D. McCausland, USA

El 10 de noviembre de 1990 fue firmado en París el Tratado sobre Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (Conventional Armed Forces in Europe - CFE) después de la exitosa terminación de 20 meses de negociaciones entre los integrantes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (North Atlantic Treaty Organization - NATO) y la Organización del Tratado de Varsovia (Warsaw Treaty Organization - WTO). Para terminar, el Presidente George Bush elogió el acuerdo como la finalización "de una confrontación militar que ha afligido a Europa durante décadas"1 Al márgen de la dramática condición de este documento, el requerimiento de reducciones en gran escala, y el complicado régimen de inspecciones que estableció, la firma del tratado fue acompañada por el continuo deterioro del Pacto de Varsovia, el fin del Muro de Berlín, y el reciente conflicto en el Golfo Pérsico. Pero esos acontecimientos palidecieron frente a la disolución de la Unión Soviética apenas un año más tarde. Como consecuencia, muchos observadores anunciaron la inminente desaparición del tratado CFE. Por ejemplo, el London Times publicó una nota particularmente inquietante cuando anunció que "el tratado sobre control de armamentos más ambicioso de Europa está en vías de hacerse impracticable con motivo de la desintegración de la Unión Soviética."2

Paradójicamente, el tratado CFE sobrevivió a los primeros augurios sobre su desaparición. Tal vez éste sea un testimonio de su valor y de la importancia relativa que le asignan los estados participantes. Pero los cambios que se sucedian retardaron su entrada en vigencia, por lo cual recién comenzó a ser aplicado provisoriamente a partir del 17 de julio de 1992. El tratado se hizo legalmente obligatorio para todas las partes 10 días después que el último país depositara sus documentos de ratificación. Eso ocurrió el 9 de noviembre de 1992.3 Está previsto que el funcionamiento del tratado requerirá 40 meses desde el momento en que entró en vigencia legal. Las reducciones finales se completarían hacia noviembre 1995, con un período subsiguiente de cuatro meses (hasta marzo 1996) para todas las partes con el fin de verificar los niveles residuales. El propósito de este trabajo es revisar el tratado y examinar la proba bilidad de que sea llevado a cabo totalmente.

El tratado

El tratado CFE tiene 23 artículos, varios protocolos, dos anexos, más diversas declaraciones legales obligatorias y otros documentos políticos asociados; contenidos en más de 100 páginas. El convenio limita cinco categorías de armas - tanques, artillería, vehículos blindados de combate, helicópteros de combate y aviones de ataque - dentro del territorio europeo de los miembros de la NATO y del anterior Pacto de Varsovia (considerados como "grupos de estados"). El área de aplicación (Area of Application - AOA) se extiende desde el Océano Atlántico hasta la cadena de los Urales. Esa superficie está dividida en subzonas geográficas. La razón de esta organización zonal fue forzar la reubicación de las fuerzas soviéticas al oriente de la frontera alemana, prevenir su concentración dentro de la Unión Soviética, y de esa manera reducir la probabilidad de un "ataque con una breve alerta." Un segmento del sudeste de Turquía está excluido del tratado, debido a la preocupación de este país sobre las potenciales amenazas de Siria o Iraq.

Si bien el tratado fue negociado en un foro multilateral, está firmemente arraigado en las estructuras aliadas de la guerra fría - NATO y WTO. A pesar de la disolución del Pacto de Varsovia, se mantiene su carácter de tratado entre bloques y continua así por lo menos hasta el final en 1996. Cada alianza tiene los siguientes límites: 20.000 tanques de combate; 30.000 vehículos blindados de combate (Armored Combat Vehicle - ACV); 20.000 piezas de artillería; 6.800 aeronaves de caza (excluyendo las de entrenamiento, bombarderos estratégicos, y aviones de trasporte), y 2 000 helicópteros de ataque. Adicionalmente, ninguna nación en forma individual puede poseer más de un tercio de equipos de cada categoría respecto al total autorizado de cada grupo. Esta restricción fue complementada con otra que se refiere al tamaño de las fuerzas que un país puede tener estacionadas en el territorio de otro. Cada Alianza (NATO y WTO) tuvo que negociar las cantidades autorizadas con sus miembros en forma coincidente con el limite superior fijado a los grupos y según los otros requerimientos asociados.

A continuación de la disolución de la Unión Soviética, los estados que la sucedieron consintieron sendas limitaciones el 15 de mayo de 1992 en Tashkent. Igualmente se hicieron ajustes complementarios con motivo de la división de Checoslovaquia. El pacto también exige que los estados ubiquen una parte de sus medios en lugares prestablecidos de almacenamiento permanente (Designated Permanent Storage Sites - DPSS). Por último, el tratado determina restricciones suplementarias en los llamados flancos. Esta región incluye a la totalidad de Moldavia, Armenia, Georgia y Azerbaiján. También incluye los distritos militares del Cáucaso Norte y Leningrado en la Federación Rusa, más el tercio sudoriental de Ucrania. Por ejemplo, el total de las fuerzas rusas en esa área es de 700 tanques; 1.280 piezas de artillería, y 580 ACVs en la unidades activas, más allá de la cantidad total de esos equipos para la Federación Rusa. Rusia también puede colocar 600 tanques, 400 piezas de artillería, y 800 ACVs en sitios prestablecidos de almacenamiento permanente, en la porción septentrional del flanco (v.g. el Distrito Militar Leningrado). El concepto de una "zona flanco" separada fue producto de los esfuerzos de Turquía y Noruega. Ninguno de esos países quería que las fuerzas soviéticas retiradas de la Región Central reaparecieran sobre sus fronteras.

Además de los totales revisados de cada estado que salió de la ex Unión Soviética, otras dos declaraciones oficiales de aquella potencia (más tarde adoptadas por los estados que la sucedieron) merecen particular atención. La primera (sancionada el 14 de junio de 1991) previó que todo equipamiento limitado por el tratado (tanques, artillería, vehículos blindados de combate) asignado a la infantería de marina o a las fuerzas de defensa costera se descontarán del total autorizado. Occidente insistió en este pronunciamiento para alejar las preocupaciones de que la Unión Soviética pudiera trasferir grandes cantidades de equipos del ejército a sus fuerzas navales para soslayar las obligaciones del acuerdo. La segunda declaración requería que la Unión Soviética destruyera alrededor de 14.500 piezas de equipos limitados por el convenio, que habían sido trasladadas al este de la cadena de los Urales (v.g. fuera de la zona del tratado) durante las negociaciones. La primera es considerada una obligación legal para la Unión Soviética (y sus herederos), mientras que la segunda es asumida como una obligación política. La Federación Rusa y Ucrania reconocieron estas responsabilidades en el Acuerdo de Tashkent, como estados sucesores de la URSS.

El convenio también contiene muchas otras especificaciones que lógicamente son propias de un documento tan complicado. Incluye cuidadosas definiciones de tópicos tan diversos como grupos de miembros, artillería (debe ser de 100 mm o mayor), sitios prestablecidos de almacenamiento permanente, y otros. Además contiene procedimientos para establecer Grupos.

Conjuntos de Consulta (Joint Consultative Groups - JCG) organizados con representantes de cada estado involucrado en el acuerdo, para supervisar los problemas que pueden aparecer durante su implemetación, los propios métodos de verificación, el requerimiento de intercambio periódico de información, definiciones actualizadas a medida que los nuevos equipos son desplegados, y otros más.4

Análisis del tratado

Mientras que la cantidad de equipos y las limitaciones geográficas impuestas son importantes, siguen constituyendo sólo un reflejo técnico de los objetivos estratégicos que ambas partes tenían cuando comenzaron las negociaciones. El mandato del tratado CFE describe claramente los objetivos. Incluye una estabilidad y seguridad reforzadas en Europa mediante la organización de fuerzas convencionales balanceadas; el establecimiento de niveles inferiores de armamento convencional y equipos; la eliminación de disparidades perjudiciales para la estabilidad y seguridad; y, como prioridad, la eliminación de la capacidad de lanzar ataques por sorpresa u operaciones ofensivas en gran escala.5

Estas condiciones constituyen un mecanismo apropiado para evaluar si los EE.UU. podrían continuar participando en la instrumentación del acuerdo. A pesar de los tremendos cambios mundiales desde 1990, el tratado continúa alentando los objetivos subrayados y continuará protegiendo el interés de los EE.UU. por varias razones. Primero, los límites fijados significan que ningún miembro signatario puede exceder los suyos en ninguna categoría de fuerza o puede incrementar el arsenal constreñido por el CFE sin la intervención de los restantes miembros de su grupo y las corres pondientes reducciones en uno o más estados. Consecuentemente, se ha reducido la probabilidad de una carrera armamentista en el continente. Curiosamente, a pesar que esto puede ser muy importante en las perturbadas regiones de la Comunidad de Estados Independientes (Commonwealth of Independent States - CIS), tales como la Federación Rusa y Ucrania, también proporciona a Hungría los medios para prohibir la expansión del poder militar rumano, y a Turquía, los mecanismos para limitar a Grecia.6

Segundo, el tratado destaca la disuasión convencional mediante la extensión de la "trasparencia" que conservan los estados entre sí respecto a las fuerzas militares, y reduce la posibilidad de conflictos por accidentes. La disuasión es más eficaz aún debido a la naturaleza asimétrica de las reducciones demandadas a la NATO (en su totalidad), al eliminar solamente una fracción de las cantidades exigidas a los exmiembros del Pacto de Varsovia. El resultado es fuerzas balanceadas entre los dos "grupos de estados miembros."

Tercero, el tratado requiere la notificación de cualquier cambio en la dimensión y carácter de las fuerzas militares de los participantes, y un intercambio anual de información. Cuarto, el estricto régimen de inspección y verificación asegura el cumplimiento. Esto, acoplado a los intercambios de información, proporciona a todos los miembros una gran predictibilidad sobre la evolución de las fuerzas militares de sus vecinos.

Por último en tanto se exige el riguroso cumplimiento de los requerimientos a todas las partes, el acuerdo también establece un claro ritmo en el proceso que puede tener muy buenos resultados en otras áreas. Intentando calcular el valor que tiene el CFE para los EE.UU., es importante recordar también que este país ha protegido exitosamente ciertos objetivos operacionales durante las negociaciones. Eso incluye el mantenimiento de la unidad de la alianza, la exclusión de las armas nucleares y de las fuerzas navales durante la discusión, la preservación de los derechos americanos para almacenar material adelantado en Europa, impedir la desmovilización obligatoria de las fuerzas estadounidenses retiradas, o cualquier limitación permanente en la cantidad total de las fuerzas americanas. Estas ventajas no han quedado comprometidas por los acontecimientos y hasta pueden ser más importantes en la actualidad. En resumen, el tratado destaca el interés propio de los EE.UU., al igual que el de sus socios de la alianza.

Instauración

La instauración del convenio ha progresado sorprendentemente bien. El régimen de verificación determinó los objetivos que debían alcanzar los estados durante los 40 meses reservados para la instrumentación. Este largo período se debe a la abrumadora complejidad del convenio y la monumental tarea de trasladar o destruir una vasta cantidad de equipos - aproximadamente 32.000 piezas de material limitado por el tratado (Treaty Limited Equipment - TLE) en el Pacto de Varsovia y 16.000 en la NATO. El objetivo inicial (septiembre 1993) demandaba que cada estado cumpliera con el 25 por ciento de la reducción exigida a medida que avanzaba hacia las cantidades autorizadas para cada tipo de equipamiento. También fueron establecidas las metas del 60 por ciento para septiembre 1994, y el 100 por ciento en noviembre de 1995. Las limitaciones en los flancos también tendrán efecto en 1995. Por entonces, habrá cuatro meses disponibles para verificar los niveles de las fuerzas residuales. Cuando eso está, cumplido, será acordada una reunión de revisión con todos los signatarios para analizar las dificultades, posibles cambios en el documento, y probables acuerdos futuros.

Posiblemente sea axiomático que los acuerdos exitosos sobre control de armamentos reciban la mayor atención pública durante las negociaciones, pero muy poca durante la ejecución del proceso. Si eso es verdad, el CFE ha sido muy efectivo hasta la fecha y tiene muy poco que sea criticable. Todos los participantes, con la excepción de Armenia y Azerbaiján (en razón del conflicto en progreso en NagornoKarabakh), lograron la meta de reducción inicial en septiembre 1993 y parecen haberla alcanzado también en 1994. En el exPacto de Varsovia han sido destruidas en total unas 18.000 piezas de material limitado por el tratado. Solamente la Federación Rusa ha trasformado más de 6.000 ítems. Ninguna de las inspecciones durante este proceso han revelado hasta la fecha discrepancias significativas como para sugerir la existencia de engaños o violaciones a las cláusulas del tratado.

El proceso de instrumentación se ha modificado igualmente para afrontar la evolución de las condiciones internacionales en Europa, y ésto ha ofrecido tanto beneficios como dificultades a la NATO. El preámbulo del convenio incluye una cláusula que compromete a los signatarios a esforzarse "para reemplazar la confrontación militar con una nueva forma de relaciones seguras, basadas en la cooperación pacífica."7 Aunque el acuerdo es muy específico en su contenido técnico, no proporciona ninguna orientación sobre cómo estos nuevos "caminos" pueden ser recorridos. La creación del Comité de Cooperación del Atlántico Norte (North Atlantic Cooperation Committee - NACC), que agrupa a todos los miembros del exPacto de Varsovia y de la NATO, fue organizado en cierta medida para consolidar el ambiente de seguridad en vista de la desaparición del Pacto de Varsovia. Esto ha concluido con el aumento en el intercambio de información e ideas sobre la conducción de la realización, incluyendo seminarios sobre verificación ofrecidos por la NATO a los miembros del NACC; la concurrencia de oficiales del Este de Europa a los cursos dictados por la NATO sobre inspección en el control de armamentos, y el ingreso a la base de datos de la NATO (VERITY) para la verificación, que actualmente provee acceso directo a muchas capitales del anterior Pacto de Varsovia. Estos nuevos contactos han sido formalizados bajo un Programa Intensificado de Cooperación de la NATO.8 Complementariamente, la creación de la Sociedad para la Paz (Partnership for Peace - PFP) por la NATO puede ampliar estas posibilidades en asuntos tales como la participación de miembros ajenos a la NATO en las inspecciones occidentales, considerada como un "acontecimiento" PFP. Esto puede permitir que intervengan los no firmantes del tratado CFE (v.g. Eslovenia), pero que se hayan adherido al PFP.

No obstante, han surgido dificultades por el deseo de los exmiembros del Pacto de Varsovia de llevar adelante inspecciones CFE entre sus aliados anteriores para asegurarse del cumplimiento de las reducciones impuestas por el tratado. Estas inspecciones llamadas EsteEste revelan las preocupaciones sobre la seguridad en los países de Europa Central, pero también reducen el número total de las inspecciones de la NATO sobre los estados de interés particular en esa región (v.g. la Federación Rusa y Ucrania).

El problema de los flancos

A pesar del optimismo generado por el proceso, han surgido serias dificultades que pueden poner en peligro la instauración final del acuerdo CFE. La más seria es el requerimiento de la Federación Rusa de ser exonerada de las limitaciones que impone el Artículo V, relativo a la cantidad de TLE que puede ser ubicado en las zonas de los flancos de su país (constituidos por los distritos militares de Leningrado y Cáucaso Norte). Los delegados estadounidenses fueron advertidos en principio sobre estos problemas a comienzos de 1993.9

El general Pavel Grachev (Ministro de Defensa ruso), retornando de un viaje de inspección a las unidades militares del Trascáucaso, declaró que "la situación geopolítica ha cambiado" desde que el tratado entró en vigencia, y que Rusia "ahora entiende que es necesario reconsiderar los cupos armados contemplados en los acuerdos [CFE]." Más tarde la oficina de prensa de Grachev informó que un cuerpo colegiado del Ministerio de Defensa había discutido el apremiante problema de los cupos del CFE y "expresó preocupación" de que las limitaciones del convenio estuvieran forzando a Rusia a distribuir armas en la parte europea del país "sin tener en cuenta los intereses de la seguridad."10

Curiosamente, el problema de los flancos fue formalmente presentado al JCG por el embajador ucraniano Kostenko el 14 de setiembre de 1993. Este funcionario señaló que los límites de los flancos en Ucrania eran "completamente injustificados en la actualidad." Más adelante observó que eso podría forzar a Ucrania a asegurar la defensa de un cuarto de su territorio (ver fig.1) con solamente 17 por ciento de los tanques disponibles, 7 por ciento de sus ACVs, y 22 por ciento de su artillería.11 Eso fue rápidamente seguido por una carta más bien abrupta del presidente ruso Boris Yeltsin a todos los dirigentes de la NATO, requiriéndoles la eliminación del Art. V del tratado que describe la limitación de los flancos. Yeltsin citó como argumentos principales los drásticos cambios que habían ocurrido en la situación política del continente, la creciente inquietud a lo largo de las fronteras rusas, y los complejos problemas económicos y sociales que la Federación Rusa estaba sufriendo con motivo del redespliegue de una masiva cantidad de tropas retiradas de Europa Oriental. También recordó que los dos distritos contemplados por el Art.V (Leningrado y Cáucaso Norte) abarcaban más de la mitad del territorio europeo de Rusia, y por consiguiente las restricciones impuestas eran discriminatorias, puesto que no eran aplicadas de igual manera sobre ningún estado occidental. Finalmente, el presidente advirtió que era necesario lograr una solución rápida de este problema, de modo que Rusia pudiera ejecutar apropiadamente el desplazamiento de sus fuerzas y construir la infra estructura suficiente.12

Todas las razones presentadas por los voceros rusos en el JCG y otros foros han sido moderadamente consistentes y vuelven otra vez a insistir sobre la percepción de los intereses nacionales rusos sobre la seguridad. Los dirigentes rusos han presentado esencialmente siete argumentos en su análisis. Primero, el dramático cambio del ámbito político mundial hace que la base bloque a bloque del tratado no sea ya válida.

A este respecto, el tratado hace discriminaciones injustas para Rusia porque fija restricciones internas sobre dónde las fuerzas pueden ser distribuidas en su territorio. Segundo, la nueva doctrina militar rusa, que ha recibido aprobación gubernamental y parlamentaria, requiere una defensa más balanceada en todas las direcciones.13 Tercero, la lógica de los flancos ha cambiado. Así como previamente el Distrito Militar del Cáucaso Norte era considerado una zona de la retaguardia, ahora es un distrito fronterizo.14 Consecuentemente, es ilógico suponer que es adecuado el despliegue de únicamente el 15 por ciento de las fuerzas rusas en una región (distritos militares de Leningrado y Cáucaso Norte) que es más de la mitad de la Rusia europea. Cuarto, la creciente amenaza a la estabilidad, particularmente debida al fundamentalismo musulmán en el área meridional, es el más grande desafío a la seguridad rusa y demanda un despliegue significativo de fuerzas en el Cáucaso Norte. Quinto, el Cáucaso Norte es más adecuado para el estacionamiento de las fuerzas que regresan a Rusia, por razones climáticas, económicas y sociales. Por ejemplo, allí ya existe parte de la infraestructura necesaria para las fuerzas que regresan a esa región. Sexto, los cambios en el tratado no sientan un precedente puesto que este acuerdo ha evolucionado a lo largo del tiempo. Los voceros rusos normalmente citan el ejemplo de los estados bálticos que abandonaron el acuerdo al lograr su independencia, en tanto que otros se agregaron (v.g. los ex miembros de la Unión Soviética, la República Checa, y Eslovaquia).15 Finalmente, varios voceros rusos han sugerido privadamente que mientras que el Gobierno apoya firmemente el convenio, sus elementos claves siguen siendo las reducciones y las inspecciones asociadas. Más allá de este hecho, esgrimen que el tratado no es bien visto por muchos integrantes de las fuerzas militares.16 Los líderes rusos también se han apresurado a señalar que no contemplan un incremento en la distribución total de TLEs protegidos por el CFE, sino simplemente la eliminación de las restricciones en los flancos.

Los expertos rusos han propuesto varias soluciones a este problema. Inicialmente, contemplaban exclusivamente la suspensión total del Art. V. Alternativamente, la propuesta se reducía a retirar el Cáucaso Norte de los flancos y reclasificarlo como un "distrito de retaguardia," lo cual podría modificar el mapa asociado al tratado. A esto se sumaban vagas seguridades sobre el nivel de las fuerzas en el Distrito Militar Leningrado, la ausencia de una "sobreconcentración de fuerzas" en el Cáucaso Norte, que no habría abusos en el derecho amparado por el documento de estacionar grandes cantidades de equipamiento en Kaliningrado, y la ejecución de tales cambios no constituiría un "perjuicio para la seguridad de ningún Estado parte del tratado."17 En febrero, la Federación Rusa agregó otras ideas que no debían ser calificadas como "modificaciones" del acuerdo, sino más bien consideradas como una "reinterpretación" de segmentos claves. Eso implicó la exclusión de la infantería de marina y la defensa de la costa de las limitaciones de los flancos, puesto que era una declaración realizada por la Unión Soviética. Consecuentemente, algunos delegados rusos han argumentado que podía ser considerada como un agregado al tratado, y no una parte integral del texto. Además sugirieron que la autorización para sacar equipos de los almacenes fijados en el convenio como parte de un total por cada "grupo de estados," debía ser interpretado como que "cada Estado parte" contaba con esa autorización. Eso podía ser acoplado al derecho de efectuar "despliegues temporales."18 Más recientemente, los voceros rusos han sugerido que el período de tiempo para regresar los TLE a los lugares de almacenamiento (fijado en 42 días en el Art. X) podían ser considerados como una "recomendación."19

Las limitaciones rusas del Artículo V del CFE

Figura 1. Las limitaciones rusas del Artículo V del CFE

En tanto que los "remedios" particulares han cambiado con el tiempo, todas las propuestas todavía parecen ser viables desde el punto de vista ruso. Más aún, el argumento y el objetivo parecen ser los mismos. Las autoridades rusas procuran incrementar el TLE en las fuerzas activas (especialmente aquellas estacionadas en la región del Cáucaso Norte) y establecer así un precedente de que las limitaciones internas impuestas a Rusia por los requerimientos en los flancos ya no son válidas y son inconsistentes con la seguridad de ese Estado.

El límite de los flancos y Ucrania

La limitación en los flancos también restringe el despliegue de fuerzas dentro de las fronteras de Ucrania. Obviamente, eso complica el alcance de una solución satisfactoria para todas las partes. Este Estado ha reclamado duramente desde setiembre 1993 que se revisen las limitaciones en los flancos - por muchas de las razones mencionadas por la Federación Rusa. Delegados ucranianos han señalado, por ejemplo, que el límite en los flancos les impone ubicar un 7 por ciento del total TLE autorizado solamente en un segmento del Distrito Militar Odessa, lo que corresponde aproximadamente a un cuarto de todo el territorio.20

Expertos ucranianos en defensa han declarado que su país requiere una distribución más balanceada de fuerzas. La ejecución de las limitaciones en los flancos los forzaría a instalar la mayoría de sus fuerzas en el Distrito Militar Cárpatos. Eso podría ser considerado como una contravención al objetivo declarado de la NATO de reducir las fuerzas adelantadas y la amenaza asociada de un ataque por sorpresa.21 Obviamente, este problema se exacerba por los cambios introducidos por la disolución de la Unión Soviética y los problemas emergentes entre Rusia y Ucrania. Esto incluye la desaparición del Distrito Militar Kiev, que fue compartido con Rusia, la presencia de fuerzas rusas en Moldavia oriental, y el surgente nacionalismo ruso en Crimea. Además, la Federación Rusa y Ucrania todavía tienen que resolver la distribución final del TLE correspondiente a la flota del Mar Negro (equipamiento asignado a la infantería de marina y a las fuerzas de defensa costera).22

Desde la perspectiva ucraniana, se trata de un problema de soberanía puesto que se considera a sí misma como una potencia mediana y no como el "producto de un antiguo imperio." Por razones de seguridad obvias, los ucranianos están dudando sobre la obtención de algún alivio en los flancos de parte de la Federación Rusa. Finalmente, la instrumentación del límite en los flancos coloca a los ucranianos frente a un tremendo problema económico. Podría exigirles abandonar la infraestructura actualmente disponible en el área restringida, y construir otra nueva en el Distrito Militar Cárpatos y Odessa Norte, lo cual simplemente no podrían afrontar en virtud de las severas dificultades económicas.23

Los ucranianos han concluido que la solución más sencilla es eximir a la infantería de marina y las fuerzas de defensa costera de los sublímites establecidos por las limitaciones en los flancos, en tanto que mantienen la regla de que podrían descontarlas del total nacional. Mientras que ésto podría tener los efectos deseados, no está claro cómo podría ser concretado a la luz del prolongado estancamiento rusoucraniano sobre la flota del Mar Negro. Consecuentemente, la excepción ucraniana sobre la infantería de marina y las fuerzas de defensa costera motivaría la necesidad de efectuar un ofrecimiento semejante a la Federación Rusa.

Mientras que no hay duda que este estancamiento sobre los flancos constituye una amenaza para la ejecución total del tratado CFE, el modo como se ha desarrollado contiene algunos aspectos positivos. Parece que todos los esfuerzos de las partes involucradas (particularmente de Rusia y Ucrania) han sido francos. Hasta la construcción de la infraestructura, que puede incitar a alojar fuerzas excesivas respecto a los límites en el flanco, han sido informadas públicamente. No han habido intentos de disfrazar u ocultar el problema y las dificultades asociadas. Todas las partes han recurrido al Grupo Consultor Conjunto para aclarar los incon venientes. Como resultado, los procedimientos establecidos por el tratado han funcionado, pero todavía uno se puede preguntar si este foro es suficiente para resolver el conflicto. Por último, los rusos han estado en la cabeza del problema durante los contactos de militar a militar.

La posición de la NATO

La respuesta pública de los miembros de la NATO ha enfatizado la posición de que el tratado CFE es la "piedra angular de la seguridad europea." Consecuentemente, no puede ser renegociado y el hacerlo establecería un pésimo antecedente para otros foros de control de armamento. Esto incluye no solamente el texto básico del acuerdo, sino también todos los documentos, protocolos, y declaraciones relacionados con él. Más todavía, la Federación Rusa aceptó libremente el tratado tal como fue negociado, incluyendo los convenios con los exmiembros del Pacto de Varsovia y las declaraciones de la Unión Soviética antes de su desaparición. Cualquier alteración a estos documentos (como las propuestas) no deben ser realizadas hasta la conferencia de revisión, que se hará a continuación de la instalación total en la primavera de 1996. Finalmente, Rusia no ha realizado todavía el adecuado análisis de las nuevas amenazas a sus fronteras que justifiquen la eliminación o modificación de los límites en los flancos.

Occidente también ha expresado que el tratado ofrece suficiente "flexibilidad" como para satisfacer las necesidades rusas. Representantes del Reino Unido y de los EE.UU. han señalado algunas posibilidades. La primera es que las tropas rusas del Cáucaso Norte sean fuerzas "livianas" dotadas con equipos que no están limitados por el tratado CFE (v.g. camiones, armas de infantería, artillería de pequeño calibre, y ciertos vehículos sobre orugas que no entran en la categoría ACV). Tal fuerza podría ser más adecuada al terreno del Cáucaso y a las amenazas internas de inestabilidad. La segunda posibilidad es que los rusos reconozcan que no tienen limites en sus flanco para las aeronaves (sean de ala fija o rotativa) que pueden ser rápidamente movidas de una zona a otra para responder a una amenaza imprevista. Otra posibilidad es que puedan trasferir vehículos ACVs y otros con orugas a sus fuerzas de seguridad interna, como está expresado en los artículos III y XII. Por ejemplo, el Art. XII permite que hasta 1.000 ACVs puedan ser entregados a las fuerzas de seguridad interna. Seiscientos de tales ACVs pueden estar en la "zona de los flancos." No obstante, no hay ninguna excepción para la trasferencia de tanques o artillería a las fuerzas de seguridad interna. Una cuarta posibilidad es que el equipamiento para las unidades rusas en la zona de los flancos del CFE fuere almacenado en el exterior de esa área, pero suficientemente cerca para un rápido despliegue en momentos de crisis. Una quinta posibilidad es que Rusia y Ucrania puedan también buscar la forma de renegociar la distribución con otros exmiembros de la Unión Soviética (Armenia, Azerbaiján, Georgia y Moldavia).24

Otros miembros de la NATO han revelado más o menos voluntad para comprometerse en la fuerza de tareas de alto nivel (High Level Task Force - HLTF). Alemania se ha mostrado sensible a las preocupaciones rusas a lo largo del período de ejecución y previamente ha coauspiciado con Rusia propuestas de procedimientos de destrucción menos costosos. Los alemanes también han sugerido que el programa para la destrucción del equipo pueda ser extendido, o que el material excedente no destruido al final del período de reducción pueda ser alojado temporalmente en sitios de almacenamiento seguros hasta su destrucción.25

Otros países de la NATO han sido menos consecuentes con las propuestas rusas en el período de ejecución. Francia, por ejemplo, se ha opuesto constantemente a hacer concesiones a la Federación Rusa. Los franceses temen que cualquier concesión pueda desembocar en propuestas múltiples de otros signatarios sobre partes del tratado que encuentran objetables, amenazando por lo tanto toda la base del acuerdo. Turquía y Noruega han sido los opositores más francos a cualquier compromiso, basados en el hecho de que están sobre la frontera de los flancos.26 Estos dos estados reflejan las dudas de Francia. Más aún, Turquía cree que Rusia conserva ambiciones imperialistas en la región del Cáucaso y es la principal incitadora encubierta de las hostilidades en Georgia, así como de la guerra entre Armenia y Azerbaiján en NagornoKarabakh. Un incremento de las fuerzas rusas en los flancos podría reducir el tiempo de alerta de que dispondrían Turquía y Noruega, lo cual estaría en contra de sus intereses de seguridad. Finalmente, esos países entienden que un cambio en el tratado CFE o su desaparición total podría abrir el camino a una nueva carrera armamentista europea o regional, debido a las nuevas tensiones que aparecerían con motivo de la finalización de la guerra fría. En conclusión, Turquía ha insinuado que cualquier concesión sobre el problema de los flancos podría concluir en la completa revisión de su participación en el tratado. Debido a las agudas prevenciones de turcos y noruegos, la NATO todavía no ha acordado una decisión formal de la alianza para solucionar este problema.

La respuesta rusa

Al evaluar la voluntad rusa de llegar a un compromiso, puede ser útil examinar desde su perspectiva algunos factores suplementarios que afectan este problema. Prácticamente no hay dudas que este problema sirve de pantalla a otros internos y externos más graves a los que se enfrenta la Federación Rusa. Por ejemplo, ilustra la fricción existente entre varios protagonistas del proceso "político burocrático" ruso. Los militares rusos han sido escépticos desde el comienzo respecto a los acuerdos y dudan que hayan quedado con los recursos adecuados para defender la integridad política y territorial del país.27 Pero los militares están lejos de ser un factor unitario. El nombramiento del general Grachev como primer ministro ruso de defensa, motivó el resentimiento que aún es palpable, de otros altos oficiales del Estado Mayor General. Es probable que muchos oficiales superiores lo culpen, por lo menos parcialmente, por el tratado.28 Grachev también ha tenido serios desacuerdos con el general Nikolayev, cabeza de las fuerzas de seguridad interior, sobre los recursos, la potencial trasferencia de elementos del ejército a las tropas de fronteras, y los ejercicios militares importantes.29 Por lo tanto, el Ministerio de Defensa ha rechazado sostenidamente la trasferencia de ACVs a las Fuerzas de Seguridad Interior como una solución parcial para el conflicto de los flancos. También han habido diferencias entre los militares, el Ministerio de Relaciones Exteriores, y la Oficina del Presidente sobre problemas tales como la participación rusa en Socios para la Paz.30 Finalmente, varios partidos políticos abogaron durante las elecciones de 1993 por el rechazo ruso del CFE, al igual que las segundas negociaciones sobre la reducción de armas estratégicas (Strategic Arms Reduction Talks - START II) por ser contrarias a la seguridad nacional rusa.

Algunas de estas tensiones han inducido a varios a imaginar que las autoridades civiles pueden estar perdiendo el control de los militares31 y, por lo tanto, podrían no estar en condiciones de obligar a sus propias fuerzas armadas a aceptar el compromiso. La reciente invasión de Chechenia por la Federación Rusa y la sangrienta lucha para conservar esta provincia dentro de la federación es una evidencia extra del creciente problema en las relaciones cívicomilitares. También es probable que Rusia desee mantener una gran fuerza de ocupación en Chechenia (que es una zona perteneciente al flanco) o puede verse envuelta en hostilidades prolongadas en la región. Cualquiera de estas opciones hace mucho menos improbable que la Federación Rusa acepte el límite en los flancos.

Las actitudes de las diversas fracciones en la política extranjera rusa hace improbable que aflojen su presión y en realidad pueden aumentarla a medida que se aproxima el final de la instrumentación. Por ejemplo, puede ser difícil para el Presidente Yeltsin comprometerse con este problema y arriesga ser considerado débil antes de las elecciones presidenciales rusas en junio 1996. También podría interpretarse que eso es un problema "militar" de la Federación Rusa, mientras que en muchos aspectos es un problema "político" para los EE.UU. En tanto que describen el "problema en los flancos" como discriminatorio, los críticos rusos al tratado han señalado repetidamente cómo ese convenio ha colocado a la Federación Rusa en una posición de total inferioridad. Muchos creen que se trata de un esfuerzo concertado "para mantener a Rusia en inferioridad de condiciones" y es indicativo de una falta de voluntad de los EE.UU. para establecer una verdadera "sociedad estratégica" con Rusia.32

La resolución de este problema está ligada no solamente a las relaciones de Rusia con el Occidente, sino también a las futuras relaciones con los antiguos miembros de la CIS y sus pertinentes responsabilidades hacia los denominados "vecinos cercanos" (ciudadanos rusos que viven más allá de las fronteras de la federación). Además, la opinión de que Rusia peligra por las futuras amenazas y los actuales conflictos sobre sus fronteras (particularmente en el Cáucaso) está reflejada en la nueva doctrina militar. Este documento sugiere que la prioridad sea adjudicada a la restauración y expansión de una relación mutuamente ventajosa entre Rusia y otros miembros de la CIS con el fin de afrontar tales desafíos. Más aún, Rusia actúa a partir del hecho de que su seguridad es indivisible de la de otros miembros de la CIS.33 En otras palabras, Rusia considera que su defensa adelantada comienza en las fronteras de la exUnión Soviética y no en las de la Federación Rusa. Por consiguiente, los planificadores militares rusos creen que deben desplegar fuerzas adicionales en el territorio de esos estados (Armenia, Moldavia y Georgia, por ejemplo) y sobre las fronteras con esos países.

Como consecuencia, los líderes rusos piensan que la Federación Rusa, actuando dentro del ámbito de la CIS, podría tener la responsabilidad primaria en las operaciones de mantenimiento de la paz dentro de las fronteras de la exUnión Soviética. El Ministro de Relaciones Exteriores Andrei Kozyrev inicialmente incluyó este asunto en un discurso pronunciado en las Naciones Unidas (United Nations - UN) el 2 de septiembre de 1993. Kosyrev procuró el reconocimiento y el apoyo financiero para las operaciones rusas de mantenimiento de la paz en las "vecindades cercanas."34 El general Grachev también trató este tema en las conversaciones con el Secretario General Boutros Boutros Ghali.

Grachev también sostuvo que las fuerzas asignadas a las operaciones de manteni miento de la paz y su armamento autorizado no deberían ser incluidas dentro de los niveles máximos permitidos por el tratado CFE. De otro modo, podría crearse una difícil situación en las unidades entrenadas para el mantenimiento de la paz, como la 45ª División de Infantería Motorizada (acuartelada en el Distrito Militar Leningrado) que no podría ser reemplazada en tanto estuviera operando en Tajikistán o en otra parte de la CIS.35 Esta idea fue reiterada por el Presidente Yeltsin cuando se dirigió a las UN y en la subsiguiente cumbre con el Presidente Bill Clinton. Yeltsin afirmó que Rusia tiene derechos similares a los de EE.UU. para sofocar disturbios en sus fronteras. Asimismo agregó que "la principal carga del mantenimiento de la paz en el territorio de la exUnión Soviética es afrontada por la Federación Rusa."36

En el verano de 1994, las tropas rusas de mantenimiento de la paz se desplegaron sobre la frontera georgioabkhaziana.37 Algunos informes indican que eventualmente Rusia podía tener más de dos divisiones desplegadas en Georgia. El acuerdo sobre la situación de las fuerzas entre los dos países permiten facilidades de acuartelamiento para dos divisiones, la presencia de guardias rusos de frontera en los límites georgianosturcos, el uso del espacio aéreo georgiano por aeronaves militares rusas, el acceso a todos los medios de comunicaciones, la operación conjunta de todas las facilidades para el entrenamiento, y el alquiler de la Base Naval Poti para la flota rusa del Mar Negro. Un acuerdo similar fue logrado con Armenia, que contempla el probable asentamiento de una división rusa en su territorio. Moldavia también aloja al 14º Ejército ruso (alrededor de 9.000 soldados) que opera para "imponer la paz," y Azerbaiján recibe presiones para aceptar a más soldados de esa nacionalidad con iguales fines. En resumen, una combinación de la política externa rusa y la renuencia de otros miembros de las UN para involucrarse en el mantenimiento de la paz a lo largo de la frontera meridional de la Federación Rusa, puede brindar a los militares de este Estado una justificación adicional para exceder las autorizaciones en los flancos.

Conclusiones

A medida que el tratado se aproxima a su último año de ejecución, cada vez parece más claro que se debe encontrar una salida al estancamiento. Cualquier solución debe incluir aspectos sobre la teoría clásica del control de armamento, como así también confrontar las dificultades inherentes a un acuerdo multilateral y el impacto de las presiones nacionales. Si bien los detalles técnicos pueden diferir, y el grado hasta el cual está deseando comprometerse la Federación Rusa no está claro, ciertos factores claves son evidentes. Primero, la NATO necesita decidir con precisión lo que significa la frase "dentro de la flexibilidad permitida por el tratado." Esto es fundamental para el mantenimiento de un frente unido en la negociación y evitará que una interpretación de la Federación Rusa sea inaceptable para la NATO. También evita cualquier posibilidad de una fuerte confrontación en noviembre 1995, cuando los objetivos rusos pueden lograr la satisfacción de la totalidad de los niveles nacionales con suficiente ambigüedad como para sostener su cumplimiento. Determinando un nivel aceptable de "flexibilidad," la alianza también podría considerar que, garantías suplementarias podría ofrecer la Federación Rusa a los estados más afectados - Turquía y Noruega. Podría incluir cosas tales como asistencia rusa para resolver la guerra en NagornoKarabakh, las zonas de amortigua cíon, y la repartición de inspecciones suple mentarias en esas áreas. Una combinación de estos y otros propósitos pueden servir para reducir la amenaza de un ataque por sorpresa a esos dos estados.

Segundo, todos los miembros de la alianza (especialmente los EE.UU.) tienen que evitar la apariencia de que este problema se convierta en bilateral entre un país y la Federación Rusa. Las tácticas rusas en las negociaciones parecen orientadas a enfatizar su "asociación estratégica" con los EE.UU. y a intentar dividir la alianza, según sea el tipo de propuesta presentada o las seguridades ofrecidas. Los miembros de la NATO deben estar alertas sobre el énfasis que se pone en esas negociaciones con la alianza.

Tercero, cada esfuerzo debe ser realizado para encuadrar el resultado de una manera que evite cualquier renegociación del tratado. En esta etapa, el JCG debe continuar siendo el foro donde se pueda encontrar una solución satisfactoria a todos los interesados. El tratado permite convocar a una conferencia "extraordinaria," pero esto es poco juicioso por dos razones. Primero, fácilmente puede convertirse en una negociación prolongada y ofrecer a otros estados la oportunidad para disputar algunos clausuras o artículos que encuentran difíciles de aceptar. Segundo, cualquier alteración al tratado por una conferencia como la prevista, probablemente requeriría que cada estado tuviera que ratificar otra vez el acuerdo. Eso puede poner en peligro el tratado. Consecuentemente, existe una dicotomía, puesto que los países miembros entienden que el panorama de la seguridad europea ha cambiado significativamente desde 1991, pero para reabrir las negociaciones sobre el tratado habría que considerar que ha fallado, o por lo menos prever un importante período de discusiones.

Cuarto, los miembros de la NATO tienen que recordarle tranquila pero firmemente a la Federación Rusa las severas penas asociadas con el incumplimiento en ese foro o en otros. El control del armamento no se puede aislar, y el éxito (o el fracaso) en un sector afecta a otros foros. La Federación Rusa puede perder una ayuda sustancial (especialmente debido a los requerimientos legislativos sobre certificación del cumplimiento del tratado) y su ingreso en el G7 (el grupo que está formado por las siete naciones más industrializadas del mundo) en razón de una flagrante violación del acuerdo.

Quinto, se debe encontrar una solución al problema de Ucrania, que puede diferir de la general. El futuro de Europa Central bien puede definirse por la relación establecida entre Ucrania y Rusia. Desde una perspectiva estricta de seguridad, el problema ucraniano es más persuasivo que las dificultades de la Federación Rusa. La severa crisis económica que ocurre en Ucrania suma credibilidad a las declaraciones de sus líderes de que serán incapaces de cumplir el convenio en virtud de las limitaciones económicas.

Finalmente, los miembros de la NATO no tienen que tener ilusiones. El problema no puede ser considerado como "si no existiera." La perspectiva de un compromiso de último momento o de cambio en las actitudes rusas son improbables, especialmente a la luz de las recientes hostilidades en Chechenia y otros sitios en el área de los flancos. Ciertamente es concebible que la Federación Rusa declare por sí misma en de noviembre 1995 que cumplió totalmente el tratado y desafíe a Occidente a que niegue esa interpretación. Eso impondría una renovada tensión en la NATO y políticamente haría extremadamente difícil un compromiso, teniendo en cuenta las inminentes elecciones parlamentarias rusas en diciembre de 1995, más las elecciones presidenciales en Rusia y los EE.UU. en 1996.

En tanto que consideramos qué papel podría tener el control del armamento convencional en la futura estrategia nacional norteamericana, es esencial recordar que sigue siendo un medio para lograr un fin. También es importante conservar una perspectiva a corto y largo plazo. En el corto plazo, la instrumentación final del CFE no está asegurada y no ocurrirá sin una acción concertada de los EE.UU. La falla de este acuerdo afectará adversamente tanto al futuro de la seguridad europea como a las expectativas de control del armamento convencional en otras partes. Respecto al futuro distante, debemos recordar que el control del armamento es un "medio" para alcanzar el fin último de una seguridad nacional más elevada.

Nuestras políticas de control del armamento tienen una tremenda resonancia en amplias áreas que tienen que ver con el futuro de las relaciones euronorteamericanas. En consecuencia, las respuestas a las interrogantes más serias bien pueden servir como una guía de las políticas de control. Desean los EE.UU. continuar en su papel de líder de la NATO, siendo esa alianza la primera organización de seguridad en el continente? ¿Cuál es la política de los EE.UU. ante la afirmación de la Federación Rusa de que ella hace un papel preeminente en los asuntos de seguridad de los exmiembros de la Unión Soviética? Si bien estas interrogantes son tremendamente complicadas, todavía es necesario recordar que lo que parecen ser "opciones tácticas" escogidas en el presente en el CFE pueden determinar las respuestas definitivas.

Los EE.UU. y sus socios de la NATO con quistaron una tremenda victoria en la guerra fría merced a sus políticas y perseverancia. Habiendo alcanzado esa tranquilidad, queda por verse cómo construiremos la piedra angular para conseguir una paz segura y duradera en Europa, y dedicar nuestros esfuerzos al próximo milenio.


Notas

1. Lee Feinstein, "CFE: Off the Endangered List?," Arms Control Today, octubre 1993, 3.

2. Ib., 2-3.

3. Oficina de Información y Prensa de la NATO, "Basic Fact SheetChronology of Key Arms Control Treaties and Agreements (1963-1994)," (Bruselas: NATO Information Service, abril 1994), 3-5.

4. Para un examen completo, ver el US Department of State, Treaty on Conventional Armed Forces in Europe (CFE), documento del tratado 102-8 (Washington, D.C.: US Government Printing Office, 1991).

5. Ib., 2 y 223.

6. Feinstein, 3.

7. Treaty on Conventional Armed Forces in Europe (CFE), 223.

8. Necil Nedimoglu, "NATO and Partners Countries Cooperate in Implementing CFE Treaty," NATO Review, junio 1994, 18-20.

9. Daniel Sneider, "Russia Seeks CFE Changes as Warfare Rages at Border," Defense News, 2 de agosto 1993, 3.

10. "Russia Increasing Pressure to Revise CFE Flanks Quotas," Foreign Broadcast Information Service Media Analysis (FBIS), 17 de noviembre 1993, 2-3.

11. Embajador Yu.V. Kostenko, jefe de la Delegación Ucraniana, "Statement to the Joint Consultative Group, CFE Treaty," 14 de septiembre 1993, 3-4.

12. Lt Col James F. Holcomb, "The Russian Case for Renegotiation" (Mons, Bélgica: Central and East European Defense Studies, cuartel general del SHAPE, 28 de setiembre 1993), 1-2. Ver también "Russia Increasing Pressure to Revise CFE Flanks Quotas," FBIS, 17 de noviembre 1993, 1.

13. Para una discusión completa de la doctrina y sus implicanciones, ver a Charles J. Dick, The Military Doctrine of the Russian Federation (Royal Military College, Sandhurst, U.K.: Conflict Studies Research Centre, 1993).

14. Lt Col James Holcomb, "Chief of the Russian General Staff and the CFE Flank Issue" (Central and East European Defense Studies, cuartel general del SHAPE, 22 de abril 1994), 1.

15. Para una discusión amplia de las objeciones rusas a los flancos, ver Col Gen Mikhail Kolesnikov, jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa, "Problems of Flanks and Future of Treaty on Conventional Armed Forces," Kraznaya Zvezda (Estrella Roja), 19 de abril 1994, 1 y 3.

16. Jane M. Sharp, "Russian Perspectives on the Future of Conventional Arms Control" (documento presentado en la conferencia KCL, Londres, julio 1994), 23-29. También ver Celestine Bohlen, "Russia Says It Needs to Keep More of Its Weapons on Borders," New York Times, 3 de abril 1994, 8.

17. General Zhurbenko, "Statement to the Joint Consultative Group, CFE Treaty," 12 de octubre 1993, 4. Ver también V.N. Kulebiakin, "Statement to the Joint Consultative Group, CFE Treaty," 2 de noviembre 1993, 2-4.

18. General Karchenko, "Statement to the Joint Consultative Group, CFE Treaty," 15 de febrero 1994, 5-6.

19. V.N. Kulebiakin, "Statement to the Joint Consultative Group, CFE Treaty," 26 de abril 1994, 2.

20. "Russia Chafes at Force Limits," New York Times, 16 de abril 1994, A20.

21. Volodymyr Belayshov, vicedirector, Departamento Ucranio de Control de Armas y Desarme, "Statement to the Joint Consultative Group, CFE Treaty," 6 de abril 1994, 3-5.

22. International Institute for Strategic Studies, The Military Balance, 1994-1995 (Londres: Brassey's Defence Publishers, Ltd., 1994), 103.

23. Lt Gen Gennadiy Gurin, primer subjefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas de Ucrania, "Statement to the Joint Consultative Group, CFE Treaty," 27 de septiembre 1994,2.

24. Sharp, "Russian Perspectives," 32-33.

25. Jane Sharp, "Should the CFE Treaty Be Revised?" (documento presentado a los miembros del Select Committee on Defence, British House of Commons, Londres, 14 de junio 1994), 8-9.

26. Embajador Ole Peter Kolby, "Statement of the Norwegian Delegation to the Joint Consultative Group, CFE Treaty," 9 de noviembre 1993; y "Statement by the Turkish Delegation to the Joint Consultative Group, CFE Treaty," 21 de septiembre 1993.

27. Sharp, "Russian Perspectives," 24-25.

28. Ib.

29. Bill Gertz, "Moscow Losing Control of Army," Washington Times, 30 de septiembre 1994, 1.

30. John W. Lepingwell, "The Military and Russian Security Policy," documento presentado en la conferencia del IISS, San Petersburgo, Rusia, 27 de abril 1994, 14-15.

31. Gertz, 1. Ver también C.J. Dick, The Current State of the Russian Army and Its Possible Implications for Politics (Camberley, U.K.: Conflict Studies Research Centre, 1993), passim.

32. Aleksey Arbatov, "The West Will Not Defend Russia Against the West: The Countries of Eastern Europe Are Striving to Join NATO. Why? Against Whom?" Novoye Vremya, 26 de octubre 1993, 23. Para una mayor elaboración de los puntos de vista rusos, ver a Dr Alexander J. Motyl, Russian Security, Neoimperialism, and the West (Camberley, U.K.: Conflict Studies Research Centre, 1994), 1-8.

33. Dick, The Military Doctrine of the Russian Federation, 12. Sobre los antecedentes relativos al desarrollo de la CIS, ver a Dr Yuriy Iranov, The Possibility of Creating Common Defense Organizations Within the Commonwealth (Washington, D.C.: Brookings Institution, 1992).

34. Dick, The Military Doctrine of the Russian Federation, 16.

35. Mikhail Pogorely, "Russia's Peacekeeping Activities Are Far from the 'Imperial Ambitions' of a Great Power," Krasnaya Zvezda, 5 de abril 1994, 1 y 3.

36. John M. Goshko, "Yeltsin Claims Russian Sphere of Influence," Washington Post, 27 de setiembre 1994, A10. También ver "Clinton and Russia," Wall Street Journal, 27 de septiembre 1994, A16.

37. Maj Mark Davis, Russian Peacekeeping Operations in GeorgiaAbkhazia (Mons, Bélgica: Central and East European Defense Studies, cuartel general del SHAPE, junio 1994), 1-3.


Coloborador:

El Coronel Jeffrey D. McCausland (BS, United States Military Academy, MA, PhD Tufts University) es director de estudios europeos en el Colegio de Guerra del Ejército, Cuartel Carlisle, Pennsylvania. Fue comandante de artillería en la Operación Tormenta del Desierto y asistente en investigación en el Intituto Internacional de Estudios Estratégicos en Londres. su próximo destino es como Agregado del Ejército en la Embajada de los EE.UU. en Londres.


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