Air & Space Power Journal - Español Primavera Trimestre 1994
Interdicción: ¿una idea cuya vigencia ha finalizado? Cnel.
Phillip S. Meilinger, USAF
El discurso humano corriente requiere un lenguaje estándar. La mayoría de las profesiones, incluyendo la militar, desarrolla un vocabulario especializado o léxico para simplificar la comunicación. A lo largo del tiempo se ha desarrollado un lenguaje militar rico y diversificado, y aunque en ciertos momentos cae en la jerga popular, este sistema de comunicación generalmente facilita el entendimiento dentro de la comunidad militar. Sin embargo, creo que nuestro vocabulario militar basado largamente en la perspectiva de una guerra terrestre que prefigura una gran batalla en la superficie está quedando atrasado. Por cierto, no necesitamos abandonar nuestro actual léxico; más bien tenemos que hacernos "bilingües" para de ese modo entender mejor a nuestros colegas de tierra. No obstante, este artículo se refiere al concepto de "mentalidad aeronáutica" y las formas mediante las que podemos incorporarla a nuestro léxico.
De algún modo nosotros, los hombres del aire, tenemos que inculparnos por nuestro vocabulario envejecido. En primer lugar, la mayoría de las fuerzas aéreas y sus líderes, incluyendo a los nuestros, proceden de los ejércitos. Por ejemplo, el Air Corps<$IAir Corps> fue un arma del US Army hasta 1947. Antes de ese año, la gente del aire vestía el mismo uniforme, asistía a las mismas escuelas profesionales y competían dentro de las mismas promociones, como lo hacían los oficiales de infantería y artillería. Simultáneamente, los aeronáuticos adoptaban voluntaria y deliberadamente gran parte del léxico de los soldados no sólo por razones obviamente prácticas, sino para consolidar sus orígenes y legitimidad en el contexto de los pensadores militares clásicos y de los ejecutantes. Los "principios de la guerra" contenidos en la versión vigente del Air Force Manual (AFM) 1-1 Basic Aeroespace Doctrine of the United States Air Force, son ejemplos obvios de esta habitualidad1. El bombardeo estratégico y la superioridad aérea, conceptos exclusivos del poder aéreo recientemente acuñados, fueron excepciones. Complementariamente, el Gen. William ("Billy") Mitchell del US Air Corps, y el Air Marshall Hugh Trenchard de la Royal Air Force reiteradamente trataron de hacer entender a los hombres del aire que eran diferentes de los soldados. En verdad, Trenchard hasta diseñó un nuevo uniforme y proyectó una nueva estructura jerárquica para distinguir a sus "conductores de máquinas aéreas" y a sus "jefes de escuadrón" de los conscriptos y mayores.
¿QUE ES LA INTERDICCIÓN?
La Joint Pub 1-02 Department of Defense Dictionary of Military and Associated Terms (1º de diciembre 1989), define a la interdicción como "una acción de diversión, ruptura, retardo o destrucción del potencial militar de superficie enemigo antes de que puede ser usado efectivamente contra fuerzas amigas" (página 187). El "potencial militar" normalmente incluye a las tropas, equipamiento, abastecimientos y los medios de trasporte. Esta definición es insatisfactoria porque es a la vez demasiado amplia y demasiado estrecha; confunde antes de clarificar; y tergiversa y distorsiona las relaciones entre las fuerzas aéreas y de superficie. Es tiempo de repensar el término interdicción y especificar con mayor precisión que es y lo que no es.
La actual definición de interdicción es tan amplia que lógicamente podría incluir, por ejemplo, la matanza de todos los enemigos masculinos por encima de los 13 años. Después de todo, los adolescentes que algún día pueden convertirse en soldados constituyen ciertamente un "potencial militar de superficie" y su muerte podría ser calificada como destrucción "antes de que puedan ser empleados efectivamente contra fuerzas amigas". Este ejemplo es obviamente ridículo, pero otros más apropiados tienden a ser confusos. El bombardeo de astilleros que construyen cruceros y destructores, o el ataque contra fábricas de armamento en el propio corazón de un país enemigo entran
dentro del rubro interdicción, aunque los hombres del aire podrían considerar a estas acciones como bombardeo estratégico. (La distinción entre interdicción estratégica y bombardeo estratégico es determinada generalmente por la causa que justifica el ataque. El ataque a una fábrica de armas en la capital enemiga con el propósito de reducir la producción militar podría ser bombardeo estratégico, pero el ataque a una playa de maniobras ferroviarias en la misma ciudad para impedir el trasporte de esos materiales hasta las fuerzas desplegadas podría ser considerado habitualmente como interdicción estratégica).
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* Nota del editor: (no se traduce)
Las observaciones relativas a la NOTA DEL EDITOR no son pertinentes en español porque las palabras compuestas a las que hace referencia se escriben naturalmente separadas en este idioma. Creo que debe ser eliminada porque de otra manera no sería comprendida.
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La actual definición es también demasiado incompleta. Su requerimiento de que las acciones contra los objetivos deben afectar a un potencial militar de superficie enemigo involucra, por ejemplo, la interceptación y derribo de aviones de trasporte en vuelo hacia la zona de operaciones. Un aparato de trasporte que lleve equipos y municiones es un blanco lucrativo, por cierto, y entra dentro del marco de lo que normalmente se considera interdicción. Sin embargo, como la actual definición no contempla esta situación, no está incorporada al Joint Pub 3-03 Doctrine for Joint Interdiction Operations. Por lo tanto, carecemos de orientación que nos explique como tales salidas podrían ser controladas y coordinadas para formar parte de la campaña de interdicción completa. (En la actual orden de tareas, sospecho que esas salidas podrían ser clasificadas como de ofensiva contraaérea).
Con el interés de clarificar estos conceptos equívocos, propongo la siguiente definición de interdicción:
En el contexto de una campaña dominada o caracterizada por la maniobra de fuerzas de superficie, la interdicción es una acción militar para divertir, irrumpir, retardar o destruir las fuerzas tácticas, el equipamiento, las comunicaciones y los abastecimientos del enemigo mientras que se mueven en dirección de la zona de operaciones.
Esta modificación elimina la ambigüedad y vaguedad de la actual definición, y señala mejor cómo fue conducida la interdicción y cómo deberá serlo en adelante. Desafortunadamente, no todos nuestros problemas pueden ser solucionados mediante la corrección simple y directa de un término, porque el problema es más profundo y así debe serlo su solución.
Sin embargo, en lo fundamental, los aeronáuticos reconocieron la utilidad política de mantenerse ligados filosófica y epistemo lógicamente a las fuerzas de superficie. Desgraciadamente, de tanto en tanto olvidamos porqué hemos adoptado tan pragmáticamente el lenguaje de nuestros compañeros y asumimos que es el único léxico apropiado. De ese modo nos hemos obligado a competir en una pista de baile terrestre (el teatro), usando reglas de juego de superficie (batalla aeroterrestre y doctrina conjunta), y con nuestra efectividad juzgada por jueces terrestres (los comandantes en jefe del teatro, todos los cuales proceden de las fuerzas de superficie). Un ejemplo de este dilema es nuestra interpretación del concepto de interdicción (véase el apartado complementario para analizar este problema).
El problema serio y subyacente aquí se refiere al término, definición y concepto que empleamos para describir la naturaleza y conducción de la guerra moderna. Mucho de nuestro léxico militar actual está basado en la premisa cada vez más cuestionable de que el motivo de la guerra es buscar y destruir al ejército enemigo, y toda otra operación militar es pura preparación para esta confrontación "decisiva". En realidad, el Army Field Manual (FM) 100-5 Operations indica que "las operaciones cercanas involucran la principal responsabilidad de la victorio o la derrota".2 Por eso nos han enseñado que la interdicción aérea es planeada esencialmente para ablandar a las fuerzas de superficie enemigas antes de que choquen con las fuerzas amigas. El FM 100-5 no reconoce el poder aéreo por sí mismo -- irrumpiendo/destruyendo a las fuerzas enemigas puede ser el instrumento decisivo en la batalla. Realmente, este puede ser el caso en una guerra moderna en el aire, como fue dramáticamente demostrado en la batalla de Khafji durante la guerra del Golfo.
En la noche del 29 de enero de 1991, una unidad iraquí del tamaño de un batallón avanzó sobre el abandonado pueblo fronterizo de Khafji en el límite saudita. Las fuerzas de la coalición reaccionaron velozmente y en un muy publicitado enfrentamiento hicieron retroceder a los iraquíes detrás de la frontera. Sin embargo, esta victoria de la coalición sirvió inicialmente a los propósitos iraquíes. La promesa de Saddam Hussein de concretar la "madre de todas las batallas" deja presumir que el dictador iraquí necesitaba desesperadamente una gran y sangrienta campaña terrestre. Sabía que no tenía ninguna esperanza desafiando a la coalición en el aire pero no podía quedarse sentado pasivamente y observar como sus fuerzas eran desmembradas por el poder aéreo. Creyendo que había aprendido las lecciones dejadas por Vietnam, Saddam quiso iniciar una campaña de ese tipo porque no creía que los EE.UU. pudieran digerir una costosa guerra terrestre. Nuestra negativa a dejarnos arrastrar hacia esa trampa, continuando en cambio con nuestra campaña aérea masiva, dejó frustrado a Saddam.
Evidentemente, el choque en Khafji era un ensayo para precipitar la fase terrestre de la guerra, porque en la noche siguiente Saddam reunió un cuerpo de ejército al norte de ese pueblo para aferrar a las fuerzas de la coalición. En cambio, convocamos al poder aéreo: el sistema de radar para la vigilancia y ataque a objetivos conjuntos (Joint Surveillance Target Attack Radar System -- JSTARS) detectó a las fuerzas iraquíes y dirigió ataque masivos por el aire; los B-52 distribuyeron minas antitanques; AV-8, A-6 y F/A-18 lanzaron bombas racimo; cañoneros aéreos AC-130 emplearon sus cañones múltiples; y F-15 y F-16 lanzaron municiones guiadas de precisión (Precision Guided Munition -- PGM) y otras de efectos combinados.3 En cuestión de horas, el apaleado III Corps iraquí se retiró sin haber hecho nunca contacto con nuestras fuerzas terrestres. El Gen. Charles A. ("Chuck") Horner, comandante del componente aéreo conjunto de la coalición, anunció que el 70% de todos los tanque T-72 que aquella noche se habían dirigido hacia el sur, fueron destruidos.4 Khafji fue el principal y único asalto terrestre realizado por los iraquíes durante la guerra, y fue detectado y luego destruido exclusivamente por el poder aéreo.
Algunos consideraron enseguida que la segunda noche en Khafji fue un clásico ejemplo de interdicción de fuerzas. No lo fue. "Khafji II" no fue interdicción porque no consistió en la destrucción del potencial enemigo antes de que pudiera ser empleado efectivamente contra las fuerzas amigas, porque nuestro poder aéreo era la fuerza amiga. Khafji II fue el enfrentamiento principal, no una preparación para esa instancia. En este caso, nuestro léxico provoca confusión en lugar de aportar claridad.
También es sorprendente el hecho de que hoy muchos aeronáuticos raramente usen el término bombardeo estratégico respecto a escenarios no nucleares.5 Por ejemplo, en la OTAN tradicionalmente el mayor comando aéreo de combate aliado en tiempo de paz las restricciones políticas han hecho imposible el planeamiento de operaciones aéreas estratégicas. La dirigencia de la OTAN contempla únicamente la defensa de las fronteras aliadas y no los contraataques en el interior del territorio adversario. En verdad, los mensajes tipos usados en Europa al igual que las actuales órdenes de tareas aéreas (Air Tasking Order -- ATO) no incluyen al bombardeo estratégico como una misión probable. Como consecuencia de esta forma de pensar, las centenares de salidas estratégicas voladas por los F-117s, F-15Es, F-111s y otras durante Tormenta del Desierto incluyendo a los ataques aéreos sobre objetivos tales como plantas de energía eléctrica y centros de investigación nuclear en las proximidades de Bagdad -- fueron catalogadas en las ATOs como salidas de interdicción aérea.
Considerando la creciente velocidad, alcance, precisión y efectividad del poder aéreo, podría ser poco juicioso considerar a la devastadora campaña aérea de Tormenta del Desierto como una aberración o una anomalía. En lugar de eso, los comandantes de fuerzas conjuntas ahora podrían inclinarse más a considerar al poder aéreo como un arma ideal que les permitiría evitar sangrientos choques terrestres.
En alguna oportunidad, la destrucción del principal ejército adversario puede haber sido un objetivo válido, pero eso ya ha sido superado rápidamente. Ya no solamente es posible sobrepasar al ejército enemigo, sino que la opinión pública americana probablemente exigirá que hagamos eso con vistas a evitar bajas en ambos lados. Teniendo en cuenta la magnitud de las fuerzas involucradas, el bajo número de muertos que tuvo la coalición en la guerra del Golfo fue sorprendente. En tanto que el público pueda imaginar que tales cifras se mantengan reducidas, éstas podrían constituirse en un techo para las bajas en las futuras guerras. Este factor es de una enorme significación y los planificadores militares americanos tienen que tomarlo en consideración. Más aún, la sorprendente consecuencia de la guerra es que alguna gente interpreta que la muerte de soldados enemigos armados -- aun de aquéllos que no tienen intención de rendirse -- constituye un uso excesivo de la fuerza. La irritación respecto a la denominada carretera de la muerte y el incidente en el cual unos pocos soldados iraquíes fueron enterrados vivos durante operaciones de destrucción de trincheras, son casos en vista.6
Podemos molestarnos por una acción unilateral tan errónea y falta de realidad durante una guerra, pero estas manifestaciones de preocupación en verdad pueden trasformarse en mandamientos políticos en los años por venir. Importantes investigaciones sobre armas no letales subrayan esta inquietud.7 Aunque es estúpido en verdad, peligroso creer que puede acontecer una guerra sin violencia y muerte, por lo menos debemos empezar a pensar acerca de cómo podríamos dirigir un conflicto de este tipo. En breve, no hay una razón lógica para continuar creyendo que la guerra puede ser decidida únicamente por el choque de fuerzas de superficie. Por ahora vemos tal enfrentamiento sólo como una última alternativa y muy desesperada. Como en Tormenta del Desierto, el objetivo último podría ser la victoria sin una batalla terrestre, o por lo menos, una donde se minimizen las bajas propias.
También necesitamos reevaluar los nueve clásicos principios de la guerra: objetivo, ofensiva, masa, economía de fuerzas, maniobra, unidad de comando, seguridad, sorpresa y simplicidad.8 Algunos de éstos tienen un especial significado para el poder aéreo, mientras que otros parecen superados. Por ejemplo, definir el objetivo es crucial en cualquier conflicto pero lo es más durante la guerra en el aire debido a que la exclusiva habilidad del avión para atacar objetivos estratégicos y operar en igual nivel de la guerra -- el único campo decisivo en el conflicto. Permítanme explicarles.
En una guerra entre dos países, solamente los dirigentes tal vez influidos por la población, un cuerpo de electores o por consejeros militares pueden adoptar una determinación final sobre la paz o la guerra. Esta decisión está generalmente basada en el grado de capacidad militar remanente (por ejp. la cantidad de soldados, tanques, aeronaves, buques, etc. que aún pueden combatir), la capacidad industrial necesaria para mantener a esas fuerzas, y la voluntad del pueblo para continuar la lucha. Si los líderes encuentran que alguno de esos apoyos se está debilitando, deberán reevaluar sus chances de ganar la guerra. Un rasgo exclusivo del poder aéreo es su aptitud para operar rutinariamente en este nivel en la guerra y directamente afectar a esos tres pilares estratégicos. Un militar de tierra, sin embargo, sólo puede combatir a las fuerzas de superficie en una serie de encuentros tácticos enfrentando a una fuerza con la otra, y esperar que una acumulación de victorias coloque a esas fuerzas, geográfica y físicamente, en condiciones de realizar actividades operacionales (nivel teatro) y luego estratégicas. Alternativamente, las fuerzas de superficie pueden esperar que sus operaciones tácticas tengan un efecto indirecto sobre los centros de gravedad estratégicos del enemigo.
Tormenta del Desierto demostró nítidamente como el poder aéreo ha afectado el tradicional significado de los objetivos militares. La campaña aérea de la coalición descalabró totalmente la red de comando, control y comunicaciones (Command, Control, and Communications -- C3) iraquí, al igual que la infraestructura de trasporte dos centros de gravedad estratégicos. Eso obligó a las fuerzas militares iraquíes a actuar autónomamente (por ejp. por debajo del nivel táctico), dejándolas incapacitadas para iniciar una respuesta coordinada y coherente contra las operaciones ofensivas de la coalición. Por eso, los empeños individuales iraquíes prácticamente no tenían propósitos estratégicos, en tanto que los millares de operaciones llevadas a cabo por la coalición poseían una coherencia total. Los ataques contra instalaciones civiles de investigación, plantas de energía eléctrica, fábricas de armas, comandos de defensa aérea y otros semejantes, eran parte de una estrategia aérea para neutralizar y paralizar a Iraq.
Es imperativo comprender que nuestra victoria no fue el resultado de la mera desintegración de un enemigo tercermundista incompetente después de la primera aplicación de una presión. Por el contrario, Iraq poseía fuerzas muy voluminosas, bien equipadas y experimentadas que se establecieron firmemente en posiciones defensivas (recuerde, ellos también contaron con cinco meses de preparación sin ocultamientos), combatieron en sus líneas interiores y lo hicieron por lo que ellos consideraban era su propio territorio. Más todavía, como lo destacaron nuestros comandantes, los ingenieros de combate iraquíes estaban entre los mejores del mundo.9 En verdad, hasta las mismas fuerzas aéreas y terrestres americanas no habrían tenido éxito si hubieran carecido de conducción en el nivel táctico, de refuerzos y de abastecimientos como les aconteció a las fuerzas iraquíes en el teatro de operaciones kuwaití.
El dilema iraquí nos enseña que el fin de un comandante aéreo es siempre operar en el nivel estratégico de la guerra, concentrándose en los objetivos de ese nivel pero al mismo tiempo forzando al enemigo a luchar sólo en el nivel táctico. (Obviamente, los aviones en misiones estratégicas operan en el nivel táctico. Pero estoy preocupado con los efectos de esas misiones. Destruir el cuartel general de la defensa aérea del adversario puede constituir un golpe estratégico, pero el derribo de aviones que realizan ese ataque, generalmente tiene consecuencias únicamente tácticas). En esencia, el poder aéreo puede maximizar su aptitud exclusiva de afectar los centros de gravedad estratégicos sobrepasando toda vez que sea posible el nivel operacional de la guerra e ignorando el nivel táctico -- excepto en esas raras circunstancias cuando fuerzas amigas de superficie se encuentran en situaciones extremas. La Fuerza Aérea podría adoptar como meta de una futura campaña aérea el tipo de balance estratégico/táctico que el poder aéreo logró en Tormenta del Desierto.
De modo semejante, otros principios de la guerra se destacan y se hacen más relevantes durante la lucha en el aire. Desde Giulio Douhet, los teóricos han argumentado que los aviones son primariamente un arma ofensiva no defensiva en razón de su velocidad, flexibilidad y alcance. Más aún, su aptitud para golpear fuerte y rápido, permite al poder aéreo explotar más efectivamente que cualquier otra clase de fuerza otros dos principios tradicionales de la guerra: la sorpresa y la maniobra. Dadas tales características, debemos lograr la unidad de comando considerando que el poder aéreo tiene que estar controlado por un hombre del aire que comprende sus cualidades especiales y sabe como emplearlas en todo el espectro de los conflictos en una escala global.
Contrariamente, algunos principios de la guerra se están haciendo cada vez más inapropiados. La masa y la concentración de fuerzas fueron necesarios alguna vez para asegurar que un poder de fuego suficiente pudiera ser aplicado sobre el punto decisivo. Consecuentemente, los planificadores aéreos acordaron el despliegue y ataque de numerosas unidades a un solo lugar geográfico. Hoy, sin embargo, la munición de precisión capaz de acertar con un error de un puñado de metros y que es lanzada desde aviones furtivos ubica el concepto de masa y concentración en sus cabezas explosivas. Puesto que las PGMs llevan su propia masa, ahora es más efectivo dispersar a los aviones que las llevan. Esto nos permite atacar a varios blancos en forma simultánea y en consecuencia sorprender y paralizar a un enemigo a través de todo el país. Tales ataques, conocidos como operaciones paralelas, bien pueden ser la norma en futuros conflictos. Resumiendo, la masa ha perdido su anterior importancia porque los objetivos ya no son masivos -- y tampoco lo son las armas aéreas que pueden neutralizarlos.
Las palabras son importantes. Por largo tiempo el léxico de guerra se ha estancado. Términos aplicables al circunscripto dominio del conflicto bidimensional de superficie, han sido impuestos al tridimensional de la guerra en el aire. Esta tendencia es aumentada porque el Training and Doctrine Command del Ejército es tan grande y bien organizado que intenta darle forma propia a la doctrina conjunta con mucha fuerza. Aunque la interdicción es --desde de mi punto de vista -- un significativo ejemplo de esa situación (vea el apartado), existen también otros. La inclinación de algunas publicaciones de doctrina conjunta de referirse a los ataques aéreos, aun en niveles estratégicos, como fuegos, es un obvio error de nominación. Complementariamente, el campo de batalla podría dar lugar al espacio, el área o zona de batalla para describir con mayor exactitud el ambiente o ambientes donde se desarrollan las modernas batallas. De manera semejante, la constricción geográfica inherente al concepto de teatro está desactualizada en un mundo donde el verdadero teatro del poder aéreo es el planeta en su totalidad. Durante décadas, nuestro país ha organizado comandos unificados de combate primariamente en base a regiones geográficas. Esta estructura puede haber sido útil cuando centenares de miles de tropas de superficie estaban estacionadas en ultramar y cuando eran necesarios varios meses para trasportar refuerzos y equipamiento si estallaba una crisis. Pero esta organización parece inapropiada para un arma aérea que puede llevar un poder de fuego preciso con un B-1 o B-2 a cualquier punto de la tierra en menos de un día, especialmente cuando los despliegues adelantados serán cada vez menos probables en los años por venir.
Puesto que los hombres del aire son raramente acusados de ser pensadores, es
debatible si nuestra falta de ideas conceptuales sobre el poder aéreo ha causado
problemas a nuestro léxico (o viceversa). En cualquier caso, debemos repensar
nuestra posición sobre el rol del poder aéreo en la guerra moderna, ya que
Tormenta del Desierto sugiere que una nueva situación mundial se ha combinado
con nuevas tecnologías para proclamar una nueva era en la forma de hacer la
guerra. Como hemos visto, nuestra tradicional comprensión de la interdicción se
está poniendo fuera de moda. Es tiempo de rever algunas premisas básicas y
asumir que las futuras batallas convencionales probablemente serán aceleradas,
fluidas y mortales. El predominio de la maniobra y el poder de fuego significa
que el poder aéreo apoyará en ciertos momentos a las fuerzas de superficie. Pero
en virtud de la superior velocidad y poder de fuego del poder aéreo, las fuerzas
de superficie apoyarán en otros momentos el esfuerzo principal en el aire,
mediante la captura y mantenimiento de aeródromos, la supresión de defensas
aéreas enemigas o haciendo al enemigo vulnerable a los ataques aéreos provocando
su salida de las posiciones preparadas.10 Necesitamos analizar si
nuestra concepción actual de la interdicción es obsoleta o no. Más importante
todavía, necesitamos incorporar en todo nuestro personal un sentido de
mentalidad aérea. El producto natural de este esfuerzo sería un nuevo léxico que
describa con mayor exactitud la naturaleza de la moderna guerra en el aire.
NOTAS
1. Vea Ensayo B, Principios de la Guerra en AFM 1-1, Basic Aerospace Doctrine of the United States Air Force, vol. 2, marzo 1992, 9-15.
2. FM 100-5, Operations, mayo 1986, 19.
3. Conduct of the Persian Gulf War: Final Report to Congress (Washington D.C., Department of Defense, abril 1992), 174-75.
4. Gral. Charles A. Horner, conferencia "Desert Storm," US Air Force Academy, Colorado Springs, Colo., 19 de octubre 1992.
5. Lo más sorprendente es que hasta en la obra del Cnel. John Warden, The Air Campaign: Planning for Combat (Washington D.C., National Defense University Press, 1988) no se analiza las operaciones aéreas estratégicas y se autolimita a la superioridad aérea, interdicción y apoyo aéreo cercano.
6. George A. López, "The Gulf War: Not So Clean," Bulletin of the Atomic Scientists, setiembre 1991, 33; Harry Summers, "Bambifying War," Washington Times, 19 de setiembre 1991; y Conduct of the Persian Gulf War, apéndice O, 32-35.
7. Para información sobre este importante tópico, vea a Barbara Opail, "Pentagon Units Jostling Over Nonlethal Iniciative," Defense News, 2 de marzo 1992, 6; David A. Fulghum, "U.S. Weighs Use of Nonlethal Weapons in Serbia if UN Decides to Fight," Aviation Week & Space Technology, 17 de agosto 1992, 62-63; y Thomas E. Ricks, Nonlethal arms, Wall Street Journal, 4 de enero 1993.
8. AFM 1-1, vol. 2, 10-14.
9. Conduct of the Persian Gulf War, 349-51; Tamir Eshel, "Engineers have Key Role in Cracking Iraqui Ground Defenses," Armed Forces Journal International, febrero 1991, 18; y James W. Pardew, "The Iraqui Army's Defeat in Kuwait," Parameters, invierno 1991-1992, 20-22.
10. Tte. Cnel. Price T. Bingham, USAF, retirado, escribió mucho sobre este
tema y nos recuerda otros ejemplos de fuerzas aéreas que toman la delantera para
derrotar a las fuerzas terrestres enemigas: la campaña italiana de la II GM; la
campaña de Normandía de 1944; la batalla de las Ardenas; la operación Strangle
en Corea; la ruptura de Pusan de 1950, y Linebacker I en 1972. El Tte. Cnel.
Price T. Bingham, Ground Maneuver and Air Interdiction in the Operational
Art, folleto del CADRE, Informe Nº AU-ARI-CP-89-2 (Base Aérea Maxwell,
Ala., Air University Press, setiembre 1989). Vea también "Air Interdiction and
the Need for Doctrinal Change," Strategic Review, otoño 1992, 24-33.
BIO
El Cnel. Phillip S. Meilinger (USAFA; MA University of Colorado; PhD University of Michigan) es el decano de la School Of Advanced Airpower Studies (SAAS) en Maxwell AFB, Alabama. Previamente actuó como profesor de historia del poder aéreo. Desempeñó servicios como piloto de C-130 en Europa y el Pacífico, y como oficial de Estado Mayor de operaciones aéreas, en la Doctrine Division, Deputy Directorate for Warfighting Concepts Development, Headquarters US Air Force. Es el autor de Hoyt S. Vandenberg; The Life of a General (Indiana University Press, 1989) y ha escrito muchos artículos y análisis de libros referentes al poder aéreo y la historia. Cnel. Meilinger se graduó en la Squadron Officer School, Air Command and Staff College, y National Defense University.
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